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Jesús enseña a San José la verdadera sabiduría

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«José fue para Jesús ejemplo y maestro de esta sabiduría, que se nutre de la Palabra de Dios. Podemos pensar en cómo José educó al pequeño Jesús a escuchar las Sagradas Escrituras, en especial acompañándole el sábado a la sinagoga de Nazaret. Y José lo acompañaba para que Jesús escuchara la palabra de Dios en la sinagoga» (Francisco, 19 de marzo 2014).

El Evangelio enseña que «El Niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en Él» (Lc 2, 40).

El Evangelio no enseña que José fuera ejemplo y maestro de sabiduría. El Evangelio no enseña que José educó a Jesús a escuchar las Sagradas Escrituras.

Este es el gravísimo error de Francisco.

Jesús es la Palabra de Dios. ¿Qué significa eso? Que las palabras contenidas en las Sagradas Escrituras son del Verbo, son de la Palabra del Padre. Y Jesús es el Verbo Encarnado. Conclusión: Jesús no tiene que aprender de nadie las Sagradas Escrituras porque Él es el Autor.

Es José el que aprende de Jesús la Palabra de Dios. Jesús es el maestro y el ejemplo de la Sabiduría Divina para José.

¿Por qué llega a este gravísimo error Francisco? Sólo por una cosa: Francisco no cree en Jesús. Francisco no tiene fe en Cristo. Francisco no imita a Cristo en su sacerdocio. Francisco está en la Iglesia para construir una nueva iglesia y para dar un falso Cristo a todo el mundo.

A las almas, dentro de la Iglesia Católica, les cuesta entender que estamos viviendo en la Gran Apostasía.

Y es un tiempo para el demonio, y sólo para el demonio.

Es el tiempo de la Justicia Divina. Y eso no significa que no haya Misericordia, sino que se da la Justicia sin posibilidad de Misericordia. En otras palabras, es un tiempo de condenación para muchas almas.

Si no comprenden este punto, no entienden lo que pasa en la Iglesia.

Lo que sucede en la Iglesia es cosa del demonio, que guía las mentes de los hombres, porque él es maestro en hablar a la mente. Para el demonio es fácil guiar a un sacerdote, a un Obispo, a un Cardenal, a un fiel en la Iglesia. ¡Muy fácil! Sólo vean a Francisco, cómo vive adorando su mente. El demonio le pone todo en su mente. Y, después, le es fácil hablar mintiendo. Francisco nunca dirá una verdad bien dicha, sin una mentira. ¡No puede! Pero esto muchos no lo ven, no lo comprenden. Y tampoco quieren verlo.

“Él no era el padre de Jesús: el padre de Jesús era Dios, pero él le hacía de papá a Jesús, le hacía de padre para hacerlo crecer”.

El padre de Jesús no era Dios. Esta forma de hablar es herética en teología. Dios, tomado de forma absoluta, no es padre, no es hijo, no es espíritu santo. Dios es un ser, único, infinito, absoluto, eterno. Pero Dios no es Padre. Dios tiene una Persona Divina, que se llama Padre. Y tiene otra Persona Divina, que se llama Hijo. Y tiene otra Persona Divina, que se llama Espíritu Santo.

Y, en teología, hay que hablar claramente. Y, cuando se predica a la gente, hay que hablar claramente. Y hay que decir que Jesús tiene un Padre, que es Dios, como Él lo es. Pero decir: “el padre de Jesús era Dios”, es estar diciendo una grave herejía.

Estas cosas, a la gente se le pasa por alto; pero es, en estas cosas, tan pequeñas, cómo se coge la mentira de Francisco, la herejía de Francisco. No se queden en el lenguaje bonito, palabra bella, que emplea Francisco a toda hora, pero que está llena de herejía en cada frase. ¡Busquen las herejías! ¡No se queden en lo barato del lenguaje!

El demonio habla a la mente de Francisco. Y Francisco dice lo que le habla el demonio. Así funciona esto en muchos sacerdotes y Obispos. Han crecido tanto en soberbia, que sólo miran su razonamiento humano, y no saben salir de sus ideas humanas, de su lenguaje humano, de sus filosofías humanas, de sus teologías.

Se llenan de pensamientos, leen cantidad de libros llenos de herejías, porque les gusta los teólogos protestantes, soberbios, que lo quieren analizar todo con su mente, que lo especulan todo, que trituran con su pensamiento humano la Palabra de Dios: la cambian, la tergiversan, le añaden palabras, le quitan otras. Y así se pasan todo el día: en sus mentes humanas. Y predican lo que predican: su basura intelectual.

Estamos en el tiempo de la condenación de almas, porque es necesario purificar la Iglesia; es decir, vaciarla de gente que no sirve para nada; sólo está para ganar dinero y para tener poder en la Iglesia.

La Iglesia ya no se dedica a salvar almas, a darles un camino de santidad, sino que se dedica a la vida humana, a las obras humanas, a lo que quiere el hombre, a lo que le gusta el hombre, a las conquistas del hombre.

Y, por eso, estamos en la Apostasía de la fe; es decir, con una fe humana en muchos sacerdotes, Obispos, Cardenales, fieles. Fe humana: no creen en nada, sólo en sus cabezas humanas. Todo es de tejas para abajo. Se habla de Dios, y de muchas cosas, pero, lo que importa, es realizar una vida humana, una obra humana, un trabajo humano.

Para ser Iglesia hay que poseer la fe divina. Y esta fe es sólo un don de Dios. Dios la da a quien quiere, cuando quiere y como quiere.

Mucha gente está en la Iglesia con su fe humana. Y saben muchas cosas de teología, han leído muchos libros, y sólo tiene una fe humana, una fe intelectual, una fe para su mente humana, una fe para su vida humana, una fe para su palabra humana.

Y Dios no da la fe porque se tenga un Bautismo, o se comulgue, o se case por la Iglesia, o se sea sacerdote.

Los Sacramentos son una cosa; la Gracia es otra, la Fe es otra.

Para tener Fe, el hombre tiene que saberla pedir a Dios; con humildad, con sinceridad de corazón y con pureza de vida.

Un hombre soberbio, un hombre cerrado a Dios, un hombre en sus pecados, no puede tener Fe. Dios no da la Fe así porque sí, porque se lo merezcan los hombres.

Los hombres no nos merecemos nada de Dios. Es Dios quien va dando. Y Él sabe a quién dar y a quién no dar. Él es Justo en el Don.

El hombre tiene que merecer la Fe. Tiene que trabajar por la Fe divina.

El gran problema de los sacerdotes, Obispos, fieles, es que sólo trabajan por su fe humana.

¡Hay que trabajar por lo divino! ¡No por lo humano!

Y, por eso, hay que saber pedir a Dios las cosas divinas. Y un hombre soberbio no sabe pedir a Dios nada, sino que continuamente le exige a Dios; culpa a Dios de todos los males de su vida; no puede comprender los caminos espirituales, divinos, celestiales.

El primer trabajo del hombre para merecer la Fe es luchar contra su soberbia. Si no hay humildad, Dios no puede dar la Fe a un hombre.

Si los hombres no batallan, diariamente, contra sus soberbias, Dios no da la Fe.

Para tener Fe es necesario que el hombre vea que su mente humana no es lo principal en la vida; que no es algo absoluto; que no tiene importancia; que no sirve para hacer la Voluntad de Dios.

Y esto cuesta mucho comprenderlo en un mundo que ha puesto la razón humana por encima de la Mente de Dios, de la ley Divina, de la Ley natural, de la norma de moralidad. ¡Cuesta muchísimo! Y, por eso, tana gente que se cree que por tener teología o por saberse el catecismo, ya tiene Fe.

En la Iglesia sólo se ve gente intelectual, pero que no sabe, en la práctica, hacer la Voluntad de Dios, buscar algo divino; buscar lo que le agrada a Dios; no sabe discernir pensamientos humanos; no sabe ver al demonio en nada; no sabe ver a Dios en nada. Sólo ven sus ideas brillantes, sus razonamientos, que sólo sirven para cegarlos más y más a sus soberbias, y sólo quieren obrar como los hombres lo hacen en todas partes para así construir un mundo de hombres.

Si las almas no luchan contra sus soberbias; si no ponen sus magníficas cabezas en el suelo; si no humillan sus orgullos, su yo personal, independiente, autoritario; entonces, nunca Dios les va a dar la Fe.

Una persona puede ser muy intelectual, muy dada a la razón, pero estar abierta a Dios. Un Santo Tomás de Aquino: su razón no se perdía en sus razonamientos humanos, porque su corazón estaba abierto a la Verdad y, por tanto, sabía usar la razón en la Voluntad de Dios, en el Amor Divino, en la Gracia, siguiendo al Espíritu de la Verdad. Y, por eso, hacía su teología delante del Santísimo. Era humilde, no caía en soberbia, porque es antes el corazón que la mente del hombre. Para saber teología, para no tener ningún error en teología, para saber predicar sin mentira, primero hay que amar a Dios.

Muchos hacen su oración intelectual, según su mente. Y se quedan en sus soberbias. No van a la oración a aprender a amar a Dios; van a la oración a contarle michas cosas a Dios, según lo que cada uno busca en su mente. Es una oración soberbia, mental, intelectual, cerrada a Dios.

Para orar, hay que poner la mente en el suelo, y dejar que Dios guíe el alma en la oración. Que dios ponga sus deseos, sus intenciones; que Dios muestre el camino de la oración, en donde se encuentra siempre el amor divino.

Muchos sacerdotes ya no oran así. No tienen tiempo. Y, entonces, viven, en sus ministerios sacerdotales, con un corazón cerrado a la Verdad.

Si hay soberbia, si el corazón no se abre a Dios y si se vive en pecado, si se busca el pecado, si no se lucha contra el pecado, Dios nunca dará la fe a un alma.

El alma tiene que merecer la Fe, el Don de Dios. Porque son estas tres cosas: soberbia, orgullo y lujuria de la vida, lo que hace perder la fe. Y, una vez que se pierde, es dificilísimo volverla a tener.

Dios no da la fe a un alma si sabe que por su soberbia, por su orgullo, por su lujuria de la vida, la va a perder.

Dios sabe cuándo un alma está dispuesta para recibir ese don. Por eso, el alma tiene que saber pedir ese don: Tiene que pedirle a Dios que disponga su alma, que purifique su alma, que le muestre lo que tiene que hacer para conseguir la Fe.

¡No sigan a Francisco porque es un hombre sin fe divina, sólo con su fe raquítica, herética., sentimental, ciega, basada en su mente humana! Es una fe propia de un comunista, de un protestante, de un masón. Pero nunca es la fe de un católico.

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3 comentarios

  1. Verónica dice:

    Bergoglio y sus herejías, sus interpretaciones personales de la Santa Biblia, su concepción humanista y a la vez marxista que lo hacen caer en continuas ambigüedades y contradicciones con la verdadera Fe, y como no olvidar sus frases célebres pseudo filosóficas :
    Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El «tiempo», ampliamente considerado, hace referencia a la plenitud como expresión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al futuro como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.
    ¿Quién puede dudar de que es muy fácil de entender? ¿A quién se le ocurre cuestionar que así se dicen las cosas directamente? A los pepinillos en vinagre…

  2. Elías dice:

    Cuando en el libro del Genesis dice Dios “..más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, pues el día que comieres de él ciertamente morirás” creo yo que se refiere a que nuestra vida espiritual se nutre de la Fe que ponemos en Dios, cuando decidimos ser nosotros, nuestra mente, los árbitros del bien y del mal, es cuando experimentamos la muerte espiritual, que a menos que nos convirtamos nos llevaría a la muerte eterna. El que no entrega su mente a Dios se la entrega al diablo?

  3. Raul Patiño dice:

    Es claro que Bergolio quiere hacer énfasis en la Sinagoga como bastión judío y desde allí señalar que Jesús aprendió, negando plan divino. Muy al contrario, Santo Tomás dijo:
    “Es verdad que Cristo, desde el inicio de su concepción, estuvo lleno de sabiduría y de gracia. Sin embargo, no la manifestó desde el principio, sino cuando suelen los demás. Se dice que crecía entonces en sabiduría, no porque hubiese más en Él, sino por el efecto con el que crecía en lo demás. Si hubiese querido mostrar su sabiduría a los siete años, los hombres habrían podido dudar de que hubiese asumido una verdadera naturaleza humana.”
    http://www.elcatolicismo.co

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