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Francisco es un matador de almas en la Iglesia Católica

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“He hablado de la samaritana porque es un claro ejemplo de la clase de gente que a Jesús le gustaba encontrar, para hacerlos testigos: personas marginadas, excluidas, despreciadas” (Francisco, 29 de marzo).

Francisco es un patán; es decir, un hombre baboso, que habla su comunismo, su lucha de clases desde la Silla de Pedro.

Francisco enseña la mentira en cada palabra que dice por su boca de dragón.

Jesús vino por los pecadores, por la gente que llama al pecado con el nombre de pecado. Jesús no vino por la gente marginada, excluida, despreciada. Este invento de Francisco, esta su interpretación de la figura de la samaritana se llama herejía. Francisco está hablando en contra del Evangelio, que enseña, muy claramente:

“Dame de beber”: Jesús tiene sed del pecado de esa mujer. Tiene sed de verla en la gracia de Dios. Tiene sed de transformar su corazón en un recipiente lleno de amor divino. Jesús tiene sed del alma de esa mujer, de su corazón, de su espíritu.

Estas cosas, el necio de Francisco no las dice, porque dice su comunismo: a Jesús le gusta encontrar gente excluida, gente despreciada. Esto es la teología de los pobres, en la que se enfrentan dos clases: los buenos y los malos; los ricos y los pobres, los que mandan y los que les toca obedecer. Son dos clases de personas. Y Jesús viene –en el pensamiento del hereje Francisco- a encontrarse con los pobres, con los malos, con los despreciados sociales, porque los otros son corruptos, son gente que ya no merece ser amada por Jesús.

En esta estúpida homilía de ese idiota, se dice lo siguiente: “Pero pensemos en tantas personas que Jesús quiso encontrar, sobre todo personas marcadas por la enfermedad y la discapacidad, para sanarlas y restaurar su dignidad plena. Es muy importante que justo esas personas sean las que se conviertan en testigos de una nueva actitud, que podríamos llamar la cultura del encuentro” (Ibidem).

Para Francisco, el que sigue a Jesús tiene que ser testigo de una nueva actitud, de una nueva opción, de una nueva forma de vida, de una nueva forma de pensar la Iglesia, de una nueva forma de estar en la Iglesia: la cultura del encuentro.

¡Mayor herejía no la puede ya decir ese estúpido! ¡Realmente, Francisco es un sinverguenza!

¡Jesús nos hace ser testigos de la cultura del encuentro! ¿Si no han captado la blasfemia, es que son de Francisco, es que piensan como Francisco?

Jesús nos hace ser testigos de Su Palabra. Y Su Palabra es la Verdad, que salva y santifica al alma.

Jesús nos hace ser mártires del Evangelio del Padre; corazones valientes que no temen dar la Palabra de Su Hijo, aunque a los hombres no les guste lo que están escuchando. Jesús no habla para contentar a los hombres, sino para darles un dolor, un camino -en el dolor- para llegar a un amor.

Jesús nos da Su Espíritu, para enseñar a los hombres el camino de la Verdad, y hacer Justicia en medio de ellos.

Jesús no nos enseña a encontrar a los hombres, a abrazarlos, a besarlos, a preocuparnos de sus problemas. Jesús nos enseña el amor divino y, en ese amor, el alma aprende a amar al prójimo.

Jesús pone al alma en Su Presencia. Y sólo quiere que el alma esté atenta a Él, y sólo a Él. No quiere que el alma esté distraída por sus muchos problemas en la vida. Quiere que el alma se abandone, plenamente, en Su Voluntad; y Él va guiando, al alma, por el camino de la Cruz, de la negación de sí misma y de la lucha contra su pecado.

Jesús no ha venido por los hombres, ni por sus culturas, ni para dar al hombre un Paraíso en la tierra. Jesús no ha venido para hacer feliz al hombre. Jesús no quiere la felicidad del hombre; no quiere lo terreno para él. Jesús quiere el Cielo para el hombre; lo divino, la felicidad que es imposible encontrarla en la tierra.

El hombre no es feliz porque ayuda a otro hombre. El hombre es feliz porque guía a los otros hombres hacia el Cielo: les dice cómo conseguir la felicidad que tanto anhela todo hombre.

Un hombre que mira su vida humana, y que se queda en todo lo humano, como un logro en su vida, como un valor para su mente, es el hombre más vacío de todos. Su corazón está lleno de sin sentido.

Hoy los hombres se llenan de su humanidad y se encuentran vacíos de las cosas divinas, celestiales, espirituales.

Hoy los hombres no saben caminar hacia Dios, porque persiguen el camino del encuentro con los hombres, con sus ideas humanas, con sus obras humanas, con sus vidas de hombres.

El hombre que encuentra a los hombres no puede estar con Dios, no puede mirar a Dios, no puede atender a los deseos divinos. No obra la Voluntad de Dios.

El hombre que persigue sus necesidades materiales, humanas, carnales, se olvida que su alma se alimenta de una sola cosa: la verdad, que ningún hombre puede dar. Y deja de creer en la Providencia Divina para su alma.

Un hombre que bebe de lo humano es un hombre que tiene sed de lo divino. Y no sabe cómo apagar esa sed, porque sólo hocica en las cosas humanas.

Un hombre que resuelve los problemas de los hombres, deja sin resolver los problemas de sus almas, de sus corazones, de sus espíritus.

El hombre es su alma; el hombre no se define por su vida social, ni por su vida económica, ni por su enfermedad, ni por nada que tenga o que viva en su vida.

Un hombre es lo que tiene en su alma. Y si su alma está viendo la Presencia de Dios, entonces el hombre es divino. Pero si su alma sólo se fija en la presencia de los hombres, en los encuentros con los hombres; si sólo atiende a los hombres, entonces ese hombre se hace un demonio.

Para seguir a Cristo no tienes que seguir al hombre; no tienes que encontrarte con los hombres; no tienes que fijarte en sus vidas, ni en lo que piensan, ni en sus problemas. Sólo tienes que penetrar en su alma para darle el alimento que necesita su alma.

Esto, los hombres no saben hacerlo porque no tienen vida de fe; no son personas de oración ni de penitencia, y se dedican, en sus vidas humanas, a construir un mundo donde sólo se exalta al hombre.

El gran pecado de los hombres, hoy día, es que se han hecho dioses. Han puesto su razón humana por encima de la ley de Dios, de la ley natural, y son ellos los que ponen sus leyes, los que obligan a vivir una vida, a los demás, de espaldas a la Voluntad de Dios.

Un hombre, que se sienta en la Silla de Pedro, y que enseña a dar testimonio de los hombres, de sus culturas, de sus ideales, de sus obras, de sus vidas, es un hombre que ha blasfemado contra Dios, contra Su Espíritu. Y que está en la Iglesia para destruirla por completo.

Francisco no enseña a seguir a Cristo, a poseer la Fe en Cristo. Francisco enseña a tener su propio pensamiento; a estar en la Iglesia como él la piensa. Y esto es una blasfemia, cuando viene de un Obispo. Y cuando es Obispo se nombra, a sí mismo, como Papa. ¡Es una barbaridad aquel que defienda, en la Iglesia Católica, la mente de Francisco! ¡Es una atrocidad!

Quien luche, en la Iglesia Católica, para seguir e imponer el pensamiento de Francisco, está destruyendo la Iglesia, está condenando almas, está crucificando a Cristo, de nuevo, con sus pecados.

Francisco mata la fe en las almas que lo escuchan y que lo siguen. Francisco es un matador de hombres, de almas, de corazones, de espíritus. Por eso, su pecado es tremendo. ¡Mas le valiera no haber nacido! ¡Mas le vale renunciar antes de que se demasiado tarde para su alma!

Francisco es un hombre que no ha aprendido, en su vida, a amar a Dios, porque se ha pasado toda su vida amando a los hombres. Ha puesto el humanismo por encima del cristianismo. El hombre es más importante que Cristo. Su amor al hombre es una blasfemia contra Dios, porque da culto a los pensamientos, a los deseos, a las obras de los hombres.

Francisco es un hombre sin Verdad, sin Prudencia, sin rectitud, sin ley divina. Y, por tanto, es un hombre sin honor, sin gloria, sin valor a los ojos de Dios. Si no tiene justicia para su alma, menos la da para los demás hombres.

Sólo hay dos virtudes que todo hombre tiene que practicar: la prudencia y la justicia. Estas dos virtudes hacen al hombre recto y noble, para sí mismo y para los demás.

Un hombre imprudente en el hablar, como lo es Francisco; un hombre injusto en sus obras, como lo es Francisco, hace de la Iglesia la escuela de su herejía y de su cisma.

Francisco enseña a ser hereje y a ser cismático, dentro de la Iglesia. Si no es capaz de decir una Verdad bien dicha, entonces ¿qué es lo que sale por esa boca? Un torrente de herejías continuas.

Y ya da asco leer a Francisco. Ya no hay ni que leerlo. Ni merece la pena, porque la vida espiritual no consiste en fijarse en los herejes para estar combatiéndolos, continuamente. La vida espiritual está en amar a Cristo, en crecer para Cristo, en ser de Cristo, en imitar a Cristo.

Un hombre que habla de culturas, de exclusiones, de luchas de clases, no es un hombre para confiar; no es un hombre para estar atentos a su palabra, a sus obras. Es un hombre que se merece el desprecio, el odio y el abandono.

La Iglesia Católica tiene que despreciar a Francisco, porque la está destruyendo. Y muchos no han caído en la cuenta de esto. Muchos todavía esperan algo de Francisco. Y se van a encontrar con un engaño. Y no van a saber ver el engaño, y quedarán atrapados.

El demonio da vueltas y vueltas a las almas, y las rodea, y socava una zanja para que no puedan salir, para atraparlas en el error, en la mentira, en el pecado.

Por eso, llega la hora de salir de Roma, de un Vaticano, totalmente herético y cismático. Eso no es la Iglesia Católica. Eso no es la Iglesia que nació en el Calvario. Esa es la Iglesia que ha nacido en la mente de unos hombres, que se han hecho dioses y se visten como sacerdotes y Obispos.

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6 comentarios

  1. aldo dice:

    Ahora lo entiendo a JM en este punto

    Y, para amar al prójimo, hay que dejar de ser social y de ser humano. Cuanto más asocial e insocial se sea, más se ama al hombre. Pero esto los hombres no lo comprenden, porque quieren mostrarse amables con todos los hombres, pero sin practicar la virtud. Josephmaryam

    Creo que Fenelón escribió esto que sintetiza lo que quiso decir JM. Espero contar con el nihil obstat.

    Habla el Padre B Félix 1868 sobre el egoísmo y el progreso citando al dulce Fenelón.

    “De ese modo se halla sitiado el Egoísmo y arrastrado de todos modos.
    El amor de Jesucristo reinando en el hombre realiza en él esta palabra de Fenelon, que puede darse como la más hermosa fórmula del progreso;
    SALIR DE SÍ PARA ENTRAR EN LO INFINITO DE DIOS.

    El hombre abdicando su pensamiento sale de sí para penetrar en lo infinito de la verdad divina.
    El hombre abdicando su corazón sale de sí para ingresar en lo infinito del amor divino.
    El hombre abdicando su voluntad sale de sí mismo para entrar en lo infinito de la soberanía divina.
    El hombre, en fin, abdicando toda su vida, y perdiéndose todo entero en la vida de Jesucristo, sale de sí mismo para entrar, con su vencedor, en lo infinito de la vida de Dios
    El hombre, si así puedo expresarme, está fuera de sí: nada lo liga ya a sí mismo por sí propio.
    El amor ha ido cortando una a una, si no todas juntas, esas raíces profundas que tejían todas las potencias del hombre cautivas en torno del centro personal;

    ha extirpado la raíz de la soberbia, la de la codicia, la del sensualismo, y todas esas raíces de la concupiscencia que tienen en pié y hacen crecer en la humanidad el árbol del Egoísmo: el árbol cayó y con él sus ramas destrozadas y sus frutos pulverizados.

    Y en su lugar, otro árbol fue plantado en el corazón humano, en la sangre de Jesucristo, el árbol divino del amor, que produce las frutas de oro buscadas por nuestros deseos, y cuyas ramas siempre verdes, llenas de una savia que nunca se agota, extienden en los espacios y en los siglos con los progresos del cristianismo todos los verdaderos progresos de la humanidad.

    De la derrota del Egoísmo por el amor de Jesucristo data en efecto en el mundo la nueva era del progreso por medio del cristianismo. Merced a ese triunfo del amor de Jesucristo, veo nacer y desarrollarse en mi presencia el orden magnífico de nuestros siglos nuevos, saludado por el presentimiento de un poeta profano; y os pido me permitáis repetir estas palabras que se creerían escritas por un profeta, y en las cuales se siente pasar como un soplo de Dios:

    MAGNUS AB INTEGRO SOECLORUMN NUSCITUR ORDO (1)
    (1).Virgilio

    Aldo

  2. Andrea dice:

    Gracias..por vuestra obra que santifica los hombres…gracias por denunciar la mala obra del falso profeta Bergoglio…!Que Dios os bendiga!

  3. ana dice:

    Solo puedo decir;las palabras de josephmaryam,si llenan mi alma!!!!!!gracias x el bien que nos hace,poniendo luz donde solo hay tinieblas!!!

  4. Aldo dice:

    Querido Josehmaryam. algunas observaciones a tu enjundioso comentario sobre “el matador” sobre el cual estoy completamente de acuerdo en muchísimas cosas.

    Salvo algún párrafo que entiendo se te pasó inadvertido por ejemplo “Jesús no nos enseña a encontrar a los hombres, a abrazarlos, a besarlos, a preocuparnos de sus problemas. Jesús nos enseña el amor divino y, en ese amor, el alma aprende a amar al prójimo.”. así descontextualizado suena como medio lírico o emotivista.

    Ahora bien si algo entiendo de nuestra amada religión es que entre muchísimas cosas es “práctica” y va “ad hominen” pero con Cristo mediante y ante. Los grandes santos movidos por el Espíritu santo encaraban al hombre y lo llegaban a retar o a tratarlos con dulzura para animarlos a santificarse luego que midieran sinceramente los pecados que les impedían llegar al cielo. Salvo los místicos de clausura (la reserva y retaguardia del cielo todo) el mundo se civilizó y cristianizó con cristianos interactuando con hombres, algunos lavando la lepra de los esclavos en Cartagena Colombia a un numero de aprox 300.000 esclavos ayudados por este inmenso jesuita.(San Pedro Claver) u otros cruzando los mares para pretender tener todos los chinos para evangelizarlos.(el amadísimo San Francisco Javier) llamado el 2° apóstol luego de San Pablo.

    Cierto es que – como bien señalas sin el espíritu Santo y San Ejemplo – no se consigue mas que un hombre ayudando a otro hombre con resultados inciertos y no divinos. Termino que el “ámense como yo los he amado” de Jesucristo implica ir al hombre sufrir por él y encima dedicarle los sufrimientos que ello conlleva, al Buen Dios. Y además salvándolos del infierno.
    En fin Joseph quería aclarar ésto para que no se confundan nuestros hermanos católicos desorientados con este sofista “matador” sino que en la vida diaria busquemos humildemente propagar lo que sentimos por Dios y Jesucristo dispuestos a poner la otra mejilla (mandato divino difícil pero hermoso) y para todo ello necesitamos gente de carne y hueso ya que al menos a mi no me da el espíritu (y lo lamento) de poder ser mas místico.
    Termino diciendo que si bien dices verdades de a puño tratemos en lo posible que no sean tan desasosegantes pues ya bastante confusión nos crea el Demonio y el inefable Francisco con sus desvaríos cotidianos.

    En Cristo Jesús y María Santísima.
    aldo

    Pd. es de remarcar el ejemplo divino del “santo Amable” San Francisco de Sales ejemplo de dulzura y paciencia para los protestantes que a fuerza de reprimir su carácter y enjundia lograr mas de 70.000 convertidos arrancados del luteranismo y calvinismo.
    19 años (dicho por sus exegetas) le toco domar su fogozo carácter y ser suavísimo y comprensivo con los hombres de carne y hueso que evangelizaba.
    Si tu eres miembro de la Iglesia docente nosotros católicos comunes podemos y debemos aportar como Iglesia Disciente la hermosa historia de nuestros santos y santas que mostraron al mundo el camino del cielo.
    Evidentemente hace mas de 50 años que la Iglesia docente está enseñando herejías tras herejías y Francisco es su hechura.
    pd1. imperdible lo publicado por el blog San Juan Bautista sobre el demonio y la predicación.Así habla un sacerdote de ley.
    Tengo una nota aduladora de un sacerdote que comulga con el pobrismo que no tiene desperdicio. si quieren se las envío.

    • josephmaryam dice:

      Si a usted le suena algo lírico esa frase, es que no ha comprendido el amor de Dios. Los hombres no saben amar y se inventan sus amor al prójimo. Y, para amar al prójimo, hay que dejar de ser social y de ser humano. Cuanto más asocial e insocial se sea, más se ama al hombre. Pero esto los hombres no lo comprenden, porque quieren mostrarse amables con todos los hombres, pero sin practicar la virtud. San francisco de Sales practicaba la virtud, no era amable con los hombres. Porque se ponía a dominar su ira, por que luchaba contra su ira, porque se centraba en su pecado, el fruto era la amababilidad natural con todos los hombres. Esto sólo lo consiguen los santos, a base de aprender de Dios lo que significa y lo que exige el amor divino en el alma.
      Aprendan de Dios lo que es el amor y déjense de socializar, de querer ser buenas personas con los demás. El mundo no se cambia ni con abrazos, ni con besos, ni con querer ser buenos con todos, haciendo que los hombres hagan una terapia, dándoles buenos o positivos pensamientos.
      El mundo se cambia cuando el hombre quita su maldito pecado y lucha contra su maldito pecado. Y, entonces, nace en el corazón el verdadero amor al prójimo. Déjense de estupideces y pónganse a aprender el amor de Dios. Déjense de amores sociales, de ayudas humanitarias, de buscar bienes para los hombres, porque ningún bien que se haga a un hombre sin practicar la virtud tiene valor a los ojos de Dios. Dios no quiere bienes humanitarios; Dios no quiere que el hombre haga el bien. Dios quiere que el hombre se llene de amor divino para hacer el bien divino. Y ya no hay excusa para los hombres. Tienen la gracia, tienen al Espíritu, pero siguen en sus mentes humanas, creyendo que para amar al prójimo hay que demostrar algo al prójimo. Cuando des una limosna, que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda. Dejen su soberbias para dejar sus amores, lo que ustedes piensan que es el amor. El amor no es un concepto humano, sino una obra divina. Y todo aquel que no posea en su corazón el amor divino, se dedica a ser social, a ser un buen hombre, a tirarse una foto besando a un enfermo para que todos digan lo bueno y santo que es ese hombre. Para amar al hombre amen a Dios sin medida, sin condiciones, sin su mente humana.
      Hoy se predica tanto de la caridad, que ya nadie sabe lo que es la auténtica caridad divina. Ya nadie sabe lo que significa el verdadero amor fraterno. Hoy todo son palabritas bonitas sobre la caridad, pero nadie enseña a hacer caridad. Y se exige a las almas un amor al prójimo desprovisto de la Verdad Divina. El amor al prójimo nace de la Imitación de Cristo. Si no imitas a Cristo, en tu vida, si no eres otro cristo, tampoco amas a nadie, por más que hagas bienes humanos a todo el mundo. Muchos tienen prisa para hacer un bien al otro; pero nadie tiene prisa para comprender la santidad del amor divino en el alma.

  5. José Manuel Guerrero dice:

    Si se está con Bergoglio, se está contra Cristo. No hay nada más. Para qué vamos a gastar más palabras y mas adjetivos si la Verdad nunca ha estado tan clara en la Iglesia.

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