Lumen Mariae

Inicio » apostasía » Via Crucis cismático: la anulación de la Obra Redentora de Cristo

Via Crucis cismático: la anulación de la Obra Redentora de Cristo

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

michelangelos_pietav

Primera estación: primera herejía

Jesús es condenado a muerte por nuestros pecados. El pecado de Pilatos fue no creer en la Verdad, que es Jesús. Por su falta de fe, Jesús va hacia la Cruz. Por tanto, lo que crucifica a Cristo no es la existencia de personas inocentes ni de personas débiles, ni de hombres que sufren injusticias sociales. Lo que crucifica a Cristo son nuestros pecados y, sobre todo, el pecado contra la Fe.

Por tanto, «¿sabremos tener una conciencia recta y responsable, transparente, que nunca dé la espalda al inocente, sino que luche con valor en favor de los débiles resistiéndose a la injusticia y defendiendo por doquier la verdad ultrajada?» (Meditaciones al Via Crucis, de Mons. Giancarlo Maria BREGANTINI, Arzobispo de Campobasso-Boiano – 15 de abril de 2014)

A esta pregunta herética, hay que responder: Apártate de Mí Satanás; tú hablas como los políticos, tú hablas como los marxistas, tú hablas como los comunistas, pero no enseñas la Palabra de Dios en tu discurso.

Tú, Francisco, que has destruido la Verdad del Papado, que has hecho la injusticia más grande, negando la verdad del Evangelio a toda la Iglesia imponiendo tu evangelio fraterno, que es la negación del amor y de la misericordia, creando alrededor tuyo una atmósfera de odio y de crueldad, haciendo que la falsedad sea el principio de tu gobierno, seas maldito, seas excomulgado de la Iglesia Católica, seas un alma errante sin misericordia divina.

Hay que defender la verdad ultrajada por Francisco y por su gobierno horizontal. Hay que atacar al hereje Francisco y a su nueva iglesia en el Vaticano.

Segunda estación: segunda herejía

Jesús carga con la cruz de nuestros pecados, por tanto, Jesús no carga con “el peso de todas las injusticias que ha causado la crisis económica, con sus graves consecuencias sociales: precariedad, desempleo, despidos; un dinero que gobierna en lugar de servir, la especulación financiera, el suicidio de empresarios, la corrupción y la usura, las empresas que abandonan el propio país” (Ibidem).

A Jesús le trae sin cuidado las crisis económicas, el desempleo, el dinero, la corrupción, las empresas que abandonan el país, etc.

A Jesús le trae sin cuidado el pensamiento de Francisco sobre los males de los hombres, los males sociales, los males del trabajo, los males de la cultura.

A Jesús le da igual la palabrería barata y blasfema que Francisco y su gobierno de marxistas están diciendo continuamente en la Iglesia.

Jesús sólo se preocupa del pecado de sus almas, de darles el camino para que quiten sus pecados, de darles las gracias para que expíen sus pecados, de darles el Espíritu que fortalece contra el demonio y que impide caer en el pecado.

Jesús viene a cargar con todos los pecados de los hombres. Las consecuencias del pecado son sólo el fruto del pecado. Son otros pecados. Son otras maldades, que conducen a otros pecados.

Si el hombre no lucha por quitar sus pecados, y se dedica a resolver sus asuntos económicos, sus crisis; si el hombre sólo lucha por sus justicias sociales, entonces el hombre se va de cabeza al infierno por querer quitar el pecado con una solución marxista y comunista de la vida.

“Esta es la pesada cruz del mundo del trabajo, la injusticia en la espalda de los trabajadores. Jesús la carga sobre sus hombros” (Ibidem): Jesús no carga la cruz del mundo del trabajo; Jesús no carga con las injusticias de los trabajadores. Porque Jesús no es un líder social, no es un líder político. Jesús no es un trabajador social.

“y nos enseña a no vivir más en la injusticia, sino a ser capaces, con su ayuda, de crear puentes de solidaridad y esperanza, para no ser ovejas errantes ni extraviadas en esta crisis” (Ibidem): Jesús carga con el pecado de los hombres y enseña a no pecar más. Jesús, enseñando a no pecar, enseña a practicar las virtudes cristianas, las teologales, y a dar a cada hombre lo que se merece.

La justicia con los hombres viene de quitar el pecado. Las injusticias con los hombres vienen de vivir en el pecado. Quien quiera hacer una justicia estando en pecado, comete otra injusticia mayor. Quien no vive en la justicia divina, en la justicia del alma, en la vida de la gracia, ¿cómo quiere dar una justicia a otro hombre? No puede. Nadie da lo que no tiene. Siempre le dará una injusticia, que es lo que posee en su corazón por estar en pecado.

Jesús no viene a crear puentes de solidaridad. Jesús viene a ser el puente que lleva de la tierra al cielo. Jesús crea el camino para salvarse y para santificarse. A Jesús le trae sin cuidado todas las crisis de los hombres, porque la única crisis del hombre es su amor al pecado. Si no sale de esa crisis, el hombre se pierde para toda la eternidad.

Tercera estación: tercera herejía

Jesús cae por primera vez, por los pecados de lujuria de los hombres. La primera caída es por la fuerza del pecado que todos los hombres tienen en su carne, en su humanidad. Ese pecado divide al alma y al cuerpo. Y el alma quiere lo divino, pero el cuerpo quiere lo carnal, lo pecaminoso, lo lujurioso.

Jesús cae para expiar la maldad de todos los hombres por su vida de placeres, por su vida de gula, por su vida acomodada a todo lo humano. Es el pecado de la carne lo que hace débil al hombre.

Y, por tanto, Jesús no “nos ayuda a aceptar las debilidades de los demás; a no indignarnos con quien ha caído, a no ser indiferentes con quien cae” (Ibidem). Jesús, con su caída, no da la fuerza para no caer en el pecado que domina a toda la carne.

Jesús no mira las debilidades de los hombres, sino sus pecados. Y el hombre no puede aceptar las debilidades de los demás, porque toda debilidad del hombre es por un pecado. El hombre tiene que exigir al otro hombre que se arrepienta de su pecado. El hombre tiene que mostrarse ante los demás hombres como justo, como recto, con una norma de moralidad, con la ley divina en el corazón.

El hombre no tiene que llorar por las debilidades de los demás hombres; no tiene que mostrar misericordia con nadie; no tiene que afligirse por el pecado de los hombres. El hombre recto en Dios da a cada hombre lo que se merece: a unos dará misericordia y a otros justicia.

El hombre no tiene que ser amable con los hombres que pecan. El hombre no tiene que ser humano con los hombres. El hombre tiene que ser divino, tiene que imitar a Cristo cuando está con los hombres.

La ñoñería de estar pendiente de las debilidades humanas, del otro es lo que lleva al infierno sin remedio. Por el apegado amor a la carne y a la sangre, por el estúpido sentimiento y afecto humano, muchos se alejan de la Verdad y de la Gracia Divina. ¡Cuántos caen en el pecado por su lujuria de la vida, por su vida de placeres, por su vida cómoda, por estar pendiente de las necesidades materiales de los otros!

Cuarta estación: cuarta herejía

Jesús se encuentra con Su Madre, que es el único Refugio en medio del Dolor de Su Pasión. Es la única que entiende a Jesús; que sabe medir el sufrimiento de Su Hijo; que le ayuda a cargar con Su Cruz. La primera cirenea; la mano de la Madre, que lleva el Dolor Místico hacia la cumbre del padecer.

La Virgen llora por Su Hijo y, por tanto, la Virgen no “recoge las lágrimas de todas las madres por sus hijos lejanos, por los jóvenes condenados a muerte, asesinados o enviados a la guerra, especialmente por los niños soldados”.

La Virgen no está para recoger los lamentos de las madres por sus hijos. Lamentos estériles; lamentos criminales; lamentos sin sentido.

La madre que llore por su hijo lejano es que no ha comprendido el dolor de Cristo; la madre que llore por su hijo condenado a muerte, es que no ha comprendido la muerte de Cristo; la madre que llore por sus hijos asesinados o enviados a la guerra, es que no ha entendido la Pasión de Cristo.

El hombre no tiene que llorar por su vida humana ni por los problemas que tenga en su vida humana, ni por las injusticias que otros le hagan en su vida humana.

Cristo no ha muerto en la Cruz para que el hombre llore por su vida humana. Cristo ha muerto en la Cruz para que el hombre llore por sus pecados.

Y la Virgen María sólo recoge las lágrimas de aquellas almas que lloran y hacen penitencias por sus malditos pecados.

¿Qué se creen que es la Pasión de Cristo? ¿Lamentarnos por nuestros problemas humanos? ¿Cómo se atreve Francisco a anular la muerte de Cristo con su filosofía barata de la vida?

Francisco ha anulado la Redención de Cristo, la Obra de Cristo, para dar a la Iglesia su estúpida doctrina de la teología de la liberación. Estúpida y herética.

¡Qué salvajada para la verdad es este via crucis! ¡Cómo aniquila ese hereje lo más sagrado que hay en la Iglesia: la Cruz de Cristo!

Su sentimentalismo hereje le lleva al infierno de cabeza.

La Pasión de Cristo, las llagas de Cristo, el Dolor de la Madre por Su Hijo, no es para escuchar “el lamento desgarrador de las madres por sus hijos, moribundos a causa de tumores producidos por la quema de residuos tóxicos” (Ibidem). ¡Qué supina ignorancia de la teología y de la filosofía! ¡Qué heréticas palabras de un comunista que se viste de Obispo para engañar a la Iglesia! ¡Qué asco de idiota, que es Francisco! ¡Qué loco está para buscar su dinero en la Iglesia! ¡Cómo mata a las almas negando la Verdad el Evangelio! ¡Cómo engaña a todo el mundo con su sonrisa diabólica!

Quinta estación: quinta herejía

El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz; el hombre que ve su pecado, se une a la obra de la Redención, se une al Dolor de Cristo, y salva almas.

El hombre que pone su vida en penitencia, en expiación, es el que hace la verdadera fraternidad, es el que vive el verdadero amor fraterno, porque el amor a Cristo Crucificado llena todo su corazón.

Si no se ama el dolor de Cristo, no se ama al hermano. Si no se sufre con Cristo, no se sufre con los hermanos. Si no se muere con Cristo, no es posible dar vida a los hermanos.

“La relación con el otro nos rehabilita y crea una hermandad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo” (Ibidem): ¡Qué bazofia de frase! ¡Cuánta maldad está escondida en esta frase! ¡Qué gran herejía anuncia esta frase!

La relación con Cristo, con su sufrimiento, con su dolor, con su muerte en Cruz, es lo que libera al alma, es lo que rehabilita al alma, es lo que empuja al alma hacia la verdad de su vida. El otro: nada. El hombre: nada. El hermano: nada.

Si el alma no ama a Cristo totalmente; si el alma no se transforma en otro Cristo, en plenitud, por la Gracia; si el alma no posee la Mente de Cristo, tampoco posee las obras de Cristo hacia el otro.

El amor al prójimo es el fruto del amor a Dios en Cristo Jesús. Y quien ama a Cristo, se hace Cuerpo Místico de Cristo. No se hace hermandad mística; no hay un lazo místico entre los hombres. Sólo hay una unión mística entre Cristo y el alma. Sólo el alma contempla a Dios. Sólo el alma desea ver a Dios. Sólo el alma es poseída por el amor de Dios. Y, de esa manera, el alma ve todo los demás y se une, en Dios, a todo los demás.

Sólo Dios es Sagrado; el hombre es un demonio, de pies a cabeza, desde que nace hasta que muere.

Lo sagrado es de Dios; lo sagrado viene de Dios; lo sagrado Dios lo da. Nada es sagrado si el hombre rechaza la vida de la gracia en su corazón. Nada tiene valor, si el hombre vive sólo para el hombre.

La vida no es para “buscar la felicidad de los demás en tantos gestos de voluntariado: una noche en el hospital, un préstamo sin intereses, una lágrima enjugada en familia, la gratuidad sincera, el compromiso con altas miras por el bien común, el compartir el pan y el trabajo, venciendo toda forma de recelo y envidia” (Ibidem).

La vida es para darle al otro la Voluntad de Dios, que es siempre una cruz, no una felicidad; es siempre un dolor, no un placer.

No se vive para pasar una noche en el hospital, ni para dar un préstamo sin intereses, ni para enjugar una lágrima en familia, ni para agradecer a los hombres, ni para buscar el bien común, ni para compartir nada en la vida.

El amor al prójimo no se mide con la inteligencia humana, ni con las obras humanas, ni dando a la vida humana el primer lugar.

El amor al prójimo se mide con la Voluntad de Dios. Y aquel que aprende a crucificar su propia voluntad, es el que sabe amar al hombre, es el que sabe hacer sociedad, hacer familia, hacer un bien común. Lo demás, es el comunismo de Francisco y los suyos.

(Continuará)

Anuncios

5 comentarios

  1. Mar RBeng dice:

    Tiene usted toda la razón, Joseph Marian. Quitar el Sacrificio de Cristo, y centrarse en las injusticias humanas y la “opción por los pobres” es quitarle su esencia al cristianismo. Es buscar una redención en lo material y no hablar de la verdadera redención: la del pecado y la de nuestra esclavitud por el pecado.

    Y suprimir, omitir o no hablar de la verdadera redención a la larga se carga muchas cosas:

    1. El concepto de pecado, porque si no hay pecado, no se necesita redención.
    2. El concepto del pecado original, porque si no hay pecado original no era necesaria la redención de la humanidad y por eso mismo, tampoco lo era envíarnos un Salvador, que con Su Sacrificio reparase nuestro pecado y nos reconciliara con Dios.
    3. Y cómo no, se carga la Divinidad de Cristo. Convertimos a Cristo en un revolucionario, en un ser humano que lucha por los débiles y por eso muere, por enfrentarse a las clases dominantes de su tiempo. Y nada de que Él sea Dios mismo, Yavéh Salvando a la humanidad. (La etimología del nombre Jesús es “Yaveh Salva”).
    4. Y si Cristo no es mas que un simple ser humano, si no es Persona Divina, se carga el testimonio que Jesús nos dio del Padre. Porque ¿cómo un simple ser humano puede conocer así a Dios? Un Dios próximo, que se relaciona con nosotros como un Padre. En lugar de ese dios deísta y lejano, solamente creador, con quien no puede tenerse ningún tipo de relación familiar (como el de los musulmanes, o el “dios -arquitecto-del universo” de los masones)
    5. Se carga los conductos de la Gracia, establecidos por Cristo (los Sacramentos) porque un simple ser humano no tendría el poder de darnos acceso a la Gracia. La Gracia, esa maravillosa relación con Dios que nos restaura y nos saca de nuestra miseria, de la cual somos incapaces de salir. Y por tanto nos va liberando de las secuelas/esclavitud que nos ha ocasionado el pecado.

    En fin, es cargarse el cristianismo. Quitarle su esencia y dejar una doctrina vacía de contenido. En esa tarea están. Gracias por recordarnoslo.

  2. Lydia Huerta dice:

    Bien dicho Josephmaryam. Parecen duras palabras, las suyas, pero son palabras de amor para abrir los ojos de los que no pueden comprender toda la maldad que está transmitiendo el Falso Profeta Francisco.

    Lydia Huerta

  3. Pero y las obras de misericordia espirituales y materiales? coinciden o no con lo que dice Francisco en el via Crucis de hoy?

    • josephmaryam dice:

      ¿Cómo se atreve a preguntar eso? ¿A usted qué le parece que son las obras de misericordia para un hereje, como es Francisco? ¿Usted que cree que significa anular la muerte de Cristo si con eso se anulan las obras de la Misericordia? ¿Usted qué cree que es la Iglesia? ¿Usted para qué está en la Iglesia? ¿Para seguir la opinión de un idiota que no sabe lo que es el sufrimiento y la muerte de Cristo? ¿Está usted en la Iglesia para seguir la opinión de Francisco, que es totalmente herética, cismática? ¿Qué se cree usted que es la misericordia? ¿Hablar herejías y después dar un dinero a los pobres? ¿Es eso la misericordia en su pobre inteligencia humana? ¿Quién se ha creído que es usted? Si Francisco niega la Cruz de Cristo, ¿para qué habla de obras de misericordia si ha negado la Misericordia en la Cruz? Dejen ya de ser idiotas como Francisco. En la Iglesia se sigue la doctrina de Cristo, no se sigue a un imbécil que no tiene ni idea de lo que es Cristo, que sólo está en la Iglesia para ganar dinero apelando al amor de los pobres.
      No se está en la Iglesia para respetar a un Obispo que no se respeta él mismo, sino que se comporta como animador de espectáculos, buscando la popularidad entre los hombres, buscando el negocio humano.
      En la Iglesia, Jesús enseñó la doctrina que nunca cambia; y el Espíritu enseñó a los hombres a vivir esa doctrina. Quien quiera cambiar una palabra de esa doctrina, sale automáticamente de la Iglesia. Quien quiera obrar sus maravillosas obras humanas en la Iglesia, no pertenece a la Iglesia.
      Las obras de misericordia comienzan por creer en la Misericordia Divina, clavada en la Cruz. Si no se empieza por ahí, vana es toda obra de misericordia.

  4. José Manuel Guerrero dice:

    Espeluznante y anticatólica la meditacion politica de ese fantoche ideologo del francisquismo. Quieren despojar el cristianismo de la cruz, y estàn en ello. Convertirlo en una ciencia difusa, humana, carente de sacralidad. Que diferencia, por cierto, con aquella otra meditacion del cardenal Ratzingert en el Via Crucis romano del 2004, en las postrimerìas del juan pablismo, y que, definitivamemte sirviò personalmente para acercarme a la Iglesia.

Los comentarios están cerrados.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: