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Un año desde la renuncia del Papa Benedicto XVI

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La Iglesia vive, desde hace un año, cuando el Papa Benedicto XVI renunció, una grave crisis en el seno de la Jerarquía.

Su Jerarquía ha apostatado de la Verdad y se encuentra en un camino de derrumbe total.

Una Jerarquía sin la ley moral es sólo una figura, una caricatura de Jerarquía.

Una Jerarquía que aplaude el pecado y que predica que hay que resolver los problemas sociales, económicos, culturales, etc., de los hombres ya no es la Jerarquía Eclesiástica. La verdadera Jerarquía es la que hace penitencia por Su Rebaño, la que se dedica a salvar y a santificar al Rebaño que Cristo le ha dado.

Cristo ama a toda la humanidad, pero la ama sufriendo y muriendo. No la ama con ternuras, con besos, abrazos, ofreciendo una vida humana, sino con sufrimientos. En el dolor se vive lo divino en lo humano. Y, por eso, Cristo enseña a amar haciendo sufrir al alma, purificando su corazón para poder transformar a ese alma en Dios por participación.

Y los sacerdotes, los Obispos, tienen que hacer lo mismo, tienen que amar al hombre sufriendo y muriendo por él; tienen que meter sus vidas sacerdotales en el dolor, en la penitencia, para ser otros Cristos, para asemejarse a Cristo. Tienen que imitar a Cristo, unirse a sus sufrimientos y a su muerte en Cruz para poder dar el amor de Cristo al hombre.

Si se hace esto, entonces la Iglesia tiene siempre un camino de salvación. Si no se hace esto, entonces, la Iglesia camina sólo hacia el infierno, quitando la hambruna del mundo, resolviendo problemas en la vida de los hombres. Y van hacia el infierno guiados por sus mismos Pastores, que se convierten en lobos depredadores de la vida de las almas.

Benedicto XVI renunció a la Cruz de Cristo, renunció a sufrir con Cristo en el Papado. Se sintió viejo, pero, también, abandonado por todos. Un Papa que se quedó solo en el Vértice, sin el apoyo de la Jerarquía. Rodeado de lobos vestidos de túnicas de santidad, pero que sólo buscaban matarlo, arruinar su vida de Papa.

Benedicto XVI no pudo con esa Cruz. Y no pudo porque no fue fiel a la Gracia que había recibido en el Papado. Esa infidelidad a la Gracia ha traído a la Iglesia cantidad de males, de errores, de engaños. Y esa infidelidad le va a costar su vida. Renunció a la Gracia para no morir por manos de hombres. Gran pecado que sólo Dios lo puede juzgar de forma conveniente, porque era necesario que Benedicto XVI saliera de Roma, pero sin renunciar al Papado. Se apoyó en su vida humana para no seguir la Gracia. Cuando reciba la Gracia, entonces recibirá la muerte de su vida humana.

La Iglesia es un organismo sobrenatural y, por tanto, todo es Gracia en la Iglesia; es decir, nada es humano, ni natural, ni material, ni carnal, ni social.

Cristo, con Su Gracia, gobierna todo Su Cuerpo Místico. Por eso, Cristo no necesita a nadie para gobernar Su Iglesia. Todo lo hace con Su Gracia. Y sólo necesita almas fieles a Su Gracia, almas sencillas, disponibles, sin intereses humanos, sin proyectos humanos. Almas para un amor divino; almas para una vida divina; almas para obrar una verdad divina.

Y, cuando las almas se deciden a abandonar la Gracia, entonces producen un caos en la Iglesia.

Benedicto XVI puso la Iglesia en un mentiroso, en un hombre que se cree “superpapa”, en un hombre sin amor a Cristo, sin verdad por Cristo, sin vida cristiana. Un hombre que gusta al mundo porque habla como el mundo. Un hombre que se abre al mundo porque ha cerrado su corazón a Dios. Un hombre, cuyo ideal en la Iglesia, es sólo alimentar a los pobres de carne, dejando sus corazones en la tiniebla del pecado. Un hombre que sólo predica lo que le da popularidad en el mundo. Predica para tener el aplauso de los hombres, para que los hombres lo vean como hombre, como un ser que se preocupa por los intereses de los hombres. Francisco es un hombre sin Dios, sin Verdad, sin camino, sin vida espiritual. Y se cree importante porque busca al hombre, porque agrada a los hombres, porque habla como los hombres: les dice lo que ellos quieren escuchar. Y se lo dice con palabras llenas de romanticismo herético.

Benedicto XVI fue infiel a la Gracia del Papado; luego, el que lo sustituye no tiene la Gracia. Eso significa que sólo se mueve como hombre en su figura de Papa. Francisco ni siquiera se viste como un Papa, porque él no se ve como Papa. Él sólo se ve como hombre y así obra en la comedia que está realizando en la Iglesia.

Muchos aplauden a Francisco por este año de maldades, de herejías, de cismas, de apostasía dentro de la Iglesia. Muchos aplauden sus pecados, porque así viven muchos en la Iglesia: en sus pecados, como vive Francisco. Y no pueden comprender el mal al que la Iglesia se enfrenta.

Porque ese mal todavía no ha aparecido delante de la Iglesia. La Iglesia está entretenida con las absurdas enseñanzas de Francisco, con su verborrea barata y blasfema. ¡Es un absurdo lo que predica cada día Francisco! ¡Y son muchos los que comulgan con ese absurdo! Porque, hoy en la Iglesia, todo vale; cualquier pensamiento bello ya se nombra como Voluntad de Dios, como bendición de Dios. A cualquier idiota que predique chorradas lo toman como santo. Y no ven el cisma que ha iniciado Francisco desde hace un año.

Francisco ha puesto el cisma en la Iglesia. Hablar en contra de Francisco no produce cisma. Pero predicar lo que predica Francisco eso produce cisma. Apoyar a Francisco produce cisma dentro de la Iglesia. Decir que hay que seguir las enseñanzas de Francisco obra el cisma en interior de la Iglesia. El cisma es algo más que una división, que un mero decir una opinión filosófica o teológica. El cisma es vivir eso que se predica, obrarlo sin más. Y eso es lo que está haciendo Francisco con su comunismo, con su apertura al mundo, a los pensamientos de los hombres, a los ideales que tienen los hombres. Y lo hace en el interior de la Iglesia, usando todos los medios que tiene la Iglesia. Y, entonces, lo divino, lo sagrado, lo santo se oculta, se anula, se pierde, para dar valor a lo profano,a lo del mundo. Y darlo como santo, como verdadero, como justo. Ése es el cisma. Por eso, el gravísimo daño de Francisco en este año todavía no se puede medir. Todo pecado engendra cantidad de males que sólo en el tiempo se puede observar y dar valor.

El cisma está abierto dentro de la Iglesia. El problema de este cisma es que Francisco no se ha ido fuera de la Iglesia para construir su nueva iglesia. Es que lo ha hecho dentro de ella. Por eso, la Iglesia todavía no puede contemplar este mal al cual tiene que enfrentarse si quiere seguir siendo Iglesia.

Para los que quieran seguir siendo Iglesia es necesario apartarse de Francisco, de su estructura en Roma. Es una exigencia de la Gracia, porque Francisco no da la Gracia, no da el camino para salvarse ni para santificarse.

Pero, para aquellos que quieran una iglesia nueva, revolucionaria, humana, fraterna, tierna, mundana, profana, diluida en el caos del mundo, entonces que se queden con Francisco y con todo su aparato, que no es más que la invención del demonio para atrapar a las almas y llevarlas al infierno.

Toda la Iglesia tiene que enfrentarse a este cisma, que muchos no lo ven, pero que está ahí. Y sólo hay que ver cómo está la Jerarquía para contemplar ese cisma.

En la Iglesia hay muchos sacerdotes que son sólo políticos, economistas, humanistas, materialistas, psicólogos, psiquiatras, etc., pero que no tienen ni idea de lo que es la vida del sacerdocio.

Han tomado su sacerdocio como una carrera más en la vida, como un negocio, como una empresa para una obra humana, material, profana, mundana. Muchos de ellos ya no creen en nada. Hasta en la reencarnación ya creen muchos sacerdotes, porque la Verdad ya no interesa en el sacerdocio. El sacerdocio ha dejado de ser lo que era: una imagen fidelísima de Cristo. El sacerdote es otro Cristo, el mismo Cristo. Ahora el sacerdote es otro hombre, el mismo hombre del mundo. Y eso supone anular el sacerdocio. Ahora el sacerdocio es una función más en la Iglesia, una estructura más en la Iglesia. Por eso, sólo se atienden a renovar estructuras para hacer más ágiles esa función sacerdotal.

Ya no hay sacerdotes para la Iglesia, sino para los hombres que están en la Iglesia, para servirlos, para quitarles sus problemas de todo tipo, menos los espirituales. Son sacerdotes que se acomodan a toda la vida de los hombres y viven de cara a esas vidas humanas para satisfacer el pedido de cada hombre. Y, por eso, no son capaces de decir la Verdad a los hombres, de enseñarles con la Verdad, de guiarles con la Verdad, sino que todo es manga ancha para no crear enemistades con los hombres, para no dañar la sensibilidades de los hombres, para hacer que los hombres se sientan bien en sus vida humanas.

Hoy los sacerdotes no son fuertes en la predicación del Evangelio, sino tiernos, amables, que enseñan sus mentiras a su grey para tener de ellos dinero, fama y poder.

El sacerdote tiene miedo a quedarse solo si predica la Verdad tal cual es. Y, por eso, prefiere dar almohadillas a los hombres para tenerles contentos en la Iglesia. Por eso, muchos sacerdotes no saben enfrentarse a la mentira de muchos Obispos, que son sus cabezas, pero que, en realidad, no actúan como cabezas espirituales del sacerdote, sino como jefes de hombres, como políticos, que imponen su criterio humano al sacerdote.

Si hasta Benedicto XVI había que callar en la Iglesia viendo muchos pecados de muchos Obispos; ahora es necesario enfrentarse a ellos abiertamente. Y la razón: porque la Iglesia ya está en el desierto. No hay una cabeza humana que la rija. Y como todos ahora quieren poner su opinión, entonces hay que dejarlos con la palabra en la boca y seguir obedeciendo en la Iglesia a Aquel que no pude mentir: Cristo Jesús.

Benedicto XVI tuvo un tropiezo en el Papado: dejó de escuchar la Voz de Cristo y se sumió en sus problemas humanos, que tenía gobernando la Iglesia. Pesó más el problema humano que la Gracia del Papado. En vez de mirar a Su Rebaño, que es toda la Iglesia, comenzó a mirarse a sí mismo como hombre y claudicó de la Gracia. Y su pecado, -porque su renuncia es un gravísimo pecado-, ha hecho pecar a toda la Iglesia en el mismo pecado.

Un año en el pecado de no poder escuchar la Voz de Cristo dentro de la Iglesia. Por consiguiente, sólo se oyen las voces de los hombres. Y todos ellos quiere guiar la Iglesia según se manera humana, según su visión humana, según sus intereses humanos. Pero nadie le importa lo que Dios piensa de la Iglesia actualmente. Hay que ir a las Revelaciones y entender qué quiere Dios ahora de Su Iglesia.

Una Iglesia que apostata de la Verdad es una Iglesia que condena a las almas. Y, por eso, la presencia de la Virgen María en todas las partes del mundo se hace necesaria si el alma quiere salvarse.

La Iglesia ya no salva: la que está en Roma; la que dan los medios de comunicación. Ésa no es la Iglesia de Jesús. Ésa no salva, sino que condena. Lleva a la condenación con bonitas palabras, con hermosas palabra baratas, con la malicia de un hombre que sólo miente por mentir.

Y, cuando la Iglesia se pone a condenar almas, tiene que venir la Madre para salvarlas, para mostrar el camino de salvación que la Iglesia niega y anula con su pecado.

La iglesia regida por Francisco condena al infierno. La Iglesia regida por Cristo es la que salva. Y esa Iglesia, la de Cristo, está ahora en el desierto. No está ni en Roma ni en el Papa Benedicto XVI.

Cuando el Papa Benedicto XVI renunció, las llaves del Reino de Cristo pasaron al Padre. Y es el Padre el que decide quién entra en el cielo y quién no entra. Ya no es la Iglesia, porque Pedro renunció a ser Pedro. No hay Iglesia.

La Iglesia continúa en Cristo, pero sin cabeza humana, sin Vicario de Cristo. Y esta es la señal de la apostasía de la fe: cuando todos son gobernados por un mentiroso que se cree salvador de todos. Francisco es un pálido reflejo de lo que será el Anticristo: un dios al que todos adorarán. Por eso, en ese tiempo nadie podrá salvarse. Y a ese tiempo estamos caminando. La apostasía de la fe lleva al Anticristo, lleva al infierno en vida; lleva a decidir una vida sólo para el demonio.

La Gracia se ha apartado de la Iglesia con la renuncia de Benedicto XVI. Y es la Gracia el camino de salvación. Y donde no hay Gracia no hay salvación.

Cristo guía Su Iglesia en la Gracia de Pedro. A través de Pedro, Cristo derrama todas las demás gracias. Sin Pedro, Cristo no da nada en Su Iglesia.
La Iglesia se funda en Pedro. Para que la Iglesia camine Pedro nunca tiene que renunciar a ser Pedro. Si renuncia, la Iglesia ya no camina.

Este Misterio pocos lo comprenden, porque quieren entender la Iglesia de una manera humana. Y no es posible.

Benedicto XVI renunció a ser Pedro; luego, no hay Iglesia. Y los sacerdotes y los Obispos entenderán esta verdad cuando se les obligue a prestar juramento para negar la divinidad de Cristo y, por tanto, de la Iglesia. Muchos despertarán ese día y comprenderán el camino equivocado por donde va la iglesia en la estructura de Roma. Los últimos en comprender será la Jerarquía, porque es dura de cerviz: soberbia, orgullosa, lujuriosa. Ya hay muchas almas de la Iglesia que ven la maldad y se apartan de muchos sacerdotes y Obispos, porque son humildes, porque no están en la Iglesia para una empresa o un negocio humano o social. Sino que están en la Iglesia para salvar sus almas y las de los demás. Y, por eso, se apartan de todo aquel que quiera condenarse en la Iglesia.

Francisco quiere condenarse. ¡Que se condene! El que quiera salvarse que se enfrente a Francisco, que se oponga a Francisco.

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4 comentarios

  1. ana dice:

    Gracias

  2. Carmen dice:

    Gracias a Lumen Mariae por su trabajo y por su valentia.

  3. Raul Patiño dice:

    Veía esta semana como desde EWTN, el periodista Bermúdez, que se caracteriza por inclinarse ante Francisco, atacaba éste blog LUMEN MARIAE.
    En esta lucha cristiana unimos la emisora ON LINE las 24 horas del día, que pueden escuchar en http://www.elcatolicismo.co y desde donde, si nos lo permiten, haremos alusión a los análisis que pueden escuchar con solo abrir desde su PC la página: http://www.elcatolicismo.co

  4. Juan Pablo dice:

    Excelente resumen de un año tan intenso y dramático para los que tienen Fe.

    ¿Se podrían aplicar las palabras del Señor a Pedro en Benedicto XVI el último Pedro?: “Simón, Simón, Satanás os busca para ahecharos como trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú,, una vez convertido, confirma a tus hermanos. Díjole él: Señor, preparado estoy para ir contigo no sólo a la prisión, sino a la muerte. El dijo: Yo te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.” San Lucas 22, 31-34.

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