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Disciernan el espíritu de la profecía

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Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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“Gloria olivae”. Este es el lema que corresponde al Papa Benedicto XVI en la Profecía de San Malaquías. Y todavía estamos en este lema porque el Papa Benedicto XVI no ha muerto. Cuando muera, entonces se entra en el siguiente lema: “In persecutione extrema S.R.E. sedebit”. Y queda, aún un último lema: “Petrus Romanus, qui pascet oves in multis tribulationibus: quibus transactis civitas septicollis diruetur, et Iudex tremedus iudicabit populum suum. Finis.”

Hay que tener claras las profecías para ver los Signos de los Tiempos.

Estamos en el tiempo de la Bestia, la que tiene diez cuernos, con diez diademas, y con siete cabezas, que son de blasfemia (cf. Ap 13, 1). Ya no es el tiempo del Dragón, que indicaba a Rusia en el siglo pasado, que no fue vencido porque no se hizo la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón. Y el Dragón atacó a la Mujer, que es la Iglesia y ésta se fue al desierto, que es donde permanece ahora, con la renuncia del Papa Benedicto XVI.

Es el tiempo del cuarto reino, la cuarta bestia de Daniel, del cual despunta un reino que habla palabras arrogantes contra Dios, que somete a los Santos y que lo quiere cambiar todo, en el mundo y en la Iglesia (cf. Dn 7, 23ss).

Francisco no pertenece a la Iglesia ya que no aparece como antipapa en las profecías de Malaquías. No es un antipapa, sino un hombre que, elegido por hombres, destruye la Iglesia. Los antipapas, en sus pecados, no destruyen la Iglesia.

Francisco tiene su profecía en Nostradamus:

“Clero romano el año mil seiscientos & nueve,
En el primer día del año habrá elección,
de un gris y oscuro de la Compañía venido,
que nunca hubo nadie tan maligno”
(10 centuria, cuarteta 91)

El año 1609 corresponde al año 2013, según el estudio realizado por José María Pueyo Sierra, en su obra: Nostradamus “La Verdad del año 2031”. En el capítulo 1, titulado Cronología, cuenta cómo llegó a descubrir la transformación de las fechas en Nostradamus. Y según su fórmula, es el que más se aproxima a la verdad. Él dice que el 1609 corresponde al 2012. Tiene un error de un año.

Francisco es un hombre de espíritu oscuro, que sigue al demonio en toda su vida, no sólo en el sacerdocio. Es un hombre colocado por el demonio para iniciar su tiempo en que debe poner en la Silla de Pedro al Rey que él quiere, como también lo señala Nostradamus:

“El año mil novecientos noventa y nueve siete meses
Del cielo vendrá el gran Rey de terror
Resucitar el gran Rey de Angolmois
Antes después de Marte reinar por buena hora”
(10 centuria, cuarteta 72)

El año 1999, con siete meses, corresponde, en la interpretación de Pueyo, al año 2015. Este Rey de terror corresponde en Malaquías a S.E.R, que tiene diversas interpretaciones: sucesión de reyes en la Iglesia, reyes de Satanás en la Iglesia, que se sentarán en la última persecución que tendrá la Iglesia, que es la del Anticristo. El Anticristo viene al final de todo; antes de él se prepara el terreno con muchos hombres que reinan la Iglesia de muchas maneras para poner en Ella lo que el Anticristo quiere.

Hasta la muerte de Benedicto XVI todavía hay un tiempo en la Iglesia para despertar y prepararse a lo que viene. Es la muerte del Papa verdadero lo que inicia todo. Y esa muerte puede ocurrir de muchas maneras. No necesariamente tiene que ser una muerte natural. Puede ser provocada, como es natural que así sea porque el demonio lleva 50 años matando a los Papas.

No importa tanto conocer al detalle las fechas, porque Dios no da fechas exactas. Al hombre le gusta siempre tener una fecha para guiarse.

Lo que importa es ver los Signos de los Tiempos y saber discernirlos para no dormirse en ellos. Mucha gente está dormida. Cree que la vida sigue igual. Y todo ha cambiado, en el mundo y en la Iglesia, desde hace ya mucho tiempo. Pero ahora es cuando se ven las diferencias, los grandes cambios, las grandes divisiones en todo.

Quien gobierna la Iglesia es siempre Cristo, a pesar de los hombres, a pesar de la acción del demonio en la Jerarquía. La Iglesia tiene una sola base: Cristo Jesús. Y, por tanto, en la Iglesia las cosas no son como en el mundo, como en la vida social, como en las vida de los hombres. Y, por eso, la Iglesia no se dedica a nada. Sólo a lo espiritual. Lo demás, es una mera plataforma, una mera estructura para poder dar lo espiritual.

Cuando los Cardenales en la Iglesia buscan a hombres que sean Papas con una visión humana, política, social, económica, etc., entonces en la Iglesia se producen muchos desbarajustes porque no se centran en lo que importa: estamos en la Iglesia para salvarnos y santificarnos. Lo demás, no es Iglesia, no hace Iglesia, no vale para nada en la Iglesia.

Y es imposible transformar el mundo en las condiciones de pecado original con que nacen los hombres. Todos los hombres son pecadores, desde que son concebidos, luego todos los hombres viven el primer escalón del infierno en este mundo.

Todos los hombres nacemos como encarnaciones del demonio. Eso es la realidad del pecado original. Y Jesús, al fundar Su Iglesia, puso el camino al hombre para poder llegar a ser hijo de Dios por participación. Y eso no se consigue porque se tenga un Bautismo o un Sacramento del Matrimonio o porque se comulgue diariamente o porque se tenga un orden en la Iglesia. Eso, hasta el final de la vida, es una batalla constante, día a día, en contra de tres enemigos: demonio, mundo y carne.

Y la Iglesia de Jesús tiene todos los caminos, todas las armas, todo lo que el hombre necesita para vencer a esos tres enemigos y poder salvarse y santificarse, que es el fin que todo hombre debe tener en su vida.

Este fin, hoy día, se ha perdido en tantas cosas que ofrece el mundo y el hombre. Y ya los hombres viven para sus vidas humanas y se creen que por tener un bautismo o por comulgar o por estar casado en la Iglesia se van al cielo.

El Cielo hay que conquistarlo día a día. Y si no se conquista un día, se va perdiendo la fe. Si cada día no se lucha contra los múltiples enemigos que tiene el hombre, las almas van perdiendo la fe y llegan a la blasfemia contra el Espíritu santo, en el que no hay perdón.

Precisamente, porque Cristo ha dado al hombre la Gracia, es cuando el hombre puede pecar contra el Espíritu y condenarse. Porque la Gracia es una inteligencia divina sobre todas las cosas, incluso sobre el pecado.

El hombre, con la Gracia, puede entender perfectamente el pecado y, por tanto, puede cometer el pecado del demonio, que fue perfecto en su obra y eso le llevó a la condenación inmediata.

Adán pecó, pero no tenía la perfección del pecado. Por eso, Dios no lo condenó, sino que le puso un camino de salvación. Camino larguísimo para el hombre. Camino en que el hombre tiene que vivir en medio de demonios, porque la tierra es el primer escalón del infierno.

Y, Cristo, muriendo en la Cruz, da al hombre toda la Vida, no solamente lo que le dio a Adán. Adán, en su perfección, no tenía toda la Gracia. Pero Cristo da a Su Iglesia toda la Gracia. Luego, el hombre puede pecar perfectamente y condenarse; y puede ser santo perfectamente e irse al Cielo sin pasar por el purgatorio.

La Gracia la tienes; pero no sabes usarla. Éste es el problema de muchas almas en la Iglesia.

Se casan por el Sacramento del matrimonio y no saben usar esa Gracia. Viven en sus matrimonios con un fin humano, con una intención humana, con una inteligencia humana, con unas obras humanas. Y tienes la gracia para hacer un matrimonio divino, con hijos divinos, con obras divinas.

Todo el problema en la Iglesia es que no se sabe usar la Gracia, que salva y santifica al hombre. Y quien no sabe usar la Gracia, entonces esa Gracia es una Justicia para su vida. Y ya el hombre no se salva ni se santifica, sino que va creciendo en el mal hasta poder condenarse en vida, hasta poder llegar contra la blasfemia contra el Espíritu Santo.

Los hombres tienen miedo de conocer la Verdad y, siempre, se acomodan a sus verdades, a sus razones, a sus inteligencias humanas. Y ya no crecen en el Espíritu; ya no viven de fe; porque sólo miran los suyo humano.

Y la Iglesia, siendo divina, está llena de hombres que no viven de fe, sino de sus cosas humanas, de sus negocios, de sus fines y objetivos humanos. Y, entonces, la Iglesia ya no es un camino para salvarse, sino un camino en que hay tantas cosas que ya no se entiende qué hay que hacer para salvarse y santificarse.

Y la doctrina de Cristo es muy sencilla: oración y penitencia. Ése es el resumen de toda Verdad.

Donde no hay oración, sino sólo palabras, sólo obras humanas, sólo intereses humanos; donde no hay penitencia, sino un vivir para conquistar lo humano, lo social, lo cultural, lo político; entonces no hay vida de fe, no hay vida espiritual, no hay vida de gracia.

El camino espiritual es bien sencillo, pero los hombres lo complican todo con sus inteligencias humanas, con sus formas humanas de entender a Dios, la Iglesia, Jesús, etc. Y todo hombre que no ponga su mente en el suelo no es Iglesia, no hace Iglesia, no obra en la Iglesia la Voluntad de Dios.

Hay que pisotear nuestra soberbia para seguir a Cristo Jesús. Eso es lo que no hace la Jerarquía de la Iglesia, y entonces vemos lo que se ve en todas partes: sacerdotes y Obispos que viven lo que les da la gana en la Iglesia, en sus sacerdocios, en sus vidas humanas. Y eso que viven lo enseñan a los demás. Y, entonces, ponen un camino de condenación en la Iglesia.

Lo que pasa, ahora, con Francisco es sólo eso: un hombre, en su soberbia, que se ha creído que hace una buena obra en la Iglesia.

Un hombre, en su orgullo, que se ha levantado contra Cristo, dentro de Su Misma Iglesia, para poner su invención de la iglesia, su nueva iglesia, con su nuevo evangelio de la fraternidad y su diálogo con los hombres.

Estas dos cosas que Francisco ha puesto: fraternidad y diálogo son ejemplos de su elevación en el pecado, de su perfección en el pecado.

Francisco va caminando a la perfección en el mal. Y llega a la blasfemia contra el Espíritu, porque no es fiel a la Gracia que ha recibido. Y, entonces, esa misma Gracia, le condena, es Justicia para su alma.

Dios es Justicia. Y, en Su Justicia, Dios es Misericordia. La Misericordia es fruto de la Justicia Divina. Dios es Amor, pero no Misericordia. Su Misericordia es necesaria para el hombre que peca; pero no sirve para el ángel o el hombre que ha llegado a la perfección de su pecado.

Dios es Misericordia porque creó a Adán sin las prerrogativas de su perfección humana. Creó un hombre no perfecto plenamente. Con una perfección medida, adecuada a su estado en el Paraíso.

Pero el mismo Dios se ha hecho carne. Y eso significa que el Nuevo Adán, que es Cristo, es perfecto en lo humano, no sólo en lo divino. Y, por tanto, las obras de Cristo son perfectas en todos los niveles. Y eso trae una consecuencia: en la Iglesia no se puede vivir de forma imperfecta o en pecado, porque la Iglesia es para los perfectos, para los santos, para los que quieren ser otros Cristo.

Pero, aunque la Iglesia sea perfecta, Dios, en Ella, tiene Misericordia, porque el hombre vive en el primer escalón del infierno; no vive en un Paraíso. Y, por eso, Dios no puede aplicar toda Su Justicia sobre los miembros de la Iglesia, sobre sus almas. Y, por eso, es necesario que existan el Purgatorio y el Infierno para las almas en Gracia, que tienen la Gracia y que, por tanto, poseen la perfección de la Vida Eterna.

A los demás, a los que no tienen la Gracia, Dios les juzga y los salva o condena según su Justo Juicio.

Por eso, estamos en la Iglesia para poner a los hombres un camino de salvación y de santificación, que eso es lo que no ofrece Francisco. Y no puede ofrecerlo porque está dedicado a su negocio en la Iglesia: buscando dinero para dar de comer a los pobres. Le importa un rábano si el pobre se salva o se condena. Hay que llenarle su estómago para así decirse a sí mismo que es un buen hombre para los hombres.

Y, entonces, con Francisco toda la Iglesia entra en una división, en un cisma. Esto es lo que muchos no han comprendido y están haciendo el juego a Francisco.

Francisco divide, separa, crea cisma. Francisco no une en la verdad, porque no tiene la verdad, no persigue la verdad, no obra la verdad.

Francisco divide. Y comenzó dividiendo el Papado: ha puesto muchas cabezas. Eso separa de la unidad en la Iglesia. Porque sólo un Papa une, sólo una Cabeza une, sólo un gobierno de uno es el que fundamenta la unidad en la Iglesia. El gobierno de muchos divide la Iglesia.

Francisco divide la Verdad. Y, por tanto, divide a Cristo. Ya Cristo no es Dios y Hombre. Cristo es Dios para algunas cosas y es Hombre para otras. Ya Cristo no es el Mediador, sino sólo el que intercede ante su Padre, pero no media. El que pide cosas, que ruega cosas, pero no media; es decir, no reina en la Iglesia.

Cristo, por ser Mediador, es el Rey de la Iglesia, es el que reina, el que gobierna la Iglesia. Y no sólo está intercediendo por las almas, sino que las gobierna por Voluntad de Su Padre. Cristo se pone entre Su Padre y el hombre para gobernar al hombre hacia Su Padre, para guiarlo hacia el Padre, porque nadie puede ir al Padre sin el Hijo. Y el Hijo no sólo pide por la Iglesia, sino que es Camino para ir al Padre, es Vida en la Iglesia, es Verdad en la Iglesia, es una Obra en la Iglesia, que agrada al Padre y, por tanto, da al Padre Su Misma voluntad.

Francisco no ve a Cristo como Mediador, sino sólo como un intercesor más, como un santo más en la Iglesia. Y, entonces, tiene que inventarse su gobierno de hombres. Y tiene que presentar a un falso cristo que sólo se preocupa por dar de comer a los hombres, por sanar enfermedades, por estar entre los hombres. Y no más. Y, de esa manera, tiene que poner una falsa iglesia que sólo es el pueblo de Dios, es decir, todo el mundo, todos los hombres, todas las sociedades, todas las religiones, porque Dios es tan bueno que salva y lleva al cielo a todo el mundo.

Este es el resumen de lo que propone Francisco. Y esto es lo que divide a la Iglesia. Esto precisamente.

“¡Oh, vasta Roma, tu ruina se acerca!
Ni de tus muros, de tu sangre y sustancia:
el áspero de letras hará tan horrible atentado,
hierro puntiagudo metido en todos hasta la empuñadura”
(10 Centuria, cuarteta 65)

El áspero de letras, un hombre sin inteligencia divina, un hombre soberbio, un hombre orgulloso, un hombre ciego para la verdad es el que atenta contra la Verdad. Y algo horrible, algo desquiciado, una locura porque es necesario entregar Roma al Anticristo.

La división que trae Francisco lleva a esta ruina a toda la Iglesia. Francisco es el inicio del cisma dentro de la propia Iglesia. Un cisma que permanece encubierto ahora, porque hay que quitar los dogmas, las verdades. Y Francisco sólo es un bufón que entretiene, pero que no sabe cómo quitar el dogma en la Iglesia. Lo sabe en su propia vida, porque vive sin temor de Dios, vive sin ley divina, vive sin ley moral, vive para pecar y hacer pecar a los demás. Pero no sabe el camino para quitar las verdades porque no tiene inteligencia. Es sólo un sentimental. Tiene que venir otro, de ásperas letras, temido por muchos, porque obra imponiendo el pecado, la mentira, obra sin justicia, sin verdad, sin rectitud, sin luz, para hacer caminar a los hombres hacia el infierno.

Tienen que discernir los Tiempos y dejarse de tonterías sobre los Papas anteriores. Grandes Papas fueron todos. Y, cada uno, en su pecado, fue fiel a lo que el Señor quería en su Pontificado. Ninguno de ellos descarrió a la Iglesia. Ninguno de ellos produjo un cisma en la Iglesia. Ninguno de ellos dividió la Iglesia. Todos los males de la Iglesia son por los otros: sacerdotes, Obispos y fieles que se separaron de la Iglesia para combatir a los Papas, que no se sometieron a los Papas, no obedecieron a Cristo en los Papas, sino que obedecieron su propia mente humana. Los sedevacantistas no son Iglesia porque no se ponen con los Papa verdaderos, sino que los atacan. Y, entonces, hacen el juego del demonio, que es desunir la Iglesia. Todo aquel que se dedica a combatir a los Papas anteriores y a Benedicto XVI, no es Iglesia y no hace Iglesia.

Hay que combatir a Francisco, porque él no es Papa. La batalla es contra el demonio en la Iglesia. Y el demonio ha puesto a Francisco. La batalla no es contra Cristo. Cristo ha puesto a Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo i, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Los ha puesto como Vicarios de Cristo para guiar a Su Iglesia a través de ellos. Y, por tanto, la Iglesia no se pierde siguiendo a esos Papas. La Iglesia se pierde escuchando a Francisco. Francisco trae al Anticristo. Ése es el fruto de su reinado en la Iglesia. Ésa es su obra durante este año: poner el camino para el Anticristo. Abrir puertas al demonio en la Iglesia.

La Iglesia se pierde siguiendo a Francisco. Esto es lo que muchos no comprenden, no disciernen, por llamar Papa a quien no es Papa: a Francisco.

Disciernan las profecías. No vivan en la Iglesia con su mente humana, porque se van a equivocar siempre. La Iglesia es Espíritu y, por tanto, la Iglesia es guiada en el espíritu de la profecía. Y hay que ir a los Profetas para entender el camino de la Iglesia.

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3 comentarios

  1. Marita dice:

    Gracias por su articulo acerca de las profecias de estos ultimos tiempos , pero me he quedado con una gran inquietud y es acerca de ese profeta Nostradamus , siempre lo he tenido por un “falso profeta”. Si por favor me podria despejar ese punto. Y muchisimas gracias, que Dios y la Virgen lo guarden.

    • josephmaryam dice:

      Mucho se ha escrito sobre Nostradamus y se conoce su afición por la astrología y su pecado de superstición. No juzgamos el destino de su vida, si se condenó o se salvó porque no tenemos datos de su conversión. Sólo sabemos lo que se da públicamente. Pero algunas de sus profecías son ciertas. Y eso es un dato divino, porque el demonio no puede dar la verdad, sino siempre la confusión. Después, hay que discernir en cada profecía su certeza, porque al no ser un hombre de Dios, también hay cosas del demonio en ellas. Tuvo el don de profecía, pero no auténtico, y eso por su pecado. Y, por tanto, en el tiempo que esta en gracia, puede recibir profecías de Dios. También las puede recibir del demonio. En el tiempo que está en pecado, sólo recibe las del demonio. No sabemos si cuando escribió sus profecías el estado de su alma. Como hay cosas ciertas, entonces estuvo en gracia. Y eso siempre vale, porque es algo divino. Pero, al no discernir el espíritu (por su pecado) su profecía se llena de cosas que no son de Dios, pero que no anula lo divino. El don de profecías real, el divino, sólo se anula si el profeta se entrega al demonio completamente. Pero si el profeta pasa de estados de gracia a estados de pecado, no se anula lo divino que recibe, pero su profecía queda oscura en muchas partes. Por lo que se ve, Nostradamus no se entregó de lleno al demonio, luego no se hizo un profeta del demonio. Quedan cosas buenas en él, pero hay que saber discernirlas en el Espíritu y confrontarlas con otra profecías para descubrir la verdad de lo divino que recibió.
      Dios elige a sus profetas, pero esto no quiere decir que sus profetas sean santos. La profecía es un carisma que requiere mucha santidad en el profeta. Y la persona no suele ser santa cuando empieza a tener profecías. Si la persona no trabaja en su vida espiritual, entonces puede anular su don de profecía y convertirlo en instrumento del demonio.

  2. josephmaryam dice:

    El original de Malaquías son dos lemas distintos: In persecutiones extrema S.R.E sedebit. (Hay un punto en el original)
    Y el lema siguiente: Petrus Romanis …populum suum. Finis. Algunos interpretan el finis como un lema distinto. Y así el último lema sería: Finis.
    El anterior llegaría hasta populum suum. Nos inclinamos a pensar esto último, porque el Papa puesto por Dios, que es Petrus Romanus, que conduce y guarda a las ovejas en la gran tribulación, tiene que morir crucificado, como Cristo. Y, entonces, se produce el Fin. Sólo el hálito de Dios derriba al Anticristo en su desmesurada soberbia y grandioso orgullo de creerse dios del mundo y de la Iglesia.
    Benedicto XVI es el último Papa verdadero, pero inútil, por su pecado. Por eso, no cuenta como Papa. No cuenta no quiere decir que no sea Papa verdadero, sino que el fin del Papado se da con él. Pero el fin del Papado como ordinariamente se entiende: un Papa elegido por hombres y por el Espíritu. A él le tocó ser el fin del Papado por vía ordinaria; pero no cuenta porque no puede cumplir su misión, por su pecado. Como Moisés que, por haber pecado, no puede ver la tierra prometida y muere antes de que el Pueblo pase a esa tierra.
    Como fin del Papado, Benedicto XVI tuvo que morir por Cristo para dar a la Iglesia el camino hacia la tierra prometida. Pero renunció y ya no puede cumplir esa misión. Por eso, no cuenta. El Señor, en Su Misericordia, tiene que poner otro Papa que sí obra lo que ya no puede obrar Benedicto XVI. Él hará lo que el Señor le diga para expiar su pecado.
    Por eso, Petrus Romanus tendrá esa misión y la hará. Y, después, el fin.

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