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Toda la Iglesia colapsada por su misma Jerarquía

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“El evangelio de la familia se remonta a los albores de la humanidad”. Así comienza Kasper su herética intervención en el Consistorio extraordinario sobre la familia.

Comienza con una opinión que va en contra de la Palabra de Dios: «En el Principio era el Verbo» (Jn 1,1) . En el Principio no era el evangelio de la familia. No existe un evangelio de la familia que se remonta a los albores de la humanidad, sino que en esos albores sólo era el Verbo, es decir, la santísima Trinidad.

Cuando Dios crea al hombre y a la mujer no crea un evangelio de la familia. No crea nada. Crea un matrimonio, el de Dios, pero que Adán rompió por el pecado.

Kasper dice que este evangelio de la familia “fue dado por el Creador en su camino”; es decir, cuando Adán y Eva comenzaron a caminar, allá en el Paraíso, entonces Dios les dio este evangelio.

Y en los relatos del Génesis no se ve que Dios dé este evangelio a los hombres. Dios da al hombre un camino para ir al Cielo en el Paraíso: le pone una prueba al hombre. Y esa prueba, Adán no la pasó. Adán pecó. Y, entonces, el hombre se mete en un estado de pecado, desde que nace hasta que muere, que es el pecado original. Y así dura el hombre hasta Cristo, viviendo en el pecado, sin Gracia y sin Espíritu. Y Dios va guiando al hombre, va formando la fe en el hombre, por medio de Sus Profetas; pero todavía no existe el Evangelio; existe la Palabra de Dios que se da por medio de los Profetas, por medio de la fe de algunos hombres escogidos por Dios para guiar a Su Pueblo, para gobernar Su Pueblo y prepararlo para el Mesías.

Y hasta Cristo no hay Evangelio. Y, con Cristo, se da el Evangelio; pero no el de la familia, ni tampoco el de la fraternidad. El Evangelio es la Palabra del Padre; es la Palabra del Hijo; es la Palabra del Espíritu. Y no es más que eso.

Dios no dio al hombre el evangelio de la familia cuando lo creó, cuando comenzó su camino en el Paraíso.

Kasper miente; y, en esa mentira, anula la Palabra de Dios, la tergiversa, dice su opinión, su pensamiento humano. Y, entonces, da una charla totalmente herética, desprovista de la Verdad. Si no comienza con la Verdad, y la Verdad es luz, es Vida, es conocimiento; entonces lo que da es oscuridad, muerte y trampa.

Los sacerdotes, los Obispos, ante esta intervención de Kasper, no han sabido ver el error de Kasper, no han ido a la raíz de su discurso herético: Kasper habla en contra de la Palabra de Dios desde el principio de su discurso. Y no hay que ir al final de su charla para estar confrontando lo que dice. Lo que dice al final, su planteamiento sobre la comunión a los divorciados, es la consecuencia de lo que dice al principio. No pierdan el tiempo con las palabras de Kasper: ataquen la raíz. Y la raíz es su orgullo, que pone su opinión humana por encima de la Sagrada Escritura.

Kasper, al poner este evangelio de la familia en la creación del hombre, tiene que concluir así: “Por lo tanto, la institución del matrimonio y la familia se aprecia en todas las culturas de la humanidad”. Esto es lo que le interesa a Kasper: ver el matrimonio, ver la familia, como una cuestión humana, de las culturas propias de la vida de los hombres. Y anula el pecado original, el cual revela la situación de toda unión entre hombre y mujer desde Adán.

Con el pecado original, hay muchas uniones entre hombre y mujer, que no son el matrimonio que Dios quiere para el hombre. Y, por tanto, en todas las culturas de los hombres no hay ni matrimonio ni familia. No existe la institución del matrimonio ni de la familia, porque Adán se lo cargó con su pecado. Existe el plan de Dios para llevar al hombre a ese matrimonio. Y, por eso, Cristo eleva el matrimonio al plano del Sacramento, de la Gracia, del Espíritu. Pero sólo lo eleva. Le toca a cada hombre y a cada mujer, ser fieles a la gracia del Sacramento del Matrimonio para que puedan alcanzar, en su matrimonio, lo que Dios quiere de ellos dos, la familia que Dios quiere de ellos dos.

Como todo esto, no lo plantea Kasper, entonces se dedica a contar cuentos en ese Consistorio, a dar un planteamiento equivocado sobre la familia y el matrimonio.

Kasper se mete en el juego de su lenguaje humano, que es la misma táctica que emplea Francisco: decir cosas bellas sobre el matrimonio y la familia, apoyarse en la Tradición, en los Santos, en el Magisterio de la Iglesia, pero para tergiversarlo todo con su idea, con su lenguaje, con su filosofía totalmente herética.

A los sacerdotes y Obispos se les engaña tan fácilmente con el lenguaje humano, con un Kasper y un Francisco que son maestros en emplear las palabras que ellos saben que hacen daño en la Iglesia. Pero las dicen revestidas de belleza en la exposición de su discurso. Dicen muchas cosas que suenan bien al oído del que escucha, pero que, si se meditan, es una tremenda herejía. Ni Francisco ni Kasper ataca directamente un dogma, sino de forma indirecta, sin que nadie caiga en la cuenta, porque ellos conocen cuál es la Verdad en la Iglesia, pero no quieren seguirla; tienen que rodearla de muchas maneras para dar su mentira, su engaño. Esta es la maldad de esos dos sujetos, que son el uno para el otro: tienen los dos un alma oscura, un corazón orgulloso, un espíritu diabólico.

Y da pena ver cómo está la Iglesia sin combatir a estos dos herejes por la Jerarquía. Los hombres de la calle captan la verdad, mucho antes que los sacerdotes y Obispos. La gente de fe sencilla, al oír a Francisco, enseguida ven que eso no va bien. Pero los sacerdotes y Obispos, que son los encargados de dar la Verdad a los fieles, callan y tienen miedo de hablar, porque están sometidos a Francisco. Francisco los somete, les impone la obediencia a sus mentiras, a sus enunciados, a sus proposiciones. Y esto es muy fácil hacerlo por la falsa obediencia que existe a la Jerarquía en la Iglesia. Los hombres no han comprendido lo que significa obedecer en la Iglesia. Y creen que con obedecer a un hombre, que representa a Dios, a Cristo, ya está la obediencia.

Y toda la Iglesia tiene que obedecer a la Verdad, que es Cristo. Desde el Papa hasta el fiel último en la Iglesia. Si no existe esa obediencia, las demás no sirven para nada; sólo para confundir y guiar a las almas, esclavas de un pensamiento humano, que quiere imponerse a los demás porque se es Jerarquía.

¡Con cuánta facilidad los sacerdotes, los Obispos, invocan la obediencia de sus fieles porque ellos están en un gobierno, porque tienen un poder de mandar! Y, entonces, no ponen delante de ellos a Cristo, sino sólo su pensamiento humano, su idea humana, su opinión humana.

Cristo guía a Su Iglesia a través de Su Vicario, el Papa. Siempre lo ha hecho así. Siempre. A pesar de lo que era ese Papa, a pesar de todo el pecado de la Jerarquía, que no obedece a ese Papa, a pesar de todo el mal que los hombres han hecho a Su Iglesia. La Iglesia se mantiene porque hay un Papa. La Iglesia no se mantiene porque hay hombres que hablan muchas cosas y obran otras tantas.

Si hay un Papa que el Señor ha puesto, entonces, todo funciona en la Iglesia, aunque haya tanto pecado, como se ha visto desde hace 50 años. A pesar de lo que se ha hecho en contra de la Verdad de la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II, hay que obedecer al Papa. Esto es lo que los hombres no han hecho y, ahora, todo el mundo criticando a los Papas anteriores. Y aquel que no defienda a los Papas, que no defienda a Juan XXIII, a Pablo VI, a Juan Pablo I, a Juan Pablo II, a Benedicto XVI, no obedece a Cristo en la Iglesia y se pone fuera de la Iglesia.

La primera obediencia en la Iglesia es a Cristo. Y Cristo ha puesto una cabeza, un Papa, para que todos, en la Iglesia lo obedezcan. Cristo habla siempre a través del Papa. Por tanto, quien habla en contra del Papa no es de Cristo, no sigue a Cristo, produce en la Iglesia cisma, herejía, división, desconcierto.

El trabajo del demonio ha sido sólo anular al Papa de muchas maneras, para conseguir que todo el mundo critique al Papa, hable mal del Papa, y así hacer que el Papado no sirva para nada.

Nunca hay que culpar a un Papa de lo que sucede en la Iglesia, porque son dirigidos por Cristo en todas las cosas para mantener a la Iglesia en la unidad. Y, aunque el Papa sea pecador, y gran pecador, como en la historia de la Iglesia se puede ver, el Papa no tiene culpa de todo lo demás que pasa en la Iglesia, porque su misión es protegida por Cristo. Él lo ha puesto ahí para guiar a toda la Iglesia hacia la Verdad. Y este es el Misterio de la Gracia y del pecado. Ningún Papa en la Iglesia es el culpable de lo que pasa en la Iglesia. Si esto no se tiene claro, entonces no hay Iglesia, no existe la Iglesia, la Iglesia es sólo un conjunto de hombres, y cada uno da su opinión, pero no existe una Verdad a seguir.

Esto es lo que vemos con Francisco y todos los suyos. Y la razón: porque no es Papa. Cristo no dirige la Iglesia a través de Francisco. ¡Así de sencillo! Cristo no guarda la misión de Francisco en la Iglesia y, por tanto, todo lo que ocurre en la Iglesia la culpa es de Francisco.

Durante 50 años, desde el Papa Juan XXII hasta el Papa Benedicto XVI, la culpa de todo lo que ha pasado en la Iglesia es de los sacerdotes, Obispos, Cardenales, fieles que se han opuesto al Papa y han creado todo un desorden. Y los Papas han estado prisioneros en el Vaticano, rodeado de gente de la masonería, por sacerdotes, por Obispos, por Cardenales que no representan a Cristo, que no representan a la Iglesia de Cristo, porque no obedecen al Papa.

Toda esa gente, que son lobos vestidos de piel de oveja, odian a Cristo, odian las Verdades que hay en la Iglesia, odian a la Iglesia, odian sus sacerdocios, y han gastado 50 años esparciendo mentiras tras mentiras, engaños tras engaños acerca de todas las cosas divinas, sagradas, celestiales, santas.

Y sus obras han llevado al colapso de la Iglesia Católica. No hay quien, dentro de la Iglesia, pueda dedicarse a dar la Verdad, a obrar la Verdad, a vivir la Verdad, porque todos están bajo una falsa obediencia, que toda esa gente ha creado.

Y, por eso, ahora exigen obediencia a un traidor, a un mentiroso, a Francisco. Es el juego de la Jerarquía de la Iglesia, que ya no imita a Cristo, que ya no es otro Cristo en la Iglesia, que le importa un rábano la vida auténtica de Cristo. Y están en esa Jerarquía para destruir a Cristo y a Su Obra, que es la Iglesia, con sus mentes humanas, con sus lenguajes humanos, con su teología protestante y científica.

Y esto no es un accidente en la Iglesia. Esto ha sido deliberada y astutamente trazado para destruir la de fe la Iglesia, para destruir el Evangelio de Cristo, para destruir toda Verdad, toda ley divina, toda ley natural, toda moralidad.

¿Pero qué se creen que es Francisco? El que más ha trabajado en la Iglesia durante estos 50 años para llevarla al colapso y, ahora, subirse al podio para dar el camino de salvación a la Iglesia. Ahora se muestra como el que tiene la solución a los problemas de la Iglesia, cuando ha estado trabajando para arruinarla por dentro y desde dentro. Y, por es, anula el Papado, pone su gobierno horizontal, pone su consejo económico, en el que ya el Papa no tiene autoridad, ya no decide, sólo es el que firma un documento para aprobar lo que otros deciden. Y se dedica a pedir dinero a los hombres ricos para quitar la hambruna del mundo. ¡Esa es la magnífica solución de ese idiota! ¡Y todos bajo la falsa obediencia a ese idiota!

Después de la renuncia del Papa Benedicto XVI es Cristo quien dirige Su Iglesia desde el Cielo. Ya no la dirige por Su Vicario. La razón: el pecado de Su Vicario. Que Cristo juzgue al Papa Benedicto XVI. No le toca eso juzgar a la Iglesia.

A la Iglesia le toca seguir obedeciendo a Cristo. Y, por eso, todos los que saben la Verdad, tiene que ponerse en pie y seguir sólo a Jesús.

Consecuencia: hay que atacar a Francisco. No ataquen ni a Benedicto XVI ni a los otros Papas anteriores.

La culpa de todo la tiene Francisco. Hay que atacarlo. No hay que obedecerlo. No hay que seguirlo. No hay que estar viendo a ver qué dice hoy ese idiota, a ver si dice una verdad. En la Iglesia se vive de la Verdad no de las opiniones de Francisco.

En la Iglesia se rechaza todas las mentiras que Francisco, como Falso Profeta, presenta cada día a la Iglesia, a las almas, a los sacerdotes, a los Obispos. ¡Rechazar la mentira para poder acoger la Verdad!

Y quien no haga esto, se pasa todo el día criticando a unos y a otros. Y hacen el juego del demonio.

Francisco unirá a la Iglesia Católica con otras iglesias, con los paganos, y hará un abominación de iglesia; una iglesia mundial sin verdad, sin vida espiritual, sin alma, sin amor a Dios, sin imitación de Cristo. Toda ella imbuida, trabajada, creada, por la mente de los hombres, analizada en la especulación de los pensamientos de los hombres, y dada al mundo como símbolo de condenación. Es la falsa iglesia, que las profecías han hablado y que tiene que aparecer como fruto del interior del Vaticano. Es lo que han engendrado, en sus cabezas, muchos sacerdotes, muchos Obispos, durante 50 años. Es un engendro diabólico, es la fornicación de las mentes de los hombres con la mente de satanás. Es escuchar, en todo tiempo, la voz de demonio para obrar lo que él quiere en la Iglesia: destruirla completamente.

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4 comentarios

  1. Carmen Pascual Calle dice:

    Joseph Maryam: Sigo su blog y pienso que dice usted muchas verdades pero me gustaría preguntarle: Puesto que parece usted conocer bien a Pablo Vl, Juan XXlll y Juan Pablo ll y dice que todos los males vienen del Concilio Vaticano ll, ¿ Donde estaba Pablo Vl cuando dejó hacer y deshacer en lo tocante a la Santa Liturgia que quedó herida de muerte? y ,¿donde estaba Juan Pablo ll con toda su santidad que no puso remedio a todos los males que se gestaron en aquellos tiempos y a los que ningun Papa de estos que menciono puso remedio?. Desearía que me contestara ya que estoy hecha un lío, pues si el Concilio es el que ha traido tantos desórdenes….este no se hizo soloi. Soy de la opinión que el que hizo las cosas mal-sea quien fuere-,pues Dios no mira la condición del hombre, habrá dado ya cuentas a Dios por el mal que han causado a tantas almas entre ellas a la mia.
    El movimiento se demuestra andando y la Santidad en las obras.

  2. José Manuel Guerrero dice:

    A Pablo VI no hizo falta encerrarlo en un castillo para que obrase el mal en la Iglesia. Jurarìa que fue mas bien preso de su pecado a la hora de traicionar a la Iglesia. Lo tenián bien agarrado . Bergoglio a su lado, un aficionado. Quiere el Señor que yo sepa algunas cosas de este hombre; pues a mandar. La Verdad duele, pero sana el alma.

    • josephmaryam dice:

      Pablo VI no hizo el mal en la Iglesia y no la traicionó. Pablo VI fue traicionado por la Jerarquía de la Iglesia. Y sus pecados personales los juzga Dios, no la Iglesia, porque son pecados de un Papa en que nadie tiene que meterse. Hablar así produce más confusión de la que existe. Si nos ponemos a criticar a cada Papa por lo que hizo o no hizo, entonces es mejor que nos dediquemos a otra cosa, pero no estemos en la Iglesia. En la Iglesia se defiende al Papa, aunque sea un gran pecador. Si se defiende a la cabeza, se defiende a Cristo y a la Iglesia. Después, cuando lleguemos al cielo, veremos qué Papas hay en el infierno y cuáles están en el cielo. Pero no queramos condenar ya a los Papas por lo exterior que cada uno ve en la Iglesia. Una Iglesia Santa en la tierra es imposible, por el pecado original. Que han habido Papas demonios, eso no lo niega nadie; pero que Pablo VI traicionara a la Iglesia eso no se puede aceptar. Pablo VI tuvo su pecado al principio de su Pontificado; pero después fue un mártir, que nadie ha visto ni comprendido, porque es fácil juzgar todo el desorden que vino con el Concilio Vaticano II, pero es de sabios comprender la raíz de todo eso. Y la raíz no está en Pablo VI o en su pecado, sino en otros.

    • josephmaryam dice:

      ¿Van a juzgar a Cristo porque se dejó matar por los hombres en la Cruz?
      ¿Van a seguir juzgando las obras de Cristo en Su Iglesia por medio de Sus Vicarios?
      ¿Qué se creen que es la santidad que predica Cristo? Es sufrir por amor a la Verdad; es morir por amor a la Verdad. ¿Y qué creen que han hecho esos Papas en medio de gente que odia a Cristo y a Su Iglesia? ¿Sabrían ustedes hacerlo mejor si estuvieran en su lugar? ¿Por qué quieren medir la santidad con sus cabezas humanas? La santidad no es una obra que el hombre tiene que inventarse en la Iglesia. La santidad es un camino que Cristo pone a cada alma; y en ese camino hay que ser como Cristo: sufrir y morir.
      ¿Qué saben ustedes de los sufrimientos de los sacerdotes cuando quieren hacer las cosas como Cristo las quiere en su Iglesia? ¿No saben que hay sacerdotes que se han negado a dar la comunión en la mano y el Obispo de turno los ha sacado del sacerdocio, los ha recluido en un monasterio como gente loca, porque no respetan la dignidad de los fieles, los derechos de los fieles?
      Si eso han hecho con simples sacerdotes, ¿qué no habrán hecho con los Papas?
      Pero, ¿quién se creen que son ustedes para hablar en contra de un Papa?
      ¿Quién se han creído que son?
      En la Iglesia se ama a un Papa, no su pecado, porque el Papa es Cristo en la tierra. El Papa elegido por el Espíritu. Y quien ama a un Papa ama a la Iglesia. Y quien no ama a un Papa, no ama a la Iglesia.
      La Iglesia es Pedro. Y Pedro puede ser muy pecador. Y la Iglesia camina porque se obedece a Pedro, aunque sea muy pecador. Pero quien se pasa la vida criticando a los Papas, buscando sus más mínimos pecados, es que no han entendido la Cruz de Cristo, no sabe ser Iglesia, no sabe unirse a la Iglesia en la Cabeza, en el Papa. No sabe sufrir con la cabeza, con el Papa. No sabe estar con los sufrimientos de la cabeza, del Papa. No sabe morir con la cabeza, con el Papa.
      La obra de la santidad es la obra de la Cruz. Ser santos no significa quitar todos los males que hay en la Iglesia.
      Ser santos significa cargar con todos los pecados, con todos los demonios que tienen las almas en la Iglesia. Es ser una víctima de Cristo para salvar y santificar a las almas.
      Cristo vino a morir por el pecado de todos los hombres. Cristo no vino a solucionar problemas de los hombres.
      Si los hombres, en la Iglesia, quieren pecar, entonces hay que sufrir por eso, y hay que morir por eso, aunque el mal siga manifestándose en la Iglesia.
      ¿Cómo piensan ustedes que el Señor quita los pecados de Su Iglesia? ¿Qué obra quieren hacer ustedes para quitar toda la podredumbre que hay en la Iglesia desde hace 50 años? ¿Qué obra de su cosecha va a quitar toda esa maldad? ¿Quieren entender con sus cabezas el Misterio de la Cruz? ¿Saben amar el dolor como Cristo lo amó para salvar a las almas? ¿O sólo saben hacer grandes obras para que las vean todo el mundo?
      ¿No saben cómo se salva un alma? ¿No saben cómo se quita todo el mal en la Iglesia, fruto del pecado de tantas almas? Se hace crucificando la voluntad propia. ¿Eso lo saben hacer? ¿Saben hacer esa obra en la Iglesia? ¿Saben cómo besar las llagas de Cristo para santificar la Iglesia? ¿No lo saben? Entonces, ¿qué idioteces hablan en contra de un Papa?
      ¿Cuándo va a aprender a tener vida espiritual y a dejar sus inútiles pensamientos humanos para resolver los problemas de la Iglesia?
      Dios quiere almas victimas para purificar toda esta mierda que tiene la Iglesia.
      ¿Quieren ser almas víctimas o van a ser las víctimas del demonio, sus instrumentos para seguir dividiendo y dividiendo a la Iglesia?
      En la situación de anarquía que vive la Iglesia es de sabios callar los pecados de los Papas anteriores y dedicarse a discernir los Signos de los tiempos y el camino que Cristo ahora quiere de su Iglesia.
      ¡Dejen de hacer el juego al demonio con sus soberbias!
      ¡Dejen de ser niños en la fe!
      ¡No se les puede dar un alimento de hombres porque siempre están con lo mismo: dando vueltas a lo que la mente no puede comprender porque el corazón no se ha hecho humilde!
      Sean humildes y dejen el juicio a Dios sobre sus Papas. Y no quieran solucionar los problemas de la Iglesia ni quieran ser santos a sus ojos humanos, con sus obras humanas, porque siempre van a errar.
      O ponen toda su humanidad a los pies de la Virgen para que Ella los guíe hacia la Verdad en este sinsentido que vive la Iglesia o van a ser arrollados por todos esos lobos vestidos de piel de oveja que inunda la Iglesia en la actualidad.
      ¡No saben hasta dónde llega la maldad entre los sacerdotes y los Obispos! Y no saben medir el mal que han hecho a los Papas, que han tenido que elegir el mimo camino de Cristo: la cruz. Ser un fracaso para los hombres en la Iglesia; ser una piltrafa para los ojos de los hombres; pero sufrir por amor a toda la Iglesia; y morir en el silencio de todos, en el abandono de todos, en la incomprensión de todos.
      Y los frutos de ese sufrimiento y de esa muerte, el Señor lo da a Su Iglesia cuando Él quiera. No quieran medir el valor del sufrimiento; el valor de la vida de un Papa a los ojos de Dios; no se metan a juzgar a los Papas. Callen sus bocazas y dedíquense a pedir a Dios discernimiento sobre todo eso para que en sus corazones nazca el amor a Pedro, el amor al Papa, el amor a Cristo en sus Vicarios.

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