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Sólo hay una palabra para definir el año de desgracias que Francisco ha traído a toda la Iglesia: pecado de orgullo.

La culpa da todos los males que la Iglesia tiene obedece sólo al pecado de orgullo de Francisco.

No le echen la culpa a Juan Pablo II por haberle hecho Cardenal. ¡No sean necios y estúpidos en la Iglesia!. Cada uno tiene que aguantar su pecado. Y el pecado de Francisco es su orgullo. Y, por ese orgullo, la Iglesia vive un cisma encubierto.

Porque un líder que se sienta en la Silla de Pedro y no guarda el depósito de la fe significa cisma en la Iglesia. Y el cisma viene por el pecado de Francisco, por su orgullo. El cisma no viene por Juan Pablo II que lo eligió ,ni viene por Pablo VI que permitió un Concilio que no debía permitir, ni por Juan XXIII que no supo ver la maldad de muchos Cardenales y se aventuró a un Concilio que Dios no quería.

Cada uno tiene su pecado en la Iglesia. Y a cada uno el Señor lo juzga conforme a su pecado. Y quien quiera juzgarlo todo sin atender al pecado de cada uno, se equivoca y nunca va a hacer un análisis de lo que pasa realmente en la Iglesia.

En la Iglesia hay muchos males, de todo tipo, porque hay mucho pecado personal en cada sacerdote, en cada Obispo, en cada Cardenal, en cada fiel de la Iglesia.

Que cada uno quite su maldito pecado y los males en la Iglesia desparecen.

Pero, como ya los hombres de la Iglesia les importa un rábano lo que es el pecado, todos están echando la culpa a quien no la tiene. Todos se juzgan santos y el pecado es del otro, pero no de uno.

Vean sus propios pecados para poder juzgar los pecados de los demás con justicia, con equidad, con rectitud y con misericordia.

Pero si no atienden a sus pecados, entonces dejen de charlar sobre el estado de la Iglesia porque no tienen ni idea de lo que pasa en la Iglesia.

La Iglesia no es el conjunto de hombres que se bautizan, que se confirman, que comulgan, que se casan, que se hacen sacerdotes.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Y hay que vivir eso en el alma, en el corazón y en el espíritu. Y si no se sabe vivir como Cuerpo de Cristo, si sólo se sabe hablar de los males de un conjunto de hombres, entonces la vida que tienen en la Iglesia es una ridiculez.

Se vive en la Iglesia para imitar la Cabeza de la Iglesia. Y la Cabeza es Cristo Jesús. Y quien no viva imitando a Cristo no sabe ni lo que es Cristo ni lo que es el Cuerpo de Cristo.

La Iglesia es un organismo espiritual que necesita de un alimento espiritual, que se da al alma, al corazón y al espíritu del hombre.

La Gracia es para el corazón del hombre; el Espíritu es para su espíritu; los dones divinos son para su alma.

Hay tantas riquezas en la Iglesia que las almas desconocen porque se pasan la vida en sus cosas humanas, en su vida social, en su vida económica, en su vida cultural, en su vida política, en su vida artística, en su vida científica.

Hay tantas vidas que los hombres viven que se han olvidado de vivir la única vida que importa: la de Cristo.

La vida de Cristo es para el alma, para el corazón y para el espíritu. Y, por tanto, la vida de un cristiano no es para la vida de los hombres, no es para hacer sociedad, no es para entretenerse en un matrimonio, no es para hacer castillos en el aire y ver caminos para solucionar problemas humanos desde un sacerdocio.

La vida de todo cristiano es para obrar las obras de Cristo allí donde está, allí donde vive, allí donde es, en su vocación, en su familia, en su trabajo.

Y quien se dedica a vivir su vida humana ya no vive la vida de Cristo. Porque Cristo vivió, en su humanidad, lo divino, lo eterno, lo inmutable, lo que es para siempre, para toda historia, para todo tiempo, para todo lugar, para todo hombre.

Pero las almas, hoy día, sólo viven para ellas, para su acomodada humanidad, para sus grandes intereses humanos, para sus bellas inteligencias humanas, para sus obras humanas, para sus principios humanos, pero no para Cristo.

Hoy se ha humanizado a Cristo. Sólo se ve como un hombre, y como un hombre idiota, lleno de un sentimentalismo afeminado, que está pendiente de los hombres, de darles un cariño inútil en sus vidas. Así son muchos sacerdotes; eso es lo que presentan al mundo en sus predicaciones y en sus vidas humanas: dan a un Jesús para el hombre, como el hombre, del hombre.

Y no son capaces de dar a un Jesús para el Padre, como el Padre, en el Padre, del Padre. No saben lo que es eso, porque no creen en Cristo. No tienen la fe divina. Se han fabricado su grandiosa fe humana, con su lenguaje humano lleno de artificios, de caminos para decirse a sí mismos que están haciendo lo que Dios quiere en sus vidas.

¡Cuántos sacerdotes, Obispos, Cardenales, se dan culto a sí mismos, a sus opiniones en la Iglesia, a sus formas de entender la Iglesia, a sus interpretaciones de lo que debe ser la Iglesia y Cristo! Y, por eso, ¡a cuántos condenan con sus ejemplos humanos, con sus obras humanas, con sus palabras humanas, con sus vidas humanas!

La Iglesia está llena de una Jerarquía absolutamente farisea: no posee un resquicio de Verdad ni en sus almas, ni en sus corazones ni en sus espíritus.

Jerarquía sin fe divina, que se ha fabricado su propio cristo y su propia iglesia dentro de la Iglesia de Cristo.

Jerarquía del demonio, obrada por el demonio desde que la Iglesia es Iglesia. Y llevada a la cima de esa obra maldita por el mismo demonio dentro de la Iglesia.

La Iglesia, ahora mismo, está corrompida en toda su Jerarquía. La Jerarquía, esa estructura de sacerdotes, Obispos, diáconos, no sirve como Jerarquía. Y muchos no saben ver esta Verdad, porque no saben ver a Cristo en sus propias vidas.

Una Jerarquía que no imite a Cristo es una Jerarquía que guía a la Iglesia hacia la ruina más total en todos los sentidos.

Una Jerarquía empeñada en solucionar problemas humanos, sociales, económicos, políticos, culturales, científicos, hace de toda la Iglesia el culto a Satanás; y lleva a toda la Iglesia a ese culto, en la práctica.

Y Satanás tiene una obra en la Iglesia: la mente del hombre. Satanás es el demonio de la mente, de la filosofía, de la ciencia, de la técnica, del saber humano, de la cultura, de todo lo que suponga obrar con la mente del hombre.

Hoy en la Iglesia predomina la mente del hombre para cualquier cosa. La Palabra de Dios se mide con la mente del hombre; los dogmas se miden con la mente del hombre; a Cristo se le mide con la mente del hombre. Todo es con la mente del hombre.

Y la Iglesia no es una idea del hombre; no es un conjunto de ideas, de razones sobre Cristo y sus dogmas.

La Iglesia es la Obra del Espíritu. Y aquel que no siga al Espíritu, no es de la Iglesia, no hace la Iglesia. Aunque posea una gracia, un Sacramento, unos carismas.

En la Iglesia se obra lo que quiere el Espíritu, porque la Iglesia es Cristo. Y sólo Cristo. Y, por tanto, en la Iglesia sólo está el Espíritu de Cristo, que guía hacia Cristo, hacia la imitación de Cristo, hacia la obra de Cristo, que es una Obra de Redención, de Expiación, de Justicia Divina.

Y aquel que no imite a Cristo no posee la Verdad en la Iglesia, no obra la Voluntad de Dios en la Iglesia, no tiene la fe divina en la Iglesia, no posee la intención divina en lo que hace, en lo que vive, en lo que es.

La gente se ha acostumbrado a decir que es de la Iglesia, porque lee el Evangelio o porque conoce el catecismo o porque va a misa el domingo o porque está casada por la Iglesia o porque es un sacerdote, etc.

Eres de la Iglesia porque imitas a la Cabeza de la Iglesia, que es Cristo. Y sólo se le puede imitar teniendo Su Espíritu. Si no tiene Su Espíritu, por más que reces, por más que comulgues, por más que seas sacerdote, por más que estés casado por la Iglesia, no eres nada, no eres Iglesia, no haces Iglesia.

Pero ¿qué se creen que es la Iglesia? ¿Lo que ustedes piensan, lo que ustedes obran en sus vidas humanas, lo que ustedes rezan, sus apostolados en cada parroquia? ¿Sus limosnas hacen la Iglesia? ¿Sus matrimonios para el mundo hacen la Iglesia? ¿Sus hijos que han buscado en sus lujurias, hacen la Iglesia?

La Iglesia no es una estructura en la que se hacen cosas; la Iglesia es la vida de Cristo en cada alma, en cada corazón, en cada espíritu. La vida de Cristo. No el pensamiento, no el sentimiento, no la opinión que cada uno tenga de Cristo.

La vida de Cristo no se comprende estudiando la historia de Cristo, ni leyendo el Evangelio, ni sabiéndose los dogmas de la Iglesia.

En la vida de Cristo se penetra en Su Espíritu. Es el Espíritu el que se enseña a ser Cristo. Es el Espíritu el que enseña a comulgar a Cristo en la Eucaristía. Es el Espíritu el que enseña a hacer un matrimonio para Cristo. Es el Espíritu el que enseña a ser sacerdote de Cristo. Es el Espíritu el que enseña a combatir bajo la bandera de Cristo contra el demonio, contra el mundo y contra la carne. Es el Espíritu de Cristo el que hace los hijos de Dios en el Bautismo. ¡Es el Espíritu de Cristo!

Y nadie, en la Iglesia sigue a ese Espíritu, en la actualidad. Y, entonces, ¿cuál es la Iglesia que tenemos?

La Iglesia de los orgullosos, la Iglesia de los fracasados en el Espíritu, de los que se acobardaron cuando el Espíritu les mostró la Verdad y prefirieron sus mentiras en la Iglesia; es la Iglesia de los que aman su pecado y de los que hacen de su pecado un camino para que todo el mundo peque como ellos; es la Iglesia que se ha olvidado de la Verdad porque está centrada en sus mentiras, en sus errores, en sus engaños, en sus falsedades, que llama verdades para sí mismos; es la Iglesia de los estúpidos y dementes que sólo viven para su vida social, para su propaganda en el mundo, para dedicarse a sus negocios en la Iglesia; es la Iglesia maldita porque sólo se mira a sí misma, a sus problemas, a sus angustias, a sus sentimientos inútiles. Sólo llora por sí misma, pero no es capaz de llorar por las ofensas que continuamente se hacen al Corazón de Jesús; una iglesia que predica comunismo y marxismo como la tabla de salvación para los hombres, eso ser iglesia del demonio y para las obras del demonio.

No se equivoquen con Francisco: es un inútil en el gobierno de la Iglesia. Un sin dios, un ser incapaz de ver la Verdad, un ser que no tiene a Cristo en su sacerdocio, un ser que sólo se ha convertido en un bufón en la Iglesia, un payaso que entretiene a todos y se dedica a decir sus negras opiniones como si fueran dogmas en la Iglesia, un ser que más le valiera no haber nacido porque no es capaz de ver su propia maldad, no sabe lo que está haciendo sentado en la Silla de Pedro. Es un ser que sólo da nauseas escucharlo, leerlo, mirarlo. Es un ser para agradar a los hombres y sólo a los hombres, que habla siempre lo que los hombres quieren escuchar y que se hace continua propaganda a sí mismo con sus estúpidas y locas entrevistas, que sólo enseñan su maldito pecado.

Es Francisco el que ha comenzado el cisma en la Iglesia, todavía encubierto porque falta una cosa: que muera el Papa Benedicto XVI. El Señor sigue sosteniendo esta miserable Iglesia sólo por Su Papa. Cuando él falte, la sede quedará vacante y ahí comenzará el cisma abierto, sin posibilidad de encubrirlo, como se hace ahora, porque todavía el demonio no tiene todo el poder en la Iglesia. El poder está en el Papa Benedicto XVI. Lo han sacado de en medio para tener libertad de hacer lo que están haciendo; pero no pueden obrar la maldad que hay en sus corazones, porque algo se lo impide, algo divino que posee el Papa verdadero y hasta que no muera, no se obra ninguna maldad en la Iglesia.

Analicen en el Espíritu todo lo que es la Iglesia actualmente y no se dejen engañar por el lenguaje barato y blasfemo de Francisco. Sólo es un payaso que hace su negocio en la Iglesia. Y lo hace amparado por toda la Jerarquía corrupta que está en toda la Iglesia, lo hace con el aplauso de la gente del mundo que está esperando el giro en la Iglesia para poder tener poder en la misma Iglesia.

Días de gran turbación es lo que viene, no sólo en el mundo, sino en toda la Iglesia. Y tiene que ser así. Y la culpa de Francisco: su pecado de orgullo. No echen la culpa a nadie más. Él es el culpable de todo lo que venga ahora a la Iglesia. De todo, porque está puesto en donde no debe estar: en la Silla de Pedro. Y quien la usurpa tiene sobre su cabeza la espada de la Justicia Divina. Y, como es líder, esa espada es también para toda la Iglesia.

Habéis querido que un payaso os gobernará; no habéis luchado por el verdadero Papa, entonces no esperéis bendiciones del Señor. La Justicia caerá sobre toda la Iglesia, empezando por Su Jerarquía.

Tenéis miedo de enfrentaros a ese payaso, de dar testimonio de Cristo ante ese payaso; tenéis miedo de obedecer a Cristo porque preferís acomodaros a los pensamientos de ese payaso, para así no perder vuestro dinero, vuestra posición social, en la Iglesia; tenéis miedo de ser de Cristo porque os habéis anulado en las obras de los hombres, en las vidas de los hombres, en los caprichos de los hombres, en los placeres de los hombres.

Sois sólo hombres que miráis lo humano como camino en vuestras vidas; pero ya no sois Cristo, porque no sabéis seguir Su Espíritu, que os lleva al sufrimiento y a la muerte de todo lo vuestro humano. Y rechazáis esa Cruz, porque rechazáis la Verdad, que es Cristo.

No se puede seguir a Francisco sin caer en la maldición que trae su pecado de orgullo, sin caer en el castigo que viene ahora a toda la Iglesia, porque abraza a un payaso y lo encumbra como su salvador, echando a Cristo de su misma Iglesia.

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5 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    …. y alguien habrá visto al sacerdote muerto con la cruz arrancada y se habrá preguntado “¿quién podrá haber hecho semejante cosa?”. Pues, el futuro papa.
    “Miré el rosario que tenía en la mano y enseguida me vino a la mente ese ladrón que todos tenemos dentro, ¿no?”. No, Bergoglio, no todos tienen un ladrón dentro suyo.
    Y lo peor es que se jacta de su “obra”. Linda manera de empezar la Cuaresma.
    “Y siento la gracia, siento que me hace bien. ¡Qué bueno es el ejemplo de un cura misericordioso, de un cura que se acerca a las heridas!” La verdad que no suena muy convincente…

    • josephmaryam dice:

      Se jacta de su pecado, ve su pecado como una obra buena y la cuenta a todo el mundo como ejemplo de hombre santo, de hombre de oración, de hombre que sabe lo que hace y lo hace bien. Habla de forma orgullosa, no de forma humilde. No habla arrepentido de su pecado, sino encumbrando su pecado como un valor, una virtud, algo que todos deberían imitar en él. Por eso, es triste que la Iglesia esté gobernada por un hombre pecador que no reconoce su pecado y que no va a quitar su pecado. Y, entonces, ¿a dónde va a conducir Francisco a al Iglesia en su pecado? Al infierno.

  2. Gog dice:

    Pues me parece muy feo quitarle un crucifijo a un rosario que sostiene un difunto. Y todavía lo cuenta como si fuera una hazaña. Este hombre tiene una conciencia muy rara. Según eso si alguien siente una tentación ante un objeto religioso pues que se lo lleve y ¡listo! Y lo peor es que la gente lo ve como un gesto muy bonito y lo aplaude.

    • josephmaryam dice:

      Eso se llama pecado contra el séptimo mandamiento de la ley de Dios. Y tiene que devolver lo que robó, porque no le pertenece a él sino a su dueño. Pero ahì se ve que Francisco no cumple con los mandamientos de la ley de Dios. Y quien no cumple con la ley divina no ama a Dios. Y su salvación está en la cuerda floja porque no es capaz de ver sus pecados ni de hacer algo para reparar sus pecado. Y un hombre que no ve su pecado es un hombre que se condena por su pecado.

  3. LAODICEA dice:

    Me gustaría conocer su opinión acerca del milenarismo. Debemos esperar un tiempo glorioso para la iglesia después de una gran tribulación o ese periodo ya ha pasado y nos acercamos al fin del mundo con la parusía y el juicio final. Se que es un tema difícil y hay muchas opiniones al respecto.
    Por cierto nunca he oído hablar a ningún sacerdote sobre esto en ninguna homilía.

    Un saludo y muchas bendiciones de Dios nuestro señor.

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