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Francisco oculta la verdad para mostrar su mentira

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La Verdad ha quedado oculta y sólo se muestra la mentira y se vive para esa mentira.

Este es el resumen de todo lo que ha hecho Francisco desde hace un año.

Anula la Verdad y da lo que hay en su mente. Y lo puede dar porque lo vive.

Francisco vive su mentira como una verdad, como un camino, como una obra. Y llama a su mentira con el nombre de verdad. Y quiere que los demás sigan esa mentira, que la da arropada de su cariño, de su sentimiento, de su romanticismo herético.

Francisco habla la mentira con una sonrisa en los labios, con una palabra bella en la boca, con un lenguaje para el hombre de la calle. Y los hombres captan esa mentira, pero no disciernen la verdad.

Francisco no da la verdad cuando habla, sino siempre la mentira, para que esa mentira se quede en la mente de los hombres. Los hombres captan la mentira: se dejan llevar por las palabras de ese hereje, y no disciernen sus palabras, no caen en la cuenta de que lo que habla no es verdad.

Los hombres no captan la verdad porque no la reciben de Francisco. El hombre que está en la mentira, que vive la mentira, que obra la mentira, es el que sigue a Francisco.

Pero el hombre que está en la verdad, entonces puede captar la mentira de Francisco y ver la verdad de su lenguaje.

La verdad de un mentiroso es que nunca puede decir una verdad; es decir, siempre miente. Ésta es la verdad de Francisco: siempre miente cuando habla. Y esto es lo que hay que discernir cuando se lee a Francisco, cuando se escucha a Francisco: ¿dónde está su mentira, su engaño, su error?

Porque si se lee a Francisco para buscar una verdad, entonces se cae en su engaño, en su propia mentira, en su propio juego, en su recóndito pensamiento humano.

Hay que aprender a discernir las palabras de todos los hombres, porque todos los hombres somos unos mentirosos por naturaleza. Y aunque tengamos la gracia, aunque recibamos a Cristo en la comunión, aunque nos confesemos, aunque hagamos el bien de muchas maneras, no se puede confiar en ningún hombre.

Ningún hombre sabe enseñar la Verdad. Sólo Dios es el Maestro de toda Verdad. Los hombres tienen que ayudarse, unos a otros, para descubrir la Verdad y permanecer en la Verdad.

Porque la Verdad no se puede cambiar. El Evangelio es como es. Y el hombre es el que tiene que amoldarse al Evangelio, sacrificar su vida para seguir al Evangelio, desprenderse de todo aquello que le impide vivir el Evangelio.

No es la Palabra de Dios la que se acomoda al hombre, a su vida, a su cultura, a sus obras, a sus pensamientos humanos, a sus sentimientos humanos.

Es el hombre el que tiene que someterse a Dios de forma absoluta si quiere salvarse y santificarse. Si no quiere eso, que viva como viven en el mundo: como les da la gana, queriendo una religión, una iglesia, un dios, que se acomode a su manera humana de pensar, de ver la vida.

Francisco interpreta el Evangelio en términos de la cultura de cada época, de cada tiempo. Eso es anular la Verdad que da el Evangelio, porque se somete la Verdad a lo que desea cada hombre en su vida, en su ciencia, en su técnica, en su cultura, en su progreso humano. Someter a Dios al capricho de los hombres: eso es el negocio de Francisco.

Quiere someter la Iglesia a su opinión sobre el bien y el mal; a su opinión sobre la verdad y la mentira; a su opinión sobre el amor y la justicia.

Para Francisco no existe la Justicia, ni el Amor, ni la Verdad, ni la mentira, ni el bien ni el mal. Sólo existe lo que él piensa de todo eso. Sólo existe su lenguaje humano, su idea humana del bien y del mal.

Francisco sólo da vueltas a su mente humana para decir su mentira y ponerla como una verdad. Y sólo se dedica a eso. Él está fijo en su pensamiento humano y no puede comprender la Verdad.

Si Francisco comprendiera una verdad, entonces no hablaría así; pero no hay en una homilía suya una sola verdad, una clara verdad, una sencilla verdad. No se puede dar. Él siempre tiene que meter su mentira cuando da una verdad y, entonces, la verdad queda oculta y sólo se ve su mentira.

“esta lengua del corazón tiene una gramática especial. Una gramática simple. Dos reglas: Ama a Dios sobre todas las cosas y ama al prójimo porque es tu hermano, es tu hermana. Y con estas dos cosas vamos adelante”. En esta forma de expresarse Francisco se dan tantas mentiras unidas que las almas no comprenden.

De la Verdad: “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, Francisco da su interpretación, que es sólo su romanticismo herético, su humanismo, su bobería: “ama al prójimo porque es tu hermano”. Ya cambió la Verdad. La Verdad queda oculta: ama al prójimo como a ti mismo. Y sólo que da la mentira: ama al prójimo porque es tu hermano.

Este su lenguaje equívoco trae la confusión a muchas almas, menos a las que viven como Francisco. Francisco habla para los mentirosos como él; no habla para la gente que vive la Verdad, que busca la Verdad, que se enfrenta a quien no está en la Verdad.

Francisco habla a la gente que vive en su pecado y que ama su pecado. Y habla claramente, con sencillez y sin oposición de nadie en la Iglesia. Por eso, hace tanto daño. Sus babosidades continuas ocultan la Verdad dentro de la Iglesia, para que sólo aparezca lo que interesa: la opinión de Francisco.

Estamos ante una nueva iglesia: la que opina. Como se hace en el mundo. Eso es la primera señal de que en Roma se han abierto al mundo, a las modas del mundo, a las culturas del mundo, a la política del mundo, a las economías del mundo.

Hay corrientes de opinión en la Iglesia: luego, esa iglesia en Roma ya no es la verdadera. Una iglesia que dialoga ha perdido la fe en la Palabra de Dios, que es le Verdad que nuca se dialoga, sino que siempre hay que vivirla.

La Iglesia verdadera es la que permanece en la Verdad y es llevada sólo por el Espíritu hacia la Verdad Plena.

Los hombres son siempre los que se van de la Verdad, los que cambian la verdad por otras cosas en la vida. Y así fracasan en sus vidas, y así no encuentran el camino de sus vidas, el sentido de sus vidas.

De Francisco sólo una cosa: su mentira. De él sólo se puede esperar eso en Roma. Él es incapaz de dar una verdad simple, sin poner su idea, su opinión. Siempre la tiene que meter. Siempre mete la pata. Nunca da una a derechas.

Por eso, del gobierno horizontal sólo una cosa: la destrucción de la Iglesia. Que nadie espere un camino hacia la Verdad, hacia la Vida, hacia el Amor Divino. Son almas corruptas, que ya no creen en los dogmas, y que sólo están en ese gobierno para darse importancia como hombres, para buscar de los hombres su agrado, su publicidad, su apoyo, su interés de la vida.

Por eso, de la Eucaristía sólo una cosa: su anulación dentro de la misma estructura de la Iglesia. Porque no se puede anular en la Iglesia verdadera, pero sí en sus estructuras que se han formado en Roma y en todo el mundo.

De una cabeza corrupta, como la que es Francisco, un cuerpo corrupto. La iglesia que Francisco se ha inventado está corrupta desde su cabeza. Luego, no sirve para nada. Sólo sirve para ganar dinero y poder en el mundo.

La Iglesia verdadera está fuera de las estructuras de Roma. Y las almas tienen que acostumbrarse a no mirar ya a Roma. Porque desde Roma se va a imponer la mentira, guste o no guste.

La cuestión de los divorciados sólo es un juego de palabras, pero de forma oculta se va a imponer eso, como se ha hecho con todo en la Iglesia. Se ha impuesto la comunión en la mano y muchas otras cosas que son pecado, pero que nadie ya las llama como pecado. Es la imposición silenciosa, que durante 50 años ha tenido mucho éxito en la Iglesia, porque es la única manera de dar la mentira: imponiéndola, haciéndola que todos la vivan, la vean.

No interesa tanto la cuestión de los divorciados. Lo que interesa es que se va a anular el pecado para poner eso. Y cuando se anule el pecado, automáticamente se anula la Eucaristía.

La Eucaristía vive en la Iglesia porque el pecado está muerto: porque hay almas que consagran y viven sin pecado. Consagran en la Verdad, consagran para una Vida, consagran para hacer caminar a las almas hacia la santidad de la vida.

Para que un sacerdote consagre es necesario que haga la intención de la Iglesia en ese momento. Y la intención de la Iglesia consiste en salvar almas. La Iglesia es para salvar almas; la Iglesia obra para salvar almas; la Iglesia se mueve para salvar almas. Los Sacramentos son para la salvación y la santificación de las almas. Y la Iglesia da los Sacramentos con este sólo objetivo, con este sólo fin, con esta sola intención: salvar almas.

Y, por eso, cuando se celebra una misa, se tiene la misma intención que se da en la Iglesia: se hace una misa para salvar almas; se hace una misa para santificar almas. Y aquel sacerdote que consagre sin esta intención, entonces no consagra.

Y salvar un alma es darle el camino donde no hay pecado; el camino de la vida, de la verdad, de la justicia, de la rectitud, de la norma de moralidad, de la ley divina, de la ley natural.

Quien salva a un alma la aleja del pecado. Y, por eso, cuando la Iglesia anule el pecado, entonces anula su intención y se anula la Eucaristía.

Francisco lleva un año con esta intención: él quiere una iglesia para solucionar problemas de los hombres, quitar la hambruna del mundo; una iglesia para todos, en la que entren todos con sus pecados, sin distinción. Por eso, Francisco hace su obra de teatro en la Misa: no consagra. No puede, porque no tiene la intención que tiene la Iglesia cuando obra un sacramento.

El Sacramento es de la Iglesia, no del sacerdote, no de los que se casan, no de los bautizados, no de los confirmados, no de los que comulgan.

El Sacramento se da a las almas, pero pertenece a la Iglesia. Y la Iglesia es una Cabeza con Su Cuerpo. La Iglesia es Cristo y los que tienen el Espíritu de Cristo, que son sus miembros.

El Bautismo hace ser Iglesia porque hace vivir como hijos de Dios dentro de la Iglesia. El hijo de Dios es el que no peca. El hijo de Dios vive para hacer las obras de Su Padre Dios, que no son las obras del demonio. Viviendo el Bautismo sin pecado, luchando contra el pecado, se hace Iglesia. Pero quien no lucha contra su pecado, y vive en su pecado, estando bautizado, no hace la Iglesia, no es Iglesia.

La intención de la Iglesia en el sacramento del Bautismo es obrar las obras de Dios. Y no se pueden obrar en el pecado, viviendo en el pecado, sin la Gracia. Por eso, hay tantos bautizados que se condenan porque no son Iglesia. Vivieron en la Iglesia, pero sólo atendiendo a ser hijos de los hombres, hijos de la naturaleza humana, sin atender al don que Dios les hizo en ese Sacramento.

Los Sacramentos son de la Iglesia, no de las almas. Las almas tienen que luchar por quitar aquello que impide obrar un Sacramento. Y si lo hacen, entonces se ponen en la intención que tiene la Iglesia en cada Sacramento.

Por tanto, cuando se anule el pecado, cuando de forma oficial se diga que la iglesia es para algo humano, natural, material, político, económico, etc.; entonces se acabó la Eucaristía. Y ¿cómo se oficializa eso? Muy fácil. Imponiendo una nueva forma de fe en la Iglesia: o se obedece al gobierno de muchas cabezas o eres un rebelde en la Iglesia.

Y esa forma nueva de fe está ligada a la apertura a todas las religiones del mundo. Porque hay que hacer una iglesia en la que entren todos: luego sin dogmas, sin verdades, sin la fe verdadera. Hay que poner otras cosas, otros ideales para estar en la Iglesia.

El camino hacia eso ya está puesto por Francisco. Él ya vive eso, sin oposición de nadie en la Iglesia. Y hace vivir eso a muchos dentro de la Iglesia.

El cisma ya está ahí, pero de forma oculta, como una tapadera. Pero pronto alguien lo va a destapar y se va a ir imponiendo cosas en la Iglesia, una nueva fe acorde a una nueva iglesia. Una nueva profesión de fe en Cristo y en Su Iglesia. Y eso es una maldición.

Y no hay que esperar a que salga esa nueva profesión de fe. Hay que irse de Roma en cuanto en el gobierno horizontal se dé un giro. Es necesario ese giro hacia la maldad por parte de esos herejes. Si quieren conseguir su maldición, tienen que quitarse la careta, la sonrisa de los labios, las palabras bellas, sentimentales, y decir las cosas como las quieren. Si no hacen eso, han fracasado y han hecho fracasar toda la obra del demonio durante 50 años.

El demonio sabe mover sus fichas para quitar a los hombres que no le sirven para demoler la Iglesia y poner a los suyos, a los temidos, a los que son autoritarios, dictadores, opositores a toda Verdad.

A Francisco se le cae la baba cuando habla del amor a los hermanos. No sabe imponer lo que vive dentro de la Iglesia, su pecado. Sólo habla sus babosidades, sus sentimentalismos, sus romanticismos, sus idioteces, sus estupideces cada día. Y ahí se queda, con la ilusión de que la gente lo siga porque le da un beso y un abrazo, porque les hace sentir bien en sus estúpidas vidas.

Francisco es un viejo sentimental, herético, maldito, que sólo vive para su negocio en la Iglesia y le trae sin cuidado la salvación de las almas.

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2 comentarios

  1. José Manuel Guerrero dice:

    Un ejemplo de la mentira y la forma tan miserable de actuar de este engañabobos, porque, el inefable señor Bergoglio no es otra cosa que un engañabobos:

    Francisco: “un corazón vacío de amor es como una iglesia desconsagrada, sustraída al servicio divino y destinada a otra cosa”

    Entonces, cuando Francisco sugirió y propuso hace poco tiempo a raiz de unos naufragios que los templos católicos deben ser lugares de acogida para los inmigrantes, lo que quiso decir, lo que debemos entender es que su corazón está “vacío de amor”, ya que él mismo fomenta la desacralización de los lugares santos.

    El problema de Bergoglio es que habla tanto, engaña tanto, miente tanto y tiene tantas ocurrencias a lo largo del día y la noche que él mismo se contradice una y otra vez. Suele ocurrir cuando tus principios son pastos de las llamas que no te acuerdas de lo que pontificaste antesdeayer por la noche.

    Otra cosa, para Bergoglio, el “si si, no no” evangélico del que hizo gala ayer en la “meditación” a los nuevos funcionarios cardenales es, en todo caso, un depende. Depende frente a qué auditorio se dirija, y depende de la naturaleza del pecado para aplicar la contundencia de los evangelios. Este hombre no es otra cosa que un producto de marketing eclesiastico, una mercancia averiada, un papa sacado de un culebrón venezolano. Es decir, Francisco no es nada.

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