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El Anticristo es un astro divino

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Dios es Espíritu, Satanás es espíritu. Dios es Espíritu de Perfección; Satanás es espíritu de pecado, sin ninguna perfección.

El hombre tiene que alcanzar la espiritualidad; pero debe elegir uno u otro espíritu.

Los que siguen a Cristo, siguen su Espíritu, que los lleva a la perfección del Amor.

Los que siguen a Satanás matan su espíritu, hacen de su espíritu una carne y una sangre corrompida y repugnante, porque en el pecado no hay perfección, no hay belleza, no hay armonía, orden ni vida.

Sólo hay una batalla en la vida: la del Bien contra el Mal. De esta lucha se originan todos los enfrentamientos, contiendas, guerras.

Desde hace 20 siglos, la Palabra de Dios, que es Perfección, ha hablado a todos; pero han sido pocos los que la han escuchado y la han puesto en práctica. Muchos han hecho de esa Palabra su política, su negocio, su filosofía, su iglesia, su espiritualidad.

Muchos han hecho de la Perfección la cultura de sus mentes, la ciencia de sus labios, la técnica de sus lujurias. Pero pocos viven de Fe; pocos son los que aceptan la Palabra sin poner nada de su inteligencia humana.

Satanás pone su mente para formar su espiritualidad, y ofrece al hombre un camino de pecado, donde el pecado no existe.

Satanás es el que remeda al Espíritu Divino en todo: todo lo imita, todo lo obra, pero nada es perfecto en sus obras, sino sólo es abominación lo que hace.

«Será persona que estará muy en alto, en los alto como un astro. No un astro humano que brille en un cielo humano. Sino un astro de una esfera sobrenatural, el cual, cediendo al halago del Enemigo, conocerá la soberbia después de la humildad, el ateísmo después de la fe, la lujuria después de la castidad, el hambre de oro después de la evangélica pobreza, la sed de honores después de la ocultación» (María Valtorta – 20 de agosto).

Satanás produce Su Anticristo: es un Cristo que sigue al espíritu del demonio. Un Obispo, que ha dejado de ser Obispo –porque perdió el Espíritu de Cristo- y se ha transformado en un hombre, que se viste como Obispo, pero que tiene el espíritu de Satanás. Se ha transformado en una abominación.

Satanás lo imita todo: imita un sacerdocio que vive la pobreza, la obediencia, la castidad; un sacerdocio que hace actos de humildad, que predica una auténtica fe. Pero que, llegado un tiempo, todo eso se transforma, se cambia, se desvirtúa, porque no era verdadero en el corazón de la persona. Era algo estudiado; algo adquirido; pero nunca vivido.

El Anticristo no es un astro humano que brilla en el cielo humano: no es un hombre del mundo, un gobernante del mundo, un economista, un masón, un judío, un científico y menos un filósofo.

El Anticristo vivió en una esfera sobrenatural, porque es un astro del Sacerdocio, del cielo divino; un astro divino. El Anticristo pertenece a la Jerarquía de la Iglesia; sale de la Iglesia Católica, pero no es de la Iglesia porque ha perdido el Espíritu de Cristo.

Por tanto, el Anticristo es un Obispo que ataca a Cristo y a Su Iglesia. Es un hombre que se viste de Obispo, pero que no es Obispo. Tiene la careta de Obispo, que se la pone para predicar en la Iglesia las cosas de Dios; pero posee otra vida, una doble vida, en la que se quita la careta, y habla y obra como es: como un demonio.

Ese Obispo no es conocido en su vida privada. En su vida pública sólo se ve lo exterior de pertenecer a la Jerarquía: predica, celebra misa, da charlas, sacramentos, etc.

Pero lo que hace es sin el Espíritu de Cristo: son sólo cosas exteriores, apariencia externa, ritos, palabras, obras, sin Espíritu. Es sólo representar una comedia, una obra de teatro. Es algo que se ha aprendido durante muchos años y se hace con rutina. Se hace con la mente puesta en otra vida, no en la que se está representando en la Iglesia.

Pero ese Obispo tiene una vida privada que nadie conoce y nadie sabe cómo es.

«Será menos espantoso ver caer una estrella del firmamento que ver precipitar en las espirales de Satanás a esta criatura ya elegida, la cual copiará el pecado de su padre de elección. Lucifer, por soberbia, se convirtió en Maldito y el Oscuro. El Anticristo, por soberbia en esta hora, se convertirá en el Maldito y el Oscuro después de haber sido un astro de Mi Ejército» (Ibidem).

Este Obispo fue elegido por el Señor para ser Obispo; como Lucifer fue creado por Dios para ser Ángel de Luz. Este Obispo es una criatura ya elegida por Dios, con una perfección, con una vocación divina, porque tiene el Espíritu de Cristo. Pero su pecado, que es el mismo de Lucifer, lo precipitó en las espirales de Satanás. Y perdió esa perfección, esa vocación. Y se convirtió en una abominación en su vocación al sacerdocio.

Lucifer dijo: «No serviré». El Anticristo dice lo mismo. Lucifer, cuando fue creado por Dios, lo vio todo con su entendimiento angélico, pero no se sometió al Entendimiento Divino. Una vez que comprendió la Verdad que Dios le ponía a sus ojos, dijo, con su voluntad: «No me someto a esa Verdad».

El Anticristo, una vez que ha comprendido con su inteligencia humana toda la Verdad Revelada, toda la Fe que Cristo ha dado a Su Iglesia, dice: «No quiero esa Verdad Revelada; no me someto». Y, para decir, eso hay que ser un Obispo de lo alto. Un Obispo de la Alta Jerarquía, la que convive con los Papas, la que sabe de los asuntos privados de los Papas, la que sabe cómo funciona todo en el Vaticano. No es un Obispo cualquiera. Es un Obispo en el que todos han confiado porque es un astro elegido: cuando habla en público no dice ninguna herejía; es recto en todo, porque se ha aprendido muy bien la doctrina de Cristo, pero no es capaz de ponerla en práctica. Por eso, su caída es espantosa. Cae en los lazos de Satanás, que es el espíritu de la mente. Está en las espirales de las ideas humanas, dando vueltas a muchas cosas, sin centrarse en la Verdad.

«Como premio por su abjuración, que sacudirá los Cielos bajo un estremecimiento de horror y hará temblar las columnas de Mi Iglesia en el temor que suscitará su precipitar, obtendrá la ayuda completa de Satanás, quien le dará las llaves del pozo del abismo para que lo abra» (Ibidem).

El Anticristo ya está en la Iglesia Católica, pero nadie sabe decir quién es. Es uno de los Obispos. Un Cardenal, uno de gran rango, de gran posición en la Jerarquía. Pero es un Obispo que ha abjurado de su Fe en Cristo. Esa abjuración es algo secreto, que nadie conoce, pero real. Es decir, se ve, se palpa en el ambiente de la Iglesia: hizo temblar las columnas de la Iglesia. En su abjuración, la Eucaristía y la Virgen María temblaron. Estos dos dogmas, estas dos verdades, que son el sostenimiento de la fe en las almas. Un alma, para seguir a Cristo, para imitar a Cristo, sólo tiene que alimentarse de Cristo y de Su Madre: Comunión y Santo Rosario.

En la abjuración de este Obispo se produjo un hecho en contra de estas dos columnas, que hizo que la devoción a la Eucaristía y al Santo Rosario, se fuera perdiendo, diluyendo. Hace 50 años, casi se anula la Eucaristía. Señal de que en ese tiempo sucedió esa abjuración. Y la devoción a la Virgen María ha caído en picado.

Y no hay que pensar en el Anticristo como un hombre ya entrado en años. Se puede ser Cardenal sin ser Obispo. Por eso, no es fácil discernir a ese Obispo, a ese astro divino. Fue una persona con una gran inteligencia para hacer el bien, que conoce toda la verdad, pero que abjuró de Ella completamente.

Y esa persona tiene las llaves del pozo del abismo para que lo abra y salgan todos los demonios en la Iglesia.

Ese pozo ya fue abierto, pero nadie sabe quién lo abrió. Sólo pusieron a un bufón como falso Papa para ir calentando el ambiente y dar el camino al Anticristo. Un hombre sin inteligencia, que habla lo que el Anticristo quiere. Habla vulgaridades, habla para tapar la verdad, habla para confundir, habla para obrar, después, en lo oculto, con una llamada telefónica, la maldad. Un hombre que no sabe esconder su maldad, sino que la dice para buscar publicidad entre los hombres. El Anticristo se esconde y obra la maldad sin que nadie se dé cuenta. Francisco es sólo un payaso, que hace sus payasadas, pero que le llegó el turno, porque es necesario abrir ese pozo del todo.

«Pero que lo abra del todo para que salgan los instrumentos de horror que Satanás ha fabricado durante milenios para llevar a los hombres a la total desesperación, de tal modo que, por sí mismos, invoquen a Satanás como Rey y corran al séquito del Anticristo, el único que podrá abrir de par en par las puertas del Abismo para hacer salir al Rey del Abismo, así como Cristo ha abierto las puertas de los Cielos para hacer salir la gracia y el perdón, que hacen a los hombres semejantes a Dios y reyes de un Reino Eterno, en el que Yo Soy el Rey de Reyes» (Ibidem).

El Anticristo no se dedica a llenar estómagos de la gente, no se dedica a dialogar con los hombres de otras religiones, no se dedica a fraternizar con nadie. El Anticristo va contra Cristo y contra Su Iglesia; es decir, contra toda Verdad Revelada. Su misión: destruir la Iglesia completamente.

Y usa todas las herejías que Satanás ha inventado durante 20 siglos. Por eso, la Nueva Era anuncia ese instrumento de horror que Satanás ha fabricado. En la nueva Era están todos los errores, mentiras, engaños, que una mente humana puede vivir. Es una abominación, una abjuración de la Verdad.

Pero ese cúmulo de errores hay que llevarlo dentro de la Iglesia. Hay que hacer que la Iglesia dé culto a la mente de Satanás. Hay que sacar nuevos libros, nuevos reglamentos, nuevas liturgias, un nuevo evangelio; porque hasta que no se anule toda Verdad en la Iglesia, el Anticristo no se muestra, no es reconocido por nadie. Hasta que no se quite de Roma lo externo de 20 siglos, el Anticristo no aparece. El Anticristo aparece en su iglesia, no en la de Cristo. Él destruye todo lo que lleve a Cristo. No deja nada, por su abjuración.

Y tiene la misión de hacer salir al Rey del Abismo, «a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca» (2 Ts 2, 8b).

El Anticristo no es cualquier personaje del mundo. Hay muchos anticristos en el mundo y en la Iglesia, pero ninguno es el Anticristo. Nadie puede conocer a esa persona, porque se esconde detrás de una máscara. Y hoy día es muy fácil ponerse una máscara artificial, no sólo espiritual, para pasar desapercibido, para ocultarse de todos.

«Así como el Padre me ha dado a Mí todo poder, Satanás le dará a él todo poder, y especialmente el poder de seducción, para arrastrar a su séquito a los débiles y a los corrompidos por las fiebres de las ambiciones como lo está él, su jefe. Pero en su desenfrenada ambición aún encontrará demasiado escasas las ayudas sobrenaturales de Satanás y buscará otras ayudas en los enemigos de Cristo, los cuales, armados con armas cada vez más mortíferas, cuanto les podía inducir a crear su libídine hacia el Mal para sembrar desesperación en las muchedumbres, le ayudarán hasta que Dios no diga su Basta y les aniquile con el fulgor de su figura» (Ibidem).

Las hablas del Anticristo son fáciles de discernir: hablar para seducir; nunca habla para decir una verdad. Si dice una verdad, es para, a continuación, decir su mentira. Seduce con su palabra, seduce con sus obras. Sólo sabe seducir, llevar a la mentira, al engaño, porque su mente se opone a toda Verdad Revelada. Ante un dogma, siempre tiene una razón, una idea, una filosofía que anula ese dogma.

Pero no se para sólo en la seducción, sino que va al mundo para ponerlo en contra de Cristo y de Su Iglesia. Y mete en la Iglesia el mundo. Abre la Iglesia a las ideas del mundo. Rebaja lo sagrado, lo divino, lo perfecto, a una razón humana, a un concepto simbólico, a una parte de la inteligencia humana.

El Anticristo da culto a su sabiduría humana; sólo vive expectante de los descubrimientos de su ciencia; sólo hace caso de lo que su pensamiento puede entender. Es incapaz de creer, de seguir al Espíritu, porque ha perdido el conocimiento de la Verdad. Sólo puede conocer lo que su mente dice como verdad. Sólo puede obedecer lo que su mente le dice que es recto. Sólo, para él, la vida consiste en amar su inteligencia humana.

Por eso, en su mente humana llega a la total abominación de toda verdad. No puede comprender ninguna verdad. Y, por eso, no puede ser salvado. Él mismo, en su inteligencia humana, se ha salvado: ha encontrado una idea para ser salvo. Y, por eso, se convierte en un Mesías, en el Salvador de los hombres.

El Anticristo sabe jugar con todas las ideas de los hombres: siempre tiene una razón ante cualquier pensamiento humano. No es capaz de aprender de otro hombre: él lo sabe todo, lo entiende todo, lo puede todo.

Por eso, él viene haciendo cosas maravillosas, milagros que el demonio sabe hacer. Él no viene sólo predicando y dando dinero a los pobres. Él tiene un poder que ningún hombre posee. Por eso, puede llegar a todas las inteligencias humanas. Puede llegar a la mente de los hombres. Puede ver sus mentes, lo que piensan, de una forma mágica, por el poder que tiene de Satanás.

El Anticristo no es un hombre vulgar, como Francisco. Es un hombre de calidad, de inteligencia sobrehumana, que sabe medir sus palabras, que sabe hablar cuando hay que hacer, que sabe esconderse para no ser notado, que sabe destruirlo todo a su paso.

Por eso, los que promulgan el sedevacantismo desde el Beato Juan XXIII, desconocen las manipulaciones perpetradas por el Anticristo en la Iglesia, a través de la Jerarquía infiltrada, que sirve a la masonería.

Si esos Papa hubieran tenido parte con el Anticristo, entonces la Iglesia habría desaparecido hace mucho. El Anticristo atacó a cada uno de esos Papas, para impedir, de muchas maneras sus Pontificados en la Iglesia.

Si esos Papas hubiesen sido verdaderamente heréticos, es decir, excomulgados y desposeídos de su cargo, la Iglesia ya se habría disuelto por el poder del Anticristo. Y lo que impidió que se manifestase ese poder es el Papa: «sólo falta que el que lo retiene sea apartado» (2 Ts 2, 7b). Una vez, apartada la Cabeza de la Iglesia, entonces se abre todo el pozo del abismo. El Anticristo es para la última hora de los últimos tiempos. No es para estar 50 años llenos de maldades, esperando nada. El Anticristo viene a salvar ( a ser Salvador, Mesías), no viene a hacer proselitismo, a hacer propaganda, política desde la Silla de Pedro.

La Iglesia no hubiera sobrevivido 50 años con Papas herejes. Es un imposible teológico, metafísico y espiritual. Es insostenible el sedevacantismo. Y menos decir que la sucesión petrina ha sido continuada, en forma clandestina, desde la elección del Papa Juan XXIII, por el cardenal Siri. La Iglesia no la sostienen los pensamientos de los hombres, sino el Espíritu de Cristo, que es el que sabe luchar contra el Anticristo.

Ni los lefebvrianos ni los que ahora se oponen a todos los Papas, saben batallar contra el demonio, porque se han dejado seducir por él, se han dejado ganar de su juego mental, de las ideas que el demonio pone en la mente de los hombres y las hace ver como divinas. No saben ver lo que significa ser Papa en la Iglesia: el que se opone al Anticristo. Se quita el Papa, la puerta abierta a todo mal.

Es con Francisco, cuando se nota más la presencia del Anticristo en la Iglesia. Es con él, cuando el impedimento se ha quitado, aunque no del todo, porque todavía vive el Papa verdadero. Y mientras viva, sigue siendo el Papa, el Vicario de Cristo, el que se opone al Anticristo, sigue siendo la piedra que el Señor usa para combatir al Goliat de la Masonería.

Por eso, hay que rezar mucho por el Papa Benedicto XVI, porque es la piedra que ahora sostiene todo el edifico de la Iglesia.


9 comentarios

  1. Alejandros dice:

    El anticristo es el secretario de Benedicto. En su escudo hay un dragón atravesado por una lanza. Es la bestia herida del apocalipsis 13.
    Francisco es la otra bestia. Es el falso profeta.
    Muy buen articulo.

    • josephmaryam dice:

      No es tan fácil como parece. No es bueno dar nombres, porque nadie sabe quién es el Anticristo. Y no se pongan a adivinar. Por los hechos ya se verá quién es. ahora, no interesa eso. Lo que importa es atacar a Francisco y su cuadrilla de herejes. Lo demás, es entretenerse en nada. No juzguen, porque para saber quién es el Anticristo hay que estar pegado a él, unido a él, ser de la misma calaña que él.

  2. Elías Elías dice:

    No, bergoglio no es el anticristo, es el falso profeta, el que le abrirá las puertas al anticristo y le entregará el mundo en bandeja de oro para que lo adoren

  3. LAODICEA dice:

    Con motivo de la canonización de Juan Pablo II y también de la fiesta de la divina misericordia en algunas páginas tradicionalistas han sacado posts en los que consideran a Sor Faustina una mística falsa y la devoción de la divina misericordia como rechazable pues dicen que va en detrimento de la devoción al santo rosario y preconiza la “falsa redención universal” que tanto le gustaba a juan pablo II. En fin yo no creo que rezar la coronilla me quite de rezar el rosario ni de practicar la penitencia y que nuestro señor es el juez de la humanidad entera y por bautismo de deseo o por otros caminos inexcrutables se puedan salvar los no bautizados y con ignorancia invencible, yo creo que es magisterio de la iglesia y luego el tan comentado escandalo de Asis con el que siempre critican a juan pablo II junto con los extravios litúrgicos que dicen él preconizaba. En fin me gustaría conocer su opinión sobre esto.
    Muchas gracias y que el señor le bendiga.

    • josephmaryam dice:

      Esas páginas tradicionales no son de la Iglesia Católica. Todo aquel que juzgue a Juan Pablo II como Papa, no pertenece a la Iglesia Católica. Nadie juzga a un Papa legítimo. Nadie puede juzgar sus obras en la Iglesia. Todos aquellos que sacan sus frases de contexto, hacen una gran mal para todos. Hay que saber leer las encíclicas de Juan Pablo II a la luz de la Revelación. Hay que saber leer el Concilio Vaticano II a la luz de la Revelación. Hay que saber ponerse en la verdad y llamar a cada cosa por su nombre. Parece mentira lo ciego que están los tradicionalistas en la Iglesia: han hecho su política tradicionalista: defienden la tradición, pero no al Papa; cuando la tradición está con el Papa, les enseña la obediencia al Papa. Defienden la parte de la Iglesia que les interesa, que va bien con su idea de la tradición; pero no defienden la Tradición.
      Santa Faustina es Santa: entonces, dejen de criticar a los Santos. Aprendan de los Santos lo que es la Misericordia y no quieran inventarse su misericordia y difamar a la Santa. ¡Da asco cómo está todo en la Iglesia! El poco respeto que se tiene a lo sagrado, a lo santo, a lo divino. Y sólo por estar haciendo caso al propio pensamiento humano, que no comprende lo que es un Papa en la Iglesia.
      Un Papa en la Iglesia no es sólo Misericordia, sino Justicia. Y la Justicia de Dios se hace de muchas maneras. Y una de ellas, permitiendo el pecado en medio de la Iglesia, en mucha Jerarquía, que no quiere quitar su pecado. Y esa permisión es obrar como lo hace Dios con los hombres. Dios deja al hombre en su pecado, que viva su vida de pecado, que inunde la Creación con su pecado, porque le ha hecho libre. Y Dios no puede ir en contra de la libertad humana. Así un Papa en la Iglesia no puede ir en contra de una Jerarquía que quiere pecar. Y el bien de la Iglesia es dejarlos en su pecado y no de excomulgarlos. Y eso es una obra de justicia. Y así hay que entenderla.
      Si ustedes no aprenden lo que es la Justicia Divina, lo que significa eso, entonces no pueden comprender lo que es la Misericordia de Dios, y hablan barbaridades de los Santos y de los Papas.
      ¡Ay de los que sólo critican a los Papas y no saben discernir sus acciones en la Iglesia, no saben medirlas como conviene, en el Espíritu!.
      Nunca juzguen a un Papa legítimo, sino que pregunten a Dios por el significado de aquellas obras que no saben explicar bien en un Papa. El Papa es la misma Voz de Cristo en la Iglesia. Todo Papa legítimo da a Cristo en la Iglesia. Todo falso Papa, todo antipapa, da al demonio.
      Ahora, la gente se dedica a criticarlo todo, a juzgarlo todo, a hacer política de las acciones de un Papa. Y la gente debería callar antes las obras de un Papa. Y debería hacer oración ante las obra de un Papa. Sólo Dios juzga a Su Papa. Cualquier juicio de cualquier hombre sobre los Papas es del demonio.
      Dedíquense a ponerse en la verdad; déjense de criticarlo todo. Hay muchos misterios en Dios que los hombres no saben penetrar. No quieran entender cómo Dios guía a Su Iglesia con Papas pecadores, con Papas imperfectos, con Papas blandos. No quieran tener siempre en la Iglesia un san Pío X porque eso no se puede dar en estas condiciones de pecado original. Hasta que no venga el Reino de Dios en Gloria, la Iglesia es como se ha conocido en 20 siglos: momentos de mucha fe, momentos de cisma, de herejía, de pecado. Pero nunca igual, nunca permaneciendo en la misma Verdad, por culpa de los mismos hombres de Iglesia, que no viven la Verdad; no por culpa de la Verdad misma.
      La devoción a la Misericordia divina, propagada por Santa Faustina, salva muchas almas. Decir que preconiza la falsa redención es decir una estupidez teológica. Muchos no comprenden que Jesús ha venido por todos los hombres y ha muerto en la Cruz por todos los hombres. Y, por tanto, hay que rezar para que todos los hombres se salven. Después, la salvación no es universal, porque no todos los hombres se quieren salvar por el camino que Cristo ha puesto. Hay mucha gente que no entiende la fe en Cristo y, por tanto, se ciega en una soberbia espiritual. Y ya se creen santos y justos porque ellos están en la verdad y los demás, no. Porque estás en la Verdad, porque tienes toda la verdad, entonces sé humilde y reza por los que no la tienen.
      Un Sacerdote que dirige él una oración a Cristo, participando otras almas sin fe o con una fe distinta, no es pecado; porque se hace eso para enseñar la verdad; para enseñar a orar en Espíritu y en verdad.
      Pero un Sacerdote que está en una asamblea de oración y él no dirige esa oración a Dios, entonces se comete pecado.
      Los que no tienen la fe en Cristo, la Verdad, no pueden hacer nada en una oración comunitaria, sólo aprender a orar en la Verdad de los que sí saben hacerlo.
      Y estas oraciones comunitarias, universales, hay que hacerlas por un motivo grave, justificado.
      Entonces, si el Beato Juan Pablo II quiso hacer una oración en Asís, siendo él el que dirigía esa oración, entonces, no juzguen al Papa en ese acto, porque no hubo pecado. No se queden en las cosas exteriores que pasaron. No hagan una montaña de algo que es nada.
      Jesús enseñaba a los pecadores dónde está la verdad, enseñó la verdadera oración.
      Lo que hace Francisco eso sí que es pecaminoso: el juntarse con los judíos, los protestantes, y participar de sus oraciones, de sus ritos, eso es abominable. Francisco no enseña a orar con verdad; Francisco deja a cada uno en su mentira.
      Hay que enseñar a los pecadores cómo rezar el santo rosario, cómo invocar la misericordia de Dios, cómo dirigirse al Padre. Hay que dirigir la oración cuando se reza con almas que no tienen fe. Y eso es predicar el Evangelio. Eso es dar la verdad. Eso no es pecado. El pecado está cuando se acepta una oración que no lleva a Dios o se obran ritos que no son los que quiere Dios. Que es lo que ahora muchos sacerdotes hacen metiendo en la misa cosas extrañas, cosas del mundo. Anula la oración del Calvario y hacen una Misa que no salva a nadie.
      Dejen ya de criticarlo todo, que el tiempo no es para críticas, sino para ponerse en la Verdad. Porque ha comenzado el cisma en la Iglesia y, por tanto, ya se levanta la nueva iglesia, la que culmina en la Iglesia Universal.
      Crezcan en la Verdad y aléjense de todos aquellos que quieren tener razón sobre lo que debe ser y hacer un Papa en la Iglesia.
      Combatan a Francisco, pero dejen a los demás Papas en paz.
      ¡Ay de quien revuelve la vida de los Papas! Hay gente que sólo vive criticandolo todo. Ni su conciencia tiene paz ni dejan en paz a los demás. Es siempre la misma cantinela.

  4. andress dice:

    De lo anterior se desprende una pregunta: ¿El anticristo será un Hombre político o Religioso? ¿Una mezcla de ambas?

    • josephmaryam dice:

      El Anticristo será solo un Hombre, sin política y sin religión, porque abraza toda idea política y religiosa. Eso es lo que significa el Nuevo orden mundial y la Iglesia universal. Es un conglomerado de cosas y, por tanto, se quiere definir un nuevo concepto de líder mundial, que sería como un Mesías que lo abarca todo. Es llevar a la perfección de la maldad la mente del hombre: se da culto al hombre, a todo el hombre, haciendo de todas las cosas humanas, de todas las obras humanas, de todos los pensamientos humanos, una unidad en la diversidad. Se unen todos los hombres, pero cada uno con su idea, con una parte de la verdad para formar toda la verdad. Así la verdad es sólo la invención del hombre. Y eso es el Anticristo: el que une lo temporal con lo eterno, lo mundano con lo divino, lo pecaminoso con lo santo. Un hombre que lo es todo para los hombres. Es decir, una abominación.

  5. andress dice:

    Padre Josephmaryam que escrito tan fuerte y sugerente ¡ Me recuerda a SOLOVIEV en su BREVE RELATO DEL ANTICRISTO ¡¡¡ He aqui extractos de esa maravillosa obra: ” En este trasfondo aparece el Anticristo. Es un joven de treinta y tres años. “El desmesurado amor propio de este gran espiritualista, asceta y filántropo parecía o al menos podía estar suficientemente justificado, además de esta excepcional genialidad, belleza y nobleza, por su elevado desinterés. Estaba de tal manera dotado de dones divinos que difícilmente podía criticarse por no ver en esos dones una señal especial de la benevolencia proveniente de lo alto y por considerarse segundo después de Dios, el único hijo de Dios, único en su género. En suma, él se consideraba a sí mismo lo que en realidad Cristo había sido” (p. 42). ¿Cristo? “El más grande de sus precursores”, enviado para preparar su venida, por cuanto el esperado en la historia era él, enviado por Dios a completar y corregir la obra de Cristo.

    Para iniciar su misión, espera una señal desde lo alto. Con todo, un día un estremecimiento lo penetra hasta la médula de los huesos: “Y si… Si no yo, sino aquel… galileo… ¿Si él no fuese mi antecesor, sino el verdadero, el primero y el último? Pero entonces debe estar vivo…”. Sólo la idea de tener que inclinarse ante “Él” como un estúpido cristiano lo hace aullar: “Yo, el genio brillante, el superhombre. ¡No, jamás!” (p. 44). La “tentación” lo induce a transformar el “frío respeto” a Dios y a Cristo en primer lugar en una especie de terror, luego en una incandescente y sofocante envidia, y por último en un odio furibundo que lo deja sin respiración. Diciendo a gritos que Cristo es un fantasma, que se descompuso en la tumba y que la resurrección es una mentira, en una noche oscura sale de su casa, se encuentra al borde de un precipicio y se arroja. Una realidad misteriosa lo sostiene en el aire y lo lanza nuevamente hacia atrás: pierde el conocimiento. Cuando vuelve en sí, se encuentra arrodillado ante una figura espléndida de luz fosforescente que lo escudriña en el alma y le dice: “Tú eres mi hijo predilecto en quien tanto me complazco (…) Yo soy tu Dios y tu padre (…). No tengo otro hijo fuera de ti. Te amo y nada pido de ti. Tú eres bello, poderoso y grande. Cumple tu obra en nombre tuyo y no en el mío (…). Recibe mi espíritu. Como antes mi espíritu te generó en belleza, así ahora te doy nacimiento en poder” . Después de estas palabras, el superhombre “sintió entrar en él y penetrar en todo su ser una extraña y fría corriente. Y al mismo tiempo se percató de una fuerza inaudita, valor, agilidad y entusiasmo”. Y además es inspirado para escribir un libro extraordinario: La vida abierta a la paz y al bienestar universal, es decir, el evangelio del Anticristo.”

    Contra eso grito fuertemente BENEDICTO en su penúltimo discurso: EL DIABLO NO EMPUJA AL HOMBRE DIRECTAMENTE AL MAL , SINO HACIA UN FALSO BIEN, HACIENDO CREER QUE LAS VERDADERAS REALIDADES SON EL PODER Y LAS NECESIADES PRIMARIAS ” S.S. BENEDCITO XVI.

  6. José Manuel Guerrero dice:

    Si es un astro divino, podemos ir descatando a Bergoglio. (Permitaseme la guasa Josehpmaryam)

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