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El ecumenismo destruye a la Iglesia Católica

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Cartel blasfemo sobre el ecumenismo

Cartel blasfemo sobre el ecumenismo

Los hombres quieren formar su unidad en la Iglesia y ése es el principal error del ecumenismo.

Porque la unidad en la Iglesia es una Gracia de la Santísima Trinidad que nadie en la Iglesia sabe obrarla como conviene.

Jesús no pide a los hombres que todos sean Uno, sino que ruega al Padre que dé la Gracia de la unidad a los que creen en Su Palabra: «Pero no ruego sólo por éstos, sino por cuantos, crean en Mí por Su Palabra, para que todos sea Uno, como Tú, Padre, estás en Mí y Yo en Ti, para que ellos también sean en nosotros» (Jn 17, 20-21).

Los hombres no tienen que empeñarse en buscar la unidad, sino en quitar sus pecados, que es lo que impide que la Gracia de la unidad actúe en la Iglesia.

Es una ilusión buscar la unidad entre los hombres del mundo cuando en la Jerarquía de la Iglesia existe una clara división. Es algo absurdo lo que propone Francisco: “La credibilidad del anuncio cristiano sería mucho mayor si los cristianos superaran sus divisiones” (Ev. gaudium n- 244).

Primer absurdo: El Evangelio hay que predicar allí donde no hay fe, porque es la Palabra que contiene la Fe y que da la Fe al alma que no la posee. Si no se predica el Evangelio entonces los hombres no se convierten, siguen en sus vidas humanas, en sus errores, en sus pecados. El Evangelio es para aquellos que no creen. El mismo Evangelio tiene credibilidad por sí mismo porque es la misma Verdad. No es una Verdad que tiene que apoyarse en un testimonio humano. Es una Verdad que sólo se apoya en Dios, en Su Palabra, en Su Mente, en Su Obra Divina. Y se da esa Verdad sin más. Sólo hace falta una boca sencilla, humilde, que transmita ese Evangelio sin añadirle ni quitarle nada. Que dé la Verdad como la recibe de Dios. Y si se hace eso, entonces Dios hace Su Obra: convierte a las almas y las une en un mismo Espíritu.

No se cree al Evangelio porque haya muchos hombres unidos; se cree al Evangelio porque es la Verdad Divina. Y esa Verdad Divina hace que los hombres se unan en una misma Iglesia, que da esa misma Verdad. Pero cuando los hombres en la Iglesia no dan esa Verdad, tal cual es, el problema está en los hombres de la Iglesia, no en el Evangelio. Y, entonces, aparece el conflicto: el Evangelio dice una cosa, pero los hombres en la Iglesia dicen otra y obran otra cosa distinta al Evangelio. Gravísimo conflicto. Y lo que hay que remediar es la división interna de la Iglesia, no que los hombres del mundo, los cristianos del mundo, se unan para que así el Evangelio tenga más credibilidad.

La gente no cree en la Iglesia, pero sí cree en el Evangelio. La gente no cree en los sacerdotes ni en los Obispos, porque no viven el Evangelio, no obran conforme al Evangelio. Y éste es el grave problema. No está en el Evangelio, sino en que los hombres no aceptan el Evangelio dentro de la misma Iglesia Católica. Y, entonces, viene el segundo absurdo:

Segundo absurdo: querer unir a todos los cristianos (protestantes, musulmanes, budistas, judíos, etc.) para que el Evangelio sea creíble. ¡Gran absurdo, propio de esa cabeza absurda, que es Francisco! ¿Para qué quieres unirte al judío, al protestante, al cismático, al hereje, si los mismos sacerdotes y Obispos en la Iglesia ya no siguen el Evangelio, ya no viven el Evangelio, ya no creen en el Evangelio? ¿Con quién te quieres unir en el mundo si dentro de la Iglesia estás desunido con todos? ¿Para qué buscas una unión fuera de la Iglesia, si dentro de la Iglesia está la división? Remedia lo que hay dentro de la Iglesia. Pero esto nunca lo va a hacer Francisco, porque él ha sido puesto para dividir la Iglesia y el mundo buscando una unidad ficticia, falsa, romántica, impía.

“Dada la gravedad del antitestimonio de la división entre cristianos, particularmente en Asia y en África, la búsqueda de caminos de unidad se vuelve urgente” (Ev. gaudium n- 245). Francisco no ha comprendido el problema.

El problema del Ecumenismo es que, de hecho, niega el Úníco Verdadero Dios. Este es el problema. El judío, el protestante, el budista, el musulmán, etc. cada uno de ellos sigue a su dios, pero nadie sigue al Verdadero Dios. ¿Cómo puede haber unidad entre los hombres cristianos si ellos no se ponen de acuerdo en un único Dios?.

No se puede equiparar a Mahoma con la Santísima Trinidad. No se puede rebajar a Dios para acoger a Buda; no se puede obviar el pecado de los judíos para anular a Cristo, que es el Mesías de los judíos; no se puede ensalzar al dios interior, al dios de la conciencia, cuando existe el Dios que ha creado la vida interior de cada hombre y que le ha dado una conciencia para que vea su pecado y convierta su corazón a Dios.

El gran problema de los hombres es que quieren quitar con sus pensamientos humanos a Dios y poner lo que cada uno piensa o se ha inventado sobre Dios. Muchos sacerdotes y Obispos sólo tienen el lenguaje de la Santísima Trinidad. Sólo dicen que existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Lo hablan con sus palabras humanas, pero, de hecho, en la vida de cada día, en sus ministerios sacerdotales, no creen ni en el Padre ni en el Hijo ni en el Espíritu Santo.

El problema de los hombres está en creer en la Santísima Trinidad. ¡Creer! No está en hablar de Ella, sino en obrar lo que el Padre quiere, lo que dice el Hijo, lo que pone el Espíritu en el corazón. ¡Éste es el verdadero problema!

La gente del mundo cree en sus dioses, en sus mentes humanas, en sus culturas humanas, en sus obras humanas, pero no cree en la Santísima Trinidad.

Muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia Católica han dejado de creer en la Santísima Trinidad. Ya muchos creen en la reencarnación, en que Cristo era hombre, persona humana, en que el Espíritu es sólo un poder divino, pero no una Persona Divina.

Si falla la Fe en el verdadero Dios, aunque haya un Bautismo, aunque haya una Sacramento del Orden, aunque todos nos besemos y no abracemos, no hay unidad entre los hombres en la Iglesia.

La unidad en la Iglesia no la hacen los bautizados, sino los que creen en Dios. Es la fe en el único Dios Verdadero. No es que estemos bautizados y tú, como perteneces a los protestantes, y yo a los católicos, entonces nos unimos porque hay un bautismo, porque hay una creencia en Cristo, porque somos cristianos…. Ésta es la herejía que Francisco promulga. Y, entonces, él quiere unir a todos los hombres a la fuerza:

“¡Son tantas y tan valiosas las cosas que nos unen!” (Ev. gaudium n- 246). Francisco quiere unir a los hombres buscando un motivo humano, un romanticismo humano. El budista sigue a Buda; el católico sigue a la Santísima Trinidad. ¿Cómo unirlos? Hay que buscar cosas humanas, pensamientos, obras, deseos, vidas, inquietudes, culturas, que sean comunes a los dos. Y eso produce la unión. Y Francisco pone una razón diabólica para hacer esto: “si realmente creemos en la libre y generosa acción del Espíritu, ¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros!” (Ev. gaudium n- 246). Está diciendo que el Espíritu Santo está con los budistas, con los musulmanes, con los judíos, con los paganos, con todo el mundo. Y, por tanto, lo que vive cada hombre en su vida particular es santo, es bueno, es justo. Consecuencia: ningún hombre peca. Consecuencia: todas las religiones sirven para alcanzar a Dios y para salvarse. Consecuencia: hagamos una única religión mundial. ¿Para qué estar desunidos, viviendo en muchas religiones, si podemos unirnos todos en una? ¡Diabólico!

Aquí se ve claro el ideal comunista de Francisco: busquemos el bien común de todos los hombres para la unión en una misma Iglesia. El bien común humano, cultural, político, económico natural. Y, entonces, tiene que negar a Dios. Hay que anular la fe en Dios. Hay que anular los dogmas, las verdades absolutas. Porque hay que acoger a hombres que viven sus pecados y adoran a sus dioses.

“No se trata sólo de recibir información sobre los demás para conocerlos mejor, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros”.(Ev. gaudium n- 247) ¡Esto es diabólico! Esto es negar la Iglesia Católica, porque sólo el Espíritu siembra sus dones en la Iglesia Católica. Sólo el Espíritu Santo se da en la Iglesia Católica. Sólo el Espíritu Santo forma la Iglesia Católica. Es decir, el Espíritu Santo no obra allí donde hay un óbice a la Gracia, donde hay pecado. No puede obrar, no puede mover hacia lo santo. Francisco anula la Iglesia en este párrafo, porque necesita crear su nueva iglesia, donde entren todos sin diferencias, sin distinción.

“A través de un intercambio de dones, el Espíritu puede llevarnos cada vez más a la verdad y al bien” (Ev. gaudium n- 246). Esto es el resumen de su idiotez. Porque esta frase sólo la puede decir un idiota, no un sabio. Es imposible que intercambiando culturas los hombres lleguen a la plenitud de la Verdad. Es imposible que intercambiando ciencias, técnicas, filosofías psicologías, los hombres descubran la plenitud de la Verdad. Es imposible que intercambiando ritos, liturgias, cultos a dioses, oraciones a dioses, se llegue a la adoración del auténtico Dios.

Ponerse en la Verdad no es intercambiar dones. Ponerse en la verdad es dejar el hombre su pecado y ser fiel a la Gracia. Si el hombre no hace esto, por más que dialogue, intercambie pensamientos, proyectos humanos, obras humanas, culturas, etc., no se llega a ningún bien ni a ninguna verdad.

Francisco está en su romanticismo herético: nos besamos, nos abrazamos, charlamos de nuestras cosas, de nuestras vidas, aprendemos unos de otros y ya está todo conseguido. Y pone su razón diabólica: es que el Espíritu nos une; es el que el Espíritu siembra sus dones. ¡Claro! El espíritu demoniaco….

“Dios sigue obrando en el pueblo de la Antigua Alianza y provoca tesoros de sabiduría que brotan de su encuentro con la Palabra divina” (Ev. gaudium n- 246). Pero, inútil de Francisco: ¿cómo Dios puede seguir obrando en los judíos si ellos no creen en la Palabra Divina? Y si no creen en el Evangelio, cuando ellos toman esa Palabra, la interpretan como quieren, según sus leyes. Por seguir sus leyes, ellos mataron al Cristo del Evangelio. Ellos mataron el Evangelio, lo anularon. Ellos mataron la Gracia .¿Cómo Dios va a seguir obrando en ellos si no quieren la gracia, si han anulado la Gracia, si se oponen a la Gracia? Sólo un necio como Francisco se atreve a decir esta frase y quedarse como si nada, como si hubiera dicho una gran verdad. Es la palabrería barata y hereje de ese hombre que no tiene ni idea de lo que exige la unidad en el Espíritu. Él va buscando la unidad en lo humano, en lo carnal, en lo cultural, en el pensamiento del hombre. Y, por eso, dice todas estas sandeces. Y, es claro, que no se puede comulgar con Francisco. ¡Es clarísimo!

“Los escritos sagrados del Islam conservan parte de las enseñanzas cristianas; Jesucristo y María son objeto de profunda veneración y es admirable ver cómo jóvenes y ancianos, mujeres y varones del Islam son capaces de dedicar tiempo diariamente a la oración y de participar fielmente de sus ritos religiosos” (Ev. gaudium n- 252). Los escritos sagrados del Islam…: Francisco, ¿no sabes que el fenómeno del Islam niega directamente el Misterio de la Santísima Trinidad y el Misterio de la Encarnación? ¿Es que no lees la historia donde se ve que el islamismo se desencadenó por toda Europa para destruir lo cristiano, lo católico? ¿Es que no has discernido que el islamismo es la religión del Anticristo que se opone a la Iglesia Católica en todos sus dogmas? ¿Y llamas sagrado a sus libros? ¿Y, entonces, qué es para ti la Palabra de Dios? ¿Un apéndice de los libros del Islam? ¿Un fruto del Islam? Tamaña necedad sólo un idiota como Francisco la escribe. ¿Qué tenemos de común con los del islam? ¿Qué nos gusta la vida, las mujeres, el comer, el beber, el bailar? Por favor, ¿quién puede hacer caso a Francisco? ¿Quién se atreve a decir que Francisco está dando la doctrina de Cristo, está hablando como Vicario de Cristo? Es un majadero que no sabe lo que está diciendo.

El Ecumenismo es invención, mentira y blasfemia de Satanás, para equiparar a todos los dioses, a todos los falsos profetas, al mismo nivel de Cristo Jesús. Y, por eso, hay que anular a Cristo, hay que ocultar a Cristo, hay que tergiversar a Cristo, su vida, sus obras, su doctrina, su Evangelio. Hay que ensalzar a los demás, a los hombres. El valor, la verdad está en los demás, no está en la doctrina de Cristo. Y, entonces, la consecuencia: hay que negar al verdadero Dios, porque cada uno sigue a su dios, como está en su mente humana.

Y en la unidad que hace el Espíritu, Dios no se niega a sí mismo. Dios se afirma a Sí Mismo y, por tanto, pone en cada alma que hace la unidad la gracia para ser santo. Y sin esa gracia, es imposible la unidad.

Por eso, sólo en el Cielo se da la perfecta unidad, porque ya no hay pecado, ya no hay que purificar el pecado en el Purgatorio. Pero, en la tierra, como hay pecado y como los hombres no se purifican de sus pecados, no puede darse la unidad, por más que quieran los hombres. Ni siquiera Dios lo puede hacer mientras exista el pecado. Y sólo en el Reino glorioso se va a dar esa unidad. Pero, antes, ni soñando es posible la unidad en la Verdad.

De este ecumenismo que busca Francisco se sigue, de forma inexorable, la destrucción de la Iglesia actual. Y es una destrucción inminente. Queda muy poco tiempo para ver en Roma cómo los mismos sacerdotes y Obispos anulan la Verdad en la Iglesia y la destruyen. Y entrarán en la Iglesia los hombres del mundo, con sus religiones para formar la iglesia universal: todos juntitos caminado hacia el infierno.

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