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Francisco no cree en la Resurrección

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Francisco es un hombre si fe. No cree en la Resurrección de Jesús. Sólo lean su homilía de la Vigilia Pascual y se darán cuenta que habla de sus cosas, de su idea, pero no de Jesús Resucitado.

Un hombre que no sabe centrar el tema de la fe, sino que va contando una historia sobre lo que sucedió ese día, para finalizar diciendo nada sobre la Vida que Jesús ha dado al hombre venciendo a la muerte.

Las mujeres ven a Jesús y creen. Y, con esa fe, van a los Apóstoles, que no creen. En la fe de las mujeres, los Apóstoles vuelven a creer, vuelven a despertar a la fe. Porque la fe entra por el oído: «¿Cómo creerán sin haber oído de Él? Y ¿cómo oirán si nadie les predica?» (Rm 10, 14b). Las mujeres anunciaron a Cristo Resucitado, y los Apóstoles creyeron la Palabra de Dios en las mujeres.

«No todos obedecen al Evangelio» (Rm 10, 16), por la soberbia que inunda sus mentes. Santo Tomás se cerró a la Palabra de la fe. No creyó hasta que no vio, hasta que su inteligencia humana tuvo una señal.

Muchos buscan señales para creer y, mientras tanto, viven su vida humana sin fe. Y es la fe lo único que salva al hombre. Y quien no tenga fe no encuentra la verdad de su vida, el sentido de su vida. Sólo se dedica a vivir su humanidad.

Francisco, en su homilía, sólo se centra en su sentimentalismo: “«Non tengáis miedo», «no temáis»: es una voz que anima a abrir el corazón para recibir este mensaje»”. (Francisco, 19 de abril 2014). Pero no se centra en la verdad: Cristo ha resucitado.

Cuando el ángel aparece a las mujeres, su mensaje es claro: «No está aquí, ha resucitado según predijo» (Mt 28, 6). Ya el Señor había dado la fe: «Pero después de Resucitado os precederé a Galilea» (Mt 26, 32).

Las mujeres creen al ángel, que sólo da la misma Palabra del Verbo. Sólo la recuerda. No dice nada nuevo. Porque la Verdad no es novedad. La verdad es siempre la misma. La Verdad no cambia, no puede cambiar, no entiende de evoluciones de la mente, de la ciencia, de la técnica. No es el hombre el que llega a la Verdad con su razonamiento humano. Es la Verdad la que se revela al hombre.» Sólo es necesario un hombre sencillo, humilde, obediente, que acepte en su corazón esa palabra de la Verdad.

Las mujeres creen la Verdad que el ángel les revela. Y, porque creen, tienen el premio a su fe: «Jesús les salió al encuentro, diciéndoles: Dios os salve» (Mt 28, 9). El saludo de Jesús a las mujeres es el inicio del nuevo camino que Jesús da al alma que cree. Dios engrandece a los humildes de corazón, que se abren a la enseñanza del Espíritu.

Es el premio al dolor de las mujeres: Jesús las levanta de su dolor. Ellas fueron fieles al Dolor de Cristo. Ellas se unieron al Dolor de Cristo. Ellas murieron con Cristo en la Cruz. Necesitan el alivio del Amor, el consuelo del Amor, para purificarlas de ese sufrimiento espiritual que pasaron con Cristo.

Jesús se aparece con un cuerpo glorioso. Ya no es el cuerpo mortal. Es otro cuerpo: revestido de Gloria Divina.

Jesús se aparece como Él es en Su Vida Divina. Y se muestra en un mundo dominado por el pecado y la maldad de los hombres. Se revela a unas mujeres que siempre han creído en Él, aun en los momentos de Pasión, de sufrimiento, de muerte. En el mayor Dolor de Cristo, las mujeres seguían creyendo en Él. No lo abandonaron en el Dolor, en la muerte. Los Apóstoles sí lo hicieron, menos uno: San Juan. Y es San Juan el que primero cree al entrar en el sepulcro vacío: «Entonces entró también el otro discípulo que vino primero al monumento, y vio y creyó» (Jn 20, 8).

San Juan no vio y pensó en el sepulcro vacío, en las fajas, en el sudario. Sólo vio y creyó. Creer no es pensar en Jesús. Creer no es hacer un recuerdo de la vida de Jesús. Creer no es hacer una memoria de la vida de Jesús. No es obrar una memoria. Es unirse a Jesús en Su Palabra.

Francisco niega la fe en la Resurrección: “Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria; sin miedo, «no temáis». Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor”. Aquí está toda su herejía: releer.

El Señor anunció a Sus Apóstoles que los iba a preceder a Galilea, porque allí, más tranquilamente que en Judea, donde se había hecho la Pasión, podía completar su instrucción después de la Resurrección.

El Señor, en la Resurrección, enseña a Sus Apóstoles cómo tienen que hacer Su Iglesia. Para eso son los 40 días antes de Su Ascensión. Por tanto, no se relee nada, sino que se aprende la Verdad del Resucitado.

No hay que releer la Cruz. No hay que ir al final para dar un nuevo comienzo. No hay que memorizar lo que Jesús predicó. No hay que atender con la mente a los milagros de Jesús. No hay que fijarse en la vida común con Jesús. Porque la fe no es una memoria del pasado para iniciar, en el presente, algo nuevo.

La fe es el presente que nunca cambia, es la Verdad que nunca cambia, es el ser que nunca cambia.

Jesús enseña a Sus Apóstoles a vivir la fe. A vivir todo eso, que antes de su muerte les ha enseñado, pero que no podían ponerlo en práctica porque Él no había resucitado.

Para obrar las enseñanzas de Jesús hay que morir y resucitar con Cristo. Para obrar las enseñanzas de Jesús no hay que recordar la vida de Jesús. No hay que ir a la Cruz y ponerse a meditar miles de cosas. No hay que coger el Evangelio y dar variadas interpretaciones a lo que se lee, poniendo la mente, la ciencia, la cultura, la técnica, la filosofía, la psicología, y tantas cosas que no sirven para nada.

Hoy los sacerdotes son psicólogos, filósofos, comunistas, liberales, masónicos, psiquiatras, pero no creen. No saben vivir la fe. No saben obrar la fe. No saben tener fe. Sólo saben pensar, meditar, recordar, analizar, sintetizar. Cosas propias del intelecto humano. Pero la fe es una cuestión del corazón, no de la inteligencia humana.

Se cree con el corazón; se piensa con la mente. El problema está en saber vivir con el corazón. El problema no está en saber pensar el Evangelio. Todos piensan y todos se equivocan. El pensamiento del hombre es la complicación de su vida. Si quieren ver en qué lío se ha metido un hombre, vean sus pensamientos, analícenlos, y descubrirán su lío de la vida.

El hombre humilde de corazón vive su fe sin analizar nada, sin recordar nada, sin ir atrás, al pasado, para inventarse un presente y un futuro. El hombre de fe no se inventa su fe, no crea su fe. Sólo vive lo que Dios le pone en su corazón. Sólo obra eso. Y, cuando lo obra, el hombre de fe entiende con su razón muchas cosas que no sabía antes.

Quien no tiene fe vive encerrado en sus ideas humanas. Y, al final de su vida, lo único que ha hecho ha sido dar culto a su mente humana. Pero no ha vivido de fe. No sabe obrar la fe. No sabe ser sencillo de corazón. Es lo que le pasa a Francisco. Tiene que inventarse tantas cosas en la Iglesia, tiene que aparentar ser pobre, ser humilde, ser amable, porque su fe se la ha inventado él con su razón.

Es muy fácil inventarse una religión, una iglesia, un sacerdocio. Facilísimo. Pon en marcha tu mente. Y coge de aquí, de allí, lo unes todo y sale tu iglesia, tu religión, tu sacerdocio. En el mundo hay cuarenta mil sectas sólo por la mente humana. Porque los hombres trabajan con sus inteligencias humanas para complicarse la vida y complicarla a los demás.

La fe es muy sencilla: es dejarse enseñar por la Palabra de Dios. Es lo que hicieron las mujeres. Se dejaron guiar por Dios. Y Dios les iba mostrando el camino de la vida. No hay que inventarse el camino, como lo hace Francisco: “Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? Se trata de hacer memoria, regresar con el recuerdo. ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? Búscala y la encontrarás”.

“Se trata de hacer memoria”: eso es todo para Francisco. Se trata de pensar, de meditar, de recordar, de sentir la mirada de Jesús, la presencia que tuve en un Sagrario, el sentimiento de una predicación, las palabras bellas que uno me dijo… Tantas tonterías para no enseñar la Verdad.

“Regresar con el recuerdo”: esto es lo típico de la filosofía hegeliana y kantiana. Es un dar vueltas a la mente, para ver, para recordar, para atender a un detalle que se pasó por alto. Es un dar vueltas con la mente: eso tiene un nombre en la Sagrada Escritura: ser idiota. «Y vi que la sabiduría sobrepuja a la idiotez (= ignorancia) cuanto la luz a las tinieblas» (Ecl 2,13).

El término griego ἰδιώτης (idiótes) significa ignorante, el que está en sus asuntos privados, particulares, personales. El que da vueltas a su vida, a su mente humana, a sus obras humanas. El que sólo sabe hablar de sus cosas, de su vida, de sus ideales, de sus vivencias. Son hombres vulgares, corrientes, incultos: «Viendo la libertad de Pedro y Juan, y considerando que eran hombres sin letras e idiotas (= plebeyos)» (Hch 4, 13).

Esto es Francisco: un idiota. Un hombre vulgar, un hombre de la calle, que vive su vida y que la muestra a todos como la mejor de todas. Es el santo moderno, que a todo el mundo le gusta porque habla lo que cada uno quiere escuchar. Esta es la idiotez. Por eso, Francisco, se junta con los mediocres, con los vulgares, con la gente del pueblo que vive su vida sin más ilusión que lo que encuentra con su mente humana. Es un hombre de mundo, profano, que le gusta la vida social. Le gusta estar en el Facebook, en el twitter. Le gusta poner mensajitos todo el día. Es un hombre hablador, charlatán, sin vida interior. Es un hombre para la vida de la calle. Pero no es un hombre para la Iglesia, para el sacerdocio, para la vida del Cielo.

Francisco se ha inventado su fe. Y es lo que predica todos los días. Por eso, no sabe decir una Verdad bien dicha, porque vive en su idiotez, en su ignorancia de Dios, de la Verdad Absoluta, de la Vida Divina, del Amor Divino.

Esto que predica Francisco lo ha enseñado ya en su Carta Encíclica Lumen Fidei, que es una herejía y que nadie la ha contemplado. Esto no es nuevo. Francisco desbarató los apuntes del Papa Benedicto XVI para engendrar su bazofia, su primera basura en la Iglesia. Ahí da a conocer su fe fundante: la de que se funda en la memoria para obrar una espiritualidad, una religión, una iglesia. Es el culto a la razón humana. Francisco endiosa al hombre.

Ver entrada La memoria fundante de Francisco

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7 comentarios

  1. María dice:

    jajajajaja, pues eso, el Emperador Romano. Marita, su aportación es inmejorable. Yo no había llegado a tanto, sólo a lo del tiíto de la grande fratellanza.

  2. Marita dice:

    Gog.
    Tito Bergoglio ( el Emperador romano , supongo )

  3. Gog dice:

    Eso del tito Bergoglio ha quedado muy bien. Comprendan que me ría por la ocurrencia, aunque la cosa es para llorar.

  4. Marita dice:

    La raiz de todo esta falsedad esta en el pecado de desobediencia a Dios que lleva a la idolatría. La idolatría cierra el intelecto y el hombre se covierte en un asesino de sí mismo y de todo a su alrededor.
    La idolatría conlleva a la autodestruccion y muerte .

  5. Gog dice:

    Yo creo, Marita, que la gente está muy confundida por tantos años de manipular el Evangelio por parte de todos estos comunistas, masones, humanistas y “buenistas”. El mensaje del buenismo está muy metido en la mayoría y por eso es tan fácil entrarles por ahí. Lo raro es encontrar alguien que resista esa marea de la mayoría del “¡crucifícalo!” de hoy en día.

  6. Marita dice:

    Escuchar a Francisco es un peligro, cambia el Evangelio según sus sentimientos. No tiene coherencia en sus palabras…..¿ Como es posible que tanta gente le aplauda sus disparates ?

  7. Deseándoles Felices Pascuas de Resurrección, quiero agradecerles el valiente apostolado que llevan a cabo en tiempos en que el sí sí, no no, parece haber pasado de moda y ser reemplazado por la tibieza de la mal llamada prudencia.
    Sin darme el tiempo para comentar frecuentemente, no deja de ser su blog, una lectura diaria obligada, ya que pocos se atreven a desenmascarar a este falso profeta con la claridad y coherencia que ustedes lo hacen.
    Felicitándolos y animándolos a seguir con tan esclarecedor trabajos en tiempos de tanta oscuridad y ultraje a Nuestra Santa Madre Iglesia, los saludo afectuosamente desde Nacionalismo Católico San Juan Bautista.

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