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Francisco es una maldición para toda la Iglesia

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Un verdadero Papa se ve por dos cosas:

a. Su fe en Cristo

b. Su fe en la Iglesia de Cristo.

a. Por la Fe en Cristo, ese Papa verdadero siempre dará el pensamiento de Cristo, que es la Verdad Absoluta, de la que nadie puede separarse si quiere salvarse. Lo que salva es obedecer a la Verdad, tal como es, sin inventarse otras cosas, sin limitarla, sin condicionarla.

Un Papa puede ser muy pecador, pero si es verdadero, nunca –en su pecado- negará la Verdad, la ocultará, la combatirá, claudicará ante Ella. Porque el Papa verdadero es el que une a la Iglesia en la única Verdad; es el fundamento de la unidad de la Iglesia en la Verdad. Es la base de la unidad, aunque cometa pecados. Nunca sus pecados romperán esa base, destrozarán ese fundamento, porque ha sido elegido por Cristo para dar esta unidad a toda la Iglesia, para hacer de la Iglesia Una en Cristo.

b. Por la fe en la Iglesia de Cristo, el Papa verdadero guía a toda la Iglesia hacia la salvación y la santificación de todas las almas que le pertenecen. El Papa es para la Iglesia; el Papa no es para el mundo o para unos hombres o unas culturas o una filosofía de la vida.

Se es Papa para ser Iglesia. Se es Papa para formar la Iglesia. Se es Papa para guiar a la Iglesia hacia Su Verdad, en el Espíritu de la Verdad.

El Papa habla sólo a la Iglesia palabras de Verdad. El Papa obra sólo en la Iglesia obras de Verdad. El Papa vive en la Iglesia la vida de la Verdad. Y, con su ejemplo, con su imitación de Cristo, entonces conduce a la Iglesia hacia la tierra prometida, hace que cada alma camine hacia su salvación y santificación. Y haciendo eso, la Iglesia cumple su función en la tierra.

La Iglesia es el Reino de Dios, que no puede darse completamente en la tierra, en la vida de los hombres sólo por el pecado original que Adán cometió contra Dios. Y, por eso, la Iglesia terrenal es sólo un tránsito hacia la Iglesia verdadera que sólo es posible en el Cielo. Y si el Papa no conduce a cada alma por el camino de Cristo, que es la muerte a todo lo humano, la Iglesia no puede darse como tal en la tierra. Si el Papa se dedica a asuntos humanos, naturales, materiales, sociales, políticos, económicos, etc., descuidando la vida espiritual en cada alma, entonces no se hace la Iglesia y no se es Iglesia.

Si estas dos cosas no se dan en un Papa, entonces ese Papa no es Papa, sino otra cosa. Y, por tanto, si queremos discernir lo que es Francisco, es muy fácil:

1. ¿Cómo es su fe en Cristo?

a. La Fe en Cristo viene de la Fe en la Santísima Trinidad:

“Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser” (Francisco a Eugenio Scalfari, fundador del diario La Repubblica).

Claramente, Francisco no cree en la Santísima Trinidad.

Francisco cree en un Dios que no es católico; es decir, que no es el Padre, ni el Hijo ni el Espíritu Santo.

a. Es un Dios que se llama: el Padre, que es la luz, que es el Creador;

b. es un ser que se llama Jesucristo, pero que ya no es Dios, sino la Encarnación de Dios. Jesús no es la Encarnación del Verbo, sino de Dios.

c. Y es su maestro, su pastor, pero no su luz, no su creador. Ese Jesucristo no es Dios, como el Padre; es otra cosa.

d. Y, para Francisco, no existe el Espíritu Santo. Ni lo nombra. Eso sólo es un lenguaje del hombre, un concepto del hombre, que se puede interpretar de muchas maneras.

De esta concepción de Dios, se sigue que Francisco no cree en Cristo. Así de sencillo.

Jesucristo es la Encarnación de Dios para Francisco.

Niega, anula, el dogma de la Encarnación del Verbo: Jesús es la Encarnación del Verbo, el Hijo de Padre encarnado en el seno de la Virgen María. Jesús es la segunda Persona de la santísima Trinidad, que asume una carne, con la que se hace Hombre, siendo, al mismo tiempo, Dios. Esto lo niega Francisco.

Y, entonces, ya no tiene la fe católica, que es imprescindible para tener la fe en la Iglesia de Cristo. Si Francisco no cree en el Padre que engendra a Su Hijo en el Espíritu, tampoco cree en el Hijo del Padre que se encarna por obra del Espíritu en el seno de la Virgen María.

Para Francisco, Jesús es la Encarnación de Dios, no del Verbo. Ésta su herejía le conduce a negar el Misterio de la santísima Trinidad y, por consiguiente, a negar el Misterio de la Encarnación del Verbo. Negando estos dos Misterios, es imposible tener fe católica. Se tiene una fe humana, que consiste en que la mente humana piensa a Dios de una manera humana y lo busca según ese lenguaje humano, ese criterio humano, ese pensamiento humano. Y eso le conduce a dar culto a su pensamiento humano. Cree sólo en su idea de Dios, en su idea de Jesús, pero no cree ni en Dios ni en Jesús.

Si Francisco no cree en Cristo, entonces tampoco cree en la Iglesia de Cristo. Consecuencia: Francisco se inventa su cristo y su iglesia.

b. ¿Qué fe tiene Francisco?

“la luz de la fe es una luz encarnada, que procede de la vida luminosa de Jesús. Ilumina incluso la materia, confía en su ordenamiento, sabe que en ella se abre un camino de armonía y de comprensión cada vez más amplio” (Lumen Fidei – n. 34).

Para Francisco, la luz que da la fe es algo encarnado, algo que se da incluso en la materia, algo que hace participar a todos los seres creados de ese conocimiento.

Ya la fe no es un don de Dios que sólo se da al alma, no a los seres creados. Sólo para el hombre es la fe. Para Francisco la fe ilumina a la materia, ordena la materia. Está confundiendo la obra de la Creación de Dios con el don de la fe al alma. Con esto, está significando Francisco, que es la Creación el inicio de la fe en todo. Que no existe otra fe que un Dios de Bondad, que lo ha creado todo por amor y que lo salva todo por amor. Y esto trae una consecuencia monstruosa: negar el pecado y, por tanto, la obra de la Redención. Lo que vale, lo que permanece es la obra de la Creación. Francisco da una importancia a esa obra anulando la mayor obra de Dios en Cristo, que es redimir en Su Hijo a toda la humanidad. Esta obra, que es la Nueva Creación, para Francisco no tiene ninguna importancia, sino que es sólo una continuación de esa obra creadora de Dios que, para él es una luz, un conocimiento. Pero no es una luz la Redención de Cristo.

Y, además, esa luz de la fe procede de la vida luminosa de Jesús. En Jesús se da una luz que no es la de la fe. Jesús engendra una luz distinta a su vida luminosa. Y esa luz es la fe para el hombre. Ya la Fe no es la Verdad Absoluta, sino algo que viene de Jesús, algo que engendra Jesús, algo que es fruto de la vida de Jesús. Luego, el que tiene fe no debe creer en Jesús, sino en esa luz engendrada por Jesús, en eso que de Jesús viene, pero que no es la misma vida de Jesús. Ya no se cree en Jesús, ya no es imita la misma vida de Jesús, ya no se hacen las mismas obras que hizo Jesús, ya no se tiene la misma Mente de Cristo. Es otra cosa.

Cristo ya no está en la Eucaristía, porque ésta es sólo un recuerdo de la vida de Cristo: “la eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final” (Lumen Fidei – n. 44).

La eucaristía ya no es Cristo, porque: “El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo” (Lumen Fidei – n. 44); ya no se transustancian, ya no se cambian las sustancias y desparecen el pan y el vino, sino que se quedan las sustancias del pan y del vino en la Eucaristía.

Por tanto, la Eucaristía es sólo un recuerdo de la muerte de Cristo en el Calvario. La Misa es un recuerdo, no es el Calvario mismo, no es lo que sucedió en el Calvario y que se da realmente en cada Misa, aunque de manera incruenta. Sólo la Misa es un trabajo mental, un acopio de fuerzas humanas para entretener a la gente y decir que ama a Dios escuchando la Misa.

Francisco niega el Misterio Eucarístico, que es negar a Cristo mismo. Y sin la Fe en la Eucaristía, queda una fe humana en la eucaristía; queda una invención de la eucaristía, del amor de Cristo. Y, por eso, Francisco predica su misericordia sin verdad, sin ley divina, sin norma de moralidad. Porque tiene que anular el pecado para centrarse sólo en la Obra de la Creación, que es lo más valioso en su fe humana., y decirle a todos los hombres que están salvados por Dios los ama mucho.

La fe es una luz encarnada. Y ¿dónde se encarna esa luz? En la mente de la persona, en la razón del hombre, en la idea del hombre.

c. ¿qué cosa es esa fe de Francisco?

“La fe (…) se presenta como luz en el sendero, que orienta nuestro camino en el tiempo. Por una parte, procede del pasado; es la luz de una memoria fundante, la memoria de la vida de Jesús, donde su amor se ha manifestado totalmente fiable, capaz de vencer a la muerte. Pero, al mismo tiempo, como Jesús ha resucitado y nos atrae más allá de la muerte, la fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro « yo » aislado, hacia la más amplia comunión.” (Lumen Fidei – n. 4).

Así, que la Fe para Francisco, es algo que viene del pasado y es algo que viene del futuro.

1. Viene del pasado, porque Cristo ha muerto y ha vencido a la muerte con su amor;

2. y viene del futuro, porque Cristo nos atrae hacia ese futuro.

1. La fe, como es algo del pasado, es una luz de una memoria fundante. Es decir, la vida de Cristo es una memoria, un recordar, un analizar, un sintetizar, un pensar, un meditar, un analizar.

Cristo vivió su vida y la dejó como memoria, como recuerdo, como algo que el hombre tiene que cogerlo y hacerlo suyo. En otra palabras, la fe es un ejercicio de la mente del hombre, un estudio que hace el hombre sobre la vida de Cristo, sus orígenes, su cultura, su medio ambiente, sus familiares, todo aquello que ayude a descubrir lo que es Cristo.

Por tanto, en la Fe no se cree en Cristo, sino sólo se cree en una idea que el hombre tiene de Cristo, en una razón adquirida por la mente en su estudio intelectual sobre Cristo. Sólo se cree en el lenguaje humano que da una inteligencia al hombre de Cristo.
Consecuencia, quien cree en Cristo sólo cree en su mente humana, en su idea humana, en su razón humana, pero no cree en Cristo.

Y, entonces, Francisco tiene que interpretar el Evangelio a la luz de su razón humana, no en la luz del Espíritu: “El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio (…) El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica completa. (…) la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible” (Francisco al P. Antonio Spadaro, S.J.Director de La Civiltà Cattolica).

Francisco anula la Palabra de Dios, el Evangelio, porque lo lee desde la cultura del hombre, desde el tiempo del hombre, desde el conocimiento del hombre, desde la mente del hombre, desde la historia del hombre. Echa a Cristo de la Iglesia. Se inventa su evangelio de la fraternidad, su amor a los hombres porque son hombres, que Dios ha creado y salvado porque es bondadoso.

Francisco no cree en el Evangelio, que es la Verdad, la única Verdad. Francisco no somete su inteligencia humana a la Palabra del Evangelio, sino que es su inteligencia humana la que quiere descifrar los misterios de la Palabra Divina, contenidos en el Evangelio. Es su soberbia, su orgullo, ponerse por encima del Evangelio. Francisco no obedece a la Verdad, que es Cristo, sino a las verdades que ha encontrado en su razonamiento humano sobre Cristo. Francisco se obedece a sí mismo en su sacerdocio, pero no a Cristo, no a la Mente de Cristo, no a la Palabra de la Verdad, que se da en el Espíritu de la Verdad.

Y quien no cree en el Evangelio es señal de que no escucha a Dios en su corazón. Y quien no escucha a Dios no tiene fe en Dios. La fe viene por el oído, porque se tienen los oídos abiertos a la Palabra Divina y cerrados a toda palabra humana. Francisco sólo escucha su razón humana. Tiene abierta la mente a su idea humana, pero cerrado el corazón a la Palabra Divina.

Francisco es un hombre sin fe divina. Se ha inventado su fe en cristo y su fe en la iglesia.

2. Y la fe, como es algo del futuro, entonces lleva al yo hacia una comunión, una unión, una armonía, que le hace salir de su propio campo visual para que pueda comprender otro campo, otra visión, otra estructura en la vida.

Cristo resucitó y entonces da al alma un futuro, un camino nuevo. Pero, ¿Cómo se camina hacia ese futuro? ¿cómo se recibe ese algo nuevo que viene del futuro? ¿qué es esa comunión? ¿en qué consiste esa unión a la que esa fe conduce?

“La fe cristiana es, por tanto, fe en el Amor pleno, en su poder eficaz, en su capacidad de transformar el mundo e iluminar el tiempo” (Lumen Fidei – n. 15).

El yo sale de sí mismo porque cree en el Amor pleno. Y ese amor pleno “se revela como fe en su amor indefectible por nosotros, que es capaz de llegar hasta la muerte para salvarnos. En este amor, que no se ha sustraído a la muerte para manifestar cuánto me ama, es posible creer; su totalidad vence cualquier suspicacia y nos permite confiarnos plenamente en Cristo” (Lumen Fidei – n. 16).

Para Francisco hay que creer en ese amor de Cristo que ha muerto para decirnos cuánto nos ama.

Francisco da un giro, da una vuelta, para no ver el amor redentor de Cristo, y así centrarse en el amor de Dios.

Y, entonces, incurre en una grave herejía: para llegar al amor pleno, al amor divino, hay que ir a través del amor redentor de Cristo. El amor de Cristo es una cosa: Cristo sufre y muere para dar vida al hombre que está en su pecado.

Y Dios ama al hombre cuando éste ha reparado todo su pecado en la Justicia Divina.

No se puede llegar al amor pleno si unirse al amor redentor de Cristo; es decir, sin purificar el corazón, sin expiar el pecado, sin reparar en la Justicia Divina los pecados de los hombres, es imposible que Dios ame al hombre.

Por eso, Cristo permanece como Mediador entre el Padre y los hombres. Cristo hace caminar a los hombres por Su Camino de Cruz, de expiación del pecado, de purgación del alma, para que el Padre pueda unirlos en su Amor.

Francisco da un giro, no quiere ver el amor redentor de Cristo, porque lo ha anulado; y sólo se centra en el amor pleno de Dios. Y lo pone en Cristo. Ésa es su herejía. En Cristo, sólo está el Amor Redentor; en el Padre, el Amor Divino.

Cristo ama al hombre con Su Corazón, que es un Amor Redentor; y el Padre ama al hombre en Su Hijo, en el Corazón del Hijo. Y en la medida que el hombre se vaya purificando de su pecado, en la medida en que el hombre se vaya transformando en otro Cristo, imitando a Cristo en su vida, así va recibiendo el amor del Padre y se va haciendo Uno en la Santísima Trinidad. ESto lo anula Francisco en su concepción de su fe fundante, fe en una memoria, en un recuerdo inútil de la vida de Cristo, porque Cristo da Su Vida sin más, en la Gracia, sin que el hombre se ponga a estudiar su vida. Cristo es Vida, es la Vida. Cristo no es un recuerdo, no es el aprendizaje de unas palabras bien dichas. Cristo mismo se da al alma. Y le da su mismo Ser, su misma Vida, sus mismas obras. Por eso, es gravísima la herejía de este hombre. Niega al mismo Cristo en su fe fundante.

¿A qué le conduce esta fe a Francisco?

“Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos” (Francisco al P. Antonio Spadaro, S.J.Director de La Civiltà Cattolica).

Francisco busca una iglesia nueva, distinta de la de Cristo.

Una iglesia que se inventa sus caminos para trabajar por el hombre, no por Dios.

Una iglesia que reúne todo para condenar a las almas, porque Francisco no cree ni en la:

1. Santísima Trinidad

2. Encarnación del Verbo

3. Eucaristía

4. Evangelio

5. Obra de la Redención de Cristo

6. Iglesia de Cristo

Entonces, ¿qué es lo que da Francisco en la Iglesia?

Dos cosas:

1. Su comunismo

2. Su protestantismo

Y ¿Por qué Francisco da esto?

Porque es un masón; es decir, es un masón vestido de obispo.

Francisco no es un sacerdote; es un masón. Francisco no es Obispo; es un masón. Francisco no es Papa; es un masón.

Y no es masón porque haya pertenecido a un grupo masónico; sino porque su fe es masónica.

Lo que revela Francisco en sus declaraciones, en sus encíclicas, en sus homilías, en sus enseñanzas heréticas, es la doctrina de la masonería, es el ideal de la masonería, es el orden nuevo mundial, que es necesario ponerlo en Roma, no en la Iglesia de Cristo.

Francisco no pertenece a la Iglesia de Cristo. Francisco no es Papa. A Francisco no hay que obedecerle, porque no es Papa.

Y no es Papa, no porque existan unas revelaciones que dicen que es un falso Papa, sino porque él como líder de la Iglesia no hace unidad en la Verdad. No puede hacerla. Si no da la Verdad, ¿cómo quiere unir en la Verdad a la Iglesia?

Si su liderazgo en la Iglesia no está fundamentado en la Verdad Absoluta, ¿cómo quiere exigir obediencia a su mente si esta mente habla por su boca la mentira?

En la Iglesia de Cristo se obedece a Cristo en la Jerarquía, cuando la Jerarquía da la Verdad, que es Cristo; enseña la Verdad, que es Cristo; guía en la Verdad, que es Cristo; pone el camino de salvación y de santificación en la Verdad, que es Cristo.

Y si la Jerarquía de la Iglesia no da la Verdad como es, con sencillez, con claridad, sin condiciones, sin opiniones, sin puntos de vista, sin criterios humanos, entonces no es posible la Obediencia a esa Jerarquía. Porque no se obedece la mente de ningún hombre, por más Papa que sea, por más sacerdote que sea, por más Obispo que sea, por más Cardenal que sea, si esa Jerarquía no se pone en la Verdad, que es Cristo, si esa Jerarquía no es otro Cristo.

Francisco no habla como Cristo, no obra como Cristo, no vive como Cristo. Consecuencia: no hay obediencia a Francisco. Porque Francisco es el que hace el cisma dentro de la Iglesia con su mentira, con sus herejías, con sus opiniones, con sus criterios de hombre. Y obedecerle, por consiguiente, es hacer un cisma dentro de la Iglesia. Y no obedecerle es ponerse en la Verdad de la Iglesia.

Como sacerdote, lo tengo claro: no hay obediencia a Francisco ni a ningún Obispo que siga a Francisco. Porque Francisco no hace la unidad en la Verdad dentro de la Iglesia, sino que la está destruyendo con su opinión de hombre sobre el Evangelio, sobre Cristo, sobre los Sacramentos, sobre el Papado, sobre todas las cuestiones de la Iglesia.

Y aquel que destruye la Verdad en la Iglesia hay que considerarlo como enemigo, no sólo del alma, sino de la misma Iglesia. Y no hay obediencia a un enemigo. No hay respeto a un enemigo. No es posible dialogar con un enemigo. No es posible abrazar a un enemigo.

A Francisco hay que amarlo como enemigo del sacerdocio, de la Verdad, del Evangelio, de la Iglesia, de los hombres, de las almas.

Y amar a un enemigo consiste en mostrarle la Justicia Divina, no el cariño de los hombres, no la misericordia absurda de los hombres. Hay que decirle que se vaya a un monasterio a expiar sus muchos pecados y a buscar la salvación de su alma, porque peligra estando sentado en esa Silla de Pedro, que no es su silla. Francisco se la robó al Papa Benedicto XVI. Y ese robo exige una Justicia Divina que tiene que cumplir si quiere salvarse.

Para ser Iglesia hay que ponerse en la Verdad. Y aquel que tenga miedo a decir las cosas claras de lo que es Francisco, no pertenece a la Iglesia.

Aquel que siga haciendo el juego a Francisco, no pertenece a la Iglesia.

Aquellos Obispos que sigan lamiendo la humanidad de Francisco, no se les puede obedecer en la Iglesia. Porque se es cabeza para indicar el camino de la salvación al alma, al sacerdote, a la Iglesia. No se es cabeza para condenar a las almas siguiendo los bellos pensamientos de muchos hombres que ya no tienen vida sacerdotal en la Iglesia, que están en sus Obispados para tener una posición eclesiástica, económica, política, social, cultural, científica, filosófica, pero que han perdido el norte de la Verdad, la guía del Espíritu de Cristo en sus sacerdocios. Y no saben, como cabezas del sacerdocio ni guiarse así mismos en el sacerdocio. ¿Cómo van a exigir la obediencia a sus súbditos si ellos ya no obedecen a Cristo y sólo obedecen a un hereje que, sentado en la Silla de Pedro, conduce a toda la Iglesia hacia su ruina más total?

La alegría que da el Evangelio es la fuerza de la Verdad que da al alma el ser testimonio de esa Verdad en medio de demonios como hay dentro de la Jerarquía de la Iglesia. No hay que tener miedo de enfrentarse a una Jerarquía ciega en la mentira y que guía a los ciegos al infierno del alma.

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1 comentario

  1. Juan Pablo dice:

    Clarísimo. Gracias. ¿Qué más pruebas se necesitan para saber que éste no puede ser nada menos que San Pedro en la tierra?
    Y gracias, porque hay cosas que a uno se le pasan porque suenan, aparentemente, correctas: “…Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre…” Pero Dios, es el Padre. Jesucristo, no.

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