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La Iglesia está para quitar el pecado, no los males sociales

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“Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil”. (Francisco en Ev. gaudium, n- 53).

Francisco pone aquí su pensamiento político sobre los ricos y los pobres. Y dice que es pecado una economía de exclusión y de inequidad.

Francisco iguala el mandamiento de la ley de Dios con las leyes económicas que excluyen y que marginan a los pobres.

Dios puso su ley divina para no matar al prójimo porque la vida pertenece a Dios y ningún hombre puede quitar una vida sin la Voluntad de Dios.

El quinto mandamiento de la ley de Dios no es para asegurar el valor de la vida humana, como escribe falsamente Francisco. Es su error, porque no se asegura la vida humana, su valor, su bien, con una ley. El valor de la vida humana está en sí misma, en la creación que Dios hace de esa vida humana. La vida humana tiene dignidad por ser creada por Dios. Y dignidad en sí misma, en lo que Dios crea, porque Dios crea una vida humana buena, sin maldad en ella.

El pecado no anula la creación de Dios sobre la vida humana, sino que pone un obstáculo a que esa vida humana se desarrolle y alcance la perfección que Dios le da cuando la crea.

El pecado anula la perfección, la santidad de la vida humana. Impide que el hombre llegue a esa cima y, por eso, es necesaria poner una ley divina para que el hombre, cumpliéndola, llegue a la santidad.

Por eso, Francisco dice una mentira clara y quiere igualar esa mentira con su política comunista.

Dios puso el quinto mandamiento para que el hombre camine en santidad, buscando la perfección en su vida, porque quien impide la vida, quien mata, impide que esa persona llegue a lo perfecto.

Por eso, la persona que aborta, no sólo impide que ese alma viva como persona humana, sino que alcance su perfección como hombre llamado por Dios a una vida de santidad. En consecuencia, el ser humano abortado no puede llegar al Cielo. Dios crea un alma para un aborto, para un asesinato antes de nacer. Se le impide recibir la gracia del bautismo y, por tanto, se anula el Cielo para esa alma.

Y aquí tiene que entrar la Misericordia de Dios, pero también la Justicia. Y, por eso, no se puede decir que todos los niños abortados se han salvado, ni que todos se han condenado. Sólo Dios sabe el camino de cada aborto. Muchas madres que abortan llevan a esos hijos que han despreciado al infierno, por su grandísimo pecado. Sólo una madre que sabe expiar su pecado de aborto puede encontrar Misericordia en Dios sobre ese niño que ha matado. Pero la mujer que no expía su pecado, que no espere que ese hijo vaya al cielo.

El pecado contra el quinto mandamiento anula el Cielo en muchas almas. Por eso, las guerras que promueve el demonio conducen al infierno a muchos hombres. Los hombres se arman para matar. Y eso no va contra la dignidad de la vida humana, sino contra su perfección, su santidad. Toda guerra lleva al infierno a muchas almas. Quien entra en guerra comete un pecado mortal y, por tanto, obra un pecado que aniquila la vida espiritual de los hombres. Se mata para que el hombre vaya al infierno. Esas son las guerras que promueve el demonio. Las guerras mundiales son sólo eso. No se va contra la dignidad humana de la vida, sino contra su perfección.

Dios también hace sus guerras, pero por un motivo de Su Justicia Divina. Cuando Dios quiere una guerra es porque quiere que esas almas se purifiquen con esa muerte y alcancen para otras la salvación. En esas guerras, se da la condenación de otras almas por designio divino, porque Dios tiene el poder de toda vida humana y puede quitarla de la manera que Él quiera.

Pero ningún hombre tiene derecho a quitar la vida de otro hombre. Sólo Dios da este derecho; pero lo da a las almas espirituales, no a la gente del mundo, ni a los políticos, ni a ningún gobierno mundial.

Entonces, no se puede equiparar el no matar con el no excluir. Esto es hacer comunismo.

Existe un mandamiento divino: «no robarás». Séptimo mandamiento de la ley de Dios. No cumplir este mandamiento lleva al pecado de avaricia y de usura.

Hay ricos y pobres en el mundo porque hay pecado de avaricia y de usura, no porque existan economías que excluyan y produzcan desigualdades sociales. Estas economías no matan. Lo que mata el alma es el pecado de avaricia y de usura. Éste es el verdadero problema.

De este pecado de avaricia vienen muchos males, es decir, muchas economías, muchas leyes, que producen desigualdades y que excluyen a los hombres. Pero esas leyes, por sí mismas, no matan. Serán buenas o malas, serán consecuencias de las economías. Pero el problema está en el pecado.

El avaro hace su ley para tener dinero y, por tanto, pone sus reglas, sus leyes, sus normas económicas, que excluyen y que producen desigualdad entre los hombres. Pero el problema no está en eso.

El problema no está en que un anciano muera de frío, ni que haya un niño que muera de hambre. Éste no es el problema. Esto no mata al hombre. Esto puede ser causa de santificación para muchos hombres.

Francisco no atiende la vida espiritual de los hombres, sino sólo sus vidas humanas. Esto es propio del comunista, del político, del humanista. Pero hablar así no es propio de un Obispo, de un sacerdote.

El Obispo tiene que enseñar a los hombres a santificar sus vidas, ya sean ricos, ya sean pobres.

El Obispo tiene que enseñar al rico a quitar su pecado de avaricia. No tiene que enseñar al rico a dar su dinero a los pobres, sino a usar su dinero en la Voluntad de Dios. Que su dinero le ayude a ir al Cielo. Esto es lo que no enseña Francisco, porque no atiende a la vida espiritual del hombre. No mira ni su salvación ni su condenación. Y, por tanto, hace política en sus predicaciones, en sus homilías.

El Obispo tiene que enseñar al pobre a vivir en su pobreza, a esperar la Voluntad de Dios en su pobreza, a confiar en la providencia divina y, lo que es más importante, en no hacer de su pobreza una vida, un camino, una dependencia del rico.

Porque hay muchos pobres que son así y ya no quieren trabajar, porque es más fácil pedir dinero a los ricos. Y quien no trabaje que no coma, dice San Pablo. Y hoy la pobreza se ha vuelto un negocio para los pobres.

Hay mucha gente en la pobreza que quiere seguir siendo pobre, miserable, porque no quiere trabajar, no quiere una vida digna que su trabajo le dé. Quiere vivir así, en su miseria, contentándose con una vida miserable, no solo en lo humano, sino en lo espiritual.
Hay muchos pobres que son del demonio, que no pueden salir de su pobreza porque están atados al demonio, son esclavos del demonio, han vendido su alma al demonio.

Mucha gente está en sus vicios, en la droga, en el alcohol, en el sexo, y no quiere salir de esos vicios. No se puede ayudar de forma económicamente a personas para que sigan en sus vicios, para aumentar sus vicios, para consolidar sus vicios.

La limosna que se da al otro es para ayudarle a salir de sus vicios, de sus pecados, de sus maldades, porque eso es lo que produce la desigualdad entre los hombres: el pecado.

Francisco sólo hace su comunismo: hay ancianos que mueren de frío, hay gente que tira su comida. Y esto no es pecado. Tirar comida no va contra el mandamiento de Dios. Que un anciano muera de frío no va contra una norma de moralidad.

El pecado del hombre es siempre personal. El pecado social no existe. Existe el mal social que viene por el pecado de cada hombre. Lo que hay que solucionar es el pecado de cada hombre. Mientras no se solucione este pecado, surgen males y males sociales. Si los hombres se dedican sólo a quitar los males sociales, nunca acaban con ellos, porque existe un pecado que engendra males sociales.

El pecado de avaricia, cada hombre, tiene que luchar contra él. Después, está el solucionar los distintos males que ese pecado trae, pero sin hacer de esos males algo dogmático. No se puede predicar que no se tire comida, como no se puede predicar que no existan prostíbulos.

Siempre habrá ancianos que se mueran de frío o gente que pase hambre. Esos son males necesarios, que tienen que darse, porque existe el pecado.

La prostitución es un mal necesario, no es un pecado. El pecado es la lujuria de cada hombre y de cada mujer. Dios ha hecho al hombre libre. Y, cada hombre, en su libertad tiene derecho de vivir en un prostíbulo y de hacer un prostíbulo. Es un derecho que le da su libertad, que emplea mal, para hacer un mal. Pero Dios no anula la libertad del hombre cuando la usa para el mal, sino que lo deja en su mal, en su pecado, en su elección de vida.

Y el rico avaricioso es libre de tener su dinero y de no dar nada a nadie. El rico avaricioso es libre de hacer su economía que excluya a los pobres y los margine. Hay economías que son males necesarios que deben existir y que no se pueden quitar porque el hombre es libre en su pecado, tiene derecho a pecar y a vivir en su pecado.

Y esto es lo que anula Francisco. Quiere ser más que Dios. Quiere exigir a los ricos que den su dinero a los pobres. No les permite ser libres en su pecado. Porque no entiende el pecado, el misterio del pecado. Y, entonces, sólo se dedica quitar los males sociales y a llamar esos males como pecado. En consecuencia, enseña la lucha de clases: el problema del mundo es que hay gente rica que no comparte su dinero con los pobres. Ellos son los culpables, por hacer economías en contra de los pobres. Puro comunismo.

Una cosa es el pecado de avaricia y otra cosa que, por ese pecado de avaricia, un anciano se muera de frío o haya gente que tire su comida. Los males sociales son sólo pecado en cada hombre, no en la sociedad.

Si un rico, en su avaricia, no da dinero a un pobre y ese pobre muere porque no tuvo un pan que comer en ese instante, entonces la muerte de ese pobre es a causa del pecado de avaricia de ese rico. Y ese rico tiene dos pecados: la avaricia y ser causa de la muerte del pobre.

Pero hay mucha gente que es avariciosa, que no da dinero a los pobres, y esos pobres siguen viviendo, no mueren a causa de esa avaricia. Luego, el mal social que se produce ya no es pecado del avaricioso.

Hay que saber discernir cada caso particular para diferenciar el pecado de la persona del mal social, porque si no todo se mete en un saco y se hace comunismo, marxismo, y se enfrenta a los hombres sin necesidad.

Francisco no cuida la vida espiritual de los hombres en la Iglesia, sino que se dedica a hacer su comunismo, que es muy claro para el que lo quiera ver.

Es triste comprobar cómo hay tantos sacerdotes que no tienen las ideas claras de lo que es el pecado, confunden las cosas en la Iglesia.

La Iglesia no está para solucionar los males sociales, sino los pecados de cada alma. Los Estados del mundo tiene que solucionar, en la medida que puedan, los males sociales. Pero dar solución en la ley divina, con normas, con leyes apropiadas a cada caso.

Ninguna economía es justa; ninguna política es justa; ninguna cultura es justa. Son todas muy injustas. En cada una de ellas hay mucha maldad, mucha ley que va en contra de la ley divina y la ley natural.

Y el problema no está ni en la política ni en la economía, sino en los políticos y en los hombres de negocios. El problema está en el hombre que, en su pecado, hace su política y pone su economía. Y si el hombre no lucha contra su pecado, entonces produce muchos males en la sociedad con su política y con su economía. En la medida que haya hombres que amen la ley divina, en esa medida los males sociales disminuirán.

Pero si los hombres aman su pecado, entonces los males sociales crecen sin parar, hasta llegar a una cima de males, que ya no se pueden quitar porque provienen de la cima de un pecado. Y si no se quita esa cima de pecado, no se quita la cima de los males sociales.

Y es lo que pasa en el mundo de hoy: hay tanto mal social porque hay una cima de pecado. Y es un absurdo predicar que no se tire comida para así quitar la hambruna del mundo. Es el mayor absurdo que predica Francisco. Es su estupidez, porque vive en su pecado. Y, en su pecado, llama a los males sociales como pecado y pone a los ricos como culpables de todo lo que pasa en la sociedad. Y, entonces, se inventa su evangelio de la fraternidad y su cultura del encuentro para remediar estos males sociales. Por eso, Francisco es un lerdo en su pensamiento. Un inútil, un tonto, un loco. No sabe pensar rectamente ni en el pecado ni en los males sociales, porque no tiene la inteligencia divina, ya que vive en su pecado.

Y su pecado es claro: su orgullo. Y sólo su orgullo. Su orgullo le ciega el entendimiento para poder ver, aun las cosas que son de sentido común. Cualquiera que tenga dos dedos de frente sabe que no se quita la hambruna del hambre dejando de tirar comida o dando un manta a un pobre. Es de sentido común pensar que la solución a esos problemas no es tan fácil, porque se trata de quitar el pecado que los hombres no quieren quitar.

Hay que dejar libres a los hombres en sus pecados: que el rico siga siendo rico y que haga sus economías que excluyan a los demás. Y que el pobre siga siendo pobre, porque quiere ser pobre, quiere vivir en el pecado de su pobreza. Es avaricioso en su pobreza. Igual que el rico es avaricioso en su riqueza.

El problema no está en el dinero, sino en el apego a la vida. Y cada hombre se arrima a su vida, la que tenga. Y de ese arrimo, de ese apego, vienen muchos a males a toda la humanidad.

Hay que enseñar a los hombres a desprenderse de sus vidas humanas: tanto a los ricos como a los pobres. Y, entonces, la vida social cambia a mejor.

Pero si no hay oración ni penitencia, entonces sólo se da la lucha de clases, las guerras entre ricos y pobres. Entonces, sólo se predica que Jesús se hizo pobre para los pobres. Se predica la opción por los pobres y se va en contra de toda la doctrina de Cristo. Se predica un Evangelio que no es el de Cristo.

Cristo no optó por los pobres, porque es pecado la acepción de personas. Cristo vino a salvar a los ricos y a los pobres. A eso vino: a quitar sus pecados. Él no vino a establecer una lucha de clases entre ricos y pobres. Él vino a enseñar el amor a los ricos y a los pobres. Y, cada alma, tiene que aprender a amar como Cristo ama a los hombres: sufriendo y muriendo por ellos.

Cristo no dio dinero a los pobres, sino que, murió por ellos, sufrió por ellos. Y así tiene que hacer todo el que imite a Cristo: sufrir y morir por las almas, sean ricas, sean pobres.

Esto es lo que no enseña Francisco. ¿Qué va a enseñar? Él no sabe que es la Cruz lo que salva al mundo. No es el dinero, no es el compartir el dinero, lo que salva al hombre.

Es bueno que haya hambre en el mundo y que la gente se muera de frío. Cristo encontró a muchos hombres así. Y no movió un dedo para solucionar este mal social. Movió todos sus dedos para quitar el pecado, que produce estos males sociales. Y el pecado lo venció.

Pero está en cada hombre, asociarse a la obra de la Redención de Cristo para vencer sus pecados, los que tenga cada uno en su vida. Y así se quitan los males sociales.

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6 comentarios

  1. Gog dice:

    Marita. Me parece entender que niegas el libre albedrío. Y también creo que el pecado original debe de tener la misma magnitud en todos los hombres. Y una madre que mata a su hijo comete una abominación SIEMPRE. Independientemente de que su hijo acabe siendo un bendito o un malvado.

    • Marita dice:

      El libre albedrio un gran don de Dios!
      Agradezco a Dios por vuestro trabajo y que Dios os bendiga siempre.
      Amen

  2. Gog dice:

    Me parece muy acertado este comentario pero hay dos cosas que no me encajan: 1 Que los niños inocentes víctimas del aborto estén abocados al infierno y su salvación dependa de su madre. Si son inocentes ¿por el pecado de su madre van a condenarse? 2 El soldado llamado a filas ¿cómo sabe si esa guerra es cosa del demonio o de Dios? Y ¿cómo es que Dios promueve algunas guerras si el hombre tiene libre albedrío y Dios no interviene?

    “Dios también hace sus guerras, pero por un motivo de Su Justicia Divina. Cuando Dios quiere una guerra es porque quiere que esas almas se purifiquen con esa muerte y alcancen para otras la salvación. En esas guerras, se da la condenación de otras almas por designio divino, porque Dios tiene el poder de toda vida humana y puede quitarla de la manera que Él quiera.”

    Este párrafo, sinceramente no lo entiendo.

    Muchas gracias.

    • josephmaryam dice:

      1. Que Dios hace sus guerras es claro en el Antiguo Testamento; por ejemplo: «Ve y con esa fuerza que tú tienes libra a Israel de la mano de Madián; ¿no soy Yo quién te envía?» (Jueces 6, 14). Gedeón batalló las guerras del Señor. Y eso por un motivo espiritual: para mostrar la fe del pueblo en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Y en esas guerras, murieron muchos hombres: unos se salvaron por la fe de Gedeón; otros se condenaron o porque no creyeron en Gedeón o porque murieron en sus pecados. El pueblo madianita era un pueblo que daba culto a otros dioses. Y el Señor acabó con muchas almas para llevarlas a donde se merecían sus pecados de idolatría: al infierno. Porque Dios es el dueño de las almas, de sus vidas, de su forma de morir. Y Él decide la muerte de cada uno y la forma como debe morir.
      2. a. Los niños abortados no son inocentes, porque son concebidos en pecado original. Luego, tienen una exigencia para ir al Purgatorio o al Infierno por ese pecado original.
      b. Los niños abortados no están abocados al infierno, sino a la Justicia de Dios, porque tienen que expiar el pecado original.
      c. Toda mujer que esté bautizada, tiene obligación de tener el hijo y de darle la fe para salvarlo y santificarlo. Por la Gracia de ese bautismo tiene esa obligación. Y si además tiene el Sacramento del Matrimonio, mayor obligación posee ante Dios. Si no es fiel a esa Gracia, se convierte esa Gracia en una Justicia sobre la mujer y sobre el hijo que ha concebido. Si mata al hijo que ha concebido, entonces, por ese pecado, por ser infiel a la Gracia, condena al hijo al infierno. Si lo mata, pero se arrepiente, entonces hay salvación para ese hijo por la fe de su madre. Esa fe que le lleva al arrepentimiento alcanza para el hijo abortado la gracia de la salvación. Si no se arrepiente de su pecado de aborto, hay dos posibilidades: 1. que el hijo se condene por el pecado de la madre; 2. por pura misericordia divina, en atención a la fe de otra persona -no de la madre- salva el alma de ese hijo.
      d. Toda mujer que no está bautizada y comete el pecado de aborto, condena al hijo al infierno, porque por ley natural, la mujer que concibe está obligada a ser madre. Y, sólo por esa ley natural, si se cumple, la madre salva al hijo; pero si no cumple esa ley natural, entonces su mismo pecado condena al hijo. Es el hijo de una madre que no tiene fe. Y allí donde no hay fe siempre se da la condenación. Es la fe lo que salva a la persona. Si tuviera fe, aunque no estuviera bautizada, entonces por esa fe, el niño se salva.

      3. Para saber cuándo una guerra es del demonio o de Dios, hay que discernir en Dios el Espíritu. Sin oración y sin penitencia, no puede darse esto. Por eso, hoy todas las guerras son del demonio. El hombre hace caso a su mente o a otros hombres y hace la guerra que quiere el demonio, porque éste habla a la mente de los hombres. Hoy Dios también quiere sus guerras, pero no como las quiere el hombre, como las piensa el hombre. Quiere las batallas de la fe. Y eso se convierte en guerra cuando está en peligro la fe de muchos. Con el Anticristo habrá una guerra divina, pero eso sólo Dios la puede conducir hacia el fin que Él quiere.

    • Marita dice:

      Dices que hay dos cosas que no encajan: respondo solo a la primera ( 1 Que los niños inocentes víctimas del aborto estén abocados al infierno y su salvación dependa de su madre. Si son inocentes ¿por el pecado de su madre van a condenarse?)
      Respuesta:

      Salmo 58,4 ( El Libro del Pueblo de Dios )
      Los impios estan extraviados desde el seno materno; desde su nacimiento se descarriaron los impostores.

      Jeremias 1:5 ( El Libro del Pueblo de Dios )
      5 Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocia; antes de que salieras del seno, yo te habia consagrado, te habia constituido profeta para las naciones.

      Nota:
      Sabemos que toda criatura nace con pecado de origen pero no conocemos la magnitud de su pecado. Unos podrian venir mas favorecidos y otros menos favorecidos porque solo Dios conoce las almas desde el vientre materno y antes de ser fomados en el mismo. Por lo tanto una madre que mata a su hijo en su seno comete una abominacion.

  3. Marita dice:

    Sin palabras, excelente!

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