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Francisco adora el pensamiento del hombre

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«Mi Doctrina no es Mía, sino de Aquel que me ha enviado. Quien quiera hacer la Voluntad de Él conocerá si Mi Doctrina es de Dios o es Mía» (Jn 7, 16- 17).

En la Iglesia Católica seguimos una Doctrina sobrenatural, no humana, no natural, que no puede circunscribirse a nada de la vida de los hombres. No es una Doctrina de hombres, sino de Dios. Y, por tanto, nadie en la Iglesia Católica tiene el derecho de cambiar ni una tilde a esa Doctrina.

No se puede negar las Verdades que están en las Sagradas Escrituras y que toda la Tradición de la Iglesia, con Su Magisterio auténtico, enseña. Quien las niegue y obre en consecuencia, automáticamente se pone fuera de la Iglesia Católica.

Negar la fe Católica se puede hacer de muchas maneras. Desde negar una verdad, y eso convierte a la persona en un hereje; negando muchas verdades; y eso significa que la persona es apóstata de la fe; creando una nueva iglesia, y eso es el cisma.

En las virtudes teologales, no hay parvedad de materia. Es decir, cuando se niega una verdad de fe, se comete siempre un pecado mortal. En otras palabras, el hereje, por negar una verdad, automáticamente, sale fuera de la Iglesia por su pecado mortal de herejía. No son pecados veniales. No son cualquier pecado.

La herejía, la apostasía de la fe, el cisma; son pecados contra la fe; pecados de infidelidad a la Gracia y a la vocación que se ha recibido, por parte del Señor.

Un sacerdote, un Obispo, que cae en herejía o en apostasía, se pone en un camino de condenación. Porque la fe es un medio necesario para la salvación. No abrazar la fe, no asentir a los dogmas de la fe, es no salvarse. No hay excusa de pecado en quien cae en herejía o en la apostasía de la fe.

Un sacerdote que ya no cree en los dogmas, ya no se puede salvar por los caminos ordinarios que Dios ha puesto en la Iglesia. La fe divina se pierde por la herejía o apostasía formal, porque no hay parvedad de materia. O se cree en una Verdad como Absoluta, como dogma, o no se cree en esa Verdad. No creer que exista el Infierno es herejía. Y predicar que no existe el infierno o enseñarlo así, es ponerse fuera de la Iglesia Católica.

Ya estamos en el tiempo, no de los herejes, sino de la apostasía de la fe. El que apostata de la fe ya niega muchas verdades, no sólo una. Ya es infiel en muchas cosas. Y, en esa persona, ya no hay fe divina, no hay fe teológica. A la persona le parece que sigue creyendo en Dios, pero en la realidad no es así, porque obra lo que Dios no dice. En su pensamiento, dice que cree en Dios. Pero la fe no es un pensar sobre Dios, sino un obrar lo que Dios dice.

Estamos viviendo, dentro de la Iglesia, con sacerdotes, con Obispos, que se declaran católicos, pero que obran en contra de la fe divina, que enseñan muchas herejías. Y lo hacen revestidos de autoridad. Y eso crea confusión en toda la Iglesia. Y es la manera cómo el demonio la ataca.

La gente, en la Iglesia, no busca la Fe Verdadera, una Fe fuerte, consolidada en la Verdad, que es Cristo, para así estar en pie contra todo ataque del enemigo. Sino que muchos, dentro de la Iglesia, se conforman con una Fe débil, con un viento suave, agradable, que les gusta, porque ven a una Jerarquía amable, humana, cariñosa, dedicada a los asuntos de los hombres. Gente que no refuerza su Fe con la vida de los Sacramentos, con la oración, con la vida de la Gracia, sino que se deja llevar por muchas novedades que los sacerdotes, los Obispos, dan en la Iglesia. Gente que ya no pone de su parte y que cae en el pecado, cae en la herejía, cae en la apostasía de la fe, ante cualquier palabra amable, barata, de un sacerdote.

Francisco predica que Jesús no es un Espíritu, y todos se lo creen. Han caído, con los primeros vientos suaves de maldad, en la herejía. Son personas que no están preparadas para una batalla fuerte contra el mal, sino que se les cae la baba por la amabilidad de un personaje que no tiene Fe, que no sólo es un hereje, no sólo es un apóstata, sino que es un cismático: ha creado un nuevo cisma: un cisma en el cisma.

Mucha gente dentro de la Iglesia Católica ya no son católicos, es decir, ya no tienen la Fe teológica o Fe divina. Se han convertido en herejes, en apostatas de la fe, en cismáticos. Y es necesario defenderse contra esa gente, porque obran la maldad del demonio dentro de la Iglesia.

En la Iglesia Católica hay infiltración: sacerdotes, Obispos, que predican herejía y que enseñan a vivir sin fe. Y a esos sacerdotes, a esos Obispos, no se les puede escuchar, no se les puede obedecer, porque .por sus pecados de infidelidad, ya no pertenecen a la Iglesia Católica. Esos sacerdotes, esos Obispos, no vienen del Señor, no son Pastores de Cristo, no son sacerdotes para Cristo, no son los representantes fieles a Cristo que den una Fe firme para ganar el Cielo en la tierra. Sino que, todo lo contrario, enseñan una falsa fe, que condena al alma de manera automática.

Estamos ante una situación muy grave. Es un tiempo, no como los que se han vivido durante 50 años, sino totalmente nuevo. El cisma comienza a verse en todas partes. Un cisma en el cisma. Un cisma creado hace 50 años, pero que se manifiesta ahora, que rompe a luz ahora. Un nuevo cisma en que muchos se han endiosado: sus razones, sus pensamientos filosóficos, teológicos, son su dios dentro de la Iglesia Católica. Adoran a su mente humana. Adoran a hombres en sus obras. Y ya son incapaces de adorar al Verdadero Dios porque han perdido la Fe. Creen estar con Dios, servir a Dios, pero no hacen las obras de Dios, no hacen lo que Dios dice en Su Palabra.

«El mundo no puede aborreceros a vosotros, pero a Mí me aborrece, porque doy testimonio contra él de que sus obras son malas» (Jn 7, 7). Esos sacerdotes, esos Obispos, no hablan contra el mundo, sino a favor del mundo. Y, por tanto, el mundo los ama. El mundo está con ellos. Y ellos aman el mundo. Ellos yo no aman la Iglesia Católica.

Una Jerarquía que bautiza a una persona de un matrimonio lesbiano es una Jerarquía que ha apostatado de la Fe divina, que no obra en la Iglesia lo que Dios dice, sino que obra lo que su mente humana le dice.

Y esa Jerarquía, que hizo esa obra demoniaca en la Iglesia, ya no es de la Iglesia Católica, por su pecado de apostasía, de infidelidad a la Gracia y la vocación recibida. No hubo bautismo, por el pecado de la Jerarquía. Si esas dos mujeres hubiesen bautizado esa niña en otra iglesia no católica, entonces el bautismo sería válido, si en esa iglesia se bautiza con la intención que se hace en la Iglesia Católica. Pero como es bautizo lo realizó una Jerarquía apóstata de la fe, que ya no pertenece a la Iglesia, que por su pecado, no pueden dar sacramentos ni recibirlos, entonces no quedó bautizada esa persona. Esta es la maldad que nadie cuenta porque a nadie le interesa ya la vida espiritual de las almas. Sólo ven ese acto cono algo social, algo cultural, un derecho humano que hay que darle a ese niño, porque qué culpa tiene el niño.

Tres cosas son el eje del pensamiento de Francisco:

1. Su campaña política:

“Para mí, el corazón del Evangelio es de los pobres. He escuchado, hace dos meses, que por esta razón una persona dijo: ‘¡Este Papa es comunista!’. ¡No! Ésta es una bandera del Evangelio, no del comunismo: del Evangelio. La pobreza sin ideología, la pobreza… Y por este motivo creo que los pobres están al centro del anuncio de Jesús. Basta leerlo. El problema es que después esta actitud hacia los pobres, algunas veces, en la historia ha sido ideologizada” (entrevista de unos jóvenes belgas al Papa Francisco, el 31 de marzo del 2014, realizada en el Palacio Apostólico Vaticano)

Esta es la opinión de Francisco. Su opinión, que va en contra del Magisterio de la Iglesia, de la Palabra de Dios y de toda la Tradición. Francisco está haciendo su campaña política desde Roma. Está llenado la Iglesia de su ideología comunista, marxista, que es su teología de los pobres.

Decir que el corazón del Evangelio es de los pobres es, sencillamente, una herejía. Porque el corazón del Evangelio es la Palabra de Dios, es el Verbo, es el Padre, es el Espíritu Santo. Punto y final. Lo demás, son las ganas de Francisco de hacer su ideología comunista.

Y se atreve a juzgar que en la historia esta actitud hacia los pobres ha sido ideologizada, y no cae en la cuenta de que está haciendo política, demagogia, proselitismo: está dando su ideología sobre el evangelio y sobre los pobres. Éste es el fariseísmo de este hombre.

“¡Este Papa es comunista! ¡No! Ésta es una bandera del Evangelio, no del comunismo”. Francisco no es capaz de escuchar la Verdad: “Este Papa es comunista”. Sino que defiende su verdad: “ésta es una bandera del evangelio, no del comunismo”. Está haciendo, claramente su política en la Iglesia. Éste es su engaño, su palabra que miente, su palabra que da la falsedad siempre. Y no le importa quien esté a su lado. Habla la mentira como si se bebiese un vaso de agua.

El centro del Evangelio: Jesús. ¡Basta leerlo, Francisco! ¡Basta leerlo con un corazón sencillo, con una mente humilde, con un Espíritu abierto a la verdad! ¡Basta leerlo para comprender que tú, Francisco, no lees el Evangelio! ¡Que te dedicas a dar tus brillantes pensamientos a los tontos e idiotas como tú!

2. Derechos humanos:

“Todos somos hermanos. Creyentes, no creyentes, o de una confesión religiosa o de la otra, judíos, musulmanes… ¡Todos somos hermanos! El hombre está al centro de la historia, y para mí esto es muy importante: el hombre está al centro. En este momento de la historia, el hombre ha sido expulsado del centro, ha resbalado hacia la periferia, y al centro – al menos en este momento – está el poder, el dinero y nosotros tenemos que trabajar por las personas, por el hombre y la mujer, que son la imagen de Dios” (Ibidem)

Todos somos hermanos del error, de la mentira, del engaño, del fariseísmo, de la maldad, de la hipocresía, del pecado, del demonio. Esto es lo que no dice Francisco.

“Todos somos hermanos”. No, Francisco. Tú eres hijo del demonio. Pero no eres hijo de Dios. Tú eres un hombre, hijo de hombre, con una carne y con una sangre. Pero eres un hombre sin Verdad. Luego, no eres hermano de los hijos de Dios, de los hombres que tienen la Verdad en sus corazones. Tú eres un hombre que no posee, en su corazón, la Verdad. Luego, eres hermano de otros hombres que no poseen en sus corazones la Verdad. Tú eres infiel a la Verdad, porque eres fiel a tu pensamiento humano.

Dios no ha creado hermanos entre los hombres. Dios ha creado un Adán. Y ese Adán ya pasó, ya no sirve, ya no hay que mirar a Adán y sacar de Él los hermanos. No hay que mirar la Creación como algo bueno, porque Adán la anuló. Ahora, hay que mirar al Nuevo Adán.

En la Iglesia Católica tenemos al Nuevo Adán y a la Nueva Eva, que son Jesús y la Virgen María, que engendran hijos por la Gracia. Y los que viven en Gracia, son hermanos en la Fe en Cristo y en la Fe en Su Iglesia. Hermanos en una misma Fe, en un mismo Señor, en un mismo Bautismo.

Y los que no creen no tienen Fe. Y los que atacan la doctrina de Cristo, la Iglesia Católica, el Magisterio de la Iglesia, la Tradición, no tienen Fe. Y los que gobiernan la Iglesia con su gobierno horizontal, no tienen Fe. Y Francisco, que dice herejías continuamente, no tiene Fe.

¡No todos somos hermanos! En un mundo donde el 80 por cien de los que mueren diariamente se van al infierno, es claro, que no todos somos hermanos en la Fe.

Francisco no has comprendido: ¡No todos somos hermanos! ¡Es imposible! ¡Hasta un niño se da cuenta de que los hombres no son hermanos!

Pero no sólo hablas de que todos somos hermanos, sino que vas más allá: “El hombre está al centro de la historia, y para mí esto es muy importante: el hombre está al centro”. Clara blasfemia contra el Espíritu Santo.

La historia es de Dios, no de los hombres. La historia la escribe Dios con su Dedo, no la escriben los hombres con sus vidas humanas. ¡Cuántos hombres que no son historia divina, que no pertenecen a Dios! El centro de la Creación es Dios. El centro del Universo es Dios. El centro de la tierra es Dios. El centro de la historia es Dios. El hombre es sólo un ser que depende, de forma absoluta, de Dios. Sujeto a Dios, quiera o no quiere, le guste o no le guste. El hombre, en su alma, está marcado con un fin divino, que debe buscar y encontrar en su vida humana. El hombre está llamado a adorar a Dios dejando su vida humana aparcada, como inservible, como inútil, para revestirse, para transformarse en un ser divino, a Imagen y Semejanza de Dios.

Francisco, en esas palabras da culto al hombre, adora al hombre. Y pone los derechos del hombre por encima del derecho divino que Dios exige a todo hombre: salvar y santificar su alma.

Francisco trabaja por los derechos humanos, pero no trabaja para llevar al hombre al Cielo. Por eso, se esfuerza por reunir en una sola iglesia a todos los hombres: hay que respetar sus ideas humanas, sus derechos humanos, sus obras humanas, sus vidas humanas. El derecho divino para salvar al hombre del pecado queda anulado por el diálogo que Francisco quiere con todos los hombres para inventarse su nueva iglesia, que lleva a la condenación a todas las almas. Y, en consecuencia, debe caer en su gravísimo error:

3. Justicia Social:

“hemos entrado en una cultura del descarte”: “son expulsados los niños – no queremos niños- menos familias pequeñas: no se desean niños, son expulsados los ancianos: tantos ancianos mueren por una eutanasia escondida, porque no se ocupan de ellos y mueren. Y ahora son expulsados los jóvenes” (Ibidem).

Francisco anula la Justicia Divina, que es la que pone el camino de la Misericordia para salvar las almas del demonio y del pecado. Y lucha por su justicia social, por los males sociales, para crear una iglesia social, que se dedique a dar de comer, a resolver problemas humanos, a controlar la vida de los demás si no piensan como ellos.

Francisco llora por los niños, por los ancianos, por su cultura del descarte. Y no llora por sus almas, porque ha anulado el pecado como ofensa a Dios.

Francisco está negando a Cristo y a la Iglesia que Cristo ha fundado en Pedro. Y lo niega, no sólo con sus palabras baratas y blasfemas, sino con sus obras llenas de maldad en toda la Iglesia.

Y, por eso, a Francisco no se le puede seguir, no se le puede obedecer, no hay que escucharlo para aprender de él algo; hay que escucharlo para contraatacar su herejía y su blasfemia. Hay que oponerse al dictador Francisco para no caer fuera de la Iglesia, donde él está.

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6 comentarios

  1. Elias dice:

    Hay algo que me ha llamado mucho la atención y es como difiere el texto de la encíclica “Divini Redemptoris” que publica la Santa Sede en: http://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19370319_divini-redemptoris_sp.html
    De la encíclica que poseo desde hace bastantes años y otras publicadas en internet.
    Concretamente la cita: “El comunismo es intrínsecamente perverso”, según leo en el texto que poseo y este otro que publica el Vaticano: “60…. El comunismo es intrínsecamente malo” .
    No es lo mismo malo que perverso.

  2. Edgar Loera dice:

    Muchas gracias por su apoyo, me ha ayudado en gran manera su respuesta los guie y bendiga!!!

  3. Edgar Loera dice:

    Tengo una grande duda hermanos sobre esta situación delicada que se vive actualmente en la Iglesia Católica, ¿es momento de dejar de asistir a la Misa de los Sacerdotes que aprueban a este falso papa?? esa duda me atormenta puesto que en mi caso particular la misa se sigue celebrando igual que hace año y medio, pero los sacerdotes apoyan a Francisco y hasta dicen que el tiene la autoridad para realizar los cambios en la Iglesia, como por ejemplo darle la sagrada eucaristía a personas divorciadas vueltas a casar por un acto de “Misericordia”, es claro que esto seria una contradicción a las enseñanzas del mismo Cristo, les agradezco de antemano su respuesta que reciban saludos en Jesucristo Nuestro Señor!

    • josephmaryam dice:

      Lo que anula una Misa es la falta de fe del sacerdote; es decir, cuando comete un pecado contra la fe. Se comete un pecado contra la fe cuando se predica y enseña una herejía. Una sola herejía predicada por el sacerdote en una misa, anula toda la misa. Tiene que ser una herejía clara: por ejemplo: no existe el infierno, no existe el pecado, etc.
      Se comete, también pecado contra la fe, cambiando las palabras de la Misa en su sustancia: quitando o añadiendo, de tal manera que se pierda el sentido de lo que se está diciendo.
      También se comete pecado, cuando el sacerdote ya no tiene intención de celebrar la misa, sino sólo de hacer una comida, una fiesta u otra cualquiera cosa.
      También, cuando se introducen en la misa otros ritos paganos, mundanos, humanos, que no tienen nada que ver con la liturgia y cambian sustancialmente aquella parte de la misa.
      La opinión de un sacerdote sobre Francisco no anula la Misa, si es sólo una opinión. Pero si esa opinión va junto a una herejía u otra cosa en contra de la fe, entonces ya no hay misa.
      Las opiniones heréticas sobre Francisco no son de fe; lo que es de fe es que no se puede dar la eucaristía a los divorciados, vueltos a casar. Eso es de fe. Eso es la Verdad. Y ningún Papa verdadero puede cambiar, con su autoridad, la doctrina de fe. El Papa verdadero siempre guarda el depósito de la fe. Si el sacerdote mantiene esta opinión herética y obliga a los fieles a seguirla, entonces ese sacerdote hace un acto en contra de la fe, y la misa queda anulada.
      Decir una opinión herética no anula la misa; pero enseñarla como verdadera y obligar a seguirla, eso va en contra de la fe, y hay que dejar de asistir a esa misa y buscar otra.

  4. Marita dice:

    Francisco insiste en su estupido comunismo desde que se sentó en la silla de Pedro tratandose de ganar la simpatía de los pobres. Para él lo mas importante es vaciar los bolsillos de los ricos para darselo a los pobres y asi meterse en un bolsillo a sus pobres. En ninguna parte del Evangelio encontramos que nuestro Señor Jesucristo defiendiera ni a los pobres ni a ricos, eso no era problema de Él, recordemos en Luc 12,13 : Uno de la gente dijo:
    —Maestro, dile a mi hermano que se reparta conmigo la herencia.
    Jesús le respondió:
    —Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes?
    Muchos católicos de misa diaria aún defienden a ese impostor, es hora de que abran los ojos!!!

  5. Aldo dice:

    Esto es lo que no entiende ni ama Francisco, lástima friviliza algo tan sagrado

    Extraído de La Ultima Palabra del Evangelio de San Mateo, por Hugo Wast
    Nota del Blog: dedicado a R.M.C., in signo amicitiae.
    Tomado de la Revista Bíblica de Straubinger, año XII (1951), pag. 125.

    “Estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”.

    “Cuando veo a un sacerdote que va camino de la sacristía, para revestirse y decir misa, pienso tantas cosas.
    Aunque sea de traza muy pobre, lo imagino rodeado de ángeles, que lo atienden con una reverencia conmovedora.
    No sirven los cortesanos más fieles a su rey, con el amor y el respeto con que los ángeles al sacerdote que celebra. Cuando luego sale revestido de los sagrados ornamentos y asciende al altar, lo hallo transfigurado, me parece que su rostro es luminoso y que sus manos son puras y omnipotentes como las manos de Cristo.
    Porque ese hombre, que allí hace las veces de Cristo, ejecutará dentro de pocos minutos el milagro de la ultima Cena.
    Con unas cuantas palabras dictadas por el Maestro, convertirá el pan y el vino en el Cuerpo vivo del Redentor y, gracias a ese humilde sacerdote, se cumplirá la promesa con que se cierra el Evangelio de San Mateo: “Estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos”.
    De tal manera que si él no quisiera pronunciar esas palabras, y ninguno otro como él las dijese, no podría cumplirse un hecho anunciado por Cristo. Y como eso no puede ser, tendría que venir Él mismo en persona a celebrar misa.

    De aquí, pues, la enorme dignidad de ese hombre sencillo, que se encamina a la sacristía para disponerse a realizar ese prodigio de la Misa, por el cual se cumple la más consoladora de las promesas del Señor.”

    Aldo

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