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Francisco, en su mensaje de Cuaresma, pide dinero a la Iglesia

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«Pues conocéis la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por amor vuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza» (2 Cor 8, 9).

Francisco, en su mensaje para la Cuaresma presenta su doctrina comunista sobre la pobreza y la miseria. Lo que escribe en ese mensaje no tiene nada que ver con la doctrina de Cristo, sino que es la opinión de Francisco sobre lo que debe ser la pobreza de Cristo.

Comienza con su mentira: “El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad”. ¿Dónde está eso en la Carta a los Corintios? San Pablo habla muy claro cuál es el fin de esa colecta: «participar en el socorro a favor de los Santos»; es decir, a las necesidades de aquellos que, en las diversas parroquias, hacen su apostolado en la predicación, en las misas, etc.: «Pues el ministerio de este servicio no sólo remedia la escasez de los santos, sino que hace rebosar en ellos copiosa acción de gracias a Dios» (2 Cor 9, 12). Es una colecta para el servicio en la Iglesia. No es una colecta para recoger dinero y dárselo a los pobres.

Si Francisco comienza con una mentira, entonces, ¿para qué seguir leyendo? ¿Para qué? Si todavía no la han leído, no pierdan el tiempo, porque es un mensaje que daña el alma, daña el corazón, daña la mente del hombre.

Por aquí comienza Francisco a tergiversarlo todo. No es una colecta para las necesidades de los hombres, sino de los Santos, de aquellos que tienen que trabajar en la Viña del Señor y que comen de su trabajo, viven de su trabajo, es decir, de la caridad de las personas, porque no tienen un sueldo por su trabajo. Trabajan gratis predicando y celebrando la misa. Entonces, la Iglesia tiene que mantenerlos de alguna manera. Por eso, san Pablo pide colectas para esto en específico. San Pablo no era comunista, sino espiritual, pero velaba por su gente que estaba totalmente dedicada al Evangelio, dedicada a dar la Verdad sin más, como san Esteban, que murió mártir por dar testimonio de la Verdad.

Y, entonces, Francisco comienza su panfleto comunista:

1. “La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias”. Este es el principal error.

Como Francisco es humanista, entonces –para su mente humana- el amor es compartir; el amor crea igualdad; el amor nos hace semejantes; el amor derriba los muros y las distancias. Así piensa un comunista, pero así no piensa un sacerdote.

i. Cristo vino al mundo no para ser semejante en todo al hombre, sino para ser hombre mortal, hombre que muere como los demás hombres.

ii. Cristo Jesús existía en la forma de Dios, es decir, en la Gloria, en la inmortalidad. Se anonadó y tomó la condición de siervo, de hombre mortal. Esto es el espíritu de Filipense 2, 5ss.

Francisco dice que: no. Jesús se anonada para ser como otro hombre: pobre, mísero, pecador, etc.

Jesús, en la condición de hombre, se humilló y fue a la Cruz por obediencia a Su Padre. Jesús, en la condición de hombre, no era como los otros hombres: soberbios, desobedientes, rebeldes, etc. Era humilde y obediente. Pero Francisco no enseña esto, porque no le va ni le viene. Él va a su juego ideológico: presenta un Jesús humano, para el hombre, para el pueblo, para todos, para la comunidad. Y, entonces, dice: “Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza”. Esto es enseñar el comunismo.

Si Jesús se muestra al hombre sin Su Gloria, entonces se muestra como mortal, no como inmortal. Eso no tiene nada que ver con el poder y la riqueza del mundo.

Si Jesús, en su condición de hombre, se humilla y es obediente, eso no tiene nada que ver con la debilidad y la pobreza.

Jesús se muestra mortal y humilde. Jesús no se muestra en la forma de Dios: inmortal. Jesús se revela como Dios, pero con la capacidad para morir. Este es el Misterio de la Encarnación, que para Francisco es una ficción y que explica así: “La razón de todo esto (de la Encarnación) es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama”.

Francisco no ha entendido nada de lo que es la Encarnación. La Encarnación no es un amor generoso, un deseo de proximidad, que no duda en darse y sacrificarse. Es que no tiene nada que ver con estas frases ampulosas, bellas, pero heréticas.

Cristo se encarna por un motivo de Justicia Divina. Punto y final. En esa Justicia Divina existe una Misericordia para el hombre, que está en el pecado. Y ya está. Cristo no se encarna porque ama al hombre, sino porque ama a Su Padre. Y punto y final.

Por tanto, el amor de Cristo al hombre no es compartir en todo la suerte con el hombre, con el amado. Cristo no comparte con los hombres cuando se encarna. Cristo no comparte con los hombres cuando muere en la Cruz. Cristo no comparte con los hombres cuando predica el Evangelio. Cristo no comparte con los hombres cuando hace milagros. ¡Cristo no comparte! ¡Esta es la doctrina comunista de Francisco! Hay que compartir con los pobres. Eso es todo la Cuaresma para Francisco. Por eso, habla como un comunista: “Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele”. Esto es puro comunismo.

Nunca Cristo predicó de esta manera. ¡Nunca! Francisco, en su mensaje de Cuaresma, pide dinero a la Iglesia.

Aquí lo tienen. Esta frase, que es lo último que pone en su mensaje es el resumen de su comunismo.

Francisco no exhorta a luchar contra el pecado en Cuaresma; no exhorta a confesar el pecado en Cuaresma; no exhorta a hacer penitencia por el pecado en Cuaresma; no exhorta a cambiar de mentalidad en Cuaresma.

¿Qué hace Francisco en su mensaje de cuaresma? ¡Pide dinero! Lo pide de una forma muy bonita, con su lenguaje ampuloso, sentimental, amanerado, amorfo, que viene de esconder la Verdad en lo que habla, en dar vueltas a la verdad, para poner sólo la mentira, lo que le interesa decir en la Iglesia.

¡Qué asco da leer este mensaje de Cuaresma! Es que no dice una verdad claramente. Todos son mentiras, todos son engaños, todos son bonitas palabras, para entretener a la gente y que la gente dé dinero en la Iglesia, que es lo que busca con insistencia por su obsesión, que es el maldito dinero.

¡Qué vergüenza de mensaje de Cuaresma en boca de un sacerdote, de un Obispo! ¡Desconfíen de todo Obispo y de todo sacerdote que les pida dinero en Cuaresma!

Cuaresma es el tiempo para llorar por nuestros pecados. No es el tiempo para dar limosnas generosas a nadie. Cristo, en Cuaresma, fue a la Cruz. No pidió dinero a nadie. Cristo, en Cuaresma, expió los pecados de todos los hombres, sufrió hasta morir maldito, clavado en un madero, por amor a todos los hombres. Le importó un bledo los pobres en el mundo, los que pasan hambre, los que no tienen trabajo, los ancianos que nadie atiende; todo eso a Cristo le importa nada, porque Él vino a quitar el pecado, él vino a curar las almas del pecado, no vino a curar los cuerpos, a darles una vida feliz; no vino a alimentar a ningún pobre de la tierra. No vino a hacer comunismo, como lo hace Francisco.

Cristo, en su amor a los hombres no crea igualdad. ¿cómo va a crearla siendo el hombre pecador? Cristo tiene que quitar, primero, el pecado de Adán; después, quitar el pecado de cada hombre en particular; después, que el alma vaya creciendo en la Gracia hasta purificarse totalmente de todos sus pecados. Y, cuando se consigue esto, que es el final del Purgatorio, entonces viene la igualdad, que es el Cielo. Pero una igualdad por participación, por Gracia, no por humanismo, no por sentimentalismo, no porque haya pobres en el mundo y Cristo se hace como ellos, un pobre material.

2. “el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona”: esta es la herejía de Francisco.

El Amor de Cristo al hombre no es misericordioso, sino justo, nace de la Justicia de Dios que tiene que reparar el pecado de Adán. Y haciendo eso, el Padre sabe que no abraza a cada persona. No puede. Dios quiere salvar a todo el mundo, pero no puede. Por Justicia Divina muchos hombres no encuentran la salvación porque no aceptan la doctrina de Cristo, que no es la Misericordia, sino la Verdad.

A Francisco no le interesa presentar la Verdad, sino a un Dios que todo lo perdona, que lo comparte todo con los hombres, que se hace igual a los hombres, que es amigo de los hombres, que hace comunidad con todos los hombres. Francisco da un Dios idiota, imbécil, amanerado, amorfo, comunista, panteísta, cismático, herético, porque tiene que acoger a todo el mundo, tiene que compartir con todo el mundo, tiene que ser igual, en sus pecados, que todo el mundo. Un Dios mundano que gusta a todo el mundo. Eso es lo que presenta Francisco a la Iglesia y al mundo.

3. “Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, “trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre”. Éste es el Jesús humano de Francisco que comparte con los hombres. Aquí se ve que Jesús -para Francisco- no es Dios, sino sólo un hombre.

Jesús, como hombre, estaba regido en todas las cosas por Su Persona Divina, el Verbo. Y, por tanto, su vida era divina, sus obras eran divinas, sus palabras eran divinas, su trabajo era divino, su comida era divina, su sueño era divino, su mirada era divino, etc. Todo era divino.

a. Jesús tenía manos de hombre, pero hizo el trabajo de Dios con esas manos, no un trabajo humano.

b. Jesús tenía mente humana pero nunca pensó, nunca razonó como hombre. Nunca tuvo una idea humana. Todas sus ideas eran divinas. ¡Todas! Cuando Jesús pensaba con su inteligencia humana lo hacía el Verbo en Él, porque Jesús no tiene persona humana. No era el hombre el que pensaba; era el Verbo el que usaba la razón humana para dar una idea divina.

c. Jesús tenía voluntad humana, pero nunca obró como hombre. Nunca hizo una obra humana. Todas sus obras eran divinas. Hasta el comer era divino. Hasta beber un vaso de agua era una obra divina. Porque el Verbo regía toda su alma humana: su mente y voluntad de hombre eran sólo de Dios, no del hombre.

d. Jesús sólo tenía el Corazón Divino, no tenía un corazón humano. Aquí se ve la gran herejía de Francisco con Jesús. Jesús, al ser Dios, sólo puede poseer un corazón: el de Dios, porque los hombres no tienen corazón. El corazón es un ser espiritual que se da con la Gracia Divina. Y aquella persona que no esté en Gracia, que no viva en Gracia, no tiene corazón.

El corazón humano es algo espiritual, no es algo humano, no es el órgano corporal. Dios hace al hombre: alma, cuerpo y espíritu. Y, en el espíritu, se pone la Gracia, los Dones y los Carismas. Y en la Gracia, el corazón para el hombre.

Francisco se dedica a decir su palabrería humana, comunista, marxista, haciendo de la vida espiritual su negocio en la Iglesia. En este párrafo queda claro que, para Francisco, Jesús era sólo un hombre, pero no Dios.

4. “Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados”. Esto es para llorar. Que un Obispo predique esto es para hacer penitencia por sus pecados y pedir a Dios que no lo castigue por la barbaridad que ha dicho.

Cristo se hace bautizar para cumplir «toda justicia» (Mt 3, 15); es decir, el Bautismo de Juan significaba un cambio de vida en quien lo recibía, pero no daba la Gracia. Entonces, Jesús se bautiza para comunicar a esas aguas la consagración que permite lavar los pecados por el Bautismo. Por eso, se abrió el Cielo y bajó el Espíritu Santo sobre Jesús en medio de las aguas: esas aguas ya podían quitar el pecado, es decir, dar la gracia del Bautismo. Esta es la enseñanza de los santos Padres en la Iglesia. Aparece toda la Santísima Trinidad cuando Jesús es bautizado, señal del Sacramento del Bautismo: la voz del Padre, el Verbo en Jesús, y el Espíritu Santo. Y, entonces, se obra toda justicia, porque para esto el Bautista había sido elegido: para preparar el camino al señor: un camino de penitencia, para que el Señor pusiera su Gracia en ese camino.

Francisco, ¿qué enseña? Que Jesús se bautiza para esta en medio de la gente. Puro comunismo. Puro marxismo. Puro sentimentalismo. Puro humanismo. ¡Qué vergüenza tener a Francisco sentado en la Silla de Pedro y enseñando la oscuridad en la Iglesia, su doctrina del demonio!

Seguiremos, en otro post, analizando lo que falta en ese panfleto comunista que Francisco ha dado a la Iglesia para iniciarla en el pecado. Francisco enseña a dar dinero: es decir, enseña a pecar en la Iglesia. Porque no se hace penitencia dando dinero, sino que se hace penitencia para expiar los muchos pecados que cada alma tiene. Y cada pecado exige una penitencia distinta, acorde al pecado que se cometió. La limosna quita el pecado de avaricia, pero no quita el pecado de lujuria. Una cosa es el culto al dinero y otra, muy distinta, el culto a la carne. Son dos dioses diferentes que hacen pecar de muchas maneras a los hombres, con muchos pecados. Y, por tanto, para expiarlos, no sólo hay que dar un dinero, hay que hacer muchas cosas más que, por supuesto, Francisco no le interesa enseñar, porque no está en eso. Si no ve su grandísimo pecado, ¿cómo va a expiarlo? ¿qué va a enseñar si no cree ni en el pecado, ni en el demonio, ni en la penitencia, ni en la obra de Cristo?

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2 comentarios

  1. José Manuel Guerrero dice:

    Nadie se puede engañar con quién es y lo que pretende Bergoglio en la Iglesia. Todo está claro como el agua. Mirar para otro lado es cobarde y falta a la caridad para con los cristianos.

    http://statveritasblog.blogspot.com.es/2014/02/francisco-y-la-escuela-del-nuevo-orden.html?m=1

  2. José Manuel Guerrero dice:

    A mi las palabras de Francisco, su verbo, su prosa, su diabólica sintaxis embarranada profundamente en el lodo, sospechosamente, cada vez más me recuerda a la dialéctica y el discurso del Napoleón de “La granja de los animales” de Orwell. Pura retórica marxista.

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