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Nadie ama a Pedro en la Iglesia

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«Él ha sido verdaderamente un gran don que el Corazón de Jesús ha dado a la Iglesia. Su misión está cumplida (…) ahora Él desde el Paraíso, con su poderosa ayuda de intercesión, estará cerca de vosotros para ayudaros a cumplir vuestra misión» (La Virgen María al P. Gobbi – En la muerte del Papa – 9 de agosto 1978).

Nadie ama a Pedro en la Iglesia: éste es el resumen de 50 años de Concilio Vaticano II. Esto es lo que ha hecho el demonio dentro de la Iglesia. Una Iglesia dividida porque se dedica a criticar a los Papas y se ha olvidado de amarlos.

Por supuesto, que ninguno de los que critican creen en las Palabras de la Virgen sobre Pablo VI. Fue un gran don y está en el Paraíso.

Y, entonces, los soberbios de a pie empiezan a hurgar sus mentes y sacar todos los trapos sucios que se han dado con Pablo VI. Y le llaman hereje y le culpan de todo el mal que la Iglesia ha arrastrado desde el Concilio Vaticano II; y no saben medir a Pablo VI como lo mide Dios.

Un Papa llevado a la cumbre de la santidad, porque, diariamente, se inmolaba en silencio por toda la Iglesia, de la cual era la Cabeza Visible.

Y nadie se ha dado cuenta de esa inmolación, de esa victimación, de ese sufrimiento, de ese martirio en la Cruz del Papado.

Nadie sabe discernir entre los pecados personales y los pecados contra la Iglesia. Nadie ha aprendido lo que significa el carisma de Pedro. Nadie ha comprendido cómo Cristo guía a Su Iglesia en medio de demonios.

Todos quieren medir la Iglesia con sus filosofías, con sus teologías, con su loca soberbia humana. Y nadie inclina su cabeza, descubre su cabeza, abaja sus pensamientos, machaca sus ideas brillantes de la santidad, para aprender qué santidad quiere el Señor de cada alma en Su Iglesia.

Pablo VI: un Papa en medio del infierno. Un Papa al que le hicieron la vida imposible para que no ejerciera su misión de Papa. Y, por eso, en Su Pontificado, se sienta el demonio en la Silla de Pedro, a su lado.

Y si esto no lo saben discernir en el Espíritu, entonces callen sus bocas sobre Pablo VI.

“Satanás, Lucifer en forma humana, entró en Roma en el año de 1972. Él estorbó el gobierno, las funciones del Santo Padre, Paulo VI. Lucifer ha controlado a Roma y continúa este control ahora. Y Yo os digo, hijos Míos, que a menos que oréis y hagáis conocer Mi aviso a todos los padres que gobiernan en la Ciudad Eterna de Roma, la Iglesia de Mi hijo, Su casa, serán forzados a entrar en las catacumbas. Una gran lucha acecha adelante a la humanidad. El resultado final es para el bien de todos, porque esta aflicción en la Iglesia de Mi Hijo será un verdadero campo de prueba para todos los fieles. Muchos santos de los últimos días se levantarán de la tribulación.” (Nuestra Señora a Verónica Lueken , 7 de Septiembre, 1978).

Pero, estas palabras de la Virgen, ¿a quién le importa? ¿Esa Verónica está aprobada o no por la Iglesia? ¿Eso que cuenta de que Lucifer en forma humana ha entrado en la Iglesia, ¿quién se lo cree? ¿De qué manera el demonio puede estorbar las funciones del Santo Padre, si el Papa es libre, si Dios ha dado libertad a todos para que obren sin coacción?

Estas y otras muchas preguntas se hacen los que no creen; es decir, los que sólo creen en sus ideas humanas para analizar la Iglesia.

Para entender la situación de la Iglesia desde 1958, tienen que dejar sus mentes a un lado. Si no hacen esto, nunca van a comprender nada.

Los pecados personales de un Papa no dividen la Iglesia, no anulan la Iglesia, no destrozan la Iglesia.

Los pecados contra la Iglesia eso es lo que divide la Iglesia.

Pablo VI nunca pecó contra la Iglesia. ¡Nunca! Nunca hizo nada en contra del Magisterio auténtico de la Iglesia. Nunca nada en contra del Evangelio. Nunca nada en contra de la moral, de la ley divina, de la ley natural. ¡Nunca!

El Papa Benedicto XVI hizo un pecado contra la Iglesia: su renuncia. Y eso ha dividido la Iglesia; eso ha anulado la Iglesia; eso ha destrozado la Iglesia.

Francisco, que no es Papa, lleva un año construyendo su nueva iglesia sobre la base del pecado de Benedicto XVI. Sobre un pecado, Francisco levanta una torre de babel.

Pablo VI tuvo que morir escondido, sin el apoyo de nadie, sin la ayuda de nadie, sin el reconocimiento de nadie; porque se dedicó a expiar los pecados de toda la Iglesia. Pero esto a nadie le interesa.

Los pecados personales de la Jerarquía no dividen la Iglesia. Un sacerdote puede ser muy pecador, será mujeriego, dado a los placeres, avaricioso; pero eso no hace nada en la Iglesia. Hay que rezar por él para su conversión. Pero un sacerdote que, además de sus pecados personales, se dedica a ir en contra del dogma, de las enseñanzas de los Santos, entonces viene el problema para toda la Iglesia.

Mientras la Jerarquía no se meta con el dogma, con la doctrina de Cristo, con el Evangelio, entonces la Iglesia funciona siempre. Pero cuando la Jerarquía comienza a predicar herejías: no existe el infierno, no hay Justicia Divina, Adán y Eva son un cuento, no existen los milagros, etc.; entonces a esa Jerarquía no se le puede obedecer.

A una Jerarquía que peca por debilidad en pecados personales, hay que seguir obedeciendo. Pero a una Jerarquía que va en contra del dogma, se acabó la obediencia, porque ya no son Iglesia, aunque se sigan vistiendo de sacerdotes, Obispos, etc.

A Pablo VI, a Juan Pablo II: obediencia porque no cometieron pecados contra la Iglesia. Otros fueron los que lo hicieron. Y de muchas maneras, suplantando a un Papa, que es lo que muchos todavía no entienden: Lucifer en forma humana. ¿Es que no tenéis inteligencia? ¿Es que hay que explicarlo todo?

El control de Roma por el demonio desde el año 1972 hay que saberlo discernir en el Espíritu. Y poner cada cosa en su sitio: lo que es del Papa, lo que es del demonio, lo que es de la Jerarquía. Porque si no se hace así, entonces toda la culpa a Pablo VI, toda la culpa a Juan Pablo II.

Nadie ama a Pedro en la Iglesia. A nadie le importa Pedro. Y, por eso, ahora todos se esfuerzan en ponerse como cabeza en la Iglesia, como los que saben organizar la Iglesia, como los que van a salvar a toda la Iglesia. Este es el fruto que trae Francisco a la Iglesia.

Su gobierno es anarquía: no hay ordenamiento divino. Se ha cargado la Verticalidad de la Iglesia, que es el orden divino en la Iglesia. Sin ese orden, es decir, con un gobierno horizontal, sólo se da la anarquía. Y tendremos lo que dice la Virgen, que nadie, por supuesto, hace caso:

“Lo que predije en Fátima está en proceso de cumplirse. La obra del diablo se infiltrará incluso al interior de la Iglesia de tal modo que se verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos” (La Virgen a Agnes Sasagawa en Akita, Japón, 13 de octubre del 1973).

Todos quieren mandar, porque nadie ha amado a Pedro durante 50 largos años. ¡Nadie! ¡Y menos ahora! Ahora, la gente anda despistada y ya no sabe llamar a nadie por su nombre.

No saben llamar a Francisco como impostor. Todavía andan preguntándose si Francisco es Papa o no. No saben llamar al Papa Benedicto XVI como verdadero, pero inútil Papa, como el que no cuenta, por su pecado de renuncia. No cuenta, porque no terminó su misión. La dejó a un lado. No llegó hasta el final. Y eso es gravísimo para la Iglesia. El poder de Dios sigue en él, por ser Papa, pero no cuenta, no sirve. Hay que ser fieles a él, por ser Papa verdadero, pero sin obediencia, porque no quiere ser Papa.

Éste es el absurdo que vivimos en la Iglesia. Y todos se pasan criticando a la Iglesia y a los Papas. Y nadie critica a quien no se merece que esté en la Silla de Pedro.

“Escucha, hija Mía, y repite después de Mí: el Oso Marrón del comunismo, de orientación roja, buscará devorar al Santo Padre, vuestro Vicario el Papa, por asesinato, y colocar en la sede de Pedro a un títere comunista conocido como el Oso Blanco.” (Jesús, 18 de junio 1991).

Francisco es un títere comunista. ¿Es que todavía no lo saben? Es un títere con el espíritu del falso Profeta; pero no es el Falso Profeta en la realidad, porque no señala al Anticristo. Francisco es un pobre hombre que se ha pasado un año pidiendo dinero a los ricos, a la Iglesia, a todo el mundo para dar de comer a sus pobres. Eso no lo va a hacer el Falso Profeta. Francisco tiene su espíritu, porque hay muchos falsos profetas, pero Francisco es:

“Él con sus seguidores están decididos a colocarse en Mi Trono y a regir el mundo vestidos de profetas” (Vassulla, 27 de mayo de 1993).

Francisco es el que ha quitado del trono al Papa verdadero y se ha subido al podio. Y ahora reina, con el aplauso de una Jerarquía que no representa a la Iglesia, sino que está ya representando a la nueva iglesia. Y reina haciendo de falso profeta, diciendo sus mentiras cada día para entregar a la Iglesia a su sucesor en el mal.

Francisco tiene seguidores en el gobierno. Después de él, vienen muchos más, porque se ha acabado el Papado con Francisco.

Si no quieren entender lo que pasa en la Iglesia actualmente con las profecías, entonces se van a pillar los dedos con sus filosofías, sus teologías, sus moralinas.

Cristo guía a Su Iglesia, en estos momentos, en el desierto: «le fueron dadas a la Mujer dos alas de águila grande para que volase al desierto, a su lugar, donde es alimentada por un tiempo, y dos tiempos, y medio tiempo lejos de la vista de la serpiente» (Ap 12, 14)

Con la renuncia del Papa Benedicto XVI se abre el tiempo del desierto. Y ya ha pasado un tiempo. Estamos en los dos tiempos, y son los más terribles, porque se destroza toda la Iglesia.

Si no quieren creer, no crean. Pero aquí se ama a todos los Papas, aunque hayan sido grandes pecadores.

Aquí no se ama a Francisco ni a los suyos; aquí no se necesita la opinión de nadie.

Esto es sólo una luz en el desierto, para dar una gota de verdad auténtica a las almas que así lo quieran. Los demás, sigan su camino.

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