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Francisco es un bastardo

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“La fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo es … el encuentro entre Jesús y su pueblo…. representado por dos ancianos Simeón y Ana… que fue también un encuentro dentro de la historia del pueblo, un encuentro entre los jóvenes y los ancianos: los jóvenes eran María y José, con su recién nacido; y los ancianos eran Simeón y Ana” (Francisco, 2 de febrero 2014).

Aquí se refleja el espíritu mundano de Francisco. La Presentación de Jesús en el Templo es el encuentro de Jesús y su pueblo. Una gran mentira que sólo nace de la mente de Francisco, pero que no está en el Evangelio.

Pero a Francisco le interesa muy poco la verdad del Evangelio: «le llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lc 2, 22). Luego, la Presentación de Jesús en el Templo es la Presentación de Jesús al Señor, no es un encuentro entre Jesús y su pueblo. ¿Dónde está escrito eso? En la cabeza de Francisco.

Pero esto no es lo importante, porque Francisco, al no decir la Verdad, sólo predica lo que le interesa. Y lo que está en su cabeza es sólo su humanismo y, por tanto, todo lo ve con los ojos del hombre, con los ojos de la historia, con los ojos de la cultura, con los ojos del pensamiento humano. Y así construye su mentira. ¿Qué enseña? Ninguna verdad. Sólo lo que tiene en su cabeza, pero no da la Mente de Cristo. No puede darla, porque su vida es su cabeza humana.

La Presentación del Niño Jesús en el Templo es la segunda manifestación del Niño para que se vea una cosa: que había almas en Israel que vivían esperando al Mesías: Simeón y Ana.

Jesús se manifiesta para dar a conocer la fe de dos almas. No se manifiesta para dar a conocer la cultura del pueblo, la historia del pueblo, la relación entre los jóvenes y los viejos. Esto se lo inventa Francisco, porque sólo vive para su humanismo, que es su comunismo.

Jesús se manifiesta allí donde hay fe. Es la enseñanza de este Evangelio. Esto, Francisco, le trae sin cuidado. No le interesa porque es un hombre sin fe; un hombre mundano, un hombre profano, un hombre que ha hecho de lo sagrado, de lo divino, de lo santo, su corrupción. Y habla como un corrupto, sin la verdad, ni en su mente, ni en su corazón.

Simeón ha visto al Salvador, a la gloria de Israel, a la luz de las naciones y, por eso, puede irse contento de la vida, en paz, con la paz en el corazón, porque ha obtenido lo que esperaba en su fe.

Y Ana vivía consagrada al Señor, haciendo oración y penitencia, obrando en su vida la Voluntad de Dios en todo. No se apartaba del Templo, porque Dios era su vida. No eran los hombres su vida, ni la cultura de ellos, ni lo social lo que a Ana le interesaba. Ella permanecía en el Templo, no entre los hombres. Ella buscaba a Dios, no a los hombres.

Francisco no enseña el espíritu del Evangelio; luego está enseñando el espíritu del mundo cuando predica.

Ese párrafo que, en apariencia, es algo bueno, llena de confusión a toda la Iglesia.

Quien no predique en la Iglesia la Verdad del Evangelio tiene el nombre de bastardo. Esto es Francisco: un bastardo.

Él, como Obispo, tiene el deber y la obligación, el derecho de enseñar la Verdad y sólo la Verdad cuando predica. No lo hace: eso es ser bastardo.

Dios siempre marca una separación entre el heredero y el bastardo. “No heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre” (Gálatas 4: 30). Un bastardo siempre divide la familia, la sociedad, la Iglesia.

Francisco es un bastardo: ha dividido la Iglesia con su mentira. Ha roto la verdad, ha anulado el camino de salvación en la Iglesia.

Él es esclavo de su pensamiento humano y, por tanto, no es libre con la libertad de los hijos de Dios.

Francisco sólo mira al hombre y se entrega a él; pero no puede poner sus ojos en Dios, porque ya no quiere. Su vida de pecado le imposibilita para cambiar hacia el bien, hacia la verdad.

Francisco vive su mentira y eso es lo que, cada día, da a la Iglesia. Y la da con bonitas palabras, haciendo su nefasta comedia, creyendo que edifica algo para la Iglesia y lo único que está haciendo es destruirla.

No es Francisco un ejemplo a seguir en la Iglesia, sino todo lo contrario: es un modelo para el mundo, para el hombre; pero no para la Iglesia. Es un modelo para no seguirlo, para despreciarlo, para abandonarlo, para borrarlo de la historia de la Iglesia.

La Iglesia es Santa y sólo busca a los Santos; sólo se refleja en ellos; sólo los imita.

La Iglesia no es para los hombres, sino para los santos. Y aquel que no quiera ser santo en la Iglesia, que se vaya a otras iglesias que le den lo que busca en la vida.

En la Iglesia se está para conquistar el Cielo. Y sólo los esforzados, los santos, lo hacen, llegan a Él. Los demás, o se van al infierno o se paran en el Purgatorio hasta el fin del mundo, expiando sus pecados que no lo hicieron mientras se les dio el tiempo para ello.

Muchos creen que como Dios es misericordiosísimo, entonces ya está todo hecho en la vida, ya no hay que sufrir nada, sólo hay que salvarse: vivir bien humanamente, y al cielo. Ése es el pensamiento de muchos bastados en la Iglesia, como Francisco. No quieren sufrir para amar a Dios, para estar con Dios, para tener a Dios. Quieren sólo seguir viviendo sus vidas, sin preguntarse si realmente están haciendo la Voluntad de Dios.

Son como Francisco: están en la Iglesia para un acto social, para hacer comunidad, para vivir en el mundo siendo del mundo.

Francisco: bastardo. Y bastardo es una palabra que es la negación de ser hijo. El hijo de Dios es el libre del Espíritu, el que tiene la libertad del Espíritu. El que no es hijo de Dios, es hijo del hombre y, por tanto, no es libre, es esclavo de sus pasiones; no puede vivir del Espíritu, porque vive de su pensamiento humano. Es un bastardo, es un esclavo, es el hijo del esclavo. En consecuencia, no puede heredar el Reino de los Cielos.

«Para que gocemos de libertad Cristo nos ha hecho libres; manteneos, pues, firmes y no os dejéis sujetar al yugo de la servidumbre» (Gal 5, 1). No se puede obedecer a Francisco para no caer en su yugo, en su esclavitud, en su vida mundana reflejada en todo su sacerdocio.

Francisco es un sacerdote para el demonio: vive para él porque ha puesto su corazón en las cosas del mundo, en las ideas del mundo, en las obras del mundo, en la vida que el demonio ofrece en el mundo.

“Y la mundanidad ablanda al corazón, pero mal: ¡jamás es una cosa buena un corazón blando!” (Francisco, 1 de febrero 2014). No sabe lo que está diciendo Francisco en esta frase. Esta frase es el signo de su mundanidad, de su espíritu del mundo, arraigado en todo su ser.

Lo mundano endurece el corazón, nunca lo ablanda, porque lo mundano significa el pecado, el vivir en el pecado. El mundo, en la vida espiritual, es el pecado, las aguas del pecado. Y todo pecado endurece el corazón.

Pero, aquí Francisco no se está refiriendo al pecado, sino al mundo en general. Predica sobre no caer en la tentación y calla el pecado. Porque, para Francisco, no existe el pecado, sino sólo los múltiples problemas de los hombres. Claro, para Francisco, las cosas del mundo ablandan el corazón, le ponen un sentimiento malo. Pero se está refiriendo a las cosas en general del mundo, no al pecado que hay en el mundo.

En el mundo hay muchas cosas que no son pecado, pero que tampoco son buenas. A eso se refiere Francisco. Y eso, para él es la mundanidad. Esas cosas buenas, humanas, materiales, pero que no son tan buenas porque ponen el corazón blando. Y, para él, en un corazón bando no puede darse una cosa buena. Como ven: un absurdo. Algo sin sentido lo que Francisco dice en esa frase.

¡Jamás es una buena cosa un corazón blando!: gran necedad la que refleja Francisco en este pensamiento.

El humilde es el que tiene un corazón blando. El sencillo es de corazón blando; el que no peca es de corazón blando. Y, entonces, el humilde no vale para Francisco. Jamás es una buena cosa el humilde. ¿Han discernido la salvajada? ¿Cómo un verdadero Pontífice puede hablar así? ¿No se dan cuenta todavía los que quieren defender a Francisco como Papa que no puede ser Papa ni soñando?

Francisco no enseña ninguna verdad a nadie, sólo sus grandes mentiras. Y los hombres en la Iglesia, tantos sacerdotes y Obispos, tantos fieles que no ven esto tan sencillo, que leen a Francisco y siguen ciegos. ¡Qué gran venda es la que tienen muchos en la Iglesia!

Para la libertad nos ha libertado Cristo, no para estar esclavo de las opiniones de Francisco, de las ideas de Francisco, de las salvajadas de Francisco.

Francisco: un auténtico bastardo. Un sacerdote íntegro no predica de esta forma, no da la confusión en medio de la Iglesia como lo hace ese energúmeno.

Y ¿hasta cuándo hay que estar soportando a este bastardo? Está dividiendo la Iglesia y todos le aplauden. ¡Qué asco de Iglesia! Esta no es la Iglesia de Cristo. Ésta es la iglesia que los hombres se han inventado: una iglesia esclava del hombre; una iglesia bastarda; una iglesia del demonio.

«Decid a todos los que encontraréis por las sendas de vuestra misión que Dios ama al hombre tal como es, incluso con sus limitaciones, con sus errores, con sus pecados» (Francisco, 2 de febrero 2014). Éste es el sentimentalismo de Francisco. Le ciega; no pude ver la verdad de la Justicia de Dios.

Dios ama al hombre como es: gran mentira, gran error, gran herejía. Dios amó a Adán como Él lo creó: sin pecado. Dios no amó a Adán en lo que se convirtió cuando pecó, sino que lo expulsó del Paraíso porque ya no merecía ser amado.

Cristo ha muerto para hacer del hombre su hijo por adopción, pero si el hombre se circuncida de nuevo, Cristo no le aprovecha de nada (cf. Gal 5, 2). Si el hombre vuelve a su esclavitud, a su humanismo, a su pensamiento, Dios no lo puede amar.

Dios ama al hombre en Gracia, que vive en la Gracia, que obra con la Gracia. Dios no ama al hombre como es: como hombre, como naturaleza humana. Eso a Dios no le sirve, porque ya Cristo ha hecho al hombre cosa divina. Hay que dejar de ser hombre, de ser una cosa humana, para ser amado por Dios.

Pero Francisco, como viven en su esclavitud humana, hocicando con los hombres, bailando con ellos, agrandando sus pensamientos, sus deseos, sus vidas humanas, entonces no puede comprender que Dios es Justo en Su Amor y que, por lo tanto, no ama a ningún hombre, porque ya ha dado al hombre la Gracia para poder ser amado por Dios. En consecuencia, Dios no ama al hombre ni con sus limitaciones, ni con sus pecados, ni con sus errores. Dios tiene misericordia del hombre en pecado, pero no lo puede amar. Y Dios exige al hombre que sale de su pecado, que luche contra su pecado, contra sus errores, contra sus debilidades con la Gracia, para poder purificarse de todos sus pecados y así alcanzar el amor de Dios en su corazón.

Pero a Francisco no le interesa predicar esto, sino decir que como Dios ama a todos los hombres, entonces todo el mundo está salvado. Eso es la esencia de su predicación, de su sentimentalismo amanerado, amorfo, idiota, ciego de la verdad.

No se puede seguir a Francisco porque es un bastardo. No hay verdad en él; no enseña a caminar en la verdad; no guía a la verdad; no da el camino para ser de la verdad, sino que da el camino para esclavizarse al demonio, a su pensamiento demoniaco, a las obras que el demonio hace en el mundo.

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2 comentarios

  1. José Manuel Guerrero dice:

    “”Es un grande: un gran pecador y un gran santo. Cómo van estas dos cosas juntas, Dios lo sabe”, ha manifestado Francisco.

    Otra herejía más de este charlatán de feria. Llamar diariamente – se regodea en ello sadicamente- pecadores a los santos. Disfruta el mamarracho imaginándose un pedestal de santos pecando, quemándose en el infierno. Cree el ladrón que todos son de su condición. A este tipo hay que echarle a patadas de Roma. No se puede aguantar por mad tiempo a un apostata dirigiendo el gobierno de la Iglesia. Y la mayoría de católicos, callados por miedo. Que vergüenza. Otra postura, consecuente con labapostasìa general, es salir de Roma, que es lo que yo vengo haciendo.

  2. Juan Pablo dice:

    “Y la mundanidad ablanda al corazón, pero mal: ¡jamás es una cosa buena un corazón blando!”
    ¡Qué palabras tan confusas que dejan sin paz! Porque a poco que lo pensamos, la “mundanidad” (el mundo, se supone que se refiere) tiende a tener corazón duro y no blando. Pero decir que hay que tener un corazón “no blando” (duro) va en contra de la enseñanza de Cristo. ¿Hay que ser duros de corazón? ¿como los fariseos de entonces? No se entiende qué quiere decir esa frase. Los Corazones de Jesús y María, ¿son entonces duros? ¡Pero enseñar que no hay que tener corazón blando es lo mismo que enseñar que hay que tenerlo duro!
    Es lo mismo que ese extraño contrasentido de tiempo atrás de su misma autoría: “mundanidad espiritual”. Inentendible.

    «Decid a todos los que encontraréis por las sendas de vuestra misión que Dios ama al hombre tal como es, incluso con sus limitaciones, con sus errores, con sus pecados»
    ¿Esto no está incitando al hombre pecador (a todos) a seguir en su pecado?. Si no es así se parece bastante…

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