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Una iglesia sin norma de moralidad

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“desde los primeros tiempos de la Iglesia existe la tentación de entender la doctrina en sentido ideológico o de reducirla a un conjunto de teorías abstractas y cristalizadas cuando en realidad la doctrina tiene como único objetivo servir a la vida del Pueblo de Dios y asegurar a la fe un fundamento cierto, porque efectivamente, es grande la tentación de apropiarnos de los dones de la salvación que procede de Dios para domesticarlos -incluso con buena intención- a los puntos de vista y al espíritu del mundo” (Francisco, 31 de enero).

Esto es hacer política en la Iglesia. Hablar como un hombre que pone su ideología en la Iglesia y que quiere que todo el mundo le haga caso en lo que dice.

Dice una mentira y nadie de los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe se ha levantado para hacerle callar. ¡Nadie!

Francisco olvida que la doctrina de Cristo es una norma de moralidad. Y, por tanto, es una doctrina que no tiene la función de servir al hombre, no tiene “como único objetivo servir a la vida del Pueblo de Dios”, sino la de darle al hombre el camino moral, donde se salva y se santifica.

El fin de la doctrina de Cristo es un fin moral: es hacer que el hombre practique la ley divina, la ley moral.

El hombre no sólo hace actos humanos, sino que está regido, en su naturaleza humana, por una ley divina, que le impele a obrar actos morales.

Y la doctrina de Cristo es una ley moral, no son leyes humanas, obras humanas, actos humanos, vidas humanas. Cristo enseña su Palabra para que el hombre obre moralmente, no para que el hombre obre humanamente.

Esto es lo que niega Francisco. Por eso, él no juzga a ningún hombre. No puede. Porque ha anulado la ley divina, la ley moral, el acto moral de cada hombre. Y los judíos viven bien, porque obran actos humanos buenos; y los homosexuales viven bien, porque obran actos humanos buenos; y todo el paganismo obra bien porque obran actos humanos buenos. Este es el absurdo en que cae ese hereje.

Así piensa Francisco porque anula dos cosas:

1. que existan Verdades absolutas;

2. que exista una norma de moralidad, una ley divina, unos mandamientos que el hombre tiene que cumplir si quiere salvarse.

Estas dos cosas brillan por su ausencia en todo el magisterio de este hereje. Por eso, él tiene que hablar como un político, y como un político comunista, marxista. Habla para los hombres para resolverles sus problemas humanos. Para eso está sentado en la Silla de Pedro.

Es una vergüenza tener a Francisco dirigiendo la Iglesia. ¡Una vergüenza! Un político que enseña su mentira en la Iglesia, que es la Verdad y que sólo en Ella se tiene que hablar la verdad.

Cuando se niegan las Verdades absolutas, se niega todo lo demás. Y se pone la vida en las verdades relativas: hay que dar de comer a los pobres, hay que asistir a los enfermos, a los ancianos, hay que cuidar muchas cosas de la vida humana de la gente.

Francisco es un comunista que sólo quiere su comunismo en la Iglesia. ¡Sólo quiere eso! La doctrina de Cristo le interesa bien poco, porque no tiene ni idea de lo que enseña Cristo en Su Evangelio. ¡Ni idea!

Por eso, él enseña su evangelio de la fraternidad, donde no hay norma de moralidad. Todos los hombres se salvan y hay que amar al prójimo porque es nuestro prójimo. Punto y final. Eso es todo el negocio de este hereje. Y, para eso, coge verdades disfrazadas de sus mentiras: embellece la Iglesia con sus verdades a medias, que son grandes herejías. Por eso, Francisco se dedica a decir en la Iglesia su verborrea barata, que ya no convence a nadie, y que está llena de blasfemias por todos los lados.

¿Quién se atreverá a decirle a Francisco: calla ya tu bocazas en la Iglesia? Nadie se atreve.

Cristo ha puesto Sus Verdades Absolutas. Si hay alguien en la Iglesia que no se somete a esas verdades absolutas, eso se llama pecado de soberbia. Luego, no se puede tolerar esta frase: “desde los primeros tiempos de la Iglesia existe la tentación de entender la doctrina en sentido ideológico o de reducirla a un conjunto de teorías abstractas y cristalizadas”. Esto es hablar política, hablar confusión. Esto es decir que aquí está Francisco para dar la interpretación de lo que tiene que ser la doctrina de Cristo en la Iglesia. Esta es la salvajada que todos callan.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia existe el pecado de la soberbia, que significa que el hombre no acepta la Verdad de la doctrina de Cristo. No acepta la norma de la moralidad que exige esa verdad absoluta. Y, por tanto, siempre en la Iglesia han habido sacerdotes y Obispos que han querido poner su mente a todo, que se han separado de la doctrina de Cristo, como lo hace Francisco.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia existen las Verdades absolutas. Esto es lo que no dice Francisco. Y una verdad absoluta significa el deber de la persona de vivir y de obrar esa verdad para poder salvarse en la Iglesia.

Esa Verdad absoluta exige cumplir una norma de moralidad. Y, por tanto, no se puede amar a Dios sin una norma moral; no se puede amar al prójimo sin una norma moral; no se puede amarse uno a sí mismo sin una norma moral. Esto es lo que niega Francisco en todo su discurso a los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Un discurso político, para las mentes de los hombres, que cierra el corazón a la verdad.

Francisco inicia su discurso enfrentando a los hombres: como desde el principio de la Iglesia han habido hombres que han impuesto su ideología en la doctrina de la Iglesia, entonces todo lo que se ha hecho durante 20 siglos en la Iglesia no vale. Esta es la política de Francisco. Así habla un político. Esta es su basura ideológica, que todos aplauden, que todos callan, como si hubiera dicho una verdad.

Francisco no puede enseñar que desde los primeros tiempos de la Iglesia existe el pecado de soberbia porque no cree en la norma de moralidad, no cree en la ley divina. Por eso, no puede enseñar nunca la verdad cuando habla con su boca de dragón, sino que produce la confusión, una gran confusión.

Y sólo habla así para meter lo que le conviene: “la doctrina tiene como único objetivo servir a la vida del Pueblo de Dios y asegurar a la fe un fundamento cierto”. Esta frase es la mayor estupidez en la boca de ese idiota. No sabe lo que está diciendo. Habla por hablar, para llenar una cuartilla, para simular que habla correctamente.

La doctrina de Cristo tiene como único objetivo salvar el alma, no servir a la vida del Pueblo de Dios. ¡He aquí su comunismo!

Cristo no da Su Verdad para que los hombres sigan en sus vidas humanas. Cristo da su verdad para que los hombres salgan de su vida humana: «Cambiad de mentalidad». El hombre tiene que ponerse en su corazón la ley divina, la norma moral, para ver la vida con la Mente de Dios.

Dios da el don de la Fe al hombre. La fe es sólo abrir el corazón a la Verdad que revela Dios. ¡Abrir el corazón! Por tanto, si la persona no abre su corazón a Dios que revela, entonces no puede vivir la doctrina de Cristo, no puede vivir la Verdad. En consecuencia, decir que la doctrina tiene como único objetivo “asegurar a la fe un fundamento cierto”, es decir una palabrería barata y blasfema.

Sin la apertura del corazón, sin la fe divina, no se puede obrar moralmente lo que Dios quiere, sino que se obra en contra de lo moral: se obra un pecado, que va en contra de la ley divina. No es la doctrina la que asegura a la fe; es la fe la que da valor a la doctrina. Sin fe no hay Verdad.

Sin fe, la persona no puede aceptar la Verdad absoluta. Luego, no puede vivir la doctrina de Cristo; es decir, no puede salvarse; se condena.

¡Politica! ¡Politica! y ¡Politica!: esa es la verborrea de Francisco. Nunca enseña una Verdad. No puede. Y es triste que los que lo escuchan no se rebelen contra ese idiota de una vez por todas.

Francisco es un energúmeno: no tiene ni idea de la vida espiritual en la Iglesia. No sabe lo que es eso. Él sólo busca el bien común, la comunidad de hombres, que todos los hombres estén contentos en sus pensamientos, pero que nadie viva la norma de moralidad.

Por eso, Francisco enseña el amor al prójimo sin moralidad: enseña a pecar. Es el culto al hombre. Es la iglesia de los hombres, es la iglesia del mundo, en que todo vale porque así a los hombres les parece bien en sus grandes inteligencias humanas.

No se puede amar al prójimo sin practicar una virtud, sin poner en obra una ley moral, una ley divina. ¡Es imposible! Siempre se peca cuando se quiere hacer un bien al otro sin una norma moral. ¡Siempre! Aunque se haga un bien humano, se hace un acto en contra de lo moral. Cuando los hombres se olvidan de que existen las leyes divinas, sus actos humanos son siempre pecado. Esto es lo que muchos hombres no comprenden.

El hombre puede hacer actos humanos y actos morales. El acto humano no es un acto moral. Comer es un acto humano. Pero si se come sin una ley divina, esa comida es siempre pecado. Ese acto humano va en contra de una norma de moralidad. Entonces, se comete un pecado; ese acto humano de comer, porque no está guiado por una norma moral, es un pecado.

Esto es lo que la gente olvida. La doctrina de Cristo enseña una norma de moralidad. No enseña a hacer actos humanos, obras humanas. Enseña a hacer una obra divina, guiada por una ley divina.

El gran problema de Francisco es que no cree en el pecado. Entonces, tiene que anular toda verdad y poner los actos humanos como buenos sin más. Como el hombre hace un bien humano en su vida, entonces se salva. Esta es la esencia de la doctrina de Francisco, de su evangelio de la fraternidad. Por eso, a él sólo le interesa dar dinero a los pobres. Sólo eso. El alma de los pobres no le interesa. Para Francisco, hay que salvar el cuerpo del pobre, no su alma. Y esto es lo más contrario a la doctrina de Cristo.

Dios quiere los pobres porque así se salvan: siendo pobres, que pasen hambre. No se salva el alma de un pobre porque se le dé dinero en la vida. Se salva el alma de un pobre porque se le deja en su pobreza material. Si al pobre se le enseña a tener dinero, ya no se salva. Si al rico se le enseña a dar su dinero ya no se salva.

Cristo no enseña a dar dinero, sino a salvar almas, ya sean de los ricos, ya de los pobres. Ni los ricos tienen que dar dinero para salvarse, ni los pobres tienen que recibir dinero para salvarse.

La doctrina de Cristo no es para hacer obras humanas, actos humanos, sino para hacer acto morales, obras divinas. Este es el punto que Francisco nunca va a enseñar, porque es el típico comunista, marxista, que nada más vela por lo humano, por el bien común, pero sin norma moral, sin ética divina, sin ley de moralidad. Cuando alguien da dinero a otro es por un bien moral, no por un bien humano. Se da dinero para expiar el pecado: ese es el bien moral. No se da dinero para hacerle al otro un buen humano. Esto nunca lo enseña Cristo en Su Evangelio. Esto lo enseña Francisco en su magisterio herético.

Entonces, el desastre es lo que vemos en la Iglesia. Un hombre que sólo quiere esto: “En ese sentido se estudia la posibilidad de incorporar a vuestro dicasterio la Comisión específica para la protección de los niños que he instituido y que quisiera fuera ejemplar para todos los que quieren promover el bien de los niños”.

A Francisco le importa un carajo salvar las almas de los niños. Sólo quiere protegerlos de forma humana. Sólo busca su publicidad entre los grandes del mundo. Si Francisco se interesara por el bien moral, entonces su predicación tendría valor. Pero como sólo se interesa por el bien humano, entonces su predicación no vale nada en la Iglesia. Es la verborrea de un maldito que se da propaganda a sí mismo en la Iglesia.

Francisco ha anulada la Verdad Absoluta: entonces, ¿de qué quiere proteger a los niños? ¿de qué estupidez está hablando? Hay que proteger el alma de los niños del pecado. ¿Por qué no enseña a no pecar a los papás? ¿Por qué no enseña a los papás a engendrar a sus hijos en la Gracia, no en el pecado? ¿Por qué no enseña a los sacerdotes a vivir una vida moral para no caer en el pecado de lujuria? Esto es lo que todo sacerdote y Obispo tiene que enseñar: la Verdad moral, no las verdades humanas, como lo hace ese hereje. Y la Verdad moral es algo absoluto, que no se puede cambiar al gusto de los hombres, que va en contra de toda política, de todo pensamiento humano.

La Verdad, guiada por una norma moral, eso es lo que salva a las almas y eso es lo que produce en la almas y en toda la Iglesia la vida espiritual auténtica.

Pero Francisco sólo se dedica a decir sus discursos políticos en toda la Iglesia. ¿Qué hace de la Iglesia? Una cueva de ladrones. Una jauría de gentes que sólo se dedican a ganar dinero y a tener fama entre los hombres.

¡Maldita la iglesia que ha fundado Francisco en Roma!

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