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¡División! ¡División! ¡División!: seamos una iglesia dividida

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Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

CRISTO CAÍDO CON LA CRUZ A CUESTAS (1698), en la Iglesia de San Ginés de Madrid (España). Esculpido por el italiano Nicola Fumo (c.1645-1725).

CRISTO CAÍDO CON LA CRUZ A CUESTAS (1698), en la Iglesia de San Ginés de Madrid (España). Esculpido por el italiano Nicola Fumo (c.1645-1725).

Benedicto XVI es el último verdadero Papa. Francisco no es Papa y no puede actuar como Papa.

Francisco ha degradado su nuevo y falso papado a la igualdad, o como les gusta en Roma, a la colegialidad de todos los Obispos; un cuerpo Jerárquico, pero sin obediencia a la Verdad, porque se anula la misma Jerarquía.

La idea es destruir la Jerarquía. Y hacerlo muy sutilmente. Es fácil hacerlo cuando los mismos sacerdotes ya no creen en el Calvario, ni en el sacerdocio, ni en la Eucaristía, ni en el Cuerpo ni en la Sangre de Cristo, ni en las manos del sacerdote, ni en lo que es un sacerdote: otro Cristo. Y, entonces, cualquiera puede ser sacerdote; cualquier celebración litúrgica es llamada Misa; cualquiera que se ponga a predicar unas palabras y a hacer unos ritos sobre una mesa, en eso se convierte la fe de muchos.

La idea es meter el concepto de la soberanía popular en la Iglesia: el pueblo es el que tiene la autoridad. El sacerdote es un laico, es uno más del pueblo, que se ocupa de los asuntos del pueblo, pero ya ha dejado de guiar al pueblo hacia la verdad, sino que es uno más que se integra con la gente para luchar por una verdad que no es evangélica, que no viene de Dios, que no tiene la ley divina, que no sigue una norma de moralidad, sino sólo sigue normas o mandamientos humanos.

Ya el sacerdote ha dejado de ser Profeta de la Verdad, para ser actor de la vida de Cristo; uno que interpreta un rol, un papel, para entretener a las masas; uno que hace su teatro, que es su trabajo. Le pagan por eso; su vida social es eso: animar a la gente que sea del mundo y para el mundo.

Cristina Scuccia, monja cismática de la nueva iglesia. Ver video dando click a la foto

Cristina Scuccia, monja cismática de la nueva iglesia. Ver video dando click a la foto

¿No es eso lo que el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, le dijo a la hermana Cristina Scuccia, de 25 años de edad, miembro de las Hermanas Ursulinas de la Sagrada Familia, que apareció en La Voz de Italia, un reality show similar a American Idol o el de Gran Bretaña Got Talent, felicitándola por su triunfo en el mundo del espectáculo: “Cada uno de ustedes debe usar cualquier don que haya recibido para servir a los demás” (1 Pedro 4: 10) ?

Una monja que no ha comprendido lo que es seguir a Cristo, y un Cardenal que ya no entiende lo que es el Evangelio de Cristo y no sabe ser Cabeza de Cristo en la Iglesia, sino que sólo es cabeza de herejes en Ella. Y, por su puesto, los fieles de la Iglesia están encantados con esta monja.

En Roma se acepta la apostasía de la fe. Y eso conduce a un cisma, a una nueva herejía. Y, por tanto, a un tiempo, que no es como lo ha sido siempre, sino absolutamente distinto a otro.

Porque el cisma viene de dentro de la Jerarquía de la Iglesia y se manifiesta en toda la Iglesia. Los culpables: muchos sacerdotes, Obispos, Cardenales.

La Jerarquía Eclesiástica es cismática. La fe se ha agotado. La fe ha caído. La fe se ha perdido. Obispos que ya no creen en la castidad, ni en la infalibilidad papal, ni siquiera en el primado de Pedro; que ya no creen en el infierno, ni en el Purgatorio, ni en el pecado, ni en la Resurrección.

Y son Obispos que están gobernando la Iglesia. Y esos Obispos son los que han elegido a Francisco, un hombre sin fe en Cristo, un hombre que evita los temas morales y doctrinales, para hacer sermones heréticos, que enseñan a pecar, a llenarse la mente de conceptos humanos, políticos, económicos, sociales; pero que no dan un alimento para el espíritu, no llenan el alma de verdad, sino la mente de mentira.

Francisco tiene problemas para poner dos palabras católicas coherentes, juntas, que signifiquen la Verdad del Evangelio; pero no tiene problemas para llenar cuartillas de mentiras, que signifiquen su comunismo, su protestantismo, su idea masónica.

La nueva iglesia de Francisco es dialogar con los cismáticos de todas las religiones, con los hijos de Israel, con los seguidores del Islam, con el paganismo de los hombres que aman sus vidas de pecado.

Francisco se ha destapado a sí mismo como comunista y sincretista. Y, ¿cómo puede ser un hombre así el sucesor de Pedro?

Después del Papa Benedicto XVI, no hay más sucesión en la Silla de Pedro, por vía ordinaria. Hay sucesión por vía extraordinaria.

Hay sólo sucesión de hombres por la vía ordinaria. Hombres que eligen a otros hombres, que se dan así mismos un poder que no lo tienen, que no merecen, que viene sólo de los hombres.

Benedicto XVI estuvo rodeado de enemigos poderosos de Dios; almas ambiciosas de poder y control de la Iglesia.

El Papa Benedicto XVI fue forzado a dejar el Vaticano, y la Iglesia ha entrado en un período de tiempo, el más oscuro, más que en el tiempo de Santa Catalina de Sena, en el que había varios Papas en el poder de la Iglesia.

En aquel tiempo, la Santa indicó quién era el Papa verdadero, y todos le hicieron caso en la Iglesia; pero, en este tiempo, nadie atiende a la Verdad, y todos siguen a un impostor como si fuera el verdadero Papa. Nadie se pregunta si ese personaje es verdadero Papa. Nadie de entre la Jerarquía, que es lo que importa. Si la Jerarquía sigue a un impostor, todos los demás en la Iglesia lo siguen. Por eso, la gran oscuridad reina sobre toda la Iglesia.

El trono de Pedro ha sido robado por Francisco, pero no ha podido robar el Poder Divino que tiene ese Trono.

La Autoridad Divina descansa sólo en el Papa Benedicto XVI. Su renuncia al Papado no significa que Dios le haya quitado el Poder que le ha dado por ser Papa. Su renuncia es sólo su pecado. Benedicto XVI ha caído, se apartó de la Verdad. Y, ahora, un impostor grita, sentado en la Silla de Pedro, habla con su palabra orgullosa para proclamar su solución para unir a todas las iglesias como una sola. Y lo hace con una autoridad humana dentro de la Iglesia. Una autoridad que, en la Iglesia, no tiene ningún valor, porque Ella es divina y sólo posee un Poder Divino. Y, por eso, a Francisco no se le puede obedecer ni siquiera como a un gobernante malo en la Iglesia –como se hace en el mundo-, porque su poder es humano, no viene de Dios. En la Iglesia, no se da la autoridad humana, no hay poderes humanos.

Cayó el Papa Benedicto XVI: ha caído el poder divino. Francisco es sólo un hombre, aclamado como un innovador moderno, como un reformista, aplaudido por el mundo y por muchos católicos que ya no creen en la Verdad, porque consiente el pecado, porque anula la ley natural, la ley divina, porque no quiere moralidad en su doctrina, en su iglesia; sólo quiere lo propio de un comunista: tener poder absoluto sobre las masas, dándoles lo que la gente quiere escuchar, -para engañarles-, y hacer que los hombres se sometan a su palabra barata y blasfema; y vivan, en sus vidas, una gran mentira.

Francisco es claro quién es él: hijo de Satanás, un demonio, una encarnación del demonio.

Y la Jerarquía, ¿qué ve en Francisco?

El sacerdote Helmut Schüller, párroco y capellán en una universidad alemana, dice: “El papa establece claras señales para una ruptura reformista de la Iglesia, pero entre los obispos impera la espera, con consecuencias fatales para las parroquias”.

Un sacerdote que pide, entre otras cosas, la ordenación de las mujeres y de las personas casadas, el que hombres y mujeres laicos preparados, solteros o casados, puedan oficiar misa y dirigir iglesias carentes de párroco, permitir que los divorciados puedan volver a contraer un segundo matrimonio religioso y que los protestantes puedan recibir la comunión. Pero que está descontento con Francisco porque no hace nada.

Francisco es un Caballo de Troya, que pasa como un Papa progre, pero que no toma decisiones importantes para ir haciendo una iglesia más abierta, menos dogmática, menos moralista. No destruye dogmas.

Francisco vende un producto que la gente necesita escuchar y, por eso, la gente desconfía. La gente con inteligencia no quiere a Francisco, porque nada más que habla, pero no actúa. La masa, que no piensa, le gusta Francisco; pero al intelectual, Francisco es uno más del montón. No puede abrir camino.

La gente quiere ver que Francisco se deja de palabras y vende el Vaticano a trozos, da el beneficio a los pobres y él se va a vivir a una choza. Esto es lo que la gente quiere ver: obras, no palabras baratas.

Francisco ha puesto la lucha de clases dentro de la Iglesia.

Los fieles ven a la Jerarquía como indeseable en el poder de la Iglesia; la ven con temor a perder el poder que poseen, porque ven a un Francisco que se ocupa de los pobres, de los marginados, de los afligidos y, por tanto, no se ocupa de gobernar la Iglesia.

Éste es el engaño en muchos que siguen a Francisco. No lo ven ávido de poder. Y, Francisco, es el hombre más ambicioso por el poder.

Muchos no han comprendido el lenguaje de Francisco, y creen que porque se muestra humilde y pobre, porque se ocupa de dar de comer a los hambrientos, entonces Francisco no le interesa el poder en la Iglesia.

Francisco ha subido al Trono de Pedro sólo por el poder humano, para tener poder entre los hombres. A él le encanta estar ahí, que lo vean todos, que lo aplaudan todos, que lo miren; salir en los medios de comunicación y, por supuesto, no quiere dejar el poder. Y da a los tontos que le siguen lo que ellos quieren escuchar: hay que hacer una iglesia para los pobres, hay que ocuparse de los marginados, hay que quitar la hambruna del mundo, hay que ser muy humanos, muy naturales, muy carnales, muy del mundo.

Esto es lo que le gusta escuchar a todo el mundo. Por eso, hay tantos sacerdotes, monjas, religiosos, que se les cae la baba con Francisco. Ven el camino de ser muy humanos con Francisco. No ven la barrera que todos los Papas han puesto al humanismo en la Iglesia.

Y Francisco sabe cómo son las cosas en la Iglesia. Sabe que la Jerarquía tiene una obediencia y que no puede dejarla así porque sí, porque a los fieles les guste más Francisco que los demás.

La Jerarquía de la Iglesia está que trina con Francisco, porque Francisco es muy mal gobernante. Es sólo un bocazas, que habla muchas cosas y no hace nada de nada. Promete a todo el mundo, y todo se queda igual. Y, claro, viene el problema, que la gente no sabe, no se da cuenta.

La gente critica a la Jerarquía porque ama el poder, porque no quiere dejar el poder. ¡Y es que no se puede dejar! Jesús ha hecho Su Iglesia Jerárquica, con un gobierno monárquico, absoluto, de una sola cabeza. ¡De una sola!

Francisco se ha cargado esta sola cabeza, y se ha metido en un grave problema. Porque ve la revuelta del pueblo, de los fieles, contra la Jerarquía. Ve el descontento de los fieles con todos esos sacerdotes y Obispos que están en la Iglesia con un poder, para gobernar; que siguen unos dogmas, unas verdades y que no pueden dejarlas.

Y Francisco se dedica a su palabra barata, a estar con la gente, a decir cosas que enervan los espíritus, y entonces, cae en un gravísimo error: tener una Jerarquía que ya no le sirve para gobernar nada porque la gente quiere una iglesia sin gobierno, sin jerarquía; que los sacerdotes y Obispos sean laicos y se dediquen a otras cosas, a unos sacramentos laicales, más humanos, más de la tierra.

La gente quiere ahora sacerdotes, Obispos, que sean como Francisco: que no juzguen a nadie; que no den importancia al pecado, al aborto y a tanta disciplina como hay en la Iglesia.

Ésta es la división que hay en la Iglesia con Francisco. ¡División! O estás con Francisco y eres de la Iglesia. O no estás con Francisco y eres un tradicionalista, fariseo, hipócrita, lobo vestido de piel de oveja, porque no eres pobre, no te ocupas del marginado, sino que estás hambriento de tus dogmas, de tus verdades, de tu ley divina, de tu ley moral; y a la gente hay que llenarle el estómago.

Este es el pensamiento de muchos católicos. Y de muchos que son sacerdotes, Obispos, religiosos. ¡Lucha de clases! ¡Comunismo es lo que hay en la Iglesia! ¡Y ponen el nombre de Jesús por delante! Es que Jesús era pobre, se hizo pobre, estuvo con los pobres. Y ahora la libertad está en ser pobres. ¡Para ser libres hay que ser pobres!

Esto es lo que se está escuchando en la Iglesia Católica; esto está en la boca de muchos sacerdotes y religiosos; de gente consagrada que ya perdió el norte de la Verdad, el norte de la fe.

Para ser libres sólo hay que someter la razón a la Verdad, que es Cristo: obedecer a Dios. ¡Esto es lo que nadie sigue! Y, claro, comienzan a hacer su comunismo, a buscar el bien común, la ideología común. Y, claro, como a nadie le gusta obedecer, todos quieren ser pobres, porque es más cómodo para la vida humana. Se puede aparentar exteriormente la pobreza, pero ocultar la soberbia, eso no es nada fácil.

¡Cuántos católicos orgullosos hay en la Iglesia! Se dedican a criticarlo todo, a menospreciarlo todo, y a poner su interés humano por encima de la ley de Dios, de la norma de moralidad.

Francisco tiene un problemón en su gobierno. Y, por eso, tiene que marcharse, porque no es inteligente en el gobierno. Se ha dedicado a su palabra barata y blasfema; pero no se ha dedicado a lo que predica todos los días. No puede obrar lo que predica: su herejía. Para obrarla, tiene que quitar todos los dogmas en la Iglesia. Y él no tiene cabeza para eso. Él sólo tiene lengua larga y barata. Y a la Jerarquía intelectual le sobra la lengua. No quiere un gobernante de lengua, sino de manos.

Por eso, la crisis interna del gobierno horizontal es lo que nadie ve, nadie atiende. ¡Hay una guerra de poder en ese gobierno! Todos ellos son cismáticos. ¡Todos!. Pero no pueden obrar su cisma como ellos lo viven. Tienen que hacer como Francisco: dar largas, hablar de muchas cosas y no hacer nada. Y eso crea un ambiente muy raro en toda la Iglesia. Porque hay que romper con el dogma, pero no se sabe la forma. Porque, claro, hay oposición en la Iglesia. La Iglesia vive de unos dogmas. Y eso no se puede quitar por el capricho de unos fieles que no creen en Jesús y que sólo lo ven como laico, no como sacerdote. Y, claro, les gusta Francisco, porque no es sacerdote, no tiene el espíritu del sacerdocio; es un laico más, que se viste de sacerdote; pero le importa un rábano el sacerdocio de Cristo.

Ven a un Francisco que, para ellos, sabe interpretar el Evangelio, y ven a una Jerarquía, anclada en sus dogmas, y entonces, viene la lucha de clases. Y Francisco tiene que parar esa lucha de clases. Los fieles en la Iglesia se están rebelando contra la misma Jerarquía. Y eso es la culpa de Francisco. Eso es la división que Francisco ha metido en la Iglesia. Esto se llama cisma.

Un gobernante malo hace lo de Francisco: se dedica a denunciar los abusos de poder, se dedica a criticarlo todo, se dedica a no dar soluciones concretas a nada. A hablar, hablar, hablar. A dar gusto a los oídos de la gente, pero no a obrar lo que vive.

¿Qué es lo que ha dicho a la mafia?

“El poder y el dinero que tenéis ahora por muchos negocios sucios, por crímenes mafiosos, está lleno de sangre” (Francisco, 20 de marzo).

Esto se llama política, porque se basa en su pensamiento protestante: “El deseo que tengo es el de compartir con ustedes una esperanza, y es ésta: que lentamente el sentido de responsabilidad venza sobre la corrupción, en todas partes del mundo… Y esto debe partir desde dentro, de las consciencias, y de allí resanar, resanar los comportamientos, las relaciones, las elecciones, el tejido social, de tal forma que la justicia gane espacio, crezca, se radique, y tome el lugar de la iniquidad” (Francisco, 20 de marzo).

De la propia conciencia viene la libertad, viene la sanación; del interior del hombre. Francisco no habla del pecado, sino de la conciencia de un mal que se hace. Y, entonces, critica a los mafiosos, no les enseña la verdad de su pecado; sino que habla como un comunista que quiere darles una moralina a los mafiosos. Esto es un gobernante malo. Esto enerva más a los mafiosos.

Así está toda la Iglesia: en una gran oscuridad. Y esto no tiene remedio. Las cosas van a peor. Francisco tiene que marcharse, pero viene otro peor que él. Viene el que le gusta a la gente intelectual: el que obra lo que habla su boca mentirosa.

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1 comentario

  1. Marita dice:

    Disculpenme , pero el video no pude verlo completo…me parecio asqueroso!

Los comentarios están cerrados.

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