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El Vaticano es una guarida de víboras

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El Reino de la Paz

Primer anticristo

Francisco no profesa la fe católica, sino sus falsas religiones: está con los judíos, con los protestantes, con los mahometanos, con los budistas, con todo el mundo religioso, menos con la Iglesia Católica.

Francisco es el hombre de las falsas religiones, el hombre que gusta al mundo porque piensa y obra como se hace en el mundo.

Por eso, es necesario apartarse de las falsas enseñanzas que Francisco da cada día en la Iglesia.

Francisco, en cada homilía, en cada declaración, introduce palabras que no pertenecen a Jesús, que no están en el Evangelio, que no son del Magisterio de la Iglesia.

Francisco no habla como un Papa, sino como Satanás, como vicario del demonio. Su magisterio en la Iglesia no es papal, es decir, no está guiado por el Espíritu Santo, para enseñar la Verdad y guiar a la Iglesia hacia la Verdad.

La sabiduría que viene del cielo es pura, dice Santiago en su carta, y, por tanto, no viene con mentiras, con engaños, con opiniones, con dudas, con filosofías de la vida de los hombres.

La sabiduría que viene del cielo no viene con las culturas de los hombres, no viene con el pensamiento de los hombres, no viene a acomodarse a las ideas de los hombres, no viene a aplaudir el progreso de las ciencias y de las técnicas de los hombres, no viene a decir que ya todo está perdonado y, por lo tanto, a vivir la vida haciendo cosas buenas o malas, pero todo el mundo se salva, que es lo que, a fin de cuentas, enseña Francisco.

Francisco es astuto, pero tiene la astucia de su padre, el diablo. Es astuto para engañar, para mentir, para decir aquello que nadie quiere decir, porque es claramente una mentira, un pecado, pero lo dice dejándolo caer, como de pasada, como sin darle importancia.

Tiene la astucia del alma no inteligente; pero que es una astucia que produce mucho daño porque enseña la duda, pone al alma en la confusión, deja que el alma piense sólo en la mentira que le ha dado, pero que no vaya a la clara verdad. Es una astucia que impide ver la Verdad.

Por eso, Francisco es un verdadero actor: sabe actuar para meter su engaño, su mentira, su error, su duda. Prepara lo que va a decir, piensa en sus gestos, en las caras que hay que poner, en las sonrisas que hay que dar, en el ejemplo amable hacia los otros, porque Francisco sabe que esto es lo que vende entre los hombres.

Un hombre que da una sonrisa a los demás es agradable a todos. Un hombre que da palabras bellas, hermosas, cariñosas, amables, distinguidas, entonces cae bien a todo el mundo. Un hombre que no quiere imponer su pensamiento, sino que sólo lo deja caer, como de pasada, como sin darle importancia, entonces la gente sigue ese pensamiento.

Francisco sabe cómo son los hombres: como borriquillos, que van uno detrás de otro, sin fijarse en nada más que lo que tienen a su frente y dejándose guiar por todo el mundo.

Francisco sabe que los hombres son una masa. Y, por tanto, él habla para la masa. Él no es capaz de hablar a cada alma. No sabe lo que es el alma, no sabe la vida espiritual, no sabe la vida de la Iglesia.

Francisco habla como un político: para todo el mundo, para la masa de las gentes, para algo que, en sí mismo, no vale nada.

Alrededor de Francisco se reúnen las masas, pero no las almas. Alrededor de Francisco no hay un alma, porque Francisco no alimenta el alma, sino las masas.

Un alma que busque la verdad no va hacia Francisco, porque no da una verdad para un alma, da muchas cosas para todo el mundo, habla para todo el mundo, pero no habla al corazón del alma.

El alma siente cuando algo va dirigido hacia ella; pero ante Francisco, el alma sólo siente que lo que se dice es para todo el mundo, para la masa, para un conjunto de hombres que escuchan un palabra de mentira para obrarla en sus vidas.

Francisco tiene un corazón sucio, un corazón cerrado a la gracia, un corazón en pecado, que vive su pecado y que ama su pecado y que no quiere quitar su pecado. Es un corazón que impide que la verdad habite en él. Y, por tanto, lo que enseña Francisco es sólo su corazón sucio, su corazón ennegrecido por sus pecados, su corazón que sólo sabe hablar de dinero, de materialismo, de humanismo, de mundanidad, de profanidad; pero que es incapaz de tener vida espiritual.

Y, por tanto, Francisco se recubre de aquello que no cree en su corazón; se reviste de aquello que odia, porque es algo santo, es algo puro, es algo verdadero, pero que tiene que decirlo porque está haciendo su obra de teatro. Tiene que actuar como los actores lo hace en una película: se aprenden el guión, aunque saben que lo que dicen no es para ellos, no lo viven, no lo creen, pero tienen que decirlo para hacer su película.

Francisco tiene que decir las verdades del Evangelio, del Magisterio de la Iglesia, pero que no cree en ellas, en su corazón. Y, justamente, porque no cree, tiene que hablar palabras buenas, palabras verdaderas, pero que no son suyas, que no están en su mente, que no vive en su corazón, que no ha asimilado porque no puede hacerlo por su pecado de orgullo.

Y Francisco, cuando hace su misa, pronuncia las palabras de la consagración, que son palabras verdaderas, auténticas; pero las pronuncia porque sabe leer y recitar, no porque cree en ellas. Y, por eso, hace su obra de teatro, hace su actuación. No consagra, no da un pan consagrado, no a Cristo, sin un pan material en sus misas.

Y, cuando predica, hace lo mismo: lee palabras del evangelio, las recita, las pronuncia, las vocaliza, pero después, mete lo que le interesa: su mentiras, sus palabras que sí cree, sus filosofías que están en su corazón, sus obras malditas que vive cada día.

Francisco tiene un corazón que odia. No tiene un corazón que ama. Y la razón sólo están en una cosa: la Virgen María.

Para ver si un sacerdote es auténtico, sólo hay que fijarse en si ama o no a la Virgen María.

Y Francisco no ama a la Virgen María. Y se prueba con esto:

“El Evangelio no nos dice nada: si dijo alguna palabra o no… Estaba silenciosa, pero dentro de su corazón, ¡cuántas cosas decía al Señor! Tú, aquel día me dijiste que iba a ser grande; Tú me dijiste que le darías el Trono de David, su padre, que reinaría por siempre, ¡y ahora lo veo allí! ¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡He sido engañada!” (Francisco, 20 de diciembre, en Santa Marta).

Leer estas palabras trae indignación a al alma que cree en la Verdad, que vive para no tener dudas de lo que el Señor le da.

Francisco enseña la duda para caminar ante Dios. No enseña a creer en Dios de una manera sencilla, clara, humilde, abandonada a la sola Voluntad de Dios.

Decir que María duda es ir en contra de la misma palabra de Dios: “He aquí la Esclava del Señor, hágase en Mi según tu palabra”. María no duda, sino que tiene plena confianza en la palabra de Dios, que se revela a Ella de una manera perfecta, en la que no es posible dudar, porque la Virgen es Inmaculada, no tiene pecado y, por tanto, no puede dudar. La Virgen nunca puede decir: ¡Mentiras! ¡He sido engañada!. Nunca podía pasarse por su cabeza esta idea. Nunca. En los demás hombres, sí. En la Virgen, nunca, porque no puede pecar. Y toda duda es pecado.

Pero el pecado de Francisco no es decir que la Virgen duda, sino en decir que la Virgen es humana.

Si Francisco creyera en lo que significa ser Inmaculada y ser Madre de Dios, entonces, tendría que decir una sola cosa: la Virgen es divina, no humana.

Tiene naturaleza humana, porque es una criatura, nacida de padre y madre; pero no actúa, no piensa, no obra, no vive, como los demás hombres. Y no puede hacerlo por esas dos cosas: es Inmaculada y es Madre de Dios.

Como Francisco no cree en estos dos dogmas, entonces cae en el error de concebir a la Virgen como otro hombre más, como una pobre mujer, como una criatura mortal común, sujeta a las dudas, a los temores, a los miedos, a las inseguridades, que todo hombre tiene en su vida porque nace con pecado original y puede pecar en el transcurso de su vida.

Francisco es incapaz de comprender los Misterios de Dios en la Virgen y, por eso, la maltrata de esa manera, la anula, y la muestra como una mujerzuela más. Y eso es señal de que el sacerdocio de Francisco no pertenece a la Virgen María. Francisco no es un hijo predilecto de la Virgen María. Francisco no ama a la Virgen María. Francisco no tiene como Madre a la Virgen María. Francisco no ve a la Virgen María como Madre de la Iglesia ni como Reina del Universo. Francisco no obra en la Iglesia como lo hizo la Virgen María: con la fe divina. Sino que está en la Iglesia con su fe humana, con su fe diabólica, con su negocio humano en las cosas divinas.

Francisco hace de todo para menospreciar la Iglesia de Cristo, para abajarla, para anularla, para despojarla de todas sus verdades.

Y esto lo hace Francisco con la complicidad de sacerdotes y de Obispos, de Cardenales, que lo rodean y que quieren lo mismo que quiere él: destruir la Iglesia.

El Vaticano es el centro del poder mundial y temporal, convertido en una guarida de víboras. Ya no es el centro del poder espiritual. Desde hace 50 años sólo hay podredumbre dentro de los muros del Vaticano. El Vaticano está podrido en sus sacerdotes, en sus Obispos, en sus Cardenales, y en todas sus estructuras.

El Vaticano es un enorme sepulcro, blanqueado por fuera, para que nadie se dé cuenta, nadie atienda a la podredumbre que hay dentro de él. En el Vaticano nadie respeta la norma de moralidad, la ley divina, la ley natural. Ni uno solo de esa Jerarquía, que ha tomado el poder de la Iglesia para destruirla completamente.

Si hubiera un sacerdote que respete los Mandamientos de la Ley de Dios, tendría que salir del Vaticano.

El Vaticano es una maldición para toda la Iglesia. Los buenos sacerdotes que todavía aman al Señor, son injuriados, menospreciados, perseguidos, calumniados, por el mismo Vaticano, por esa Jerarquía que está sólo para hacer su negocio en Roma, pero que le importa nada un alma sacerdotal.

Los sacerdotes son borregos a los que se utilizan parar los planes de ese Vaticano corrupto. Y muchos sacerdotes tienen miedo de enfrentarse a la Jerarquía, a sus Obispos, que sólo son como Francisco: mentirosos, engañabobos, que están en su oficio para ganar dinero y fama entre la gente del mundo, pero que no tienen vida espiritual. Muchos Obispos no saben dirigir el alma del sacerdote hacia la Voluntad de Dios. Son cabezas ciegas que guían a los ciegos hacia el mismo infierno.

Muchos Obispos no saben dirigir la Iglesia hacia la Verdad, que es Cristo. Sólo saben leer y citar textos de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia. Sólo saben recordar que existen leyes canónicas a aquellos que no quieren obedecerlos. Sólo saben mandar imponiendo su mente humana, produciendo el miedo en los sacerdotes que tienen a su cargo, para mantenerlos cautivos a sus mentiras, a sus apostolados en la Iglesia.

Muchos sacerdotes tienen miedo de sus Obispos y no defiende a Jesús y a Su Iglesia. No defienden la Verdad en la Iglesia. Están cautivos, están obligados por sus Obispos a obrar lo que las mentes de esos Obispos quieren en la Iglesia.

La Iglesia, en su Jerarquía, está podrida. Y en su Jerarquía superior: los Obispos. Son lobos, que se visten de piel de oveja, se viste de Cristo, enseñan con sus bocas lo que leen en sus escritos, que son del demonio, pero que después, obran como lobos, como carniceros de las almas, de los corazones, de los sacerdotes.

Jerarquía que mata las almas de la Iglesia, que enseña a dudar de todo, que enseña a vivir en el pecado, que enseña a amar el pecado, que enseña a anular el pecado, que enseña sus mentiras, cada día, como si fueran verdades.

Francisco da el veneno mortal de la duda en la Iglesia: eso significa sus mentiras, sus engaños, sus falsedades, sus idioteces, sus estupideces, sus boberías. El alma que escucha a Francisco, el alma que sigue a Francisco, cae siempre en la duda.

Un sacerdote que alimente a las almas con la duda es un sacerdote del demonio. ¿Todavía no disciernen lo que es Francisco? Un anticristo sentado en la Silla de la Verdad, actuando como Papa, sin ser elegido por Dios para ser Papa, diciendo palabras bellas para engañar a todo el mundo, y con la colaboración de toda la Jerarquía de la Iglesia, que son todos unos miedosos para levantarse contra Francisco y decirle las cosas claras.

Francisco deambula en el lodazal del Ecumenismo y del diálogo con Satanás. Y lleva a todos hacia ese reino maldito del demonio, que es el mundo.

Francisco camina entre presuntuosos teólogos de la teología de la liberación, de la teología protestante, de los modernistas que sólo creen en sus cabezas humanas, en sus elucubraciones estrafalarias, en sus maravillosos textos humanos, que sólo dan la mentira y nada más que la mentira a las almas y, por tanto, enseñan a dudar de todo. Y, en esa enseñanza, tienen un fin: crear una nueva fe para su nueva iglesia.

Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida; y, por tanto, toda cosa distinta que sostenga, que enseñe, que predique, que obre Francisco -y todos los que le siguen-, no son más que el camino hacia el Infierno, hacia la muerte del alma y del espíritu; no son más que mentira, mentira y mentira.

Es hora de que alguien con autoridad en la Iglesia se levante y diga a Francisco que se vaya, que deje la Silla de Pedro vacía, porque su magisterio lleva a la Iglesia hacia la condenación más terrible y a hacer de la Iglesia una confrontación: ya nadie está seguro siendo de la Iglesia Católica. O sigues la opinión de Francisco o ya no eres de la Iglesia. Ya te echan por defender la verdadera doctrina de Cristo y de la Iglesia.

Roma está corrupta. Es una prostituta que se acuesta con todo el mundo para hacer su negocio: dar hijos del demonio dentro de la Iglesia.

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7 comentarios

  1. Santiago dice:

    Gracias Padre por las publicaciones, siempre lo he seguido y sabemos quien es este personaje demoniaco, ya desde antes de su nombramiento sabiamos que vendria el faso profeta vestido de oveja.

  2. Juan Pablo dice:

    Como dos botones de muestra para ver lo que es Francisco-Bergoglio, es la cita de éste artículo:
    “¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡He sido engañada!”
    y aquella de la famosa entrevista sin desperdicio a Scalfari:
    “Cada uno de nosotros tiene una visión del Bien y del Mal. Nosotros debemos animar a dirigirse a lo que uno piensa que es el Bien”
    Es grande la indignación que causa esas palabras puestas por Bergoglio en el pensamiento de la Sma. Virgen “Mentiras”, “He sido engañada”, poniendo en dudas su Fe. Y nadie dice nada.
    En la segunda, el culto al relativismo. Y nadie dice nada.
    Se niega la verdad objetiva. Si el bien se identifica con la verdad, entonces es impropio de un Obispo este lenguaje; el bien es la verdad y Aquel que dijo Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; pero tenemos una especie de Pilatos-Bergoglio que dice su pregunta relativista: “Qué es la verdad?”.

  3. LAODICEA dice:

    Gracias por la respuesta. He de confesar que desde la renuncia de Benedicto XVI un desasosiego y anhelo por conocer la verdad me ha hecho investigar en gran cantidad de blogs y páginas de internet, algo de lo que antes no disponíamos. He descubierto lo que se mantenía oculto a primera vista y es la gran riqueza de la tradición de la iglesia. Por mi edad nunca he asistido a una misa tridentina ni hay ninguna iglesia en mi región en la que se celebre, me he criado en la iglesia postconciliar pero recuerdo que de pequeño aún se celebraba con gran respeto la misa y luego se fue perdiendo ese gran respeto por la eucaristia con la comunión en la mano y todo lo demás. He estado años apartado de la iglesia pero gracias a la que hoy es mi mujer y con la que tengo dos hijos y estamos esperando otro, sufrí una gran conversión y desde entonces he estado siempre en la practica de los sacramentos. Ella fue agregada del Opus Dei aunque lo dejó antes de conocerme. Ahora con todo lo que está pasando en Roma y con Francisco me siento perdido, para un católico es fundamental la figura del papa, qué podemos hacer? Me siento desanimado, mi mujer no quiere saber nada de todo esto, ni de que se hable mal del papa, al contrario, cree que es un papa maravilloso.
    Muchas gracias y que Dios nos ilumine.

  4. josephmaryam dice:

    Cristo es el Hijo de Dios que cura y libera por el poder del Espíritu. Como el hereje Francisco no cree en Cristo, sino que se ha inventado su cristo, entonces tiene que acudir al demonio para decir que Cristo cura como un mago o acudir a sus filosofía barata para enseñar que no existen los milagros y que, por tanto, lo que Cristo hacía es por otros poderes, ya mentales, ya espirituales, ya metafísicos, ya lo que quiera inventarse en su estrafalaria cabeza. Un hombre que, desde la Silla de Pedro, habla así de Cristo, no es de Cristo, no es de la Iglesia, no es Papa, es un don nadie, un estafador, un maldito, un engañabobos, uno que está en la Iglesia para su gran negocio: quitar la hambruna del mundo, haciendo lo que hace: mintiendo y dando escándalo a toda la Iglesia. De Francisco, sólo esperen esto: mentira tras mentira; blasfemia tras blasfemia. Es un hombre pecador que obra su pecado ante todo el mundo y nadie le dice que se vaya, que deje esa silla, que se vaya a su casa a obrar sus pecados ante quien quiera, pero que deje de estar bailando con su pecado en medio de la Iglesia.
    Es triste ver que ninguna autoridad en la Iglesia se levanta contra Francisco y le pone en su sitio, donde debe estar: encerrado en un monasterio hasta que se muera para ver si ve su pecado, se arrepiente y se pueda salvar por pura misericordia de Dios. Porque sólo hace méritos para condenarse y condenar a muchos que lo siguen y que lo aplauden y que no saben qué significa imitar a Cristo en la Iglesia.

  5. LAODICEA dice:

    He visto que en su blog aparecen las revelaciones de Valtorta, la cual es considerada como herética por muchos tradicionalistas. Qué nos podría decir al respecto?. Muchas gracias.

    • josephmaryam dice:

      Valtorta es la delicia de los hombres que viven el Espíritu. Es un alma dedicada a escribir la vida de Jesús en una cama. Vio toda su vida y sufrió por lo que vio. Un alma que da el Evangelio de Jesús y que ayuda a entenderlo en el Espíritu. Un alma que profundiza en la Verdad de cada palabra del Evangelio y saca una enseñanza para el corazón que lo lee. Un alma que hizo de su vida un holocausto a la Verdad. Temía sólo a Dios, no a los hombres. No seguía ningún pensamiento humano sobre el Evangelio. Seguía la misma Palabra del Verbo que la ilustraba sobre la Verdad de su misma Palabra.
      Muchos, en la Iglesia, por quedarse en su lenguaje humano, no atienden a lo que Dios revela como un ayuda insustituible del Evangelio. El evangelio hay que explicarlo en el mismo Espíritu que se dio: el Espíritu de la Palabra. Si no se acude a ese Espíritu, no se comprenden las riquezas del evangelio y las almas se quedan en sus interpretaciones humanas, que son imposibles de hacer crecer al alma en la Verdad.
      Falta de fe es lo que hay en muchos sacerdotes y Obispos sobre las Revelaciones privadas, porque se han dedicado a machacar la Palabra de la Verdad con su inteligencia humana, sin caer en la cuenta de que un hombre que no aprende de Dios la Palabra, no entiende la Verdad de esa Palabra. Muchos hacen oración para hablar con Dios; pocos para escuchar a Dios y aprender lo que Dios tiene para sus vidas.

  6. José M dice:

    Espero no haber pecado,pues la sangre se me ha calentado leyendo lo que Bergoglio ha dicho de la Santísima Virgen María.

    Gracias JosephetMariam por este post. Gracias por alertarnos de los lobos con piel de oveja.

    Cualquier católico que aún tenga un mínimo de fe tiene que ver a las claras que un devoto de María jamás se expresaría así. ¿Hacen falta más pruebas? ¿Como lo van a reinterpretar salvíficamente sus adláteres?

    Además, FALTA A LA VERDAD. Las visiones de Santa Brígida, aprobadas por la Santa Iglesia, dejan claro que la Virgen María, nada tiene que ver con una mujer “común”. Fue excepcional, tanto en la santidad de sus padres, como en la forma en que ellos la concibieron, y, siendo “sine labe concepta” no es una mujer más. Santa Brígida también deja claro que la Virgen María fue un ejemplo de humildad y obediencia perfecta. ¡cómo puede Begoglio poner en sus inmaculados labios semejantes barbaridades!

    Mal va Bergoglio ninguneando a la Virgen. Late un corazón protestante. Y sin la Virgen se cae la Iglesia. Y por eso tiene esa inquina como ha señalado José Manuel Guerrero a la Misa Tridentina. Todo va de la mano.

    ¡Viva la Santa Virgen María y sus cinco dogmas!

    Sería bueno que los lectores de este blog encomendaramos un Rosario, o, como mínimo 3 Ave Marías en desagravio a tales ofensas a la Santísima Virgen.

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