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La Sede Vacante comienza con la muerte del Papa Benedicto XVI

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Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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«Porque el misterio de iniquidad ya está en acción; sólo falta que el que lo retiene sea apartado» (2 Ts 2, 7). O como dice el Evangelio: «Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres» (Mt 24, 28).

Con la muerte del Papa Benedicto XVI, se abre, en la Iglesia, el tiempo del Anticristo.

La sede vacante dará lugar a una lucha por el poder en la Iglesia. Y eso producirá la ruina total de la Iglesia, de esa Iglesia que sólo vive en las estructuras humanas, pero que no es la Iglesia verdadera.

El pueblo de Dios no son todos los hombres. Son aquellos que imitan a Cristo y viven de Su Palabra, para obrar la Verdad en sus vidas. Y los que imitan a Cristo son muy pocos.

Por eso, lo que vemos en el Vaticano es el pueblo de Satanás.

«Entre los miembros de Cristo, padece por Cristo; pegado al Cuerpo, lucha por la Cabeza» (Contra epistolam Manichaei quam vocant fundamenti – San Agustín).

Ya son pocos los que dentro de la Iglesia luchen por el Papa. Muy pocos. Todos han criticado a todos los Papas. Todos quieren tener la razón en cuanto a estos 50 años desde el Concilio Vaticano II. Y nadie sabe nada de lo que ha pasado dentro del Vaticano.

Se dedican a criticar a Juan XXIII, a Pablo VI, a Juan Pablo II, a Benedicto XVI. Pegado al Cuerpo, lucha por la Cabeza, no luches por tus razones, por tus verdades, por tus ideas de lo que hay que hacer o no en la Iglesia, de lo que tenían que haber hecho o no los Papas.

«A Pedro se le da el Primado para demostrar que la Iglesia y la cátedra de Cristo es Una sola (…) El que no guarda esta unidad de la Iglesia, ¿cree guardar la fe? El que abandona y resiste a la cátedra de pedro, sobre la que está fundada la Iglesia, ¿confía estar en la Iglesia?» (La unidad de la Iglesia – San Cipriano).

La Iglesia es Una porque la Cabeza es Una. Y la Jerarquía es Una en la Iglesia cuando obedece a la Cabeza, que es el Papa. Y los fieles se hacen Uno en la Iglesia, cuando obedecen a la Jerarquía.

Quien ataca la Cabeza ya no es de la Iglesia. Quien se pone a criticar a todos los Papas, ya no es de la Iglesia.

La Iglesia no es la que peca; son los miembros, infieles a la Verdad de la Iglesia, los que pecan.

La Iglesia es Santa, Inmaculada, Indivisa; son los miembros los que se hacen unos demonios, almas de impureza y seres de división. Son los hombres, que no saben y no quieren obedecer la Verdad dentro de la Iglesia.

Todo el que se separa de la Iglesia, adultera, peca, se hace enemigo de Ella. Y separarse de la Iglesia sólo se hace de una manera: separándose de la Cabeza, que es el Papa.

Todos los cismas en la historia han sido por la Autoridad, nunca por un dogma, por una verdad. Los hombres se han enfrentado a la Autoridad, no han dado su obediencia, y se han separado de la Verdad.

Muchos hay ahora así: todo lo critican. Dicen que Benedicto XVI no es Papa. Dicen que la sucesión de Pedro no es un dogma. Dicen que la Silla de Pedro está vacía; niegan la autoridad del Papa, niegan la unidad en la Iglesia. Y todo por una cosa: no han sabido obedecer en la Iglesia.

Muchos no han comprendido que un Papa legítimo es siempre Papa en la Iglesia, pero que no es impecable por ser Papa.

Cualquier Papa, que se haya elegido legítimamente, puede convertirse en un antipapa, en un falso profeta, en un anticristo. Y, aunque se convierta en eso, la obediencia sigue en la Iglesia al Papa legítimo, porque la Iglesia es Pedro.

Cuando un Papa legitimo peca, sigue la obediencia a él, porque es el Vicario de Cristo. No se obedece a la orden o al mandato que suponga un pecado; pero se sigue obedeciendo al Papa, como Cabeza de la Iglesia.

Pablo VI se equivocó en algunas cuestiones litúrgicas, y salió la comunión en la mano. No se puede obedecer a la comunión en la mano, pero sigue la obediencia al Papa legítimo.

Este punto es el que muchos no comprenden. Y hay que vivir esta obediencia en la Iglesia para ponerse en la Verdad de la Iglesia.

A la gente no le gusta obedecer, y quiere conformarse con una Iglesia, con una religiosidad, con una espiritualidad sin obediencia.

Pablo VI se equivocó, pero se arrepintió y trató de cambiar las resoluciones, pero ya no le dejaron. Ese arrepentimiento basta para seguir obedeciendo al Papa.

Muchos se escandalizan de muchas cosas que ven en la Iglesia, pero no han sabido obedecer en la Iglesia.

Quien obedece nunca se equivoca, siempre es libre en la obediencia, porque la verdad hace al alma libre.

El que obedece acepta la norma de la comunión en la mano; pero la acepta de una manera material: es decir, da una obediencia material, no da el asentimiento de su inteligencia, ni de su voluntad. Esta obediencia material es necesaria para no crear división, no crear partidismos en la Iglesia, para no hacer huelgas por lo que se manda.

En la Iglesia no hay políticas, no hay opiniones, no hay juicios.

La Jerarquía representa a Cristo como Cabeza. Hay que obedecer a la Jerarquía como Cabeza, pero hay que aprender lo que es la Obediencia en la Iglesia.

No se puede obedecer formalmente, a un mandato o a una ley que vaya en contra de Dios, o de lo sagrado, o de la santidad de la Iglesia. No se puede obedecer espiritualmente a la comunión en la mano. Pero, porque Cristo ha puesto una Cabeza en Su Iglesia, que no es impecable, que no es inmaculada, entonces es necesario siempre darle la obediencia en todo. Pero hay que saber darle esa obediencia.

La Iglesia no es como el mundo, como la política, como las sociedades, que luchan por sus intereses humanos.

La Iglesia es Cristo. Y Cristo pone a hombres para gobernar Su Iglesia. Y Cristo sabe que a los hombres no les gusta obedecer. Y Cristo sabe que los hombres les gusta el poder, la ambición de poder, mandar y que los demás les digan lo bueno que son en el gobierno.

Muchos no saben discernir entre la obediencia material y la espiritual. Los Santos siempre han callado ante una orden no santa, no justa, de sus Superiores. Siempre. Callaron su boca y dieron obediencia material a esa orden, pero no la espiritual. Callaron y no criticaron a sus Superiores. No juzgaron, porque el Superior representa a Cristo en la Iglesia. Y aunque el Superior se equivoque, sigue representado a Cristo en la Iglesia. Esto es duro para los hombres. Por eso, la fe no es sencilla; es un camino oscuro. Un camino de cruz, en la que es necesario abajar el entendimiento humano para comprender los caminos de Dios en Su Iglesia.

Y dando esa obediencia material hay siempre un camino divino en la Iglesia para hacer lo que Dios quiere. Pero si no se da esa obediencia material, entonces vienen los cismas, la gente se aparta de la Iglesia verdadera porque no sabe dar la obediencia, porque quiere seguir su opinión, su juicio, sus verdades.

Cuantos han querido tener la Misa de siempre, la tradicional, pero fuera de la Iglesia. Han luchado por una verdad, pero han salido de la obediencia, de la Iglesia, de la Verdad. Y se inventan su iglesia, su misa. Sólo luchan por su misa, pero ya no por el Papa. Ya no luchan por la Iglesia, sino por sus intereses personales en la Iglesia.

La Iglesia es la Verdad. Quien busca proteger una verdad sin la obediencia al Papa, queda siempre mal parado, y acaba haciendo su iglesia, y criticando a la Iglesia Católica, que es lo que muchos hacen.

No han sabido comprender el Concilio Vaticano II; no han sabido darle una obediencia material en muchas cuestiones. Y, entonces, se enfrentan a la Jerarquía, al Papado, y lo niegan todo en la Iglesia. Y ven herejías donde no las hay.

Y viene un Francisco con una boca llena de herejías y comienzan a obedecerle, comienzan a hacerle el juego. Y ninguno sabe atacarlo como hay que hacerlo. Todos lo atacan como Papa. Y se equivocan. Hay que atacarlo como usurpador del Poder Divino, no como Papa. Pero todo el mundo mete en un saco a Juan XXIII, a Pablo VI, a Juan Pablo II, a Benedicto XVI y a Francisco. Y, entonces, crean más confusión en la Iglesia y no saben oponerse a un traidor, como Francisco, porque no han sabido dar la obediencia a un Papa legítimo en la Iglesia.

La Fe, en la Iglesia, no es una razón. Ante la comunión en la mano, hay que callar. No hay que dar razones. Hay que obrar. La fe es una obra divina. Quien obedece en la Iglesia obedece siempre la Verdad. Y la Verdad son dos cosas: 1. Lo que manda la autoridad, la Jerarquía, el Papa; 2. La Verdad inmutable, que nunca cambia.

Ante un mandato, ante una ley, ante una norma de la Iglesia que va en contra de algo sagrado, como es la comunión en la mano; hay que ponerse en la Verdad: 1. Obediencia material a la autoridad. Acatar, callar, no juzgar, no rebelarse; 2. Obediencia formal o espiritual a la Verdad inmutable. Es decir, seguir dando la comunión como siempre, en la boca, pero no en la mano.

La Fe es una obra divina. Aquellos que luchan con sus palabras, con sus razones, contra normas que no van de acuerdo a la santidad de la Iglesia, pero que después no obran la verdad, pierden su tiempo, pecan contra todo, no saben someterse a la Verdad, no saben tener fe ni en Cristo ni en Su Iglesia.

Se da testimonio de la Verdad con la obra: dando la comunión en la boca, no en la mano. Eso basta para seguir siendo Iglesia. Y que Dios juzgue al Papa por haber permitido eso; pero no se critica al Papa y se sigue obedienciendo al Papa.

¡Cuántos quieren tener su misa fuera de la Iglesia, para decirse a sí mismo que son muy santos, que hacen lo que Dios quiere!

La Iglesia es Pedro. La Iglesia no es la comunión en la boca, ni la Misa Tradicional, ni ninguna cosa. La Iglesia es luchar por Pedro, luchar por la Cabeza. Y no más.

Esto es lo que muchos no saben hacer, no han sabido hacer, no quieren hacer.

Lo más difícil en la vida espiritual es seguir a Cristo por el camino de la obediencia. Hacer las obras de Cristo son las que crucifican a un alma. Por imitar a Cristo, por dar la comunión en la boca, viene la persecución. Y, sólo de esta manera, se hace Iglesia y se es Iglesia. Sólo así se permanece dentro de la Iglesia. No se imita a Cristo dando razones de por qué no se puede dar la comunión en la boca. Que esas razones, las den los sacerdotes al Papa, pero no los fieles.

Pero todos aquellos que se ponen a investigar las herejías de los Papas, es que no saben nada de nada. No saben cómo funciona el Papado. No saben lo que hay detrás de la Jerarquía. No saben discernir las verdades en la Iglesia.

Y, entonces, caen en el engaño de Francisco. No saben mirar a Francisco como lo que es: un impostor. Todo lo que hace en la Iglesia es impostura; es decir, inválido. Y no saben atacarlo. Y siguen atacando a los demás Papas, que han permitido un Francisco.

Este es el engaño de muchos. Y el fondo de este engaño: su soberbia. No han querido someterse a un Papado. No han luchado por el Papado, sino por sus ideas en la Iglesia, por su bienestar en la Iglesia. Y, claro, ahora les cuesta decir que el vaticano es una ramera. Tampoco saben decirlo, porque siguen esperando algo de Francisco y su cuadrilla de gente.

Con la muerte del Papa Verdadero, Benedicto XVI, se abre la hecatombe en la Iglesia, la ruina. Y muchos no van a discernir esa muerte. Van a seguir en sus estupideces esperando algo de los hombres.

La renuncia del Papa Benedicto XVI ha liberado a toda la Iglesia de la obediencia a una Jerarquía. Sólo queda la obediencia a la Verdad inmutable, que es Cristo.

Hasta que el Cielo no ponga otro Papa, no hay sometimiento a nadie en la Iglesia. Ya la cosa no es como antes, como durante 50 años. Y, muchos, no saben comprender este punto, porque no saben lo que es la Obediencia en la Iglesia.

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