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Francisco engaña a los jóvenes en su mensaje para la jornada mundial

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El problema con Francisco es que deforma la Sagrada Escritura con conceptos no evangélicos, que hacen que la Palabra de Dios se diluya en ideas humanas.

Si no se tiene claro la vida espiritual, entonces los hombres se inventan todo en ella. Es el caso de Francisco, necio para el espíritu y sabio para los mundanos. Francisco habla para la gente del mundo, llena del espíritu del mundo, pero es incapaz de hablar para la gente espiritual. Todo cuanto habla produce confusión en las almas que buscan la Verdad en sus vidas.

Francisco no puede guiar hacia la verdad, porque no hay verdad en él. No puede haberla. Dice cosas que son verdad en apariencia, pero sólo con la intención de engañar.

Quiere hablar de los pobres de espíritu y termina con la lucha de clases entre ricos y pobres. Y, entonces, engaña a los jóvenes, a los cuales dedica su herejía.

Dice que “Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, eligió un camino de pobreza, de humillación”. Y ya no empieza bien, porque no da la Verdad de ese pasaje evangélico (Flp. 2), sino su interpretación.

San Pablo en ese pasaje pone dos cosas:

1. Jesús se anonadó a sí mismo no presentándose en la forma de Dios, con la Gloria que tiene siendo Dios. Y eso sólo significa que Jesús se presenta ante los hombres mortal, no inmortal. Jesús, por ser Dios, no tiene pecado y, por tanto, no puede morir. Y, cuando se encarna es el Verbo inmortal en una naturaleza humana y, en consecuencia, Jesús es inmortal. Pero se despoja de esa gloria, de la inmortalidad, y así se presenta a los hombres. Pero se despoja de algo más: Jesús no puede sufrir. Y, por tanto, no está sujeto a ninguna enfermedad, a nada en la tierra que dé dolor al cuerpo y al alma. Jesús también se despoja de eso y se muestra, en su naturaleza humana, como pasible, con capacidad de sufrimiento, de dolor, tanto en su cuerpo, como en su alma.

2. Jesús, no sólo se anonadó, sino que se humilló como hombre, en su naturaleza humana; es decir, se puso obediente a Su Padre que le mandaba una sola cosa: morir en la Cruz. Y esto significaba que Jesús se encarna para hacer una obra divina. Y, por lo tanto, no se encarna para hacer obras humanas. Por eso, Jesús no estudió, no trabajó, no se casó, no hizo nada de lo que los hombres suelen hacer en la vida humana, porque el verbo vino para algo específico, algo que quería Su Padre y por el camino que Su Padre le mandaba: el camino de la Cruz.

Estas dos cosas no las explica Francisco y, entonces, pone su engaño: Jesús eligió un camino de pobreza, de humillación. Éste es el engaño.

a. Porque Jesús, cuando se anonada, no es pobre, no se vuelve pobre, sino que se vuelve con capacidad para sufrir y para morir. Jesús viene para sufrir y para morir. Jesús no viene para ser pobre. ¿Ven la diferencia? Jesús no escogió el camino de la pobreza, sino el camino del sufrimiento y de la muerte.

b. Jesús, cuando se humilla, no se vuelve miserable, no se vuelve mendigo; sino que pone su alma en la obediencia a Dios. Jesús no escoge el camino de la humillación, sino el camino de la obediencia.

Estas dos cosas dan entender que Francisco anula toda la Sagrada Escritura cuando la predica y pone su opinión, lo que él entiende de esa Palabra, que es siempre su idea comunista.

Y, por tanto, todo el mensaje a los jóvenes está corrompido, porque no plantea la verdad desde el principio. No centra al alma en la Verdad del Evangelio, sino que sutilmente va dando su engaño, su mentira, su ideología comunista. Y esto que lo hace Francisco tan sencillamente es por su pecado de soberbia y de orgullo. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará porque ha vivido, toda su vida sacerdotal, sin quitar estos dos pecados. Por eso, es un lobo que destroza la vida espiritual de las almas.

Si Jesús viene para sufrir, para morir y para ser obediente a Su Padre, entonces la pobreza espiritual no cae en Jesús, sino sólo en los que siguen a Jesús.

Jesús no es pobre de espíritu, porque no necesita de eso para hacer la Voluntad de Dios, ya que no tiene pecado y es Dios.

El pobre de espíritu es el rico en la Gracia, es decir, el que no tiene pecado, el que lucha por quitar su pecado y así llenar su alma de gracia tras gracia, como dice San Juan: «Pues de su Plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia» (Jn 1, 16). Jesús lo tiene todo; luego no necesita ser pobre de espíritu. Jesús es la Gracia. El pobre de espíritu trabaja para permanecer en Gracia y así conseguir más Gracia.

Por tanto, cuando Francisco dice: “Aquí vemos la elección de la pobreza por parte de Dios: siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. Está comenzando a poner su ideología comunista, ya no puede enseñar la vida espiritual a las almas.

Dios no elige ser pobre. Esto es la lucha de clases. Dios elige sufrir y morir. Eso es lo que elige Dios. Por eso, Dios puede salvar a los ricos y a los pobres, porque ofrece su sufrimiento y su muerte a ellos. Y esta es su pobreza: sufrir y morir. De esta manera, Dios enriquece a los hombres. Y sólo así se puede explicar el pasaje de san Pablo a los Corintios: «Pues conocéis la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre» (2 Cor 8, 9). La Gracia del sufrimiento y de la muerte, que es la pobreza de Cristo, es lo que enriquece el alma de los hombres. Jesús era rico porque no podía sufrir ni morir. Jesús se hizo pobre porque era pasible e inmortal. Y ésta es la pobreza de Cristo. Sólo está. La pobreza de Cristo no está en no tener dinero, en ser un miserable, en ser un pobre de la calle. La pobreza de Cristo no es una cuestión social ni económica, ni cultural, ni científica, ni humana, ni carnal. Es una obra del Espíritu en la naturaleza humana de Jesús. Jesús tenía que ser impasible e inmortal. Y el Espíritu lo hizo pasible y mortal. Y esta pobreza es la que hace ricos a los hombres. Por eso, Jesús no se dedicó a poner una empresa para hacer dinero y así dárselos a los pobres, que es lo único que quiere Francisco. Jesús se dedicó a sufrir y a morir. Y así los hombres salen de sus pobrezas humanas, económicas, sociales, etc.

Entonces, la pobreza espiritual consiste en imitar la pobreza de Cristo. Si Cristo vino a sufrir y a morir, entonces ¿cómo hay que ser pobre de espíritu? Uniéndose al sufrimiento y a la muerte de Cristo. Esto es lo que no enseña Francisco, sino que se va por su ideología comunista.

Él explica la forma de ser comunista a los jóvenes:

a. “Ante todo, intentad ser libres en relación con las cosas”. Para ser pobre de espíritu, lo primero la libertad. Ser libres de todas las cosas. Este es el lenguaje del comunismo.

Lo primero para poseer la pobreza de espíritu es no estar en pecado. Eso es lo primero. Quien está en pecado, es esclavo del pecado y de todos los males que engendra el pecado. Quien está en pecado hace frutos de pecado; sus obras son malas, llevan al pecado y tienen el sello del pecado. Y, por tanto, quien está en el pecado está apegado a muchas cosas. Y esto significa que no puede ser libre de todas las cosas. Luego, Francisco pone un imposible a los jóvenes: sean libres de todas las cosas. Pero, Francisco: ¿no sabes que existe el pecado y que los jóvenes viven en sus pecados? ¿Por qué no predicas que hay que quitar el pecado, que hay que confesarse, que hay que hacer penitencia por el pecado, para ser libres de las cosas? La respuesta: porque Francisco no cree en el pecado, sino en los males de todo tipo que los hombres encuentran en sus vidas, en la sociedad, etc.

b. “El Señor nos llama a un estilo de vida evangélico de sobriedad, a no dejarnos llevar por la cultura del consumo”. Gran mentira. El Señor nos llama a un estilo de vida evangélica totalmente graciosa, en la que obre la Gracia en todo. Y, por tanto, el Señor no nos llama a no dejarnos llevar por la cultura del consumo. No es eso. Porque hay que estar en el mundo, hay que estar en una cultura de consumo, pero sin ser del mundo, sin seguir la cultura de consumo. El problema no está en la cultura de consumo, sino en el pecado de avaricia y de usura, que son los que originan el consumo desproporcionado. Francisco hace incapié en la cultura de consumo, como si el mal estuviera en ella. Y el mal nace del pecado de cada alma, por su avaricia, por su codicia, por su usura. Y eso es lo que hay que quitar. El Señor nos llama a quitar el pecado de avaricia, de usura, de codicia, para poder quitar el apego en el tener, en el comprar, en el vender. El problema no está en el dinero, sino en el uso que se hace del dinero. Si el dinero es plataforma para estar en Gracia, entonces el dinero sirve para todas las cosas de la vida de los hombres. Pero si el uso del dinero lleva al alma al pecado, a los apegos materiales, entonces nada sirve en la vida del hombre porque lo que se tiene, ya sea dinero, ya sean bienes materiales, impide la salvación del alma. El alma tiene que centrarse en quitar su pecado para no dejarse llevar por el espíritu mundo. No hay que quitar la cultura de consumo y poner la cultura del dar dinero a los pobres o la de recoger alimentos de las empresas que los tiran. No está en eso la vida espiritual. No está en eso la pobreza evangélica. Está en quitar el pecado y se resuelve todo los demás.

c. “para superar la crisis económica hay que estar dispuestos a cambiar de estilo de vida, a evitar tanto derroche”. Es que no es eso la vida espiritual. No es un cambio de estilo de vida. Es un cambio de mentalidad. Hay que dejar de vivir como viven los hombres, para vivir como vive Dios. Éste es el problema. Dios da la Gracia para que el hombre viva en la vida de Dios. Y lo que impide la Gracia es sólo el pecado. Se quita el pecado y la vida cambia totalmente. Peor aquel que no quita el pecado, entonces se inventa sus estilos de vida. Y hoy no compra porque no tiene dinero; pero mañana compra porque ha recibido un dinero. Hoy es austero por las circunstancias de la vida, pero mañana es derrochador por otras circunstancias. No está en cambiar de estilos de vida, sino en vivir permanentemente en Gracia. Y la Gracia va diciendo lo que hay que comprar, lo que hay que usar, lo que hay que gastar. Es la Gracia lo que da la verdad a la vida económica. No es la cultura de los hombres, no son sus modas, no es el querer dar dinero a los demás para que vivan bien lo que hay que buscar para ser pobre de espíritu. El alma que no se deja gobernar por la Gracia, acaba siendo comunista, marxista, socialista, pragmática, capitalista, etc., pero no vive la vida espiritual. Vive como una veleta: según el viento de cada política, de cada doctrina humana. Para superar la crisis económica hay que estar dispuestos a quitar el pecado de avaricia y de usura. Si no se hace esto, todo lo demás es un cuento chino, una fábula de los hombres, que no quieren sufrir por sus pecados ni morir a sus pecados para ser felices.

d. “para vivir esta Bienaventuranza necesitamos la conversión en relación a los pobres. Tenemos que preocuparnos de ellos, ser sensibles a sus necesidades espirituales y materiales”. Éste es el comunismo puro. ¿Dónde está en el Evangelio la conversión a los pobres? Esto es idolatrar a los pobres. Esto es ser dependientes de los pobres. Esto es mirar la vida para los hombres y sólo para ellos.

El hombre, para ser pobre de espíritu, tiene que mirar a Cristo. No tiene que mirar a los pobres. Tiene que imitar a Cristo: unirse a su sufrimiento y a su muerte en la Cruz. Y eso significa una cosa: expiar su pecado, reparar su pecado, cargar con los pecados de los demás. Aquél que no quita su pecado, no puede hacer esta segunda cosa. No puede purificar su corazón y, por tanto, la pobreza de Cristo no le enriquece.

La limosna hay que darla por un motivo de gracia. ¡Cuánta gente da dinero a los demás y los deja en sus pecados, en sus vicios! Gente que comparte sus bienes materiales y hace un daño al prójimo, porque el ser humano es pecador y cae en sus vicios, en sus pecados; y si se le da todo en lo material, entonces no se le ayuda en lo espiritual. Y esto es pecar contra el prójimo. Esto no lo enseña Francisco: él dice que hay que resolver todos los problemas de los hombres, sociales, culturales, económicos, etc. Hay que entregarse al hombre pobre, al machacado, sin discernir nada. Eso se llama comunismo: “Tenemos que aprender a estar con los pobres”. Para ser pobres de espíritu hay que aprender a estar con los pobres. Esto no está en el Evangelio, sino sólo en la idea comunista de Francisco. Para alcanzar la humildad de corazón hay que estar con los hombres, hay que ocuparse de los hombres, hay que mirar a los hombres, hay que hacer obras con los hombres, hay que convertirse a los hombres. Esto es demoniaco: la doctrina de la fraternidad masónica.

Y, además, pone su palabrería barata y blasfema: “Acerquémonos a ellos, mirémosles a los ojos, escuchémosles. Los pobres son para nosotros una ocasión concreta de encontrar al mismo Cristo, de tocar su carne que sufre”. Esto es una aberración, una abominación, un escándalo en boca de un Obispo. Porque Cristo sólo vive en los humildes de corazón, en los que son fieles a la Gracia. En los pecadores, ya sean ricos, ya sean pobres, vive el demonio y obra el demonio en ellos. A Cristo sólo se le encuentra en el humilde, es decir, en el que no tiene pecado, en el que lucha por quitar su pecado, en el que expía su pecado. En los demás, no está Cristo. Cristo no está en la carne que sufre porque no tiene un pan que comer; Cristo no está en el borracho, en el que aborta, en el que se droga, en el homosexual, en la prostituta. Cristo no está en el anciano que no es cuidado; ni en el joven que no tiene trabajo. Cristo no está en los hombres que tienen problemas económicos, políticos, culturales, humanos, carnales, materiales… Así no se encuentra a Cristo.

El que peca crucifica a Cristo: sea rico, sea pobre; sea viejo, sea joven; sea borracho, sea drogadicto… Es Cristo el que sufre el pecado de los hombres. No son los hombres los que tienen problemas y ahí está Cristo en esa carne que sufre. Esta es la aberración, la gran ignominia de ese hombre. El hombre que peca hace sufrir a Cristo; crucifica a Cristo, mata a Cristo en su alma, en su corazón , en su vida. Esto es lo que no enseña Francisco. Francisco enseña su sentimentalismo hereje: Cristo está en el que sufre. Eso es abominación. El que está en Gracia se crucifica con Cristo y salva almas. El que está en pecado, crucifica a Cristo y condena almas. Por eso, no se trata de mirar a los pobres, de estar atento a sus necesidades. Se trata de mirar a Cristo y de crucificarse con Cristo. Todo al revés en Francisco.

e. Y, por eso, viene la guinda: “Pero los pobres –y este es el tercer punto– no sólo son personas a las que les podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos. ¡Tenemos tanto que aprender de la sabiduría de los pobres!”. Esto no sólo es de idiotas, de necios, de estúpidos, sino que es el cuento chino, la fábula, el entretenimiento de Francisco. Así que un muerto de hambre, que está tirado en la calle, pidiendo limosna, ése tiene algo que enseñar al hombre. Esta es la estupidez mayor de ese idiota.

Hay muchos que tienen de lo económico, les sobra, pero son grandes pobres ante Dios. Hay pobres que son pobres de lo económico y también en lo espiritual. Porque en el Reino de los Cielos van a entrar los ricos, pero los ricos en amor, los ricos que han aprendido a vivir según lo que Jesús ha enseñado. Y, por tanto, ¿qué sabiduría tiene un pobre que en su corazón no posee el Amor de Dios? ¿Qué se va a aprender de un hombre en pecado? ¿Qué camino de verdad da un hombre que vive su pecado? ¿Qué obras de verdad hace un hombre en su pecado?

Francisco es el mayor subnormal de todos en la Iglesia. No sabe lo que está diciendo. No sabe dónde pisan sus pies. ¡Menuda basura de mensaje a los jóvenes! ¡Cuántos jóvenes se van a condenar por seguir a tan desdichado personaje!

Cristo se humilló para obedecer a Su Padre. Ahí está la verdadera sabiduría. Y Francisco enseña a humillarse ante los hombres para obedecerlos y así aprender de sus vidas de pecado. Es la mayor necedad de todos.

Para ser pobre de espíritu, según Francisco: sé libre de cosas, atiende a los pobres y aprende de los pobres. Esta es la doctrina del demonio.

Para ser pobre de espíritu, en la doctrina de Cristo: quita tu pecado, expía tu pecado, haz penitencia por tus pecados, y vive siempre en gracia para poder obrar la Voluntad de Dios en todas partes. Con el sufrimiento reparador, con la crucifixión de la propia voluntad; con la obediencia a la Verdad, se alcanza la pobreza de espíritu.

Porque los hombres entienden la pobreza como que algo les falta en lo material. Y no es así. La pobreza que realmente necesita el hombre es espiritual. Hay mucha gente pobre en la Gracia y, por eso, está llena de pecados y de problemas su vida. Lo que importa en la vida es ser rico en la Gracia. No interesa ni tener ni no tener dinero. Esa pobreza material nunca la enseñó Jesús. Jesús enseñó a tener un corazón humilde, desprendido de todo pecado; un corazón abierto al Amor Divino y que, por tanto, combate contra todos los demás amores. Muchos son pobres de amor divino y ricos de amores humanos, terrenales, carnales, materiales, sociales, sentimentales. ¿Cómo se van a salvar de esa manera? ¿Cómo se van atender a personas que no quieren dejar sus pecados? ¿Cómo se va a aprender de personas que no tienen el Amor de Dios en sus corazones?

Por eso, Francisco condena a las almas con su doctrina comunista. ¡Da asco Francisco! ¡Da asco su pensamiento! ¡Da asco sus obras en la Iglesia! ¡Da asco como Obispo y como hombre!

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2 comentarios

  1. Carmen dice:

    De acuerdo contigo Jason . Esto de hacer un barato me suena a Aragonés. ¿ Eres Aragonés ?

  2. jason dice:

    Francisco I, el máximo común divisor, mira todo con ojos mundanos. Recuerda a aquella vez en que Pedro quería convencer a Cristo de que no acabase en la Cruz y fue amonestado por Él con el “vade retro Satanás”, porque piensas como los hombres y no como Dios. Quiere ganar feligreses, pero no para Dios, sino para la Iglesia, no cristianos de verdad sino amigos del Papa; algo así como hinchas del equipo del Vaticano.
    Está haciendo un “barato”, quizás la parábola del administrador injusto que cesado por su amo se decidepor perdonar las deudas de su amo para tener amigos sea la mejor imagen de este “Papa”.

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