Lumen Mariae

Inicio » adoracion a Dios » La negra homilía de Francisco el Domingo de Ramos

La negra homilía de Francisco el Domingo de Ramos

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

Así comienza un verdadero Papa su homilía, el día de los Ramos: «El Domingo de Ramos es el gran pórtico que nos lleva a la Semana Santa, la semana en la que el Señor Jesús se dirige hacia la culminación de su vida terrena. Él va a Jerusalén para cumplir las Escrituras y para ser colgado en la cruz, el trono desde el cual reinará por los siglos, atrayendo a sí a la humanidad de todos los tiempos y ofrecer a todos el don de la redención».(Homilía del Santo Padre Benedicto XVI – Plaza de San Pedro- 1 de abril del 2012).

Así comienza un falso Profeta la Semana Santa, en su negra homilía, el día de Ramos: «Esta semana comienza con una procesión festiva con ramas de olivo: todo el pueblo acoge a Jesús. Los niños y los jóvenes cantan, alaban a Jesús. Pero esta semana va adelante en el misterio de la muerte de Jesús y de su resurrección» (Francisco, 13 de abril 2014)

¿Ven la diferencia?

El verdadero Papa centra el tema: Jesús va a Jerusalén para que se cumplan las Escrituras y para ser colgado en la Cruz, su Trono, Su Reino, la Salvación del Género Humano.

El falso Profeta, que actúa como un Papa impostor, que obra lo que no es, -obra otra cosa a lo que exteriormente muestra-, dice que la Semana Santa comienza con una fiesta, en la que todo el mundo acoge a Jesús. Es una fiesta -y sólo una fiesta-, que introduce a la muerte de Jesús. Y si este falso Profeta no sabe decir lo que es el Domingo de Ramos, lo que en verdad significa para Jesús, -no para el pueblo-, entonces, cuando llegue el Viernes Santo, ¿qué cosa va a predicar?, ¿cómo va a interpretar ese Misterio de la Cruz? ¿qué es para Francisco esa muerte de Jesús y su Resurrección, si él no cree en la divinidad de Jesús?

Francisco presenta el día más importante de la Semana Santa como una fiesta.

El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. En este Domingo está representada toda la Semana Santa. Por eso, se lee el Evangelio de la Pasión. Y Francisco la presenta como un baile, con una alabanza, y no ha comprendido el misterio de todo eso.

Y a ¿qué se ha dedicado ese idiota en su homilía? A esto: «Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien preguntarnos ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo ante mi Señor? ¿Quién soy yo, delante de Jesús entrando en Jerusalén en este día de fiesta? ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo? ¿O tomo las distancias? ¿Quién soy yo, delante de Jesús que sufre? Hemos oído muchos nombres: tantos nombres» (Ibidem).

Hemos escuchado tantos nombres… ¿Cuál de ellos es usted? ¿A quién se parece usted?

Esta es la estupidez de ese idiota.

Pope Benedict XVI Leads Palm Sunday Mass

No sabe explicar por qué la gente alaba a Jesús. Y decía el verdadero Papa en su homilía: «Los antiguos Padres de la Iglesia han visto un símbolo de todo esto en el gesto de la gente que seguía a Jesús en su ingreso a Jerusalén, el gesto de tender los mantos delante del Señor. Ante Cristo – decían los Padres –, debemos deponer nuestra vida, nuestra persona, en actitud de gratitud y adoración».

El Papa Benedicto XVI enseña la Verdad del Domingo de Ramos. Nos lleva a la Tradición, que es la verdadera intérprete de la Sagrada Escritura. Nos enseña a ser humildes, a poner nuestro corazón a los pies del Señor; nos enseña a entregarnos a Dios.

Pero, ¿qué enseña Francisco? No habla de ninguna Tradición. No da el Magisterio de la Iglesia sobre el Domingo de Ramos. Se dedica a interpelar a la gente: «¿Soy yo como Judas? ¿Soy yo como Pilatos? ¿A cuál de éstas personas yo me parezco?»

Uno lee a este idiota y se le cae el alma a los pies. ¿Cómo te atreves a hacer una homilía interpelando a la gente y poniendo ejemplos de almas pecadoras y de almas virtuosas?

¿Cómo te atreves a juzgar a Pilatos, a Judas, a tantas almas que hicieron su parte en la Pasión, tú que no juzgas a nadie, tú que no sabes lo que es el Juicio de Dios?

¿Cómo te atreves a nombrar a almas virtuosas, que hicieron su parte en la Pasión, tú que no sabes nada de la virtud, de la santidad de vida, porque –para ti- el pecado no es una mancha que hay que quitar? ¿Para qué hablas del bien que hicieron unas almas a Jesús si tú no sabes hacer los mismo que ellas hicieron, porque no existe el pecado en tu mente humana ni, por tanto, la virtud, la gracia para poder obrar lo divino?

¿Quién te crees que eres, Francisco, para hablar así, para seguir confundiendo a la gente, que ciega y sorda te sigue escuchando? Todas esas babosidades que dices traen confusión a toda la Iglesia y demuestran lo que tú eres: un falso Profeta, un usurpador de la Silla de Pedro, uno que continuamente dice la mentira y el engaño por su boca.

Para hablar de Pilatos, tienes que comprender su pecado; para nombrar a Judas, tienes que ver su alma de pecado; para hablar de la negación de Pedro, tienes que mirar su corazón cerrado a la Verdad; para hablar del pecado de una persona tienes que creer en el pecado.

Pero como no crees en el pecado como ofensa a Dios, entonces muestras los hechos de esas personas como males sociales, males humanos.

Te dedicas, en tu homilía, a un pecado de tu mente: a juzgar a todos, a criticar a todos. Y tú te quedas como el que sabe lo que dice, como el santo, como el justo. Y, en tu homilía, no has dicho nada, porque no has sabido penetrar en el Misterio del Domingo de Ramos; das tu pecado a la masa de la gente, lo encumbras ante ellos, hablas de tu pecado; y quedas como injusto ante la historia.

Un hombre que comienza a decir nombres, porque el Evangelio es muy largo y aparecen muchas personas. ¡Qué gran idiota este Francisco! ¡Qué babosas son sus palabras! Cuando todo es tan fácil para el que cree. Pero tu alma está negra por tu pecado. Y, por eso, tus palabras son negras.

Y dejas tus palabras a la masa de la gente, dejas tus pensamientos: «¿A cuál de éstas personas yo me parezco? Que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana». No has comprendido lo que es la Semana Santa. No has comprendido la muerte de Jesús. No has comprendido lo que tiene que hacer el alma para salvarse.

No hay que mirar a Pilatos a ver si nos parecemos a él; ni a Judas, ni a las Santas Mujeres. No hay que fijarse en el pecado del otro. En la Semana Santa, cada alma tiene que fijarse en su pecado, y llorar su pecado a los pies del Crucificado, que ha muerto sólo por el pecado de cada alma. Y el pecado de cada uno es de cada uno. No hay dos pecados iguales porque no hay dos almas iguales. Esto es lo que no enseña ese idiota.

Mirar nuestro pecado. Eso es la Semana Santa. No hay que mirar a ver a quién nos parecemos. Hay que mirar a Cristo, que es el que limpia nuestro pecado, que es el que libera el alma del pecado, que es el que muestra el camino para salir del pecado. La Semana Santa es para mirar a Cristo que sufre y muere en la cruz por nuestros pecados. Y todavía habrá almas que se les caiga la baba antes las estupideces que predica este idiota.

Pope leads Palm Sunday mass at Vatican

Y ¿qué es lo que dejó el verdadero Papa, al final de su homilía?

« En conclusión, escuchemos de nuevo la voz de uno de estos antiguos Padres, la de San Andrés, obispo de Creta:

«Así es como nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia, es decir, de él mismo… Así debemos ponernos a sus pies como si fuéramos unas túnicas… Ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria. Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras agitamos los ramos espirituales del alma: “Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor”» (PG 97, 994). Amén.»

El Papa Benedicto XVI nos deja la Verdad, nos deja la santidad de vida, nos deja un camino para salvar y santificar nuestra alma: revistámonos de gracia de Cristo.

Pero, tú, Francisco, ¿qué nos has dejado? Tu estúpido pensamiento.

Y yo lo rechazo porque está lleno de tu pecado. Eres incapaz de elevar el alma hacia el Cielo, sino que siempre estás pensando en las cosas de la tierra, en tu reino material, humano, y ves a Jesús, y ves la Iglesia, como algo humano, como algo político, como algo económico.

Vives en tu lujuria de la vida, que tu vida social, pero no vives alimentando tu alma de la Verdad, porque no crees en la Verdad. Sólo crees en tu maldito pensamiento humano.

Y das lo que tienes en tu corazón: el odio a Cristo y a Su Iglesia. Y si odias la verdad, que es Cristo, tampoco sabes amar a ningún hombre, porque sólo estás lleno de tu amor propio, de tu narcisismo.

Hablas todas esas palabras para que la gente te alabe, te adore, diga que bueno es ese hombre, qué sencillo en sus hablar, que sentimientos hacia el hombre tiene.

Pero tú, Francisco, no hablas para dar a Cristo, para obrar las obras de Cristo, para señalar a Cristo. Sólo hablas para señalar tu mente, tu opinión sobre Cristo y la Iglesia.

Y ya estamos hartos de este imbécil, que sólo se mira a sí mismo, que sólo se ama a sí mismo, que sólo sabe hablar para hacer daño a todos, y para dañar la doctrina de Cristo, poniendo su doctrina humana.

¡Qué absurda homilía la que ha predicado ese idiota! Y la gente lo sigue escuchando, los sigue aplaudiendo. Más idiotas son ellos por querer respetar un lenguaje humano, de un hombre que ya no tiene fe en Cristo, y que no saben luchar por el sentido de la fe en Cristo. Sólo luchan por el sentido de un lenguaje, de una verborrea humana. Y obedecen a Francisco por su lenguaje. Y no saben atacarlo porque ya perdieron la fe, la verdad en sus corazones, como Francisco la ha perdido.

No hay que respetar a Francisco por lo que dice. Hay que coger todo lo que dice y quemarlo, porque es del demonio. Y hay que hablar de Francisco atacando su pensamiento humano, su lenguaje humano, su palabra barata y blasfemia. Si no se hace así, los hombres se convierten en herejes y luchan por la herejía que obra ya Francisco en la Iglesia.

El Papa Benedicto XVI es el que sigue guiando a la Iglesia. En esta Semana Santa no hagan caso de Francisco. Él no va a enseñar el Misterio de la Cruz, sino que va a aniquilar ese Misterio con su palabra de estupidez. No signan a quien no es el Papa. La vida es para Cristo, no para un impostor. El alma necesita alimentarse de la Verdad, no de las patrañas de un idiota que sólo vive para su mente humana.

Anuncios

2 comentarios

  1. Gog dice:

    Me parece que nadie en la Jerarquía se opone a Francisco porque están todos afectados del mismo mal. Todo son alabanzas y felicitaciones porque, según ellos, está habiendo un cambio significativo y muchas conversiones, pues éste es el papa que necesitaba ahora la Iglesia, tan cercano, tan humano, tan sencillo que llega al corazón de todos, incluso al de los que se habían alejado. Y por eso vuelven.

    Los enemigos de la Iglesia tienen al mismo tiempo unas grandes expectativas puestas en Francisco, para que lleve a cabo la transformación que, según ellos, la Iglesia necesita, y que no es otra que la demolición. Y ya se están impacientando. Pronto empezarán a decir que este Francisco ha sido un fiasco, pero que la culpa no es de Francisco, sino de toda la estructura que no le deja actuar como él quisiera.

    Lo que veo es que están ganando los enemigos que quieren que la Iglesia sea una Ong que se ocupe de los pobres y desvalidos. Ese ideal de Iglesia ya lo comparten hasta los propios creyentes y por eso Francisco es tan bien acogido. Yo no escucho ninguna predicación que no termine (en el mejor de los casos porque casi siempre toda la homilia se refiere al pobrismo) con el mensajito buenista, “tal como nos dice el Papa”. Y todos tan obedientes en la misma línea que él.

  2. José Manuel Guerrero dice:

    Hay en todo lo que rodea a este inefable tipo una aurea satanica, malvada y sucia. Pestilente. Francisco: “¿A cuál de éstas personas yo me parezco? Que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana».

    El empieza a parecerceme peligrosamente a la gallina Caponata. Y no lo digo de guasa, aunque yo sea de Sevilla.

Los comentarios están cerrados.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: