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Francisco: «Para mí el pecado no es una mancha que tengo que limpiar»

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Francisco es un hombre para el mundo, no para la Iglesia Católica. Es un bufón en la Iglesia, un hombre que entretiene a las masas, que no tienen inteligencia, sabiduría divina en la Iglesia. Francisco es un hombre que engaña con su palabra y hace creer que es santo con sus obras de humildad y de pasión sobre el hombre

Con Francisco, se abre en la Iglesia el camino para que el demonio pueda destruir toda la estructura levantada durante siglos.

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo y, por tanto, es algo espiritual; no es una estructura, ni humana, ni económica, ni social, ni política, ni cultural, ni artística.

La Iglesia, como organismo espiritual necesita lo humano, lo material, para poder obrar; pero no de forma absoluta; porque, si falta lo material la Iglesia permanece en el Espíritu.

La Iglesia no es como el hombre, un compuesto de alma y cuerpo, que se necesitan uno a otro para formar el ser del hombre. La Iglesia es Cristo. Y Cristo es el Verbo Encarnado. Y lo que asume Cristo es una humanidad gloriosa, no pecadora, no humana, no material, no carnal, no natural.

En la Iglesia se está para vivir el Espíritu y, por tanto, para luchar contra todo aquello que se opone a la Vida que da el Espíritu.

“Suelo decir que la única gloria que tenemos, como subraya San Pablo, es ser pecadores” (Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti, El Papa Francisco. Conversaciones con Jorge Bergoglio, pp. 101-102).

San Pablo señala: “…no quiera Dios que me gloríe sino en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo” (Gal 6, 14) .

Francisco se gloría en ser pecador. Y sólo en eso. Es su única gloria. Y, además, miente sobre San Pablo. Y, por eso, continúa diciendo: “Por eso, para mí el pecado no es una mancha que tengo que limpiar” (Ibídem).

Si el pecado no es una macha que limpiar, si no es algo malo, entonces el pecado es un virtud, una vida, una obra, algo que lleva a la verdad.

Y ¿qué es el pecado para Francisco: “… es un problema de pecado. Desde hace unos cuantos años, la Argentina vive una situación de pecado, porque no se hace cargo de la gente que no tiene pan, ni trabajo” (Ibídem, p. 107).

O como le dijo al ateo Scalfari: “Los más graves entre los males que afligen al mundo en estos años son el paro [desempleo] de los jóvenes y la soledad en que son dejados los viejos… Este es, a mi manera de ver, el problema más urgente que la Iglesia tiene que enfrentar” (Francisco, Entrevista con La Repubblica, 1 de octubre de 2013).

El pecado es un problema social: no hay pan, no hay trabajo, no hay dinero, no hay salud social, no hay paz entre los hombres, no hay tolerancia entre ellos.

El pecado ya no es una ofensa a Dios.

Y, entonces, Francisco dice su sentimentalismo: “Y siento que no puedo terminar sin decir una palabra a los grandes ausentes, hoy, a los protagonistas ausentes: a los hombres y a las mujeres mafiosos. ¡Por favor, cambiad de vida, convertíos, dejad de hacer el mal! Rezamos por vosotros. Convertíos: os lo pido de rodillas; es por vuestro bien. La vida que vivís ahora no os dará placer, no os dará alegría, no os dará felicidad. El poder y el dinero que ahora tenéis -fruto de tantos negocios sucios, de tantos crímenes mafiosos- es dinero ensangrentado, es poder ensangrentado, y no os lo llevaréis a la otra vida. Convertíos todavía os queda tiempo para no terminar en el infierno. Es lo que os espera si seguís por este camino. Habéis tenido un padre y una madre: pensad en ellos. Llorad un poco y convertíos” (Francisco, 21 de marzo 2014).

Esta es su moralina a los mafiosos. Francisco no enseña a convertirse a Dios, sino sólo a convertirse, es decir, a no hacer el mal: “¡Por favor, cambiad de vida, convertíos, dejad de hacer el mal!”. Ese mal, que hacen los mafiosos, no es un pecado, sino un mal social, un daño a la sociedad, a las familias. Y, entonces, a Francisco se le cae la baba: “Rezamos por vosotros. Convertíos: os lo pido de rodillas; es por vuestro bien”.

Es la falsa humildad de un hombre que se pone de rodillas ante los mafiosos para implorarles que cambien de vida. ¿Ven el disparate de Francisco?

Francisco no enseña la verdad a los mafiosos, sino su verdad: “no hagáis el mal a los hombres, seamos fraternos, seamos hermanos, dejad esa vida de asesinatos…”. Pero Francisco no pone la Verdad delante de los hombres. No hace Justicia delante de ellos, sino que emplea su argucia, su juego mental, su pensamiento, y dice lo que la gente le gusta escuchar: “Convertíos: os lo pido de rodillas”. Pero Francisco no dice lo que debería estar en la boca de un sacerdote santo: “Oraré a Dios por vuestras almas y haré penitencia por vuestros pecados para que el Señor os dé la conversión de corazón”.

Francisco juega con sus palabras para buscar la popularidad entre los hombres. Y se humilla ante ellos: “os lo pido de rodillas”; pero no es capaz de humillar su pensamiento ante Dios. No es capaz de hacer una oración por lo pecadores, porque no cree en el pecado. No es capaz de hacer penitencia por los pecadores, porque no cree en el pecado: “para mí el pecado no es una mancha que tengo que limpiar”. No es una carga que tengo que llevar para salvar el alma del mafioso. No hagas penitencia por el mafioso, sino que arrodíllate ante él, saca tu pañuelo y ponte a llorar, para que él vea que lo amas.

Y, entonces, cae en un juicio: “Convertíos, todavía os queda tiempo para no terminar en el infierno”. Francisco está hablando de hombres y mujeres mafiosos en general, sin especificar a nadie en particular. Luego, nunca puede hablar de esta forma. Porque esta forma de hablar sólo se emplea con una persona en particular.

Francisco condena a toda la mafia al infierno. ¿Qué sabe él quién se va a salvar y quién se va a condenar de los mafiosos? ¿Qué sabe él del tiempo que queda? ¿Quién se ha creído que es Francisco cuando no es capaz de juzgar a un homosexual, y tiene la osadía para juzgar a unos mafiosos? ¿En qué se basa para poder juzgar a unos mafiosos y no a los homosexuales?

Respuesta: en su mente humana, en su idea del bien y del mal; en lo que él llama corrupción, en el que no hay perdón.

“Pecadores, sí; corruptos, no” (Francisco, 16 de enero 2014).

Francisco, al no tener vida espiritual, cae en una grave herejía: confundir corrupción con la blasfemia contra el Espíritu Santo. Para Francisco el corrupto no tiene perdón de Dios. Y la corrupción en el pecado no es una blasfemia contra el Espíritu. En la corrupción hay siempre un camino de salvación, porque sólo es un pecado contra Cristo, contra la Verdad, pero no contra el Espíritu.

Francisco confunde esto sólo por su laicismo, por su humanismo:

“La doble vida de un cristiano es algo tan malo, tan malo…, que es benefactor de la Iglesia, se rasca el bolsillo y da a la Iglesia, pero con la otra mano roba al Estado, a los pobres (…) Esto es una injusticia. Esto es llevar una doble de vida, porque esta persona engaña. Esta es la diferencia entre el pecador y el corrupto, y quien tiene una doble vida es un corrupto” (Francisco, 12 de noviembre de 2013).

El que da a la Iglesia y roba al Estado sigue siendo un pecador; y no es ni siquiera corrupto. La doble vida no significa corrupción. Puede significar muchas cosas, hasta ser una blasfemia contra el Espíritu, pero eso hay que verlo en cada caso particular. Francisco, como sólo se fija en el mal social, entonces juzga a todo el mundo, mete en el saco de la corrupción a todo el mundo, y juzga mal:

“todos nos debemos considerar pecadores, porque todos lo somos; pero no corruptos, ya que este tipo de personas está fijo en un estado de suficiencia, no sabe qué cosa es la humildad” (Ibidem). ¡Pobre Francisco, porque no sabe lo que está hablando! Ni sabe lo que es la suficiencia, ni la humildad, ni el pecado, ni la corrupción. Habla por hablar, para no callar. Y el sabio, cuando no sabe una cosa, se calla. Es lo que nunca va a aprender ese hombre: a callar su boca, y a dejar de decir estupideces cada día en la Iglesia.

En la Iglesia, nadie debe considerarse pecador, sino santo. Esto no lo puede enseñar Francisco.

Cristo ha puesto el camino de la santidad al hombre dentro de la Iglesia, porque quien ama a Dios no puede pecar (cf Jn 14). El amor de Dios en el alma hace una obra santa que la desliga del pecado. Si alguno peca, entonces tiene el Sacramento de la Penitencia, para quitar su pecado. Hay que enseñar a las almas a no vivir en el pecado, porque, entonces, van en contra de la fe en Cristo, de la fe en la Obra de Cristo, que es Su Iglesia.

Hay que ver nuestros pecados para arrepentirse de ellos, pero no considerarse pecadores, sino santos en camino del Cielo. Y, en ese camino, todavía queda el pecado, porque es una lucha continua, hasta la muerte. Lucha contra el demonio, que es el que obra el pecado en el alma. Hay que enseñar a las almas a luchar en contra del demonio, para llegar a la santidad de la vida. Esto no lo enseña Francisco.

El pecado de corrupción tiene siempre perdón, porque es un pecado más. La Magdalena tenía siete demonios, es decir, vivía en la corrupción de la lujuria. Y encontró en Cristo el camino para dejar su corrupción.

Judas estaba corrupto en su pecado de avaricia; pero todavía podía salvarse. Cuando entregó a Su Maestro, es cuando cometió la blasfemia contra el Espíritu. Y no hubo perdón para él: “Mas le valiera no haber nacido” (Mt 26, 24).

La suficiencia es un pecado de orgullo, que tiene perdón; es creerse superior a otro. Y la suficiencia lleva a la corrupción de la persona humana, en la que ésta se pone por encima de Dios. Y, todavía, en esa corrupción hay salvación. Pero cuando la persona orgullosa obra algo en contra del Espíritu, entonces cae en la blasfemia. Y ya no hay perdón.

Como ven, Francisco no sabe nada de la vida espiritual y predica sus tonterías en la Iglesia.

“Todos conocemos a alguien que se encuentre en esta situación y lo mal que hacen a la Iglesia. Cristianos corruptos, sacerdotes corruptos …¡Qué grave es esto para la Iglesia. Porque no viven en el espíritu del evangelio, sino en el de la mundanidad” (Francisco, 12 de noviembre de 2013).

El mal para la Iglesia no es que haya sacerdotes pecadores o corruptos; sino que haya sacerdotes y fieles que ya no creen en la Verdad, que pequen en contra del Espíritu de la Verdad, que anulen los dogmas, que ya no vivan la ley de Dios, la ley natural, que no cumplan los mandamientos de Dios, como lo hace Francisco. En la corrupción siempre hay salvación; pero cuando se pierde la fe, entonces es dificilísimo cambiar de vida, convertirse a Dios.

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Francisco, al anular el pecado, cae en gravísimas desviaciones cuando habla del pecado, de la corrupción, del mal en el mundo. No sabe hablar y, entonces, cae siempre en el juicio hacia los demás. Con los mafiosos, los juzgó, porque sólo se centra en el pecado como mal social, no como ofensa a Dios.

¡Qué gran mal para la Iglesia la persona de Francisco! ¿Y todavía rezan por él? No recen para que haga algo bueno en la Iglesia, porque no es Papa. Recen por el Papa verdadero, que es Benedicto XVI, quien sostiene ahora a la Iglesia en esta oscuridad. Recen para que Francisco se vaya a su casa, lo echen, para que se dedique a lo suyo: al comunismo, al fascismo, al protestantismo, al laicismo, a su fraternidad, a su estúpida vida. Pero no pierdan el tiempo con Francisco. No merece la pena.

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3 comentarios

  1. Verónica dice:

    Si para Francisco el pecado no es una mancha que hay que borrar, comparemos entonces con lo que dice Benedicto XVI sobre el pecado:
    La soberbia es la verdadera esencia del pecado».
    «Pensamos que somos libres y verdaderamente nosotros mismos solo si seguimos exclusivamente nuestra voluntad, Dios parece como lo contrario de nuestra libertad. Debemos librarnos de Él y solo entonces seremos libres». Esta, es la «rebelión fundamental que permea la historia y la mentira de fondo que desnaturaliza nuestra vida». Pero, «cuando el hombre se vuelve contra Dios, se vuelve contra la propia verdad y, por lo tanto, no puede ser libre, sino enajenado de sí mismo. En cambio, somos libres –indicó– solo si permanecemos en nuestra verdad, si permanecemos unidos a Dios».
    Parece que Francisco ha creado su propia teología , producto de su soberbia y egocentrismo , por ello se ha vuelto contra Dios y contra la verdad, se siente cómodo con el pecado. Al leer al Papa Benedicto XVI nos damos cuenta de lo que es verdadera teología, no esa que promociona Francisco con el hereje Kasper , que él define como teología de rodillas y teología serena, serena porque el relajamiento del pecado, ha dejado en completa serenidad a Roma.

  2. José Manuel Guerrero dice:

    Francisco: “”Sólo salva Cristo, no nuestra observancia de los preceptos””

    Este pobre diablo, directamente pretende abolir los preceptos, los Mandamientos de Dios y los dogmas de la Iglesia Católica.

    “No crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas; no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor. 18 Pues les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, no se le quitará a la ley ni un punto ni una letra, hasta que todo llegue a su cumplimiento. 19 Por eso, el que no obedece uno de los mandatos de la ley, aunque sea el más pequeño, ni enseña a la gente a obedecerlo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero el que los obedece y enseña a otros a hacer lo mismo, será considerado grande en el reino de los cielos.”

    Mateo 5

  3. Anónimo dice:

    De las pocas citas que se hacen aquí de los dichos de Francisco es clarísimo que habla por hablar. Si no habla ¿cómo justifica la silla que ocupa?

    Un verdadero Papa contra la mafia:

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