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Francisco no posee la Autoridad Divina en la Iglesia

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Muchos, en la Iglesia, creen, como un deber, la necesidad de seguir a Francisco. Piensan que este hombre tiene buena voluntad para gobernar la Iglesia porque ha sido puesto por Dios.

Y ese deber lo apoyan en la Sagrada Escritura: «Todos habéis de estar sometidos a las autoridades superiores, que no hay autoridad sino por Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas» (Rom 13, 1).

San Pablo habla de las autoridades civiles y de las divinas: «autoridades superiores».

La obediencia a la autoridad es un deber de conciencia, porque la autoridad que ejercen emana de Dios: «no hay autoridad sino por Dios».

Dios es el autor del hombre social y, por lo tanto, es autor de la sociedad y de la autoridad: «por Dios han sido ordenadas».

La Iglesia es una sociedad perfecta. El Estado es una sociedad perfecta.

El Estado es la creación de un orden social, humano, político, económico, cultural. Se crea por los mismos hombres. Y son ellos los que ponen su autoridad.

Dios ha hecho al hombre social y, por tanto, ha creado el Estado. Pero deja a los hombres constituir ese Estado. Cualquier autoridad, en ese Estado, aunque sea demoníaca, viene de Dios. Pero viene de manera indirecta, a través de los hombres. Dios no interviene en esa elección humana.

En la obediencia a la autoridad está la salvación o la condenación: «de suerte que quien resiste a la autoridad, resiste a la disposición de Dios, y los que la resisten se atraen sobre sí la condenación» (Rom 13, 2).

La autoridad es «ministro de Dios, vengador para castigo del que obra mal» (Rom 13, 4).

Pero el hombre no es sólo un ser social, sino que también es un ser espiritual. Y, para gobernar su espíritu, Dios ha creado Su Iglesia.

En la Iglesia no se da una autoridad social, humana, política, económica, cultural, propia de un orden social. En la Iglesia se da el orden espiritual, que es un orden jerárquico.

Dios crea un orden Jerárquico, distinto al orden social. Ese orden Jerárquico es el que tiene la Autoridad en la Iglesia. Por eso, en la Iglesia no manda el pueblo, los fieles, sino la Jerarquía: Obispos, sacerdotes y diáconos.

Esa Jerarquía está puesta por Dios, no por los hombres. Quien es llamado al orden, a recibir el Sacramento del orden, es llamado a ser Jerarquía, a ser autoridad en la Iglesia. Cada sacerdote, cada Obispo, cada diácono, es autoridad en la Iglesia.

Pero, dentro de esa Jerarquía, Dios ha puesto una Cabeza, que es el Papa, al que todos tienen que obedecer para ser autoridad. Sin la obediencia al Papa, ningún sacerdote, ningún Obispo, ningún diacono, manda nada en la Iglesia.

El Papa es el que establece toda la autoridad en la Iglesia. Para eso da sus normas a la Jerarquía, para que se cumplan y sean autoridad.

Un sacerdote, un Obispo, que desobedezca al Papa, no es nada en la Iglesia. Nada. Aunque siga predicando, celebre misa, etc…, no hay que darle obediencia alguna, por su desobediencia a la Cabeza, que es el Papa.

Quien está con el Papa está con la Iglesia. Quien no está con el Papa no está con la Iglesia. Quien está con el Papa es autoridad en la Iglesia. Quien no está con el Papa no es autoridad.

En la Iglesia se obedece al Papa. Y, por tanto, se obedece a todos los demás que obedecen al Papa. Si no obedecen al Papa, no se les obedece, porque la obediencia a los demás, en la Iglesia, nace primero de la obediencia al Papa.

Los fieles no mandan nada en la Iglesia. No pertenecen a la Jerarquía. Sólo tienen que obedecer a la Jerarquía.

Por tanto, los fieles tienen que saber si ese sacerdote, si ese Obispo, si ese diácono, es obediente al Papa para poder dar la obediencia.

Y la única forma de saber si esa Jerarquía es auténtica es porque no se aparta de la enseñanza del Papa en la Iglesia. En cuanto se aparte un ápice, ya no es Jerarquía auténtica, ya no hay que darle obediencia.

La enseñanza del Papa es siempre la misma, porque la Verdad no cambia en la Iglesia. El Papa no es un innovador en la Iglesia, sino que es el que guarda la Verdad, como Cristo la enseñó, y obliga a la Iglesia a vivir esa Verdad, a obrar la Verdad. Es la obligación del Amor, es el deber del Amor, es el derecho del Amor.

Tanto para los fieles como para la Jerarquía, todo está en discernir si el Papa es verdadero o falso en la Iglesia.

A un Papa verdadero siempre hay que darle la obediencia, así se equivoque, así peque, porque «quien resiste a la autoridad, resiste a la disposición de Dios». Si Dios ha puesto un Papa legítimo, Él se encarga de todo en la Iglesia. Él se encarga de su pecado, de sus errores. Los demás, a obedecer a ese Papa legítimo.

A un Papa falso nunca hay que darle la obediencia, porque no lo ha puesto Dios en Su Iglesia. En este caso, no hay resistencia a la autoridad, porque la Iglesia es un orden divino, no social. La Iglesia no es el Estado. En el Estado, un gobernante falso, que ocupa el poder, es necesario darle la obediencia, en las cuestiones materiales, humanas, no en lo demás: «Pagad a todos lo que debáis: a quien tributo, tributo; a quien aduana, aduana; a quien temor, temor; a quien honor, honor» (Rom 13, 7).

En la Iglesia, Dios pone su autoridad directamente. Dios interviene en la elección que los hombres hacen. En el Estado, Dios pone la autoridad por medio de los hombres, de forma indirecta; pero no interviene. En la Iglesia, el poder es divino; en el Estado, el poder es humano.

En la Iglesia, cualquier anti Papa no es autoridad. Usurpa un Trono divino, en el que sólo Dios dice quién se sienta en ese Trono. En el Estado, quien usurpa el poder, sigue siendo autoridad, porque tiene un poder humano. En la Iglesia, quien usurpa el poder, ya no es autoridad, porque Dios es el que da el poder en la Iglesia; no son los hombres los que se arrogan ese poder.

Un Papa verdadero es siempre por sucesión de Pedro: muere un Papa, los Cardenales eligen otro. Siempre saldrá de eso un Papa legítimo, verdadero, en el cual está toda la Autoridad de Dios para regir su Iglesia. Si el Papa no muere y se elige otro, entonces ese Papa, que se elige, es siempre falso; es decir, sólo tiene un poder humano, no divino.

En la Iglesia sólo existe Pedro como Cabeza. La Iglesia está construida sobre Pedro. Y sólo hay un Pedro. No puede haber muchos Pedros. Y hasta que Pedro no muera, aunque haya renunciado, sigue siendo Pedro. La renuncia al Papado, no es la renuncia a la sucesión de Pedro.

Un Papa viene por sucesión, no por renuncia. Se suceden los Papas porque hay una muerte. Si no se da la muerte del Papa que reina, no se da la sucesión de Pedro.

Pedro se sucede en la muerte de cada Papa. Pedro no se sucede en la renuncia del Papa a su misión petrina.

Ante un Papa que renuncia, es deber de los Cardenales esperar a su muerte para elegir a otro.

Los hombres, en la Iglesia, cuando un Papa ha renunciado, han elegido a otro. Y ese Papa era falso o era un antipapa.

Los Cardenales siempre pueden elegir a un Papa nuevo, porque son los hombres los que ponen sus leyes, sus reglas, para obrar una elección papal.

Pero la elección de un nuevo Papa, de un Papa verdadero, legítimo, no es por una regla humana, por una ley humana, por una razón humana; sino por una ley divina: la sucesión de Pedro.

Esa ley divina exige la muerte del Papa para elegir a otro Papa.

Cualquier Papa que se elija viviendo el anterior, es siempre falso. Siempre.

El Papa tiene que morir. Y, entonces, se elige siempre a uno verdadero, legítimo.

Esta Verdad ya no se sigue en la Iglesia. Y, desde hace 50 años, no se sigue.

Se han elegido Papas verdaderos, legítimos, pero en la práctica, nadie les ha obedecido. En la práctica, no han sido ellos los que han gobernado la Iglesia.

Ellos han aceptado el cargo de Papa, pero han tenido que soportar la rebeldía de muchos, que les han impuesto obras para hacer en el Papado. No les han dejado hacer la Voluntad de Dios.

Y, por eso, se ha observado, durante 50 años, un desbarajuste en toda la doctrina de Cristo. Culpa, no de los Papas, sino de la gente a su alrededor.

Y hay que seguir obedeciendo a los Papas legítimos, pero no a la Jerarquía que ha querido gobernar la Iglesia con un Papa legítimo, impidiendo que ese Papa gobierne libremente. Porque no se puede resistir a la autoridad puesta por Dios en la Iglesia, aunque se vean herejías, cismas, en toda la Jerarquía.

Por eso, tantos que se han salido de la Iglesia, que se han rebelado contra el Papa, que han dicho muchas cosas, -que son verdaderas-, pero han desobedecido a la autoridad legítima, que es el Papa. Y si no hay esa obediencia, entonces sus quejas, sus críticas, lo que ellos defienden, no vale para nada.

Porque en la Iglesia no se defiende una Verdad, sino toda la Verdad. Y, para defenderla, hay que estar con el Papa legítimo. Este es el fallo de muchos en la Iglesia.

Durante 50 años, quien ha gobernado la Iglesia han sido mucha gente, muchas cabezas, que de forma solapada, han chupado todos del poder del Papa. Y han oscurecido ese Poder, hasta anularlo.

Lo que hicieron con el Papa Benedicto XVI es anular su Poder. Ya no existe el Papado. Esta Verdad muchos no la comprenden.

Los hombres han llegado a la perfección de la soberbia en el gobierno de la Iglesia. Han querido regir la Iglesia con un Papa legítimo. Y lo han hecho de espaldas al Papa, desobedeciendo al Papa, imponiendo al Papa muchas cosas que Dios no quería. Han hecho su partidismo en la Iglesia. Y han creado la herejía del Papismo: el dominio de los Obispos sobre todos los hombres, sobre todos los cristianos.

Esta herejía viene de la falsa interpretación de la Palabra de Dios sobre la Autoridad. Como de Dios viene toda autoridad, entonces los Obispos son siempre autoridad en todos los campos del existir humano. El deseo de gobernar al otro, de estar por encima del otro, hace que muchos sacerdotes y Obispos sean más papistas que el Papa.

¡Cuántos sacerdotes obligan a recibir a Cristo en la mano! ¡Se arrogan una autoridad que no poseen! ¡Cuántos sacerdotes y Obispos obligan a los fieles a dar obediencia a Francisco! ¡Se arrogan una autoridad que no poseen!

En la Iglesia, Dios pone Su Cabeza directamente, aunque sea por elección de los Cardenales. Y, por tanto, sólo se puede dar la obediencia al Papa legítimo. Y esa obediencia es hasta la muerte de ese Papa. Hasta que no muera, es imposible dar la obediencia a otro Papa en la Iglesia. Esa imposibilidad anula cualquier tipo de obediencia.

Por tanto, el Poder de Dios, actualmente, está en el Papa Benedicto XVI, que es el Papa legítimo, que viene por sucesión: murió Juan Pablo II, los Cardenales eligieron a este Papa.

Hasta que no muera el Papa Benedicto XVI, el Poder está en él. Y sólo en él. La obediencia es sólo hacia él.

El problema es que él no quiere ser Papa. Entonces, Dios no obliga a darle obediencia. Pero la Autoridad la sigue teniendo él. Y, por tanto, en la Iglesia ahora sólo se puede dar la obediencia a la Jerarquía que el Papa Benedicto XVI puso. Porque el Poder de Dios sólo están en este Papa.

La Jerarquía que ha puesto Francisco es nula. No se le puede dar obediencia. Ellos tienen un poder humano. Y con ese poder humano no son Autoridad en la Iglesia; porque la Autoridad en la Iglesia es divina, no humana. Es puesta por Dios directamente.

Consecuencia: ellos hacen su Estado dentro de la Iglesia. Ellos están constituyendo una nueva forma de gobernar, un nuevo orden social, económico, político, cultural, humano. Ellos lo hacen con su poder humano. De ellos va a nacer el nuevo orden mundial. De dentro de la Iglesia Católica. Ya se está formando, delineando.

Los que creen un deber obedecer a Francisco porque es autoridad, porque Dios lo ha puesto (y no importa que sea por una renuncia) tienen un error en sus mentes.

Y de ese error pueden salir fácilmente, si vieran lo que es Francisco en su doctrina.

A Francisco no se le obedece por dos cosas principales:

1. Porque es una autoridad falsa en la Iglesia: no ha sido elegido por Dios para ser Vicario de Cristo. Francisco no viene por sucesión de Pedro, sino por renuncia de un Papa.

2. Porque Francisco es hereje, apóstata de la fe, cismático. Es un masón que se viste de sacerdote para su negocio en la Iglesia. Y todo hereje que es elegido Papa es nulo su Papado. No es Papa. No es Autoridad. Luego, no hay que darle obediencia.

«Es preciso someterse, no sólo por temor del castigo, sino por la conciencia» (Rom 13, 5).

Todos en la Iglesia tienen que obedecer por conciencia al verdadero Papa, que es Benedicto XVI. Aunque haya renunciado, sigue siendo la Autoridad. Y, por tanto, no es posible resistirle. Hay que someterse a él por la conciencia, por el orden moral que da la conciencia.

Si no se da esa obediencia al verdadero Papa, se cae en el castigo de condenación. Se resiste a Dios.

El error de muchos es ver a Francisco con una autoridad legítima. Y ellos pueden ver su error por dos caminos: 1. Francisco ha sido elegido por renuncia, no por sucesión; 2. Francisco es hereje.

Por estos dos caminos, se ve que lo que hace Francisco es nulo para la Iglesia. Francisco no tiene autoridad como Papa, como Vicario de Cristo. Posee la autoridad que unos hombres le han dado. Y, por eso, crean un nuevo estado de cosas, un nuevo orden de cosas, que no tiene nada que ver con la Iglesia.

No quieran ver buena voluntad en Francisco para llamarlo Papa. En la Iglesia, la Autoridad no es por buena voluntad, sino por Voluntad Divina, por Elección Divina.

Francisco es sólo un usurpador del Trono de Dios. Se lo ha robado al Papa Benedicto XVI. Luego, su gobierno es nulo. No vale nada a los ojos de Dios. Todo lo que haga Francisco es nulo. Aunque ellos digan lo contrario, aunque quieran afirmar lo contrario, todo es nulo. Las decisiones que tome Francisco, aunque sean buenas, son nulas. Lo que Francisco promulgue en la Iglesia, aunque sean buenas, son nulas. Lo que Francisco predique, obre, aunque sean cosas buenas, son nulas. No pertenece a la Iglesia. Ninguna cosa de Francisco. Las canonizaciones que se ha dado y las que se van a dar son nulas; porque para canonizar hace falta que el Papa se pronuncie como Papa. Es así que Francisco no es Papa. Luego, es nulo todo lo que hace.

Francisco no tiene autoridad divina en la Iglesia. Luego, no hay quedarle obediencia. Y toda aquella Jerarquía puesta por Francisco no tiene autoridad divina, porque la ha puesto uno sin Autoridad Divina. Sólo la Jerarquía puesta por Benedicto XVI tiene autoridad en la Iglesia. Pero esa Jerarquía está obligada a no seguir a Francisco para ejercer esa Autoridad. Si siguen a Francisco, automáticamente, la pierden en la Iglesia.

Por eso, la situación en la Iglesia es muy grave. ¡Cuánto engaño en los fieles y en toda la Jerarquía! Y están todos aletargados, esperando algo de uno sin Autoridad Divina. Por eso, no hay excusa para lo que viene.

Dios ha dado tiempo para discernir a un falso Profeta. Y mucha gente sigue dormida. Y la Jerarquía sigue callando. Entonces, tiene que cumplirse lo que dice San Pablo: «Los magistrados no son de temer para los que obran bien, sino para los que obran mal. ¿Quieres vivir sin temor a la autoridad? Haz el bien y tendrás su aprobación, porque es ministro de Dios para el bien. Pero si haces el mal, teme, que no en vano lleva la espada. Es ministro de Dios, vengador para castigo del que obra el mal» (Rom 13, 3-5).

Todos los que han hecho renunciar al Papa Benedicto XVI tienen su castigo por rebelarse a la autoridad de Dios en Su Iglesia. Todos los que han elegido a un nuevo Papa, en la renuncia del Papa legítimo, tienen su castigo, por no someterse a la autoridad que Dios ha puesto en Su Iglesia. Todo los que siguen a Francisco, y a toda la Jerarquía que da su obediencia a un usurpador, tienen su castigo, que viene del mismo Papa Benedicto XVI. Él es ministro de Dios para el bien, y lleva la espada, para castigar al que obra el mal. Por eso, Dios va a mandar su castigo a la Iglesia por no obedecer toda la Iglesia a Su Papa verdadero, legítimo.

Dios no es un Dios que da besitos y abrazos a todo el mundo. Dios castiga al que obra en contra de su conciencia, porque en la conciencia está el conocimiento del bien y del mal. Es la voz de Dios en el alma. Y quien no la siga, recibe la Justicia de Dios por su pecado.

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2 comentarios

  1. Lydia Huerta dice:

    josephmaryam, que Dios lo proteja del maligno y que lo acompañe en todo momento. Le mando saludos y le agradezco que hable la verdad con valor y en obediencia a Dios.
    La verdad es simple: Francisco no puede ser Papa verdadero (no viene por sucesión de Pedro, es un masón, hereje), por tanto, nada de lo que haga en la Iglesia tiene validez.
    La Verdad de Dios es simple y hermosa, es justa en todo, y nunca cambia.

    Lydia Huerta

  2. Juan Pablo dice:

    Entonces la gran jugada del maligno fue poner a uno de los suyos en la sede de Pedro. Porque a ¿quién no le produce escozor enfrentarse con el que ocupa semejante cargo? yo, que no soy nadie. ¿Y si estoy equivocado y este es el Papa? uno se pregunta. En la misa se reza por el papa Francisco también. Sin embargo lo que se dice aquí es muy claro respecto a la sucesión. No por nada esta situación produce cierto problemas de conciencia. Uno en la vida diaria está con gente, en la mayoría de los casos, familiares que están con Francisco pero uno le tiene un rechazo instintivo. Es muy esclarecedor este artículo.
    Tal vez sea como lo que digo. Poner en ese trono sagrado a alguien a quien hay que necesariamente obedecer es toda una jugada.
    A propósito, la fotografía del papa Benedicto XVI me encantó.

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