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Francisco no es un santo sino un político comunista en la Iglesia

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«La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad “no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”. ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!» (Evangelii gaudium, 205).

Estas palabras del hereje Francisco son la clave de su comunismo.

La política –dice Francisco- es una de las formas más preciosas de la caridad: esto es una auténtica herejía. Es una frase muy bella y muy herética. Son palabras baratas para ganarse al mundo. Y son palabras blasfemas que van en contra de la Verdad.

La política no pertenece a la Iglesia, sino al mundo. Cristo nunca hizo política ni enseñó a hacer política, porque la política no proviene de la Verdad, sino de la mentira.

Todas las políticas hacen aguas, fallan, porque, aunque tengan una base moral y ética, no poseen la Verdad. Es el juego del lenguaje humano: eso es sólo la política. Es ver, con el pensamiento de los hombres, los caminos para resolver todos sus asuntos. Es lo más contrario al dogma y a la moralidad, porque la política no se basa en algo absoluto, sino relativo, condicionado a muchas cosas.

Dios nunca da una vocación para ser político. No puede darla. Dios ayuda a los hombres, que viven en Gracia, y que se dedican a ese negocio mentiroso para que pongan leyes de acuerdo a la verdad, a las normas de la moralidad, a la ley divina. ¡Que pongan leyes correctas, pero que no busquen solucionar cosas, porque no se puede en política!

La caridad no lleva a hacer política, sino a ir en contra de toda política. Porque la caridad es totalmente desinteresada. No le interesa las formas económicas, las leyes de los hombres, los reglamentos en las sociedades, porque la caridad se basta a sí misma. Nunca un político hace caridad. ¡Nunca! Siempre la Caridad se da sin la política.

Jesús ni se preocupó por el dinero, ni por los sistemas políticos de su época, porque sabe lo que es el hombre: mentiroso.

Dios puso a Su Pueblo los Profetas. Y, cuando el Pueblo, se cansó de los Profetas, empezó a poner Reyes, que Dios no quería, pero que permitió por la dureza de los corazones de los hombres. Y, por los Reyes, vino toda la decadencia al Pueblo Elegido. Los Profetas eran perseguidos porque eran los únicos que decían la verdad al Pueblo y a todos los Reyes.

La política no sirve para solucionar el mundo. No sirve. Porque no está en el plan de Dios. Dios quiere Reyes Católicos, entregados a la Gracia, pero esto es imposible en estas condiciones. Hasta que no se consolide el Reino Glorioso, todos los reyes del mundo, al final acaban perdiéndose en las cosas del mundo. Esto es un hecho, una realidad, algo que todos pueden ver a lo largo de toda la historia de los hombres.

Los gobiernos humanos son un conjunto de problemas sin solución alguna. Todos son así, porque el hombre no vive en la Gracia para obrar la verdad en todo el actuar social de los hombres. Vive en su pecado y obra su pecado. Luego, todos son problemas sin resolver.

Francisco sólo entiende de su comunismo, porque eso es lo que a él le interesa: su maldito comunismo. Él vive para obrar en la Iglesia sus ideas comunistas, su teología de la liberación, de los pobres. Eso es claro en Francisco. Desde joven, una mujer le enseñó el comunismo. No aprendió a santificarse leyendo a los santos, sino aprendió a condenarse y llevar a las almas al infierno con el manifiesto comunista.

Y, ahora, quiere meter a Dios en el comunismo. Y no se puede tolerar tamaña desfachatez. Él pide al Señor que envíe políticos que les duela la vida de los pobres. Esto es el comunismo.

Ningún santo se atrevería a hacer esta oración, porque no es la Voluntad de Dios. No la escucha Dios. Es imposible que la escuche. Y ¿por qué? Porque «pobres siempre tendréis». No me pidáis que quite a los pobres, a los machacados, a los que no tienen alimento o dinero, porque eso no salva a los pobres.

Los pobres están para que los hombres hagan penitencia por sus pecados. Para eso están los pobres: para recordar al hombre que es un maldito pecador. Y si hay pobres, no es porque haya problemas políticos ni económicos, sino porque hay pecado de avaricia, de usura, de ambición de poder, de envidias personales, de culto al dinero, de culto a la magia negra, que es lo que mueve las economías: el demonio es el que mueve todos los sistemas económicos: liberales, capitalista, sociales, comunista, etc. Y quien hace que el demonio se mueva en todos los mercados del mundo bursátil: la masonería.

Francisco no va a la raíz del problema en su comunismo, porque es masón. Y habla como un masón y obra como ellos.

“Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil” (Evangelii gaudium, 53): este es el lenguaje del masón. Ellos buscan la fraternidad universal. Por tanto, no pueden aceptar que el poderoso se coma al más débil. Todos somos hermanos, todos tenemos que disfrutar de los bienes de todo el mundo. No tiene que haber desigualdad entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles. Así habla un marxista de talante humanista, como es Francisco. Así habla el masón. El masón no permite la competitividad, la ley del más fuerte, la ley privada, porque eso va en contra de la fraternidad.

“Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida” (Evangelii gaudium, 53). ¿Quiénes son los culpables de que no haya trabajo, no haya dinero, de que haya cantidad de problemas en el mundo? La gente que tiene dinero, la gente capitalista, la gente con una empresa privada, la gente que hace competencia en su negocio. Éste es el lenguaje de un masón.

Pero así no habla un Santo. Así no habla Jesús en Su Evangelio cuando está con los políticos, con los jefes de la Iglesia, del mundo, del gobierno.

«Id y decid a esa zorra: Yo expulso demonios y hago curaciones hoy, y las haré mañana, y al día tercero consumaré Mi Obra. Pues he de andar hoy, y mañana, y el día siguiente, porque no puede ser que un Profeta muera fuera de Jerusalén» (Lc 13, 32-33).

Nunca Francisco diría a Obama: zorra; o a Giorgio Napolitano, babosa roja; o a Vladímir Putin, dragón infernal. Porque es como ellos: una zorra, un comunista, un anticristo.

Jesús combate a todos los políticos. Francisco no combate a nadie, sino que suelta su doctrina comunista para ejercer él el poder en el mundo, para que sus ideas las tomen en cuenta la gente del mundo.

Francisco, en su evangelii gaudium, sólo hace política, el juego político, que consiste en decir muchas cosas y en poner a los hombres en contra, para que la idea prevalezca. Y, por eso, arremete contra el capitalismo, porque le interesa ese juego para hacer su negocio en la Iglesia. No importa haber creado malestar entre los capitalistas. Lo que importa es lanzar la idea política, que es dada en la bandeja de la caridad, del amor hacia los pobres, del amor fraterno.

Esta es la idea del anticristo: la fraternidad. Y hay que predicar eso a todo el mundo del demonio. Y eso lo tiene que predicar el que se sienta en la Silla de Pedro, porque él es un anticristo.

El Anticristo quiere crear un malestar mundial en la economía, porque tiene que aparecer él cuando las cosas estén mal por un conflicto mundial. Hay que enfrentar a los capitalistas con una doctrina comunista, pero lanzada desde la Iglesia. Y es necesario hacer eso para que entren en la Iglesia los poderes del mundo: ya sean los capitalistas, ya los comunistas. Los primeros en entrar son los comunistas en la Iglesia, por debajo de las faldas del que se sienta en la Silla de Pedro.

Francisco arropa el comunismo en Roma. Francisco quiere la idea comunista en Roma. Francisco está decidido a hacer comunismo en su gobierno horizontal. Por eso, habla con su humanismo, con su preocupación por la vida de los pobres, de la gente sin recursos. Y, por eso, enfrenta a los hombres: pone la lucha de clases: ricos – pobres; poderosos – débiles; etc.
Es el lenguaje de un marxista humanista, es decir, de un masón.

«¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia» (Evangelii Gaudium, 203): ésta es su palabrería barata. Así habla un político para tratar de convencer a los demás de que su idea es la correcta, de que ellos están equivocados. Y mete a Dios en su blasfemia.

«¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema!»: palabras, palabras, palabras. Lenguaje humano, razones que se dan para nada. Porque el sistema capitalista le trae sin cuidado la ética, la solidaridad mundial, la distribución de los bienes, el trabajo, la dignidad de los débiles, que Dios exija justicia. Todo esto son palabras baratas de Francisco para no decir nada. Si el capitalismo no funciona es porque hay gente que vive en pecado y que obra ese capitalismo. Y la gente que vive en pecado no le interesa esas palabras de Francisco. El capitalismo mueve dinero en lo privado. Ahí está todo su negocio: mover dinero privadamente. Lo demás: si hay trabajo, si hay bien común, si hay justicia, eso no le toca al capitalismo, sino a los hombres, con sus leyes. Y como las leyes son inicuas, entonces hay mucho pecado en todas partes.

Francisco nunca va a decir: «¡Cuánto pecado hay en este sistema!» Porque sólo habla como un político, no como un santo que enseña la vida espiritual, las normas morales, las normas éticas a los economistas, Nunca Francisco habla así: enseñando la verdad. Francisco habla para hacer política, su política, su lenguaje barato.

Estamos ante un hombre que, sentado en la Silla de Pedro, está gobernando la Iglesia con su doctrina comunista, que es un marxismo humanista, su teología de los pobres. Lleva un año con la misma doctrina del demonio. Siempre hablando de lo mismo. Todo es dar vueltas a lo mismo: ¿cómo salvar cuerpos? ¿cómo quitar la hambruna del mundo?

¡Y todavía hay gente en la Iglesia que dice que Francisco es un santo! ¡Esto sí que es absurdo! Porque el que Francisco se dedique a esto, es normal, ya que es un hereje por los cuatro costados: un comunista que sólo vive para su idea del bien y del mal, para su dios, que es el maldito dinero. Su obsesión le marca desde que se sentó en la Silla de Pedro. Es un loco obsesivo que siempre está en su misma idea: los pobres, los pobres, los pobres. Y de ahí no sale. ¿Por qué? Por su avaricia descontrolada. Su apego al dinero.

Jesús nunca habló de los pobres, ni de los problemas del mundo, ni de los hombres, ni de los políticos, porque no estaba apegado ni al dinero, ni al pensamiento de los hombres, ni a sus políticas, etc.

Jesús vino a echar demonios, a curar enfermedades, a obrar la Voluntad de Dios. No vino a hacer política. Y cuando le tocó hablar a los políticos, les dijo: zorra sois.

Francisco es lo más contrario a Cristo porque está apegado al dinero, a la mente de los hombres, a sus políticas, a sus culturas, a sus ideas en la vida. Francisco nunca puede imitar a Cristo. Francisco siempre imita a los hombres del mundo, porque es como ellos.

Y hay gente en la Iglesia que, a estas alturas, no ha comprendido lo que es ese hombre, ese hereje, ese anticristo. Esto es lo que no se comprende. Porque Francisco ha sido claro en sus palabras: son las de un hombre que no cree en nada. ¡Es clarísimo! Y hay gente en la Iglesia que vive en un mundo ilusorio, creyéndose que Francisco tiene la sartén por el mango, que sabe lo que está haciendo, que se opone a la gente del mundo para decirles cómo tienen que vivir.

La Iglesia está llena de gente estúpida como Francisco. Gente que no sabe discernir nada, que no entiende la vida espiritual, que cree que la Iglesia es la de los bautizados en Cristo. Y ahí se paran. Gente llena de una ignorancia de la doctrina de Cristo supina. No saben ni las bases de esa doctrina. No se saben -ni siquiera- los diez mandamientos. No saben lo que Dios les pide en la Iglesia, para sus almas. Sino que viven en la Iglesia como viven en el mundo: un negocio social.

Están para reunirse en sociedad y ver los problemas de todos y dar soluciones a todos, menos a sus almas.

Esto es lo que hace Francisco diariamente: se dedica a charlar de muchas cosas, a creerse importante por lo que dice, y a imprimir en los hombres su comunismo. A Francisco sólo le interesan las almas para condenarlas. ¡Sólo para eso!

Y hay gente que no sabe ver esto tan claro, porque es como Francisco, vive como Francisco, obra como Francisco.

Francisco ha abierto las puertas de la Iglesia al mundo: su nueva iglesia es la iglesia del mundo. Y no es otra cosa. Sólo se ve mundo por todas partes en la Iglesia. Sólo se ve interés por las cosas del mundo en la Iglesia. Sólo se analizan las cosas del mundo en la Iglesia. Sólo se convive con la gente del mundo en la Iglesia. Es un signo de que todo va mal en la Iglesia, de que esta no es la Iglesia de Cristo. Esta es la Iglesia del Anticristo.

Y queda muy poco tiempo ya. Hay que salir de Roma. Roma: ramera. Roma: maniatada por el demonio. Roma: usurpadora de la Verdad. Pone la mentira como una verdad.

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3 comentarios

  1. José Manuel Guerrero dice:

    “El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no sólo a los católicos. ¡A todos! ‘Padre, ¿y los ateos?’. A ellos también. ¡A todos! ¡Y esta sangre nos hace hijos de Dios de primera clase! ¡Hemos sido creados hijos a imagen de Dios y la sangre de Cristo nos ha redimido a todos! Y todos tenemos el deber de hacer el bien” (Homilía del 22 de mayo de 2013).

    De acuerdo con las palabras del Papa, la única condición para salvarse es obrar el bien; pero no se especifica qué es el bien, ni se hace referencia alguna al Bien Supremo, Dios. Ya no es necesario pertenecer a la Iglesia Católica, ni siquiera profesar alguna religión. Incluso los ateos, si obran el bien, están salvados. Las consecuencias que se desprenden de esta postura son devastadoras. Si todo el mundo se salva por el mero hecho de que Cristo murió por todos, entonces ¿a qué se ve reducida la labor misionera de la Iglesia? ¿Por qué esforzarse por traer a la Iglesia Católica a los hermanos separados y a los infieles, si éstos tienen las mismas posibilidades de salvación que los católicos?¿Se equivocó la Iglesia al desplegar un séquito de misioneros que llevaran el Evangelio por los confines del mundo?¿Es ahora la Iglesia Católica una opción  entre muchas otras para alcanzar la salvación?

    (Tradicion Digital)

  2. José M dice:

    Benjamin Franklin, uno de los padres de los Estados Unidos, dijo que la “democracia son tres lobos y un cordero votando que se comerá de cena”. Y eso lo dice una persona poco sospechocha de ser “antidemócrata”. De caridad nada: La política que surge en el seno de los Estados actuales, que no reconocen a Cristo como su Rey, no es un acto de “caridad”, sino un grupo de mangantes que luchan por apropiarse de un trozo del pastel. Hay que estar ciego o, estar infectado por las ideas modernistas, para no verlo.

  3. Juan Pablo dice:

    Gracias por leer la Exhortación por nosotros los que nos resistimos a leerla completa.
    Y el domingo pasado el padre en la Misa hablando loas de la Evangelii Gaudium. Que debemos adquirir y leer y poner en práctica, yendo a “las periferias” de las ciudades como exhorta Francisco. Qué utopía. ¿Para qué? ¿Para enseñarles teología de la liberación a la gente?. Y ésto en relación a Jesús cuando elije a Pedro, Juan, Santiago y Andrés en las “periferias”….

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