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Francisco enseña a pecar en su mensaje para la Cuaresma

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Francisco enseña a pecar. Pone el amor de Cristo en compartir y el estilo de Dios en presentarse pobre. Esto significa que para seguir a Cristo hay que pecar. Compartan sus errores, sus pecados, sus mentiras y todo va de maravilla.

Cristo ama al hombre expiando su pecado. Por tanto, el amor de Cristo al hombre es reparar, expiar, quitar el pecado. Todo hombre, para seguir a Cristo, debe ponerse a la tarea de combatir su propio pecado, de purificar su corazón de tantas maldades que tiene en él. Si el hombre no hace esto, si no pone su vida en penitencia, el hombre se condena por su pecado, aunque Cristo haya muerto por él.

El modo de amarnos Cristo es en la Cruz y, por tanto, Cristo está entre los hombres para llevarlos a la Cruz, no para hacer vida social con ellos, que es lo que predica Francisco: “Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros”.

La Verdad es lo que hace libre al alma, el amor lleno de justicia, de rectitud, de verdad. Y, en ese amor justo, se encuentra la Misericordia. La verdad no está en compartir, sino en expiar el pecado del otro.

Jesús no tiene un amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. Esto sólo son palabras bellas sin contenido, sin verdad.

Jesús ve al hombre pecador. Por tanto, Jesús ve un mal en cada hombre. Un mal que le impide llegar a la salvación.

Y Jesús, para quitar ese mal, no pone una escuela para que los niños sean educados en el bien social, que es lo que ha hecho Francisco con su proyecto educativo global llamado Red Mundial de Escuelas para el Encuentro o Scholas Ocurrentes, con el objetivo de condenar a las almas de los niños con su “cultura del encuentro”: “Si la educación de un chico se la dan los católicos, los protestantes, los ortodoxos o los judíos, a mí no me interesa. A mí me interesa que lo eduquen y que le quiten el hambre. En eso tenemos que ponernos de acuerdo” (Francisco en Brasil en la entrevista con el periodista Gerson Camarotti, de la cadena Globo News, 29-07-2013 – Ver Video). Este proyecto es del demonio, como es claro ver en las mismas palabras de Francisco. La educación ya no pertenece a la Iglesia Católica, que es la que tiene la verdad y la única que puede enseñar la Verdad a los niños, sino a todo el mundo, a todas las religiones. Y, por tanto, se está diciendo que las otras religiones son verdaderas y enseñan a salvarse. Francisco manda a que los papás envíen a sus hijos a estas escuelas para llevarlos al infierno. Esto nunca lo hace un verdadero Pontífice. Esto lo hace Francisco porque no es el Papa verdadero, sino un impostor.

Jesús no da al hombre un amor para compartir. De aquí se sigue su cultura del encuentro, su doctrina comunista, marxista. De esta idea suya filosófica, pero no evangélica.

Esta idea de poner el amor en el compartir viene de su humanismo, en la que el hombre tiene que ser social por naturaleza. Y, en ese ser social, en ese buscar un bien común para todos los hombres, necesita una igualdad entre ellos. Esa igualdad está en compartir, no sólo los bienes materiales, sino también todo lo demás: las mentiras, los errores, las herejías, los pensamientos, las obras humanas, las vidas humanas, sin una norma de moralidad, sin una verdad, sin una ley divina, sin una ley moral, sin una ley natural.

Porque lo primero es compartir. Como el amor de Cristo es dar su misericordia, entonces no importa cómo esté el hombre: si vive en sus pecados, si obra la maldad, si tiene un pensamiento errado sobre su vida, etc. No importa la moralidad del hombre, sino la sociabilidad. Primero es lo sociable, primero la comunidad, el grupo de hombres. Y si se consigue esto, entonces el hombre tiene libertad en la vida.

La verdadera libertad está en dar al otro hombre, al prójimo, un amor lleno de compasión. Este es el gran error de Francisco. De esta manera, tiene que anularlo todo: el pecado, la cruz, la penitencia, la justicia divina, la verdad. No pueden existir verdades absolutas, sino que todo es relativo, porque hay que dar una compasión al prójimo. Ya no se puede dar la Voluntad de Dios, ya no vale dar una justicia, ya no se puede castigar al otro, sino hay que mirarlo con ojos de idiota, escondiendo los pecados del otro, ensalzando sus pecados, justificando sus pecados, haciendo valer sus pecados en todas partes.

Por eso, Francisco predica una pobreza y una miseria que es del demonio.

1. “La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios”. Esto no es la pobreza de Cristo.

a. La Encarnación es Redentora, no es pobre; es decir, no es un signo de pobreza, sino de Justicia Divina.

b. Cargar con nuestros pecados es la Obra de la Redención del hombre; es decir, no tiene nada que ver con la pobreza.

c. Comunicar la Misericordia Infinita no lo hace Cristo, porque Cristo no comunica la Misericordia del Padre, sino que Cristo tiene Misericordia con los hombres. Tener y comunicar son cosas totalmente diferentes. No porque Cristo tenga la Misericordia, la comunica, la da. Cristo ofrece Su Misericordia a todo hombre, pero deja a todo hombre la libertad para aceptar o renunciar a Ella. Y. cuando el alma acepta esa Misericordia, eso no es signo de la pobreza.

Todo este párrafo, ¿qué es? Palabrería barata y blasfema. Sólo eso. No enseña ninguna verdad para la vida espiritual.

2. “La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria”. Esto, tampoco es la pobreza de Cristo.

a. la riqueza de Jesús es ser el Hijo del Padre; es decir, el Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Ésa es la mayor riqueza de Jesús: ser el Verbo. Por tanto, no ser una persona humana. Jesús es Dios. Ésta es la riqueza de Jesús. La mayor riqueza. Y, entonces, ¿cuál es la pobreza de Jesús? Siendo Dios, se anonadó a Sí Mismo: «existiendo en la forma de Dios, no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, antes se anonadó a Sí Mismo, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres» (Flp 2, 7).

Jesús, que es Dios, aparece entre los hombres como mortal. Ése es su anonadamiento. Debe esconder Su Gloria, la que tienen con el Padre. Sólo la mostró a sus tres apóstoles escogidos. A los demás, se mostró como hombre mortal. Ésta es la pobreza de Cristo: su mortalidad. Y es su muerte la que enriquece a los hombres. Su muerte, su amor reparador del pecado de los hombres; su amor que expía el pecado; su amor que lleva a la penitencia del pecado; su amor que le lleva a morir por los hombres que viven en sus pecados.

b. Jesús no necesitaba confiar ilimitadamente en Su Padre, porque es Dios. Y, en Dios, sólo hay Amor, no confianza, no Misericordia. El Padre no mira a Su Hijo con Misericordia, porque su Hijo no tiene pecado. Jesús no pecó nunca. Luego, Jesús no es digno de Misericordia. El Padre mira con Amor a Su Hijo. Y sólo con Amor. Por tanto, Su Hijo no busca la Misericordia de Su Padre, porque no ha pecado, sino que busca el Amor de Su Padre, porque es Su Hijo.

c. Jesús no se encomienda a Su Padre, porque Él es el Mediador entre los hombres y Su Padre. Jesús no se pone en manos de Su Padre para que lo salve. Jesús no viene a salvarse, sino a Salvar a todos los hombres. Jesús no necesita encomendarse a Su Padre porque sólo está en el mundo para ser el Redentor de los hombres, el Mediador de los hombres. Gravísima herejía el de Francisco. ¡Cómo se ve que no sabe nada de teología! Cuando predica es para decir estas salvajadas constantemente. Y se queda tan tranquilo. Y los demás, callan sus salvajadas. Eso es lo grave.

d. Jesús no busca la voluntad de Su Padre constantemente ni su Gloria. No puede buscarla, porque es Dios. Jesús tiene la Voluntad de Su Padre y la Gloria de Su Padre. ¿qué va a buscar si ya lo tiene? Jesús viene a hacer una Obra que quiere Su Padre: la Obra de la Redención. Viene a poner el camino para que los hombres puedan salvarse y santificarse. Jesús sólo busca poner este camino, porque está regido, en todo, por la Voluntad Divina, por ser Dios. Una Voluntad Divina que tiene que obrar en medio de los hombres, entre muchas voluntades humanas, que se oponen a esa Voluntad Divina. Y Jesús trabaja entre los hombres para poner este camino de salvación y de santificación.

3. “Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito”. Esta es la basura intelectual de Francisco.

i. Tomar el yugo de Cristo es aceptar la Voluntad de Dios, que es siempre una cruz para el alma, un sufrimiento en la vida, una renuncia en la vida, una penitencia en la vida. Porque Cristo da al hombre su muerte. Ésa es su riqueza, que es su pobreza. Y Cristo le enseña al hombre a morir a todo lo humano, a todo lo material, a todo lo natural, a todo lo carnal, a todo lo espiritual. Es una muerte a todo. Por eso, el Calvario es un despojo total: sólo queda una cosa: la Voluntad de Dios, que ha triunfado sobre las voluntades de los hombres, sobre sus obras, sobre sus vidas; y sobre la voluntad del demonio.

ii. Cristo pone al hombre el camino de su muerte. Cristo lo ofrece a todo el hombre, pero Cristo no comparte este camino, no lo regala al hombre, no lo dona al hombre. Porque, en este camino, el hombre tiene que merecer. La salvación del hombre es gratuita; es decir, todo hombre puede salvarse por la muerte de Cristo. A todos los hombres llega esa salvación. Cristo murió por todos los hombres, pero esto no significa que Cristo haya salvado a todos los hombres. Es lo que Francisco predica: todos salvados, todos al cielo, porque Cristo ha compartido su misericordia con todos. Hagan obras buenas humanas y ya se salvan. Y no importa que sea un budista o un judío. No importa el pecado, el error, la herejía, el cisma, la apostasía. Eso no importa, porque Cristo da un amor de compasión, no da un amor lleno de verdad absoluta, sino lleno de verdades relativas, culturales, artísticas, filosóficas, psicológicas, etc. Esta es la salvajada de Francisco.

iii. Cristo no comparte su espíritu filial y fraterno. ¿Dónde está eso en el Evangelio? Sólo está en la mente de Francisco. Sólo el Verbo es Hijo del Padre. Jesús no es hijo adoptivo de Dios. Jesús no se bautizó, no recibió el sacramente del Bautismo, porque no hace falta. Él no tiene pecado como hombre. Él es Dios. Él viene a poner el Bautismo, que le sirve a los hombres, porque están en sus pecados. Y el Bautismo hace al hombre hijo adoptivo de Dios. Y ser hijo adoptivo de Dios no es ser hijo natural de Dios, como lo es Jesús. Luego, Jesús no comparte su espíritu filial. Es el invento de ese hereje. Y menos Jesús comparte la fraternidad, porque Jesús no tiene hermanos carnales. Jesús no es hermano de ningún hombre. Jesús no viene de Adán. Y, por eso, puede quitar el pecado de Adán. En la concepción de Jesús sólo está la Virgen María, la Mujer. No está el hombre. Luego, Jesús no viene de Adán, de un hombre y de una mujer. Luego, Jesús no es hermano de nadie. Jesús viene del Espíritu y de una Mujer. Los hombres vienen de un hombre y de una mujer. ¿Dónde está la fraternidad? Habrá semejanza en la carne, en la naturaleza humana, pero no en la concepción del hombre. Los hombres son hermanos por su concepción. Sólo por su concepción. Pero los hombres no son hermanos por su vida social, por su comunidad, por su cultura, etc. Existe el amor al prójimo, pero no el amor fraterno cuando se trata de hombres que no son hermanos por carne y sangre.

iv. Jesús no nos convierte en hijos en el Hijo. ¿Qué estupidez es ésta? El Bautismo es el sello del Espíritu de Dios en el alma. Y, por ese sello, el alma recibe la filiación divina, que es adoptiva para el hombre, no natural. El hijo adoptivo de Dios necesita la Gracia para alcanzar a Dios. Con el solo Bautismo, el hijo adoptivo no pertenece a Dios. Por eso, el Bautismo quita el pecado para que la persona viva en Gracia y sea de Dios. ¡Cuántas personas hay bautizadas en otras religiones, pero sus pecados les impide ser de Dios!. El Bautismo los hace hijos adoptivos, pero ponen un obstáculo a ese Bautismo: sus pecados. El Bautismo quita el pecado original y todos los pecados de esa persona. Pero si la persona no tiene arrepentimiento de sus pecados y sigue viviendo en sus pecados, no se quita los pecados personales, sino que queda un óbice en el alma, que impide la Gracia.

Ser hijo en el Hijo sólo significa una cosa: alcanzar la Gloria divina. Hasta que el alma no llegue al Cielo no puede ser hijo en el Hijo. Es un don que no se puede alcanzar por el Bautismo, por el sólo hecho de bautizarse. Para ser hijo en el Hijo, hay que primero morir en el Hijo. Y, después de muchas muertes místicas, de mucho purgatorio, viene la Gloria del Cielo.

4. “Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos ; podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo”. Esto es sólo la estupidez de ese hombre. Quien es santo vive como un hijo de Dios. Pero no vive como hermano de Cristo. Quien no vive como hijo de Dios vive como hijo del demonio. Así vive Francisco. Ésa es su gran miseria. Y lo triste es que quiere seguir siendo del demonio. Ésa es la tristeza: comprobar cómo ese hombre destruye la Verdad en la Iglesia. Y los demás se quedan tan tranquilos, como si este mensaje de Cuaresma fuera la verdad en la Iglesia. Hay que ser idiotas, como Francisco, para no ver la maldad que encierra este mensaje. Hay que ser necios, tontos, palurdos, pecadores, demonios.

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2 comentarios

  1. José M dice:

    Gracias Josephmariam por seguir desenmascarndo las mentiras disfrazadas de verdad. Esta es la auténtica caridad; no el “buenismo” melifluo e irracional.

  2. José Manuel Guerrero dice:

    Esto que vemos algunos en Bergoglio, y que tenemos tan claro, sus herejìas y su espìritu inmundo, no lo ven en Roma? Cuesta trabajo creer que todos estén ciegos. Escapa a la razón humana. Cómo es posible que los mismos que seguian a Benedicto y que, al menos, aparentaban amor por la Iglesia no griten de dolor y rabia ante las aberraciones de Bergoglio?. Esto es lo que mas cuesta digerir, mas, incluso que saber que la persona que ocupa la Sede de Pedro es un malvado hijo de Demonio.

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