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¿Qué hacer con Francisco?

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«Los no cristianos, por la gratuita iniciativa divina, y fieles a su conciencia, pueden vivir «justificados mediante la gracia de Dios», y así «asociados al misterio pascual de Jesucristo». Pero, debido a la dimensión sacramental de la gracia santificante, la acción divina en ellos tiende a producir signos, ritos, expresiones sagradas que a su vez acercan a otros a una experiencia comunitaria de camino hacia Dios. No tienen el sentido y la eficacia de los Sacramentos instituidos por Cristo, pero pueden ser cauces que el mismo Espíritu suscite para liberar a los no cristianos del inmanentismo ateo o de experiencias religiosas meramente individuales. El mismo Espíritu suscita en todas partes diversas formas de sabiduría práctica que ayudan a sobrellevar las penurias de la existencia y a vivir con más paz y armonía. Los cristianos también podemos aprovechar esa riqueza consolidada a lo largo de los siglos, que puede ayudarnos a vivir mejor nuestras propias convicciones» (Evangelii gaudium, n.254).

Aquí dice Francisco que los paganos, gente que no cuenta con el beneficio del bautismo, gente que no está en gracia, sin embargo, están bajo la influencia de las operaciones de la gracia santificante.

Esta grave herejía nadie en la Iglesia la ha declarado. Todos han callado. Dios da la gracia a todo el mundo. Luego, no hace falta ser de la Iglesia para estar en Gracia. Cualquier religión, cualquier iglesia vale para Dios. ¡Tremenda herejía!

Él dice esto: los paganos, porque son fieles a su conciencia entonces viven justificados mediante la gracia de Dios. Luego, no hace falta el Sacramento de la Confesión para ponerse en Gracia. Con la conciencia basta. Francisco anula el Sacramento de la Confesión para los paganos y –no sólo eso- también lo anula para la Iglesia Católica. Porque, si sólo es necesario para estar en Gracia ser fieles a la conciencia propia, entonces ¿para qué el Sacramento de la Penitencia? Sobra. Y, entonces, ¿qué significa –para Francisco- el Sacramento o los Sacramentos en la Iglesia? Él no lo explica, pero se puede entender fácil: el Sacramento en la Iglesia es sólo unos ritos exteriores, que tienen validez sólo porque se hace en la Iglesia y porque se expresa lo que en la conciencia de cada uno existe. Es algo externo que cada alma puede realizar -y son válidos- según lo que tenga en su conciencia.

Francisco declara que la conciencia justifica a los hombres, a todos. Ya no es la Gracia. Es lo que cada uno tenga en su conciencia. Hay que ser fiel a la conciencia, no a la gracia recibida. Francisco anula el poder de Dios para hacer hijos de Dios. Cada hombre se hace hijo de Dios por su conciencia. ¡Gravísima herejía!

Pero Francisco añade a su herejía otra cosa: ”debido a la dimensión sacramental de la gracia santificante, la acción divina en ellos tiende a producir signos, ritos, expresiones sagradas que a su vez acercan a otros a una experiencia comunitaria de camino hacia Dios”. Está diciendo ese hereje que la vida de los paganos, sus pecados, sus errores, sus mentiras, sus culturas, sus obras humanas, sus pensamientos, llevan a otros hacia Dios. Un pagano, en su mentira, acerca a Dios a otras personas, que viven en sus mentiras. Y, además, dice que esa vida de los paganos, es una vida que Dios quiere, es una Voluntad de Dios. Dios quiere su pecado y que vivan en sus pecados. Sus pecados son camino para que otros puedan encontrar a Dios. Sus pecados producen una verdad divina en sus vidas que a otros les puede ayudar para encontrar a Dios. Francisco está proclamando que Dios ama el pecado, no sólo al pecador, sino también a su pecado y, por tanto, su pecado es camino para la verdad. De su pecado, sale una verdad, una vida, una obra buena. ¡Esta monstruosidad que dice Francisco le colocan como un traidor en la Iglesia!

Para ti, Francisco, la vida consiste en pecar y seguir pecando porque así encuentras la verdad de tu vida: has traicionado la gracia de tu sacramento del orden. Eres sacerdote para condenar almas, no para salvarlas quitando de ellas el pecado, que es lo único que condena al alma. Un sacerdote que justifique el pecado en un alma, la condena al infierno.

Entonces, los musulmanes viven de acuerdo a la Voluntad de Dios, a la Gracia, y en sus vidas se pueden encontrar signos divinos. E igualmente dígase de los budistas, de los judíos, de todo aquel que viva como un pagano, porque hay muchos cristianos que viven como los no cristianos. En la práctica son paganos, sin Dios, viviendo para el mundo y sus concupiscencias.

La gravedad de estas afirmaciones de Francisco es inmensa. Y nadie ha caído en la cuenta, porque ya no se valora lo que es la Gracia Santificante en la Iglesia, lo que es vivir de Gracia, lo que supone la Gracia.

Y Francisco añade otra herejía a su herejía: “pueden ser cauces que el mismo Espíritu suscite para liberar a los no cristianos del inmanentismo ateo o de experiencias religiosas meramente individuales”. Francisco está diciendo que la mentira lleva a la Verdad. Lo que viven los paganos eso ayuda para que los demás sean liberados de otros errores, de otras mentiras. ¡Es descomunal lo que dice Francisco! Va contra la Palabra de Dios que expresa claramente que sólo la verdad os hará libres. Lo que no sea verdad es esclavitud y lleva a la esclavitud.

Pero Francisco no se detiene ahí, sino que añade otra herejía: “El mismo Espíritu suscita en todas partes diversas formas de sabiduría práctica que ayudan a sobrellevar las penurias de la existencia y a vivir con más paz y armonía”. El mundo es de Dios. Lo que hay en el mundo son cosas buenas que ayudan a tener más paz y más armonía. En el mundo está la verdad, el orden, la armonía. Todo es bueno en la vida de los hombres. Francisco maquilla la vida de los hombres. Los hombres tienen sus problemas, pero he aquí al Espíritu que suscite ciencias prácticas, técnicas prácticas, psicologías, psiquiatrías, que ayudan a los hombres para que sus vidas sean con más paz y armonía. Por ejemplo, el preservativo es una sabiduría práctica que todos deben usar para que la vida no tenga problemas porque viene un hijo no deseado, o para poder disfrutar del sexo sin problemas de conciencia, etc. Sabidurías prácticas que hacen la gente del mundo, y eso Dios lo ha suscitado.

Pero Francisco añade otra herejía más: ”Los cristianos también podemos aprovechar esa riqueza consolidada a lo largo de los siglos, que puede ayudarnos a vivir mejor nuestras propias convicciones”. Para vivir la Verdad atiende a lo que los paganos hacen en sus vidas. Para vivir la Eucaristía, mete en las Misas las canciones paganas, los ritos paganos, las palabras paganas, las obras paganas, etc. Eso ayuda a tener más convencimiento de lo que es la Eucaristía. ¿Ven el despropósito de Francisco? ¿Ven su lenguaje demoniáco?

Francisco no cree en las Verdades Absolutas, no cree en los dogmas. La verdad absoluta por sí misma se consolida, por sí misma ayuda a vivir eso que es. No tiene necesidad de ninguna verdad que nazca en la mente de los hombres. No tiene necesidad de ninguna cultura de los hombres, de ninguna ciencia humana, de ninguna moda social. Pero Francisco no cree en esto, no cree que existan estas verdades. Y, por eso, dice esto:

“Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas” (Francisco, 23 de enero de 2014 / “Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro”).

Es normal que llegue a esta conclusión. Francisco se carga todo el dogma en la Iglesia, de una manera sutil, sin que nadie se haya dado cuenta. Va contra todas las verdades. Y este es el problema de la Iglesia: ¿qué hacer con Francisco?

Un Francisco que invita a los pecadores a seguir pecando; un Francisco que invita a las almas de la Iglesia a abrazar el pecado como fuente de vida; un Francisco que sólo está en la Iglesia para acaparar su protagonismo de hombre, su popularidad. Y, para ser popular, es necesario abrirse al mundo, es decir, decirle al mundo que va bien en lo que vive, en lo que obra. Y que busquemos soluciones a todos los problemas que el hombre tiene.

¿Qué hace la Iglesia con un hombre que no cree en ningún dogma de la Iglesia, que habla por hablar, para contentar a todos, pero que sólo busca tener su vida humana arreglada con todos, menos con Dios?

Una sola cosa tiene que hacer la Iglesia: echarlo. Decirle que se vaya, que ése no es su sitio.

Pero la Jerarquía no tiene agallas para hacer esto. ¡Es una realidad! La Jerarquía calla y muy culpablemente, produciendo en toda la Iglesia una oscuridad total, ya no parcial, porque la Jerarquía es la que tiene el deber de guiar a la Iglesia hacia la verdad. Y se teme hablar en contra de un Francisco que no es Papa, que no es Pontífice verdadero. Y se teme mucho, porque las consecuencias son terribles para aquel sacerdote u Obispo que sea claro en el hablar, como el Cardenal Burke que afirmó públicamente que ni siquiera puede considerarse la evangelii gaudium como parte del magisterio papal, confesando que “ni siquiera he podido establecer exactamente cómo describir semejante documento”.

A la gente que ve la verdad se la pone a un lado y se la discrimina, faltando así a la caridad fraterna. Tanto que se habla de amor fraterno, si no empieza por casa, lo que se habla al mundo es una comedia. Y una comedia barata, que no sirve para nada.

Francisco combate a la Verdad y, por tanto, a todo sacerdote y Obispo que dé la verdad y se oponga a él, a su doctrina de la fraternidad. Por eso, se tiene miedo a hablar porque no se quiere perder el puesto que se ha conseguido en la Iglesia. No se quiere perder el dinero que viene de ese puesto. Es preferible callar y seguir para adelante, con un hereje que hay que aguantarlo porque toca aguantarlo.

Muchos, en la Iglesia, hacen esto: callan por interés humano, por respeto humano, y eso es un grave pecado para muchos sacerdotes y Obispos, que tienen el deber y el derecho de predicar la verdad, así les cuesta la vida, el dinero, la fama, el oficio eclesiástico.

No hay sacerdotes que imiten a Cristo. Muchos se visten como corderos, como un Cristo; pero son pocos los que lo imitan, los que dan testimonio de la verdad, tal como es, no como la quieren los hombres.

Francisco predica mentiras en la Iglesia y todos las aplauden. Eso significa que en la Iglesia hay un espíritu de mentira, que la recorre por todas partes y que hacen que todos vean la mentira y la tomen como verdad para sus vidas.

Y este espíritu de mentira sólo se puede batallar con el Espíritu de la Verdad. Quien no se ponga en la verdad y sea guiado por Ella para ver lo que sucede en la Iglesia, acaba comulgando con Francisco, porque una de dos: o se está en la verdad o se está en la mentira. Pero no se pueden servir a los dos al mismo tiempo.

Muchos fieles en la Iglesia están en la mentira y así ven a Francisco: como una verdad. Muchos, que viven la verdad, no ven la verdad de Francisco, no ven que es un traidor, porque, en el fondo no viven la Verdad, viven sus verdades, acomodadas a su humanidad. Están en gracia, pero les importa poco quién esté en la Silla de Pedro, porque han visto, desde hace mucho tiempo, las contradicciones que vienen desde esa Silla, pero no han intentado comprender qué es lo que realmente pasa en la Iglesia. Viven en la verdad, en la gracia, pero de una forma muy peligrosa, por su tibieza espiritual, en la cual les importa un bledo la vida espiritual. Se mantienen porque saben lo que es el pecado mortal; pero se mantienen de forma milagrosa, porque todavía Dios les da tiempo para su conversión. Pero hay otras almas que ven la situación de la Iglesia, y la comprenden, y no hacen nada por luchar por la Verdad de la Iglesia. Estas son más culpables de lo que pasa en la Iglesia. Tienen la obligación de hacer Iglesia, de ser Iglesia, dando testimonio de la verdad. Y no lo hacen. Y Dios les pide esto, y por falso respeto humano, por una falsa obediencia, por no querer comprender que se está en la Iglesia sólo para obrar la Verdad, entonces producen en Ella una total oscuridad.

¿Qué hacer con Francisco? Decirle que coja la puerta y se largue a su casa. Es lo que hay que hacer. Diariamente está llenando la Iglesia de sus herejías. La embellece con sus verdades a medias. Es un orador que sabe hablar lo que conviene a los hombres, que sabe darles el chupete a su tiempo, que sabe encandilarlos con el sentimiento de su humanidad.

Francisco es un pobre hombre, que no sabe dónde está parado, no sabe lo que Dios tiene preparado para él, por su gran mentira en la Iglesia: «He aquí que viene el torbellino de la Ira de Yavhé, y una tormenta furiosa descargará sobre la cabeza de los impíos» (Jer 23, 19).

La Iglesia es de Jesús, no de Francisco. Y si Francisco quiere demolerla con sus mentiras, entonces el Señor lo arruinará a él en toda su vida. Quien toca a la niña de sus ojos, no hay compasión para esa persona. Y Francisco ya ha herido y matado a la Iglesia.

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2 comentarios

  1. Verónica dice:

    Pienso que con Francisco nada puede hacerse él ya ha elegido su destino,la traición, pero lo que no podemos dejar de hacer nosotros es callar y aceptar la mentira y la herejía, quedarnos con los brazos cruzados mientras este hombre en su soberbia intenta destruir siglos de tradición para formar la monstruosa torre de Babel ecuménica con la que tanto sueña. Pero como toda obra humana que pretende desafiar la grandeza divina, mientras más alta se eleve para igualar a Dios , más estrepitosa será su caída. Ese es el destino que le espera a la falsa iglesia comunista de Francisco , que acogerá a herejes y pecadores bajo el manto de la falsa fraternidad.

  2. José M dice:

    Y mientras los infocatólicos riéndole las gracias al hereje….Y la masa católica adormecida, e infectada de un falso “buenismo/pacifista/ecólogo” e incapaz de discernir nada.

    Y mientras la mayoría de iglesias en sus homilias recordándonos lo “bueno” que es la Papa y qué suerte hemos tenido….

    Efectivamente, el “amor fraterno” es para ellos y para abrazar a los otros herejes. El calvario que todo amante de la tradición lleva sufriendo desde hace más de 50 años deja claro que de “fraternidad” y “amor”, poco, muy poco, para quien se opone a la auto demolición de la Iglesia.

    Es duro ver todo esto, pero ofrezcamos el sufrimiento a cambio de menos purgatorio. Y sigamos orando y con los ojos puestos en la Santísima Virgen María que, como madre de Jesús y de la Iglesia, no nos abandonará.

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