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El cisma en el gobierno horizontal

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El cisma está puesto dentro de la Iglesia.

Y nadie ha contemplado este cisma, porque no se vive de fe, sino de las cosas humanas, de la mente de los hombres, de sus obras, de su historia.

El pecado de Francisco, lo que marca su reinado en la Iglesia, su política en la Iglesia, su forma de gobierno, es la obra de su gobierno horizontal.

Eso sólo define lo que es Francisco y su paso por el gobierno de la Iglesia.

Y esto sólo es lo que nadie se ha dado cuenta; nadie ha meditado, ni siquiera la Jerarquía.

El gobierno de la Iglesia es vertical, no lineal, no horizontal.

Es un gobierno creado por Jesús en Su Iglesia. No es un gobierno de los hombres, de sus políticas, de sus economías, de sus visiones sociales o culturales.

El gobierno de la Iglesia es un orden divino, no humano; es de derecho divino, con sus leyes divinas, naturales, morales. Después, están las demás leyes de los hombres en la Iglesia; leyes eclesiásticas, normas litúrgicas y demás leyes que son necesarias para hacer cumplir ese gobierno divino.

El Vértice, en la Iglesia, está compuesto sólo por Cristo y Su Vicario. Eso es el Vértice. Después, están los demás, bajo Pedro, en obediencia a Pedro, sometiéndose en todo a Pedro.

Y, en la obediencia a Pedro, los Obispos poseen autoridad divina; pero si desobedecen a Pedro, los Obispos no tienen ninguna autoridad de Dios.

La Autoridad, en la Iglesia, no es como la del mundo. En el mundo, la autoridad también es puesta por Dios, pero de otra manera. Y hay que obedecer a esa autoridad, siempre que no mande cosas en contra de la ley divina o natural.

Pero en la Iglesia, la Autoridad está puesta directamente por Dios. El Señor elige una cabeza, Su Vicario, y gobierna la Iglesia sólo con su Vicario. Y si falta el Papa, el Señor no gobierna nada.

Dios no se somete, en Su Iglesia, a un gobierno humano, como lo hace en el mundo. En el mundo, Dios deja obrar a los hombres y que ellos organicen sus políticas, sus economías, su vida social y pública.

Pero en la Iglesia, en Su Iglesia, el Señor gobierna sin la ayuda de ningún hombre, sólo a través de Su Pedro. Los demás, no deciden nada, no piensan nada, no obran nada.

En la Iglesia no hay autoridad humana en sí misma; existe sólo emanada de la Autoridad Divina. Es lo que el Papa quiere otorgar a los diferentes hombres para que realicen sus cometidos en la Iglesia.

Pero todo el Poder en la Iglesia reside sólo en un hombre: Pedro.

Y esto es muy importante para poder comprender el gobierno vertical de la Iglesia y el pecado del Papa Benedicto XVI.

A ningún hombre le gusta la obediencia a otro hombre. Por eso, siempre al Papa se le ha atacado de muchas maneras. Porque la soberbia de los hombres es manifiesta en todos ellos.

A los sacerdotes, a los Obispos, a los Cardenales, les cuesta obedecer al Papa porque son todos soberbios.

Con el pecado del Papa Benedicto XVI, con su renuncia, nadie gobierna la Iglesia. Si el Papa renuncia a ser Papa, entonces está diciendo que impide que el Señor gobierne la Iglesia a través de él. Jesús sólo gobierna la Iglesia con Su Vicario, en Su Vicario, mediante Su Vicario. Si éste se niega a realizar la misión que tiene en la Iglesia, el Señor no se pone en manos de los hombres, sino que, automáticamente se retira de las estructuras de toda la Iglesia.

Jesús no se va de Su Iglesia, porque la ha creado; sino de las estructuras que los hombres han inventado para obrar, en lo humano, la Iglesia, que es siempre una obra divina.

En el mundo, Dios no se mete en las estructuras humanas de los gobiernos; pero Dios manda obedecer a esas autoridades, en esas estructuras.

En la Iglesia, Dios sólo gobierna en Pedro; no en las estructuras que los hombres ponen para obrar ese gobierno. Una cosa son las estructuras, otra el Poder Divino que sólo se da a Pedro, no a las estructuras. En el mundo, los hombres tienen poder humano según sus estructuras; en la Iglesia, no se da eso.

El poder que tienen los hombres en las estructuras de la Iglesia viene del Papa, no de las mismas estructuras.

Por tanto, si el Papa renuncia, todos en la Iglesia se quedan sin autoridad divina. Quedan las estructuras humanas y un poder humano que ya no está avalado por Dios.

Por eso, las consecuencias del pecado del Papa Benedicto XVI son muy graves: nadie puede mandar en la Iglesia nada con Poder Divino. Si mandan algo, es sólo con un poder humano.

Si el Papa Benedicto XVI renunció, entonces no hay poder divino para elegir a otro Papa. Si los hombres se reúnen en Cónclave, ahí no sopla el Espíritu Santo. Y todo cuando haga ese hombre, elegido por los hombres, no por Dios, no pertenece a la Iglesia Católica. Lo hace con una autoridad humana, no avalada por la Autoridad Divina, con el Poder de Dios.

Esta Verdad es la que se debe comprender para poder discernir todo en la Iglesia. Si no se acepta esta Verdad, entonces pasa lo que vemos: todos siguiendo a un hombre, que ya ha dado muestras de que no tiene ninguna fe ni en Cristo ni en la Iglesia.

Y lo más grave es esto segundo: Francisco ha dado muestras de que no tiene fe; y muchos los siguen llamando Papa y dándole la obediencia. Esto es lo más grave, porque es señal de la apostasía de la fe dentro de la misma Iglesia Católica.

El pecado del Papa Benedicto XVI impide el gobierno divino en la Iglesia; pero el pecado de Francisco produce el cisma en la Iglesia.

Cisma significa ir en contra de una verdad de la Iglesia. El gobierno horizontal es ir en contra del dogma del Papado, ir en contra del orden divino en el Vértice. Y ese ir en contra es ya una obra consumada; no es sólo una desobediencia o una rebeldía. Durante 50 años, ha sido rebeldía de muchos sacerdotes y Obispos; ha sido desobedecer al Papa y hacerle la vida imposible. Pero, con el gobierno horizontal, es poner el cisma dentro de la misma Iglesia.

Los hombres se contentan con cualquier gobierno, como pasa en el mundo, y no caen en la cuenta de que la Iglesia es totalmente diferente al mundo, a los hombres, a la vida social, a la vida histórica, a la vida económica, a la vida de las diferentes culturas en el mundo.

Si al Papa Benedicto XVI ya no se le puede dar la obediencia porque ha renunciado a ser Papa, a renunciado a cumplir su misión en la Iglesia, mucho menos hay que darle la obediencia a un hombre que no guarda el dogma del Papado, al crear un nuevo gobierno en la Iglesia que se opone a todo; se opone, no sólo al Papado, sino a cualquier verdad, cualquier dogma, en la Iglesia.

El gobierno horizontal no guarda el depósito de la fe: está constituido por hombres (=sacerdotes, Obispos, Cardenales, laicos) que ya no creen en los dogmas, en las verdades de fe; en lo que hay que creer para salvarse y santificarse.

Si esos hombres que gobiernan una iglesia no tienen ley divina, ley moral, no cumplen los mandamientos de Dios, entonces ninguno de ellos trabaja para guardar la obediencia de la fe. Ninguno obedece a la Voluntad de Dios; todos obedecen a sus mentes humanas, a sus poderes humanos, a lo que cada uno quiere dentro de la Iglesia.

El cisma está ahí; pero no se da a conocer abiertamente, porque es necesario, antes, preparar los documentos, los escritos, las leyes, la nueva fe que debe regir las nuevas estructuras de la Iglesia.

Por eso, lo que predica Francisco, sus escritos, son una solemne tontería. No se pueden llevar a la práctica con unos dogmas en la Iglesia. Hay que desmantelar los dogmas, hay que anularlo todo, para obrar el comunismo y el protestantismo, que es la fe de Francisco. Por eso, Francisco sólo entretiene a las masas, pero en la práctica, ocultamente, se va preparando todo para pasar el relevo a otro, que comience a quitar dogmas.

Francisco, con su gobierno horizontal, ha anulado todo el dogma del Papado. Y, con ello, anula todo lo demás. Pero eso no se puede percibir, porque todavía hay reglas, hay leyes, que las almas cumplen y que, por tanto, les sirve para guardar los dogmas.

El Anticristo no puede entrar en la Iglesia hasta que no se quite todo dogma. Muchos sacerdotes, Obispos, ya no creen en muchas verdades, pero todavía en la Iglesia se siguen esas verdades. Tiene que ser la Iglesia entera la que renuncie a todas esas verdades. Y eso sólo se puede hacer poniendo una nueva fe, un nuevo credo, unos nuevos libros, una nueva doctrina. Y en eso están. Y, por eso, es necesario salir de las estructuras de Roma, de toda la Iglesia, para seguir siendo Iglesia, la Iglesia Católica, la cual no vive de estructuras, sino de la Palabra del Pensamiento del Padre.

La Iglesia es de Cristo Jesús, no de ningún hombre, de ningún Papa, de ningún sacerdote, de ningún Obispos. La Iglesia le pertenece sólo a Jesús. Las almas son sólo de Jesús, no de las estructuras de la Iglesia. Y, por eso, Cristo Jesús es el que gobierna ahora, directamente, a cada alma en Su Iglesia.

Ya Cristo no gobierna por medio de la Jerarquía. No hay que obedecer a ningún sacerdote, a ningún Obispo, a ningún Cardenal. Sólo se da la obediencia a aquellos Pastores que guardan íntegramente todo el depósito de la fe. A los demás, nada. Quien guarda la Verdad guarda también la obediencia. Pero quien no guarda la Verdad, no es merecedor de obediencia. La Iglesia es construida por la Jerarquía que guarda el depósito de la Fe; la Iglesia es destruida por la Jerarquía que se aparta del depósito de la Fe.

El cisma pronto se va a ver claramente, porque eso es lo que ellos desean. Esa Jerarquía que está en Roma sabe lo que está haciendo: no son tontos, pero tienen que disimular, poner cara de que aquí no pasa nada. Están dando tiempo al tiempo, entreteniendo a la gente, engañando a todo el mundo con vanas palabras. Ahora, todos en la Iglesia quieren mandar, decidir, decir lo que es bueno y lo que es malo; porque el poder se ha repartido. Y todos quieren una tajada. Y, por eso, se va a ver en cada diócesis comportamientos y obras muy diferentes; porque cada uno va a hacer su iglesia, como cada mente se la fabrica.

El Espíritu de la Iglesia está en el desierto. Y hay que ir al desierto para ser Iglesia, para continuar siendo Iglesia. Hay que ir saliendo de todas las estructuras. Esto es lo que la Jerarquía no acaba de comprender.

Los sacerdotes, los Obispos, tienen miedo de oponerse a ese gobierno horizontal, porque no viven la fe. Han dejado de creer en el dogma del Papado. Ya hace mucho que no creen en esa Verdad. Y se contentan con medianías, con acomodarse a lo que tenemos, a lo que se ofrece en Roma y, entonces, se meten, ellos mismos, en el juego del cisma. Producen, sin saberlo, el cisma en toda la Iglesia. Si ni batallan por la verdad en la Iglesia, siguen la mentira y obran la mentira.

Nadie ha luchado por Pedro en la Iglesia. Ahora tenéis lo que habéis querido: un hombre idiota que os entretiene y que os da dinero y poder. Y así os ata a su mentira.

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1 comentario

  1. Verónica dice:

    “Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas”, eso es lo que ocurrió con nuestro querido Papa Benedicto Xvi , y todo este mal, esta herida al corazón de la Iglesia sucedió por nuestra falta de oración. Su papado está asociado a los olivos, los olivos que son triturados y macerados hasta el dolor, Cristo vivió su peor agonía en el monte de los olivos , y sabemos que el cuerpo de Cristo debe sufrir también las Horas de la Pasión. Dios ha permitido este gran engaño, llamado Francisco, ha dejado que los hombres gobiernen a su antojo a su Iglesia, estamos viviendo con Francisco la coronación de espinas, una Iglesia despojada de toda su majestad, herida en su dignidad y que es el objeto de burla continua por parte de estos payasos G-8, Dios lo ha permitido, pues de este martirio y agonía saldrá purificada. Si ha caído nuestro Pastor , adónde irán las ovejas??? Existe un camino seguro , un refugio que no falla, El inmaculado Corazón de María, nuestra Santa Madre lo dice siempre en sus mensajes, que es áncora de salvación, Arca de la Nueva Alianza; quien se consagra a María nunca se pierde , encuentra al Corazón de Cristo.

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