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El Papa y su fidelidad al don de la infalibilidad

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Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

El afán de ser popular y de recibir de los hombres la palabra amable y el aplauso a sus obras heréticas en la Iglesia. Francisco es el bufón del Vaticano.

El afán de ser popular y de recibir de los hombres la palabra amable y el aplauso a sus obras heréticas en la Iglesia. Francisco es el bufón del Vaticano.

El Papa Benedicto XVI es el Vicario de Cristo, porque, en su renuncia, se da Su Papado.

Su Papado acaba con su renuncia. Y eso significa que el Papa Benedicto XVI no puede seguir en el Papado, pero sigue siendo Papa, Vicario de Cristo.

Es un Papa al que le ha sido quitado Su Trono, pero no Su Poder.

El Trono se lo han robado los hombres, de una manera sutil, pero efectiva.

El Papa Benedicto XVI ha sido un ejemplo de un hombre que comenzó en la desviación doctrinal, pero que supo convertir su mente a la Verdad del Evangelio, y corrigió sus errores en la doctrina.

En sus comienzos en la teología, era protestante. Ha leído a todos los herejes y cismáticos del protestantismo. Él conoce muy bien lo que es esa teología.

Pero su discurso mental, difícil de seguir para un hombre de la calle, fue cambiando, poco a poco, hasta encontrar la Verdad en la doctrina.

El Papa Benedicto XVI es un hombre inteligente, pero falto de fe; con una fe débil, pero suficiente para caminar como Papa.

En su Papado, no hay desviaciones heréticas, pero sí ciertos errores doctrinales, en su último tiempo. Y esos errores le llevaron a la renuncia.

Su renuncia es el resultado de su infidelidad a la Gracia del Papado.

Un Papa legítimo siempre es infalible; pero deja de serlo si es infiel al don de la infalibilidad. Y, entonces, deja de ser Papa.

El don de la Infalibilidad es un carisma en la persona, no una gracia santificante. No es algo que santifique a la persona, sino un don que tiene la persona para obrar su misión en la Iglesia.

Por tanto, este don de la infalibilidad no quiere decir que el Papa no puede equivocarse, sino que el Papa siempre va a enseñar la Verdad en la Iglesia; lo que toca a la Fe, a las costumbres, al dogma, etc… en la Iglesia. Y su enseñanza es siempre verdadera. Dios actúa en el Papa, aunque éste sea un pecador.

El pecado personal de un Papa no anula el carisma de la infalibilidad; pero el pecado de un Papa contra el carisma de la infalibilidad, anula el carisma y al Papa.

El Papa Benedicto XVI, para renunciar, tiene que ir en contra del mismo carisma de la infalibilidad. Él sabe que no puede renunciar. Lo sabe por el carisma. Dios se lo hace entender. Si renuncia, va contra la Voluntad de Dios, y se hace indigno de seguir siendo Papa.

Ahora bien, se necesita que este carisma sea obrado en las circunstancias más graves para que el Papa siempre sea infalible.

Juan Pablo II lo obró en el último tramo de Su Pontificado, cuando todos le decían que se retirara por su enfermedad. Y él continuó, abrazado a la cruz de Su Papado, sin dejar esa Cruz, que fue su victimación, la señal inequívoca de haber sido un Papa legitimo en la Iglesia, a pesar de tantas herejías y cismas que a, su alrededor, se obraba por sacerdotes, Obispos y fieles. Juan Pablo II sabía muy bien cómo estaba el patio de la Iglesia. Pero tuvo que ser Papa en ese patio, en medio de lobos, en medio de una Jerarquía herética y cismática. Pero no podía excomulgar a ninguno, porque estaba atado de pies y manos.

Pablo VI obró su carisma en el infierno del Vaticano. Mientras otro hacía su papel, él se crucificaba con Cristo. Y, cuando le permitían ejercer el Papado, tenía que callar su boca y hacer como si nada pasara. Hay que ser Papa hasta la muerte. Eso significa el carisma de la infalibilidad. El Papa es Papa, nunca se equivoca porque cree que es Papa hasta la muerte. Hay que enseñar a ser Papa hasta la muerte. La Verdad se enseña con las obras, no con las palabras.

Benedicto XVI no obró su carisma en la negación de su humanidad. Todos los Obispos se pusieron en contra de él. Y él bajó la cabeza y se sometió al pensamiento de otro. Y eso le costó no ser fiel al carisma. Un hombre, con una fe pobre, pero suficiente para ser Papa hasta la muerte. No fue fiel a la Gracia suficiente del Papado. Y, entonces, cometió su pecado. Y su pecado es su inutilidad: es un Papa legítimo, pero inútil. Ha dejado de ser Papa: no fue fiel al carisma de la infalibilidad. No fue fiel a la vida de la Iglesia. Se abalanzó sobre su vida personal.

En el Papa está su vida personal de Gracia, su vida espiritual, y su vida en la Iglesia como Papa. El carisma es para su vida en la Iglesia, pero no para su vida personal.

Un Papa que decide marcharse de la vida de la Iglesia por un asunto personal (una enfermedad) siempre es algo que va contra el carisma de la infalibilidad. El Papa tiene que volverse loco para que otro asuma el poder; pero un Papa no puede marcharse porque esté enfermo.

Pedro es la Roca. Y la Roca es inamovible en la Iglesia. ¡Inamovible!

Por eso, la renuncia del Papa Benedicto XVI pone a la Iglesia en el camino de la purificación. Y esto significa una sola cosa: no hay más Papas. No hay más cabezas. No hay la Iglesia como se la viene observando últimamente.

Desde hace 50 años lo que hay en la Iglesia Católica es un desastre. La gente ha contado con los Sacerdotes, con los religiosos, con los Obispos de la Iglesia, y éstos los han llevado a la herejía. Es la misma Jerarquía de la Iglesia la que ha desacreditado el verdadero Dogma y ha enseñado, a todo el mundo, lo que ellos creen que hace sentirse bien a la gente.

Un Sacerdote dice que perdiendo la Misa en un Domingo, de vez en cuando, no es pecado mortal; pero si pasa mucho tiempo sin ir a Misa, sí lo es. Y esto es sólo pura herejía. Pero la gente hace caso a esos sacerdotes, porque les hablan lo que ellos quieren escuchar. Y, como estás, hay miles de cosas, que son herejía y cisma, dentro de la Iglesia Católica. Y la gente vive la herejía y el cisma como alimento de sus vidas.

El camino neocatecumenal es el camino de los protestantes en la Iglesia. Cuántos Obispos están de acuerdo con este grupo, que dice cosas como ésta: el hombre no puede cometer el pecado, no puede ofender a Dios, no debe expiar el pecado. Que la Pasión y Muerte de Cristo no es verdadero Sacrificio, ofrecido al Padre para reparar el pecado y redimir al hombre, sino que Jesús ha salvado al mundo en virtud de su Resurrección; y, por tanto, sólo es necesario reconocerse pecador y creer en la potencia de Cristo Resucitado. Que la Iglesia no ha sido fundada por Cristo como único camino de salvación, sino que los demás, en otras iglesias, en otras religiones, también pueden salvarse. Que la Iglesia no es una sociedad jurídica y jerárquica, sino espiritual y carismática. Y tiene otras cosas, como su misa, que es una abominación, donde se niega la verdadera, real y sustancial presencia de Cristo en las especies sacramentales.

Y esta gente está aprobada por Roma, por el Vaticano. ¿Y quién aprueba esto en Roma? No el Papa, sino los Obispos que se rebelan contra el Papa.

El movimiento de los focolares es la acción del demonio dentro de la Iglesia, promoviendo el culto a todos los dioses. Es el camino del ecumenismo, del diálogo entre las religiones, para conseguir una unidad mundial de todos los hombres. Chiara Lubich busca la unidad de todos los hombres sólo siguiendo una idea: como todos creen en Dios, entonces todos están unidos. De esta idea, nace todo su movimiento herético. Y pone el instrumento para formar esa unidad: el diálogo. Si no se escucha al otro, si no se interesa por su vida, entonces no hay unidad. Y, por supuesto, se pone por encima del amor de Dios, el amor al hombre, el amor al otro, el amor mutuo. Para hacer unidad, hay que amarse. Es un amor que dialoga, pero no es un amor que exija una norma de moralidad. Por tanto, se busca una unidad que no sea la verdad, sino el dialogo, el respeto a la mente del otro, la tolerancia con las ideas de los demás, la fraternidad con el otro.

Y esta gente está aprobada por Roma, y son muchos los que lo siguen. ¿Y quién aprueba esto en Roma? No el Papa, sino los Obispos que se ponen por encima del Papa.

Los Carismáticos, que nacieron de los Pentecostales, a los cuales Pablo VI no los quería ni ver. No quería aprobarlos. Pero le taparon la boca. Y nació un movimiento en la Iglesia que es toda una superstición. Invocan al espíritu y no saben que están llamando al demonio en esas oraciones. Muchos de ellos se auto-proclaman clarividentes del Espíritu Santo, y no son más que agentes del maligno. Se declaran a sí mismos grandes profetas, y sólo dicen palabras inventadas a los hombres. Ellos bailan y desfilan como si estuvieran drogados. Se proyectan, entre ellos, una gran autoridad, porque demuestran sus carismas a los demás, sus poderes a los otros. Y es todo un disparate del demonio. Los carismáticos tienen la gran capacidad para ser malignos, pero ellos no reconocen el mal en su obrar, en sus apostolados. Ellos creen en una fe que le da a uno autoridad para atraer al Espíritu Santo hacia los demás. Y eso es lo más contrario a la Fe. La renovación carismática busca poner en duda y modificar los principios de la verdadera fe.

Y esta gente está aprobada por Roma, y son muchos los que se dicen carismáticos. ¿Y quién aprueba esto en Roma? No el Papa, sino los Obispos que se alejado de la verdadera Fe.

Con la renuncia del Papa Benedicto XVI, lo que tenemos en el Vaticano ya no es la Iglesia Católica.

Francisco no representa a la Iglesia Católica; es decir, no es el Vicario de Cristo; no es Papa; no es ni siquiera un Obispo Católico.

El gobierno horizontal, que él ha puesto, no gobierna la Iglesia Católica. Sólo tiene el poder humano que los hombres le han otorgado. Pero el Poder de Dios lo tiene sólo el Papa Benedicto XVI. Ese Poder no pasa a nadie porque haya renunciado, sino que se queda en el Papa legítimo hasta que muera. Una vez que muera, la Silla de Pedro se quedará vacante, sin posibilidad de elegir a ningún Papa, porque el Papa Benedicto XVI ha renunciado a la sucesión de Pedro en la Iglesia. ¡No hay más sucesión petrina! En el Papa Benedicto XVI se para la sucesión. Y eso conlleva que la Iglesia esté sin Cabeza visible, que es el mal para toda la Iglesia.

Porque el Papa es el que para, el que estorba, la acción del Maligno: “El Misterio de Iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que le retiene sea quitado de en medio” (2 Tes 2, 7). Es lo que han hecho con el Papa Benedicto XVI: lo han apartado para que comience la iniquidad en la Iglesia. No en el mundo, sino dentro de la Iglesia.

Por tanto, lo que vemos en Roma es la iniquidad. Un hombre, que no cree en el pecado, y se mofa de toda la Iglesia, se pone de rodillas, para que le tiren la foto y así seguir engañando a los incautos, como él.

Francisco: si para ti el pecado no es una ofensa a Dios, ¿para qué te vas a confesar? Para salir en la foto y que todos digan: que santo es Francisco; nos enseña a confesar en Cuaresma. Nos da ejemplo.

Así se ríe Francisco de todos los Católicos. Así los engaña. Así miente ante toda la Iglesia. Se ha dedicado, un año entero, a decir herejías y, ahora, ¿a quién quiere engañar confesándose ante un sacerdote? Si lo que tenía que hacer es renunciar a su falso reinado y meterse en un monasterio hasta su muerte para implorar de Dios por la salvación de su alma.

A la gente le gusta estas fotitos de Francisco. ¿Es que no tenéis inteligencia? ¿Es que ya no os acordáis de sus herejías diarias? ¿Es que no veis su gobierno horizontal lleno de herejes y cismáticos?

La gente vive a sus anchas en la Iglesia: en sus mentiras, en sus herejías, en sus cismas. Y llama a todo bendición de Dios. Y no sabe el precipicio donde su alma está.

“Pueblo Mío, Yo, Cristo Jesús, vuestro Dios, clara e irrevocablemente les digo, que existe el pecado, que hay Infierno y que hay Purgatorio. Que el 80% de la gente que muere diariamente va al Infierno para siempre, por toda la eternidad. Ninguna cantidad de baile, arenga, griterío emocional, que venga de estos Sacerdotes, me hará cambiar de parecer. Ellos han creado una religión totalmente nueva, una fe totalmente nueva, que niega el valor de Mi Pasión y de Mi Muerte, y el de Mi Santa Cruz” (Jesús a la Dra. M. J. Even , 1 de Noviembre 1993).

Vivimos en un tiempo de condenación, con una Iglesia que condena almas, con una Jerarquía ciega totalmente por la vida de la Iglesia. No sabe discernir los espíritus y, por tanto, se pasa la vida haciendo su negocio en la Iglesia. Y ¿vamos a creer a un idiota, que no sabe lo que es la confesión, que no sabe medir el pecado del homosexual, que no sabe llamar al pecado con el nombre de pecado, sino como un mal social… vamos a creerle en esa foto? Francisco: el payaso que entretiene a las masas en el Vaticano.

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1 comentario

  1. José Manuel Guerrero dice:

    Si una imagen vale más que mil palabras; una imagen como la del hombre que NO se arrodilla en el momento de la consagración de la misa pero que SÌ lo hace en el confesionario para que lo fotografien y asì saciar el apetito mundano que lo devora, y encima acompañando esa imagen, la frase “Para mi el pecado no es una mancha que tengo que limpiar”, vale un potosì. Ni millones de palabras dichas por los hombres mas sabios podrian denuciar con tanta fuerza la degeneracion de Bergoglio. Esa foto con esas palabras marcan el camino hacia el infierno. Y Bergoglio es su guia.

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