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La gran obra de teatro en muchos Altares

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“ Te anunciamos la siguiente advertencia: Los discípulos que no son de Mi Evangelio están trabajando intensamente en estructurar, de acuerdo a sus propias ideas y bajo la influencia del enemigo de las almas, una nueva Misa que contenga conceptos odiosos a Mis designios. Cuando la fatal hora llegue, la fe de mis sacerdotes se pondrá a prueba; estos textos serán celebrados en el segundo periodo.

El primer periodo es aquel de Mis sacerdotes que viven sin Mí. El segundo es aquel de la persecución, cuando los enemigos de la Fe y de la Santa Religión impondrán sus fórmulas en el libro de la segunda celebración. Estos espíritus infames son aquellos que Me han crucificado y están esperando el reino del nuevo Mesías. Algunos de mis santos sacerdotes rechazarán este libro, sellado con las palabras del Abismo. Desafortunadamente, habrá muchos que lo aceptarán” (Marie-Julie Jahenny – Profecías).

El sacerdote es de Cristo, para Cristo y en Cristo.

El sacerdote no es para el pueblo, no es para la gente, no es para la sociedad, no es para la cultura de los hombres, no es para la política de las mentes humanas. El sacerdote no es un laico, sino un jerarca.

El sacerdote tiene que vivir con Cristo. Y si vive así, entonces es de la Iglesia, que es la Obra de Cristo.

“Aquellos que son ordenados se colocan a la cabeza de la comunidad. Están a la cabeza sí, pero para Jesús esto significa poner la propia autoridad al servicio de los otros” (Francisco, 26 de marzo de 2014). No; Francisco. Una vez más eres el que metes la pata hasta el fondo. Una vez más das tus fábulas sentado en la Silla que has robado al Papa Benedicto XVI. Una vez más, das tu palabra mentirosa a los hombres para que te aplaudan.

Los sacerdotes están a la cabeza, porque son jerarcas, son Autoridad, son Cabeza; pero para Francisco –no para Jesús- eso significa que deben servir al otro: poner la propia autoridad al servicio del otro. Esto se llama laicismo. Eso se llama anular la Jerarquía. Anular el sacerdocio de Cristo en la Iglesia.

El sacerdote no es un laico, sino una Jerarca; es decir, uno que tiene Autoridad Divina. El lacio es uno del pueblo, que pertenece al pueblo, que es de la gente; que no tiene autoridad. Vive en sus ideas humanas y hace su vida humana. El lacio católico es el que pone su mente humana a los pies de la Jerarquía. El laico del mundo es el que pone su mente humana por encima de la ley divina y la ley natural.

La Autoridad Divina es para obrar el Poder Divino. Y se obra con humildad, no con arrogancia. Por eso, hay que hacerse pequeño ante los demás; pero eso no significa poner la autoridad al servicio del otro. Eso sólo significa saber mandar, saber obrar la Voluntad de Dios con humildad, con sencillez, con verdad, aplicando la justicia en todo; imponiendo la ley divina a los hombres; exigiendo obediencia a Dios. La Jerarquía es para servir a Dios, a la Mente de Dios; no es para servir al pueblo, a la mente de los hombres. La Jerarquía tiene que obedecer a Dios, no al pueblo, no a la Iglesia, no a la comunidad.

Francisco anula la Jerarquía al poner la autoridad sirviendo al pueblo, a la comunidad. Es la idea masónica de servir al hombre, porque es necesario respetar el pensamiento de los hombres. Y, uno que manda, uno que tiene autoridad, tiene que mandar tolerando la idea del otro. Y, por eso, hay que poner la autoridad al servicio de la mente de los hombres, de las ideas de los hombres, de las vidas de los hombres, de las culturas de los hombres. En otras palabras, el que ejerce autoridad tiene que dar a los otros lo que ellos quieren. Y, por eso, Francisco dice su sentimentalismo herético: “Un obispo que no está al servicio de la comunidad no actúa bien; un cura o un sacerdote que no está al servicio de la comunidad, se equivoca” (Ibidem).

Ésta, su herejía, nace de su obsesión por el amor a los hombres; por poner su amor al hombre por encima del amor a Cristo.

Un Obispo que no es otro Cristo, que no imita a Cristo, entonces no actúa bien en la Iglesia, obra la maldad en la Iglesia, conduce hacia la mentira a las almas dentro de la Iglesia. Un Obispo que no está al servicio de la comunidad hace bien en la Iglesia. Porque el Obispo está sólo para servir a Dios, a los intereses de Dios en la Iglesia. Un Obispo que hace caso de los hombres en la Iglesia no es Obispo, no es Cabeza del sacerdocio.

Un sacerdote que no es otro Cristo, que no imita a Cristo, entonces siempre se equivoca en la Iglesia.

El sacerdote es Cristo en persona; actúa en la Persona de Cristo; obra en la Persona de Cristo. Es el mismo Cristo. Y si eso no lo vive el sacerdote, es mejor que no se hubiera hecho sacerdote.

La Iglesia no necesita sacerdotes para el pueblo, para la gente, para lo humano. La Iglesia necesita sacerdotes que sean otros Cristo, que den a Cristo, que vivan a Cristo, que hagan las mismas obras de Cristo.

Eso, por supuesto, no lo es Francisco. Francisco es un degenerado como sacerdote. Ha manchado su vestidura sacerdotal con la mente del demonio y con sus obras en la Iglesia. Por eso, la Iglesia Católica no tiene necesidad de Francisco, ni como sacerdote, ni como hombre. Si Francisco no respeta a Cristo en la Iglesia, que se vaya a su casa, pero que no esté en un sitio que no ama, que odia en su corazón.

Los sacerdotes están viviendo el primer período, que dice la estigmatizada: viven sin Cristo oficiando la Misa, siendo sacerdotes en la Iglesia. Viven como hombres dentro de la Iglesia y obedecen a hombres en Ella. Han dejado de obedecer a Cristo en sus sacerdocios.

El sacerdote es de Cristo, y de nadie más. No es del Obispo que lo consagra; no es de la Iglesia, de las almas que tiene asignadas; no es de la Cabeza a quien tiene que obedecer porque así lo ha puesto Cristo en Su Iglesia.

El sacerdote es de Cristo. Y la Misa es la vocación del sacerdote. Y quien no viva esa vocación divina, hace de la misa un teatro en la Iglesia.

La Liturgia no necesitaba ningún cambio, porque la Misa, en el rito antiguo, contenía la plenitud de gracias que el Nuevo Ordo no merece.

La Nueva Misa, la que los Cardenales introdujeron en la Iglesia, en desobediencia al Papa Pablo VI, sigue siendo válida, pero no da a las almas el fruto divino; es decir, no sirve para salvar y santificar a las almas. Los cambios en la liturgia dados después del Concilio Vaticano II no invalidan los sacramentos, como muchos predican en su ignorancia. Todos los sacramentos siguen siendo válidos, pero todos tienen un defecto: no dan la plenitud de gracia. Y, por eso, los sacerdotes que se ordenan con el nuevo rito, no reciben toda la gracia, que con el antiguo recibían. En consecuencia, están más dispuestos a pecar en sus vocaciones. Por eso, la relajación en todas partes en la Iglesia.

Las gracias se reciben de acuerdo a la disposición del alma y a lo que el alma obra en la Misa.

Cuando el texto que el sacerdote lee no está correcto, entonces se detiene el canal de gracias. Hay que pronunciar las palabras convenientemente, de acuerdo a la Tradición, al Evangelio, a la Voluntad de Dios.

Decir: “Esta es Mi Sangre que será derramada por vosotros y por todos”; impide que Dios derrame las gracias en esa Misa. Porque no hay que inventarse las Palabras del Evangelio, que son las de Cristo. Hay que decirlas como Cristo las dijo. Hay que decir: “Esta es Mi Sangre que será derramada por vosotros y por muchos”. El Papa Benedicto XVI logró cambiar el todos por muchos. Fue un Papa que luchó por la Misa. Francisco se ha dedicado a tumbar la Tradición en la Misa. Y, por eso, predica sus herejías en la Misa, y hace de ella una obra de teatro.

Cristo no derramó Su sangre por todos. En el deseo, quiso derramarla por todos los hombres, pero, de hecho, Cristo sólo derramó Su Sangre por los que se van a salvar, que sólo Dios sabe quiénes son. Siempre en Dios está presente la libertad de cada hombre. Y, en esa libertad, no todos quieren salvarse.

Dios quiere salvar a todos los hombres. Y Cristo va a la Cruz para todos los hombres. Cristo llama a todos los hombres a la salvación; pero, es claro, que no todos quieren salvarse. El ir a la Cruz por todos los hombres, para morir por todos, no significa salvarlos a todos. En la mente de Dios, la cosa es clara: Cristo derramó Su sangre por muchos, por aquellos que sí quieren salvarse.

A los hombres les cuesta siempre comprender el Pensamiento Divino. Y, por eso, les gusta modificar las Escrituras. Y no se puede modificar ni una palabra de lo que Cristo dijo. Hay que saber interpretarla en el Espíritu de la Palabra. Si Cristo dijo “por muchos”, es que no es “por todos los hombres”; es que no derrama Su Sangre por todos, sino por muchos. Y eso hay que decirlo en la Misa. Si no se dice correctamente, se obra una mentira. Y, en la mentira, no hay gracias, Dios no bendice.

Los Obispos cambiaron la Misa Tridentina, que contenía la plenitud de gracias para las almas en la Iglesia. Y pusieron una nueva Misa, válida, pero inútil para salvar y santificar.

Lo que un Papa prescribió en la Iglesia, que fue San Pío V, nadie lo puede anular, quitar. Pablo VI no quitó nada, no fue en contra de San Pío V; fueron los Obispos los que se rebelaron en contra de su autoridad divina en la Iglesia. Pusieron a un actor como falso Papa. E hicieron que los demás, después, culparan a Pablo VI de lo que nunca hizo. De ahí nació la desobediencia de muchos al Papa. Los culpables: los Obispos desobedientes al Papa. El Papa estaba enclaustrado, drogado, y no podía hacer nada ante la maldad de muchos. Y así permaneció hasta su muerte, que nadie sabe cuándo fue, porque en su funeral no estaba su cuerpo.

La Misa Tridentina es la mejor que existe, la verdadera, la buena, la que hace santos en la Iglesia.

Un fiel, en la Misa, que se dedica a hablar, a cantar, a ver un teatro, entonces su alma no está dispuesta para recibir las gracias. Un fiel, en la Misa, que comulga en la mano, detiene todas las gracias de Dios. Un fiel que no se arrodilla en la consagración, detiene las gracias de Dios. Un fiel que va a la misa por la rutina del domingo, porque hay que ir a misa, no recibe las gracias de Dios. Una mujer que lea las lecturas, antes del Evangelio, no recibe las gracias de Dios. La mujer que ayuda a dar la comunión, no recibe las gracias de Dios. Un fiel que no recibe la bendición final de rodillas, no recibe la gracia de esa bendición.

La Misa no es un teatro, una función de sobremesa, una comida o lo que sea. Es Cristo que da Su Gracia al hombre. Y el hombre tiene que obrar para merecer recibirla. Hay que merecer las gracias que Cristo da en la Misa. Hay que merecer la gracia de la comunión.

La Misa es el Calvario de Cristo. Y hay que saber estar en ese Calvario, como lo hizo la Virgen María y san Juan. Hay que saber contemplar el Dolor y la Muerte de Cristo.

Los fieles no tienen que hacer nada: sólo estar en oración en la Misa. Arrodillarse, cuando lo tienen que hacer. Y nada más. Así estuvo la Virgen María: en el silencio de la oración. Los fieles no tienen que entender las palabras que se dicen, ni del Evangelio ni de otra cosa en la Misa. No hace falta.

El evangelio lo explica el sacerdote en su homilía. Y eso basta para recibir las gracias de Dios. Aunque se entienda el evangelio, no por eso, se recibe la gracia. Se recibe la gracia cuando el fiel está atento a la homilía y acepta lo que el sacerdote le dice. Hay que escuchar al sacerdote, que es otro Cristo, que es Cristo el que habla por su boca.

Por supuesto, hoy día, en tantas misas con tantas homilías heréticas, el fiel no está obligado a escuchar al sacerdote. Cuando un sacerdote, comienza a predicar tonterías, mentiras, herejías, el fiel tiene que coger un Rosario o un libro y pasar su tiempo en oración para prepararse a la consagración, si es que ese sacerdote tiene fe. Si no la tiene, es mejor que busque otra misa.

Se ha quitado la ceremonia de aspersión del comienzo de la misa, en la que se rociaba a los fieles con el agua bendita y el sacerdote daba su absolución a toda la Iglesia. Hoy se reza una oración en la que se pide perdón a Dios y no se recibe ninguna gracia por esa oración. Porque la Misa es para quitar los pecados de toda la Iglesia, no para que los fieles pidan perdón por sus pecados. Y se quitan los pecados, con el agua bendita, con el incienso y con la absolución del sacerdote. Y eso hacía que todos los demonios se marcharan fuera del recinto de la Iglesia.

A nadie le incumbe, en la Iglesia, leer la Sagrada Escritura. Sólo al sacerdote. El sacerdote es Cristo y, por tanto, da la Palabra de Dios a la Iglesia. Él tiene la misión de leer las dos o tres lecturas, y el salmo correspondiente. Si los lee un fiel, entonces, no se alcanzan las gracias para las almas.

En las ofrendas del nuevo ordo se ha perdido el sentido de lo que se ofrece. Y sólo se dicen palabras a Dios; bonitas, pero que no merecen las gracias de Dios. No se ofrece a Cristo en las ofendas, sino sólo lo humano: el pan y el vino; que Dios no lo quiere. No hay que ofrecer el pan y el vino como cosas buenas humanas, sino como instrumentos para la salvación del hombre; que Cristo baje a ese pan y a ese vino, y lo haga Su Sacrificio por el pecado de los hombres. Y esto es lo que ya no se dice en el ofertorio. Y, entonces, no hay gracias de Dios.

Para consagrar a Cristo en el Altar es necesario una oración adecuada, digna, a esa obra divina. Y es necesario una serie de gestos que complementan la consagración. Ya nadie comienza la preparación a la consagración con el prefacio de la Santísima Trinidad, que era el único que había en la antigua Misa. Ahora, hay tantos prefacios que no sirven para alcanzar de Dios las gracias. La Misa es la Obra de la santísima Trinidad. Y, por tanto, hay que invocar ese Misterio con las palabras adecuadas. Si no se hace así, se pierden muchas gracias en esa Misa.

Hay que hacer las treinta y tres cruces, que ya nadie se acuerda de ellas. Porque estamos en el Calvario. Estamos ante la Cruz que salva. Estamos ante la muerte en Cruz. Estamos ante la victoria de Cristo en la Cruz. Y ese número de cruces representa muchas cosas en la Iglesia, no sólo los años de Cristo, sino los misterios de la vida de Cristo.

Hoy todo se ha perdido con el nuevo Ordo. Y son pocas las gracias que se reciben en una Misa. Por eso, la mayoría de Misas, son válidas, pero no producen en el alma todo el valor de una Misa, porque no se da la plenitud de la gracia.

Después del Concilio Vaticano II, se introdujo una primera redacción de la celebración de la Misa. Es la primera celebración, en la que se contienen palabras que no pertenecen al Evangelio, a la Tradición y que degradan los Sacramentos y toda la liturgia.

Falta la segunda redacción, que es la que ahora se está redactando en Roma y que contiene un juramento para que los sacerdotes oficien la nueva misa, los nuevos sacramentos, la nueva liturgia. Esa segunda redacción viene escrita por el demonio. Son palabras del demonio que anulan todo: ya los Sacramentos no serán válidos. Ya nada será válido. Y pocos sacerdotes comprenderán la jugada del demonio, porque muchos se han acostumbrado, en sus sacerdocios, a vivir sin Cristo, sólo mirando al hombre y dando gusto a los pensamientos de los hombres. Y, por eso, les cuesta imponerse en las Misas y dejan que los hombres, los laicos, hagan cosas que no quiere Dios en las Misas.

Pocos Sagrarios contienen ya a Cristo. En muchos hay sólo un poco de pan. Y se da eso, pan, un trozo de pan, en muchas misas, porque ya el sacerdote no tiene intención de consagrar. Aunque se digan las palabras correctas, si el sacerdote no tiene la intención de poner el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Altar, entonces sólo hay un poco de pan sobre el Altar.

Y la intención del sacerdote es fácil conocerla: aquel sacerdote que niegue las verdades, los dogmas, no posee esa intención. Si le predican herejías en la homilía, después no hay consagración. Si no se da la Palabra de Dios en el ambón, tampoco se da la Obra de la Palabra de Dios en el Altar.

Muchos sacerdotes hacen su teatro en la Iglesia. Francisco es uno de ellos. Por eso, es un bufón, un payaso. Se dedica a entretener a la gente, a estar con la gente, a darse el gusto de ser una persona social.

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16 comentarios

  1. Gog dice:

    Así lo haré. Me ha gustado mucho su consejo porque en realidad soy refractaria a los movimientos religiosos. Muchas gracias.

  2. Gog dice:

    Muchas gracias. Estoy buscando un sacerdote que no me haga sentir mal. Y resulta que uno, al confesarme, dice que el demonio no existe, el otro que hay que juntarse con los del Taizé y protyestantos todos porque estamos mejor juntos aunque pensemos diferente; y lo de Adán y Eva es un cuento… De momento los del Opus Dei me parecen más fieles al Evangelio, pero no los conozco apenas. ¿Qué opina usted del Opus Dei? Le ruego que tenga paciencia conmigo y perdone tanto interrogatorio, pero yo no sé por dónde tirar. Muchas gracias, de nuevo.

    • josephmaryam dice:

      Busque sacerdotes que proclamen la verdad sin miedo. En el opus hay buenos sacerdotes, en otras partes, también. Busque sacerdotes, pero no busque asociaciones o movimientos dentro de la Iglesia. En la Iglesia, en todas partes, hay mucha relajación espiritual y son pocos los que viven el Evangelio como hay que hacerlo. Son pocos los que siguen al Magisterio de la Iglesia con fidelidad. Son muchos los que se inventan su iglesia y su apostolado dentro de la Iglesia.

  3. Gog dice:

    “Orad, hermanos, para que ESTE SACRIFICIO, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso”.

    El sacerdote de mi parroquia siempre dice ESTA ACCION DE GRACIAS en sustitución de ESTE SACRIFICIO, a pesar de que luego todos contestamos: el Señor reciba de tus manos este sacrificio….

    Y nadie parece darse cuenta, a pesar de lo llamativo que resulta por la falta de concordancia, al menos.

    Hace homilías políticas, y una vez para terminar el sermón soltó que ya es hora de que acabemos con “todos los dogmatismo”.

    Hay más cosas todavía más escandalosas, pero creo que con esto es suficiente. ¿Debo entender que estas misas siguen siendo válidas? Porque aunque procuro no asistir, sí lo he hecho en contadas ocasiones. Muchas gracias.

    • josephmaryam dice:

      Con eso es suficiente para comprender que esa misa no es válida. Con sólo decir el sacerdotes que es hora de que acabemos con todos los dogmatismos ya está diciendo que no tiene fe en la verdad y, por tanto, está haciendo un teatro cuando realiza misa. Busque otro sacerdote que crea en Cristo y en la Iglesia de Cristo, es decir, que crea en la doctrina de cristo, que no se invente los dogmas.

  4. Consuelo dice:

    Todo tiene que coincidir cuando es el mismo AUTOR!

  5. ana dice:

    Muchisimas gracias!!!!

  6. ana dice:

    Me puedes expicar que son las treinta y tres cruces?leotodos los dias su blog,y la verdad,me ayuda muchisimo.gracias!!!!

    • josephmaryam dice:

      Son todos los misterios de la vida de Jesús: el misterio de Su Encarnación, que reúne el Misterio de la Inmaculada y la Maternidad de la Virgen María. Todos los misterios que se recogen en el Evangelio: desde su nacimiento en Belén, la adoración de los pastores, de los Reyes, la huida a Egipto, a los doce años cuando enseñaba en el Templo; los misterios que se dan en su vida pública, desde que lo señala San Juan Bautista, en sus predicaciones, en sus milagros, en la Transfiguración, hasta meterse en el Misterio de Su Muerte, con la Institución de la Eucaristía y de la Iglesia, su Resurrección y los misterios que se da en ese tiempo, antes de Ascender a los Cielos, y todos los Misterios que se contienen hasta que venga de nuevo en Su Gloria.

  7. José M dice:

    Las profecías se van cumpliendo. Quien no lo vea es que está ciego:

    http://internacional.elpais.com/internacional/2014/03/27/actualidad/1395911738_266596.html

  8. José M dice:

    Creo que a esto se está también refiriendo MDM. Gracias por la explicación.

  9. José M dice:

    El “libro de la segunda celebración” ¿es el novus ordo? ¿O se refiere a algo aún peor por venir….?

    • josephmaryam dice:

      Es algo diferente al novus ordo, en donde se anula la validez de todo Sacramento. Incluye un juramento para el sacerdote y así poder estar en la nueva iglesia. Es algo mucho pero que el novus ordo. Con el novus ordo, todavía se puede seguir celebrando la Eucaristía, pero con este nuevo libro, ya no es posible.

  10. Verónica dice:

    Este mensaje de la Santísima Virgen se encuentra en el sitio Tras las Huellas del Cielo:

    Hijitos Míos, Soy vuestra Madre, La Siempre Virgen María. ¡cuánto dolor Me causa ver la Iglesia actual! ¡Cuánto dolor Me causan los que debieran cuidar la Iglesia que dejó Mi Hijo para todos los hombres!

    ¡Oh!, ministros y pastores de la Iglesia, a pesar de las advertencias que Yo os he dado en Mis Apariciones pasadas, no hicisteis caso, os pedía, Mis pastores, sacerdotes de la Iglesia de Mi Hijo, que cuidarais lo que se os dio, un regalo tremendo, grandísimo para los hombres y no hicisteis caso. Vosotros, como sacerdotes y ciertamente hombres, quisisteis manteneros más como hombres y no como ministros, habéis buscado más los bienes de la Tierra cuando teníais la oportunidad de traer a Mi Hijo a la Tierra, a través de la Eucaristía y, de ésta forma, se os reconociera como hombres santos, hombres de ejemplo ante todos los demás hermanos vuestros. No os disteis cuenta y no llegasteis a valorar lo que significa ser sacerdote para la Iglesia de Mi Hijo. Una situación grandiosa para el hombre y la desaprovechasteis. Fuisteis consagrados sacerdotes de la Iglesia de Mi Hijo y esto os da una posición altísima dentro del nivel humano, pero quisisteis aprovechar más ésta situación para llenaros de las cosas del mundo. Os habéis envanecido, creyéndoos superiores a vuestros hermanos, cuando debisteis haber sido servidores de ellos, porque sois servidores de Mi Hijo y no os disteis como tales, al contrario, la soberbia inundó vuestro corazón. No os hicisteis pequeñitos, quisisteis que se os glorificara, como si fuerais dioses en la Tierra y así echasteis a perder la grandiosidad del ser sacerdotes para la Iglesia de Mi Hijo y ahora, en lugar de ser ejemplo para vuestros hermanos, la gran mayoría de vosotros sois escándalo para la Iglesia que Yo cuido, que Yo protejo, porque así Me lo pidió Mi Hijo.

    Desde el Cielo ahora se escucha y se ha venido escuchando el clamor de los buenos hijos de Dios, de aquellos hijos Míos, verdaderos, que quieren tener nuevamente lo bello que os dejó Mi Hijo sobre la Tierra y, así ha de ser.

    Mis pequeños, humanidad entera, os anuncio la pronta purificación de la Iglesia, de la Iglesia de Mi Hijo, de la Iglesia que Yo cuido. Momentos difíciles pasaréis en toda la humanidad. La Iglesia será renovada, purificada, santificada, se eliminará toda aquella maldad que se ha introducido dentro de ella. Le permitisteis a satanás entrar en Mi Iglesia, la Iglesia de Mi Hijo, la cizaña ha crecido y está ahogando a los buenos sacerdotes y a los buenos fieles y ésa cizaña será arrancada y arrojada al fuego, junto con aquellos ministros traidores, aquellos ministros tibios, aquellos falsos sacerdotes, aquellos lobos con piel de oveja que se introdujeron dentro de ella… Excelente como siempre, Lumen Mariae, todos sus artículos están llenos de luz y valentía.

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