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¡Qué indignante basura de Via Crucis!

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El Reino de la Paz

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El Via Crucis es el camino de la Cruz, es decir, el camino que Cristo marcó para que el alma se salvara de su pecado y se santificara con la Gracia Divina.

El camino de la Cruz se recorre pisando las huellas de Cristo y, por tanto, fijándose sólo en los sufrimientos de Cristo, que son a causa de nuestros pecados.

Cristo sufre sólo por nuestros pecados.

Cristo no sufre por la crisis económica ni por sus consecuencias nefastas, ni por los sufrimientos de los emigrantes, ni sobre los males que desgarran la vida de muchas personas.

El Via crucis no es ver los problemas de los hombres, no es meditarlos, no es recorrerlos y dar una enseñanza de cómo se solucionan siendo más hombres con los hombres.

El Via crucis no es dedicarse a hacer política, no es para apoyar los derechos de los hombres, no es para hablar de las justicias sociales, no es para entender la vida en clave de fraternidad.

El Via crucis es ver sólo nuestros pecados y la ofensa que hemos hecho a Dios por nuestros pecados. Es dolernos por haber pecado, por haber matado a Cristo, por haberlo crucificado.

Un Via Crucis que anule esto, anula todo en la Iglesia.

Un Via Crucis centrado en:

1. las graves consecuencias sociales de la crisis económica,

2. en las mujeres que son víctimas de la violencia,

3. en el trauma de los niños maltratados,

4. en el dolor de las madres que han perdido a sus hijos en la guerra, o que están en las drogas o en el alcohol;

5. en la injustica de la muerte de unos niños por desechos tóxicos,

6. en la injusticia que sufren los presos por vivir en superpoblación en las cárceles o porque reciben torturas de otros presos;

7. la necesidad de ayudar, de ser solidarios con todos los hombres, para encontrar el bien común;

es, simplemente, el comienzo del cisma dentro de la Iglesia.

Quien anula el Calvario, anula la Iglesia.

Quien anula la muerte de Cristo, anula la Iglesia.

Quien se aleja de la Verdad de la Pasión, se aleja de la verdadera Iglesia.

Sexta estación: sexta herejía

No se puede predicar que “la Verónica es la verdadera imagen femenina de la ternura”. Esto es inadmisible. Esto es un puñal en el corazón de Cristo.

La Verónica enjuga el Rostro de Jesús. Esa mujer no le da una ternura a Cristo. Esa mujer obra lo divino en la Pasión.

El Rostro de Cristo es el Rostro del Salvador. Y se necesitaba imprimir ese Rostro en un lienzo para las almas que, viendo el Dolor de Cristo, necesitaban la ayuda de un milagro para seguir creyendo.

Y ese milagro, Cristo lo da a las mujeres, que son las que llevan todo el peso de la Cruz. Son las almas que creen. Y ellas sólo creen. Ellas, en su fe, no se apoyan en los Apóstoles. Ellos no creen en Cristo. Ellos lo han negado y han huido como cobardes. Y sólo quedan ellas en la Fe. Y el Señor les da un regalo de Su Amor para confortarlas en la fe y para que pudieran seguir adelante, hasta el Calvario.

¡Cómo se ríe Francisco de la Fe de toda la Iglesia con su ternura herética! ¡De qué manera anula Francisco la Verdad con su sentimentalismo herético y cismático!

“El Señor encarna aquí nuestra necesidad de gratuidad amorosa, de sentirnos amados y protegidos por gestos de solicitud y de cuidados”: cuanto amor propio trae esta frase para el alma; cuánta vanidad escondida en esta frase; cuánto sentimentalismo herético tiene toda la Jerarquía de la Iglesia. ¡Están necesitados de las caricias de una muer para ser sacerdotes! ¡Cuánta impureza la de este Obispo que ha escrito esta basura y cómo se ve lo adúltero que es en la Iglesia!

“Las caricias de esta criatura se empapan de la sangre preciosa de Jesús y parecen purificarlo de las profanaciones recibidas en aquellas horas de tortura”: ¡Qué grave herejía la de este Obispo! ¿Cómo se atreve a decir que las caricias de una mujer purifican el dolor de Cristo? ¡Dios mío, qué blasfemia contra el Espíritu Santo! ¡Qué ignorante de la teología de la Cruz! ¡Que amante eres de las mujeres en tu ministerio sacerdotal!

Es el Dolor de Cristo el que purifica los corazones de los hombres; es el sufrimiento de Cristo el que da valor a las obras de los hombres; es la muerte de Cristo lo que engrandece la vida de los hombres.

¡Cuánta ignorancia de la vida espiritual! ¡Cuánta idiotez en este escrito! ¡Cuánta doctrina del demonio se descubre en cada palabra de esta basura ideológica!

Séptima estación: séptima herejía

Jesús no es un hombre para una vida social, para una historia de los hombres. Jesús es el Hombre. El hombre de todos los tiempos, porque sobre Él se han depositado todos los pecados del mundo, de todos los hombres.

Y, por tanto, Jesús no “carga sobre sus hombros toda nuestra historia de dolor”. No existe la historia del dolor de los hombres.

Existe el Hombre; existe Cristo que fue matado en Abel; existe Cristo cuyos pies fueron atados en Isaac; existe Cristo que anduvo peregrino en Jacob; existe Cristo que fue vendido en José; existe Cristo que fue expuesto sobre las aguas en Moisés; existe Cristo que fue perseguido en David; existe Cristo que fue deshonrado en los profetas.

Es Cristo el que ha llevado en Su Cuerpo los sufrimientos de todos, las víctimas del odio, de la violencia, de las guerras.

Es Cristo el que ha encerrado en Sus Heridas la sangre derramada por millones de niños inocentes, matados en el seno de sus madres.

Es Cristo el que ha sido flagelado por todos los dolores, por todas las enfermedades, por todos los males incurables.

Es Cristo el que ha sido coronado de espinas en aquellos que pecan contra la Fe, contra la Verdad, contra la Iglesia. Es Cristo el que sufre el pecado de soberbia de todos los hombres en su Cabeza Coronada de Espinas.

Es Cristo el que es despreciado en los pobres, en los pequeños, en los marginados, en los últimos, en los explotados. Es Cristo. No es la historia del dolor de los hombres. No son los hombres los que sufren. Es Cristo el que ha sufrido primero y el que da valor a todo sufrimiento humano. ¿Cuándo lo van a comprender?

Es Cristo el Hombre de todos los tiempos. Los demás: nada.

En Cristo ha vivido, ha sido redimido y ha sido salvado, cada hombre, desde el primer Adán, hasta el último al final de los tiempos.

Y a cada hombre le toca sólo aceptar la obra de Cristo o rechazarla. Aceptar los sufrimientos de Cristo para dar valor a sus sufrimientos humanos. O rechazar la obra de Cristo en la Cruz, y poner su vida en un camino para la condenación, en la que nada tiene valor e importancia para Dios.

¡Cuánta grosería hay que leer en este infame escrito, que no da la verdadera teología de la Cruz, que anula con una nueva doctrina, la Verdad de la muerte de Cristo!

Se adora el sufrimiento de Cristo, no se da culto a los sufrimientos de los hombres.

La Semana Santa es para adorar a Cristo Crucificado, para adorar sus llagas, para amar su Dolor.

La Semana Santa no es para fijarse en los problemas de ningún hombre, no es para ensalzar la vida de los hombres, no es para medir el sufrimiento de los hombres con la inteligencia humana.

La Semana Santa es para meterse en las llagas de Cristo y vivir allí. Y, en esas llagas, se descubre el valor de todo sufrimiento humano.

“A la cárcel se la mantiene aún hoy demasiado lejana, olvidada, rechazada por la sociedad civil”: y a nosotros, ¿qué nos importa esto?.

Si no eres capaz de dar a Cristo, el valor de su sufrimiento, ¿para qué enumeras tantas cosas que a nadie le interesa saber?: ”los absurdos de la burocracia, la lentitud de la justicia. El hacinamiento es una doble pena, un dolor agravado, una opresión injusta, que desgasta la carne y los huesos”.

Palabras que sólo se dicen para rellanar una cuartilla, para buscar el agrado de los hombres, para alcanzar la popularidad entre las masas de las gentes, que no saben lo que es la Verdad de Cristo, la Verdad de Su Dolor, la Verdad de Su Muerte en Cruz; sino que viven agarrados a sus verdades humanas, a sus ambiciones humanas, a sus intereses humanos. Ganas de hablar y contar chismes para acrecentar el odio entre los hombres, la discordia, la envidia.

¡Da pena leer esta salvajada de escrito! Y da dolor ver cómo muchos la aplauden como una obra maestra en el gobierno de ese idiota.

Octava estación: octava herejía

Se habla ocultando la Verdad del Evangelio: “Las figuras femeninas en el camino del dolor se presentan como antorchas encendidas”.

La luz en el camino del Dolor es Cristo, no las mujeres que se encuentran con Cristo. Es el Dolor de Cristo el que da conocimiento a las mujeres para acercarse a Él. Es el Dolor de Cristo el que llama al alma para que aprenda una verdad. Esa verdad que se anula en este Via Crucis, esa Verdad que no se quiere nombrar porque significa Justicia Divina. Y en este panfleto comunista se habla de una falsa misericordia, de una falsa compasión por el prójimo, de una herética doctrina de la fraternidad, de una misericordia sin justicia sin verdad.

“Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?” (Lc 23, 28-31)

Esto es lo que se calla: de nada sirve compadecerse con palabras y con sentimientos de los sufrimientos de este mundo, de los problemas de los hombres, si nuestra vida continúa como siempre: amando nuestros pecados.

Jesús muestra a las mujeres las verdaderas lágrimas, las que nacen de la gravedad del pecado y de la seriedad del Juicio de Dios.

Las mujeres tienen que llorar por los hijos que no quieren convertirse para alcanzar la Misericordia, y así no ser fulminados por la Justicia que condena al alma al infierno.

Esto es lo que significan las palabras de Cristo en Su Dolor. Cristo no busca el cariño de unas mujeres, las lágrimas de unas mujeres: “no lloréis por mí”. Dejad vuestros inútiles sentimientos de la vida a un lado y profundicen en el Dolor de Mi Pasión. Lloren lágrimas de penitencia por sus hijos, para que reciban la gracia de la conversión. Déjense de estúpidos cariños humanos, porque no sirve para consolar el Dolor que el pecado trae al alma.

“Lloremos por las mujeres esclavizadas por el miedo y la explotación”: vete al infierno con tus lagrimas heréticas, Obispo orgulloso, Obispo herético, Obispo cismático. Y que te acompañe la rata de Francisco, que es el culpable de esta bazofia de predicación.

Aquel Católico que no sienta indignación ante este Via Crucis es que no es católico, es que no ama a Cristo, es que no ama a la Iglesia, es que no es de la Verdad.

(Continuará)

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9 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Felíz cumpleaños número 87 Papa Benedicto XV!

  2. Marita dice:

    En el Evangelio de ayer :
    “Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: “Compra lo que hace falta para la fiesta”, o bien que le mandaba dar algo a los pobres”.
    Aqui vemos la obstinacion de Bergoglio con sus pobres…..exactamente lo mismo ….

    • josephmaryam dice:

      Francisco es un hombre que no ha comprendido el pecado de Judas y, por tanto, interpreta el Evangelio, las palabras de Jesús, según su ideología marxista, comunista, totalmente opuesta a la verdad. Francisco está obsesionado por el dinero, como Judas. Pone en boca el amor a los pobres; pero va tras el dinero de los ricos y de los pobres, para enriquecerse él en su nueva iglesia. ¡Ay de aquellos sacerdotes que lo imiten!¡Qué infierno les espera!

  3. José Manuel Guerrero dice:

    ” Hoy, en la mitad de la Semana Santa la liturgia nos presenta el triste hecho de la traición de Judas. Judas va a las autoridades y les dice simplemente: ¿Cuánto me van a dar si yo lo entrego? ¡30 monedas! Y Jesús tiene precio, como cualquier mercadería en un mercado.”

    Hay comparaciones que son odiosas. Y otras, directamentes son una infamia y una burla. Comparar a Dios como “mercaderìa de un mercado” es llegar muy lejos incluso para este pobre bribón. Hablar de Jesucristo de esta manera es odioso, infame y burlesco.

  4. José Manuel Guerrero dice:

    “Jesús era considerado un profeta, pero muere como un delincuente”.
    Bergoglio el apóstata.

    Jesus no es un “delincuente”, no muere como un delincuente. Jesus es condenado injustamente, pero ese hecho no le da categoria delicuencial al reo. Bergoglio consciente y malevolamente llama “delincuente” al Señor para quitarle toda divinidad. Ese es el plan de la nueva y diabolica iglesia del falso papa, humanizar todo rastro divino de Jesucristo.

  5. Stella dice:

    Francisco con sus palabras desvia del centro el sufrimiento los dolores de Jesus en la pasion por el pecado del hombre y lo sustituye por padeceres humanos aunque no aclara como siempre que la causa de estos es el propio pecado del hombre. Es astuto saca a Jesus y pone al hombre en el centro. Como si sus llagas no tuvieran sentido y no valieran nada…

  6. andress dice:

    Como manejar este grito de dolor por la situación actual no solo de la iglesia sino de cada uno de nosotros, sus fieles? Cuanto mas durara esta situacionj sin que los verdaderos sacerdotes se opongan a esto? El fenómeno de la tetraedras de Lunas tiene algo que decirnos de esto? la luna que es ( imagen de la iglesia) por que recibe la luz de Cristo el verdadero sol estara eclipsada hasta cuando?

  7. Aldo dice:

    DELANTE DE LA CRUZ
    .
    Delante de la Cruz, los ojos míos,
    quédenseme, Señor, así mirando
    y, sin ellos quererlo, estén llorando
    porque pecaron mucho y están fríos.

    Y estos labios, que dicen mis desvíos,
    quédenseme, Señor, así cantando
    y, sin ellos quererlo, estén rezando
    porque pecaron mucho y son impíos.

    Y así, con la mirada en Vos prendida,
    y así, con la palabra prisionera,
    como la carne a vuestra cruz asida,
    quédeseme, Señor, el alma entera,
    y así clavada en vuestra cruz mi vida,
    Señor, así, cuando queráis, me muera.
    .
    Rafael Sánchez Mazas
    Político, poeta y escritor español

    hermosa poesía en honor a Cristo Crucificado
    Aldo

  8. Aldo dice:

    ECLIPSE DEL SOL EN LA MUERTE DEL REDENTOR

    Estaba el sol entonces coronado
    De largas puntas de diamantes finos,
    Y, en medio de su curso levantado,
    Los montes abrasaban Palestinos.
    Miguel, viendo a su Dios crucificado,
    Desnudo ante los bárbaros indignos.
    Con hidalga vergüenza y noble celo
    Baja del cielo empíreo al cuarto cielo:

    Y a los fuertes caballos rutilantes
    Que echaban fuego por las bocas de oro,
    Las ruedas volteando coruscantes
    Que dan al mundo nuevo gran tesoro;
    Los encendidos frenos radiantes,
    Sin guardar al planeta más decoro,
    Asía con la una mano valerosa,
    Y con otra la maquina espantosa.

    Y el carro así parado, alzó los ojos
    Al sol, que con mil ojos le miraba,
    Y fulminando por la vista enojos.
    El fin de sus intentos aguardaba:
    Abriendo, pues, Miguel sus labios rojos,
    Con voz le dijo resonante y brava,
    Increpando al planeta excelsamente,
    Porque daba su luz resplandeciente:

    “¿Es posible inmortal, noble criatura,
    Que miras a tu Dios en cruz desnudo,
    Y ofreces luz a aquella gente dura
    Que sin miedo en la cruz ponerlo pudo?
    Cubra tu clara faz de noche oscura.
    Con razón fiera y con verdad sañudo,
    Desate el mundo así sus gruesas nieblas,
    Y a su Creador conozca en tus tinieblas.

    Dijo y el sol avergonzado luego,
    Sus rayos en sí propios recogidos,
    Negó su bella lumbre al mundo ciego
    Por dejar a los hombres confundidos:
    Espantóse el romano, admiró al griego,
    Ambos en esta ciencia esclarecidos,
    Ver un eclipse tal, y el crudo hebreo
    Se quedó pertinaz en su deseo.

    Fray Diego de Ojeda
    A modo de desagravio del Santísimo Jesucristo por esta via Crucis vaticana
    Aldo

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