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La Iglesia está llena de adúlteros de la Palabra de Dios

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

inmaculada3

«Ay de los Pastores que dispersan y destrozan el Rebaño de Mi Pastizal» (Jer 23, 1).

La Iglesia está llena de adúlteros de la Palabra de Dios: gente que coge el Evangelio, los dichos de los Santos, el Magisterio de la Iglesia, y pone su mentira apoyada en una verdad a medias.

Es lo que continuamente está haciendo ese lobo vestido de oveja, que es Francisco.

Se apoya en Santo Tomás para decir su mentira: «Una verdad común nos da miedo, porque la identificamos con la imposición intransigente de los totalitarismos. Sin embargo, si es la verdad del amor, si es la verdad que se desvela en el encuentro personal con el Otro y con los otros, entonces se libera de su clausura en el ámbito privado para formar parte del bien común…En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos”» (29 de enero del 2014).

Todo este párrafo es una herejía completa. Y esta herejía viene de un pensamiento de santo Tomás: la fe da inteligencia en el amor. Apoyado en esta verdad, dice Francisco una cantidad de mentiras y de herejías.

1. La Verdad nunca es común, porque no pertenece a la naturaleza humana. La verdad es Dios y es un don de Dios a cada hombre en particular. Ese don divino, cada persona tiene que obrarlo en su vida. La unión de muchas personas no hace una verdad particular en común, sino que todas esas personas tiene que vivir la verdad particular en sus vidas para que esa unión sea en la verdad, no en la mentira. Hablar de una verdad común es hablar de forma comunista, marxista, y, por tanto, es expresar lo que hace un totalitarismo: imponer su idea a los demás; imponer su razón, su filosofía y hacerla ver como algo común a todos, como algo verdadero a todos, como algo necesario a todos. La comunidad se hace cuando cada miembro vive la verdad, porque la verdad es para cada alma, no para el común de los hombres, no para una generalidad. Por eso, el mundo es del demonio, porque los hombres viven sus mentiras en común, y a eso le llaman una verdad común, una moda, una vida en común.

2. La fe consiste en abrirse a Dios, no a los hombres, no a los otros. Cuando Dios da el don de la fe es para que el corazón se vaya abriendo a la gracia y vaya poniendo en su vida lo que la gracia le pide. La fe abre el corazón al amor de la gracia. La fe no lleva al encuentro con los hombres, no lleva al diálogo con ellos. El que tiene fe no tiene que abrirse a los pensamientos delos hombres, a sus vidas; no tiene que ser social, tener una vida social, hacer obras sociales. La fe no pide eso del hombre, porque el hombre, por naturaleza, tiene un fin divino en su vida: poseer la Bienaventuranza del Cielo. Tiene que vivir para conquistar el Cielo en su vida terrena. El don de la fe lleva al Cielo, no a hablar con los hombres, no a hacer vida de sociedad, vida en común. La fe abre al amor y, por tanto, la fe da al alma la verdad del amor. El amor es el que tiene la verdad. Y se consigue en la fe: creyendo a Dios; sometiendo el entendimiento humano al entendimiento divino. La verdad que se desvela en el amor divino sólo se puede ver con la oración y con la penitencia de la vida. Cuando el hereje Francisco dice que la verdad se desvela en el encuentro con el otro, dice dos cosas:

a. la verdad está en el diálogo con los hombres y, por tanto, viene de un amor entre los hombres. En consecuencia, no viene de la fe divina, sino de una fe humana: el hombre tiene que someterse al pensamiento de otro hombre para vivir una verdad. Francisco está negando la fe divina, la gracia divina, el amor divino. Y pone en el hombre esa fe, esa gracia, y ese amor. Esto se llama: dar culto al pensamiento del hombre; es decir, adorar la mente del hombre: la diosa razón para encontrar la verdad en la sociedad.

b. la apertura hacia el hombre es lo que salva al hombre. Si la persona no se abre a las necesidades de los demás, entonces vienen todos los problemas entre los hombres. De esta manera, Francisco niega: el pecado y la Cruz de Cristo. El hombre, para salvarse, ya no tiene que hacer penitencia por sus pecados, sino resolver problemas entre los hombres. Sólo así se consigue el mundo feliz que todos los hombres quieren.

3. Francisco confunde tres cosas:

a. el diálogo con los hombres;

b. la justicia a cada hombre:

c. la condena a cada hombre.

a. una cosa es dialogar con los hombres que viven en el pecado, en sus errores, en sus mentiras, en sus cismas, en sus herejías. Y otra cosa es abrazar a los hombres herejes, cismático, pecadores, etc. Hay que hablar con los hombres, pero no acoger sus mentiras, sus vidas de pecado, sus obras maliciosas. Esto lo confunde ese hereje. Para él, el diálogo conlleva someterse a la mentira, al pecado del otro. Francisco dialoga sin ver la norma de moralidad, sin ley ética, sin ley divina. Este es el principal error cuando ese hereje habla del diálogo. Y él cae en este error, porque pone la verdad entre los hombres, en el común de los hombres. Porque sigue la ideología comunista, por eso, cae en este error gravísimo.

b. Porque Francisco quiere un diálogo sin ley moral, entonces se olvida de hacer justicia a los hombres. El amor de Dios es justo, es recto; da a cada hombre lo que se merece. Amar a un hombre sin justicia es dejarlo que siga en sus pecados, en sus mentiras, y apoyar esa vida de pecado como una cosa buena, como un valor para ese hombre. Francisco anula la Justicia Divina y, por tanto, tiene que anular el Purgatorio y el Infierno. Si permite que el pecador siga en sus pecados, entonces le tiene que ofrecer la salvación siempre. Y ¿cómo se la ofrece? Diciendo que Dios lo perdona todo siempre. Francisco propone una misericordia humana al hombre, que no tiene nada que ver con la Misericordia Divina. Francisco propone un Dios misericordioso que por el hecho de haber muerto en la cruz, ya todo el mundo se salva sin más. Francisco no puede juzgar al pecador: al gay, a la mujer que aborta, al judío que niega al Mesías, al budista que da culto a su dios interior, etc. Y no los puede juzgar porque ve que lo que viven esa gente es una verdad, no una mentira. Debe anular el pecado y verlo sólo como un problema social, humano, carnal, orgánico, terrenal, etc. Pero no ve los problemas de los hombres en su raíz espiritual, es decir, como pecados, como ofensas directas a la Mente de Dios.

c. Y, entonces, Francisco, en su planteamiento de la fe, tiene que condenar a las almas al infierno. Si todo el mundo se salva, nadie se condena; luego, si el infierno existe, debe estar vacío; si el cielo existe, debe también estar vacío, porque es aquí, en la tierra, la forma de ser feliz, de llegar a la plenitud de la verdad, ya que la verdad está en cada hombre. Esta doctrina condena a las almas. Como Francisco no juzga al hombre pecador, tampoco lo puede condenar. Tiene que predicar una doctrina que salve a todo el mundo. Es la doctrina de su amor fraterno y de su encuentro con los hombres en el diálogo sin fronteras con ellos, sin ley moral. Esta doctrina, que está embebida en sus dos encíclicas: la lumen fidei y el evangelii gaudium, lleva a las almas al infierno.

Esta es la maldad de este hereje. La Iglesia está llena de adúlteros como Francisco. Muller, Bertello, Francisco Javier Errázuriz Ossa, Oswald Gracias, Reinhard Marx, Laurent Monsengwo Pasinya, Sean Patrick O’Malley, George Pell, Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Pietro Parolin, que son los Cardenales que forman su gobierno horizontal, hacen lo mismo que Franciscos: cogen una verdad y la transforman para decir su mentira, para que quede claro ante la Iglesia que eso que dicen también lo dijo un santo, o un Papa, o se enseñó en la Iglesia. Y lo único que hacen es adulterar la verdad, usurpar la verdad, embellecer la mentira para que no se note que es una mentira.

Esto que hace Francisco y los suyos es diabólico y produce una cosa en la Iglesia: «Todos corren tras maldad, su fuerza es la injusticia» (Jer 23, 10).

Es lo que vemos: una Iglesia dormida entre laureles, que se cree santa porque sigue a un encantador de mentiras, de estúpidos, de gente necia.

Francisco produce el sueño del pecado: hace que el alma viva en su pecado y llame a su pecado un valor en su vida, un bien en su vida. Entonces, las almas viven con una venda en sus ojos: corren hacia la maldad como un bien en sus vidas. Sólo ven a Francisco como un verdadero Pontífice; pero no pueden ver la mentira: Francisco no es lo que dice ser.

Y se corre hacia la maldad con la fuerza de la injusticia: obrando el mal con el esfuerzo humano. Ya no es el demonio el que tiene que tentar al hombre para que peque. Son los mismos hombres los que enseñan a pecar, los que producen la tentación para caer y hacer caer en el pecado. Por eso, Francisco, habla para condenar, para que la gente peque. Francisco enseña a pecar a las almas en la Iglesia. Esa es la fuerza de la injusticia. Francisco no enseña la norma de la moralidad en todo lo que está haciendo. Sólo busca la dignidad de la persona humana, el bienestar material de la persona humana, los fines humanos de las vidas de los hombres. Pero no enseña a caminar en la Verdad, porque para él la verdad sólo es un fruto del esfuerzo del hombre por ser social, por ser hombre, por agradar a los hombres.

«Aun los profetas mismos y los sacerdotes son unos impíos; hasta en Mi Casa misma he hallado sus perversidades. Por eso, sus caminos se les va a volver resbaladero en medio de tinieblas. Serán empujados por él y caerán, pues voy a hacer venir sobre ellos males» (Jer 23, 11s).

¿Qué es lo que viene ahora a la Iglesia, cuando está sentado en Ella un hereje, que no es capaz de cuidar el rebaño de Cristo, sino que lo dispersa por todos los abrevaderos del mundo? Un gran mal. Un mal que va a condenar a muchos en la Iglesia.

Aplaudís a un hereje que os enseña su palabrería barata y blasfema como si fuera una verdad divina, entonces acomodaos, ahora, a cualquiera que os dé alimento para vuestras mentes. Serán los mismos miembros de la Iglesia, la misma Jerarquía la que cambiará el dogma en la Iglesia y pondrán sus mentiras como dogma. Y daréis asentimiento a eso por vuestra ceguera espiritual.

Éste es el mal que viene ahora. Nadie se opone a un bastardo, como Francisco. Todos le siguen adulando, viendo en él una gran persona. Si eso es lo que queréis, entonces Dios va a dejar a la Iglesia totalmente desprotegida, para que el hombre apóstata haga su trabajo dentro de Ella. Y muchos abrirán sus ojos, pero al final, cuando sus vidas sean un terrible infierno, del cual no podrán escapar.

Sólo un remanente, un resto, pertenece a la Iglesia de Cristo. Los demás, que se dicen cristianos, católicos, que se visten como sacerdotes, Obispos, Cardenales, son sólo pura comedia del demonio. Están en la Iglesia haciendo su obra de teatro para condenar a muchas almas con pleno conocimiento de la verdad, enseñan a embellecer la verdad con muchas mentiras en sus vidas.


1 comentario

  1. José M dice:

    Me encantan todos sus artículos. Pero creo que este es el mejor. Además hace gala de una estructuración mental y claridad expositiva extraordinaria. Gracias por seguir desenmascarando las mentiras camufladas en verdad.

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