Lumen Mariae

Inicio » Francisco » Francisco y sus palabras baratas y blasfemas

Francisco y sus palabras baratas y blasfemas

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

Zaragoza_-_Ofrenda_de_flores

“Dios prefiere partir desde la periferia, desde los últimos, para llegar a todos. Nos enseña un método, su método, que expresa también un contenido, es decir la misericordia del Padre: …Todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.” (Francisco, 26 de enero de 2014)

Palabras baratas y llenas de blasfemia son las que tiene este párrafo.

Palabras baratas: “Dios prefiere partir desde la periferia, desde los últimos, para llegar a todos”. ¿Qué significa esto? Nada. Un recurso del lenguaje para no enseñar ninguna cosa espiritual. Dios se va a la periferia para ir a todos. No se comprende lo que quiere decir Francisco, porque está hablando humanamente, pero no de forma espiritual. ¿Qué importa el estar en la periferia o el no estar en la periferia para llegar a todos?. Es que no interesa este pensamiento. Es que este pensamiento no lleva a nada. Sólo a ver la necedad de este hombre. Un hombre que habla y habla de forma barata, para llenar huecos en el lenguaje, para expresar algo y no decir nada. Dios se va a los últimos para llegar a todos. Pero es que Dios para llegar a todos no tiene que irse a los últimos. Es que para llegar a los últimos, -que no se sabe quiénes son– no hay que irse a la periferia. Porque Dios habla a los corazones de los hombres. Dios no recorre el país de Jerusalén buscando a los últimos.

Jesús va predicando Su Evangelio y no hace acepción de personas. No elige a los últimos ni a los primeros. Él predica la Verdad del Evangelio. Y lo hace según el Plan de Su Padre, no siguiendo un esquema humano, un plan humano. Jesús no se fija en que hay pobres materiales o enfermos de cuerpos o gente que tenga problemas en sus vidas humanas para predicar en ese sitio. Jesús no hace eso, porque Jesús no recorre los caminos de los hombres, buscando a los hombres. Jesús recorre los caminos de los hombres predicando la Verdad.

Esto es lo que no enseña ese hereje, por eso, llena sus homilías de palabras baratas.

Pero, además, pone sus palabras blasfemas: “Todos somos invitados a aceptar este llamado: “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”.

Esto es una blasfemia bien dicha, sin que se note, sin que nadie lo advierta.

Así que Jesús recorre los caminos y va hacia la periferia para llegar a los últimos, y la enseñanza es que todos tenemos que hacer eso. Esta es la blasfemia.

Porque Jesús manda evangelizar, pero no ir a las periferias. No ir a los últimos. No ir a los machacados. No estar con la gente pobre. No estar con la gente con problemas. ¿Ven la blasfemia? Hay que evangelizar haya o no haya problemas; sea gente que es pobre por su vida o gente rica por su vida. Hay que dar la Verdad del Evangelio en las periferias y en medio de las plazas.

¿Por qué dice Francisco que hay que ir a la periferia? Porque está en su humanismo: hay que dar dinero a los pobres, hay que sacar de los problemas a la gente con necesidad, etc. Por eso, esas palabras baratas, para que la gente se fije en eso. Ve a la periferia y lleva el evangelio, pero ¿qué Evangelio? El de la misericordia: “Nos enseña un método, su método, que expresa también un contenido, es decir la misericordia del Padre”.

Sal de tu comodidad para decir a la gente que Dios te ama, que Dios tiene misericordia de ti, que Dios te resuelve los problemas de la vida. ¿Ven la blasfemia? ¿O todavía no la captan?

Ve a la gente que pasa hambre, y no les digas que pasan hambre porque están en su pecado. No; diles que sigan en su pecado porque Dios lo ama. Y, de paso, dales un poco de dinero para que se quiten el hambre.

Esta es la predicación de Francisco. Hay que ir a la periferia para esto: Dios es Misericordia Infinita. Todos salvados. Palabras baratas y blasfemas de Francisco.

Jesús se va a “una zona despreciada por los judíos más observantes, con motivo de la presencia en aquella región de diversas poblaciones extranjeras. …Es una tierra de frontera, una zona de tránsito donde se encuentran personas diferentes por raza, cultura y religión”. Jesús se va allí donde el hombre ha puesto su desprecio y donde vive mucha gente porque los judíos desprecian a esa gente.

Esto se llama lucha de clases. Esto es el comunismo. Y esto es una mentira.

Jesús viene por todos los hombres: judíos, griegos, los que sean. Pero Jesús sólo predica en Jerusalén: es decir, sólo al pueblo judío. Jesús no predica al pueblo gentil. Eso lo harán sus Apóstoles. Pero Jesús sólo viene a por los judíos: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15, 24). ¿Por qué Francisco miente y dice que Jesús fue a predicar a la periferia, donde estaban poblaciones extranjeras, es decir, no judíos? ¿Ven sus palabras baratas y blasfemas?

Francisco predica lo que le conviene, pero no la Verdad del Evangelio.

Jesús no predicó en las periferias, no fue a dar el Evangelio a las poblaciones extranjeras, a gente de diferente raza, cultura y religión. ¡No hizo eso Jesús! ¿Por qué mientes, Francisco? ¿Por qué blasfemas, Francisco? ¿Por qué predicas lo que no está en el Evangelio de Jesús?

Porque está predicando su evangelio de la fraternidad a su nueva iglesia fundada por él en Roma. Y su evangelio de la fraternidad está lleno de palabras baratas y blasfemas, que a la gente le encanta porque no tienen vida espiritual, como ese hereje no la posee.

“Jesús nos enseña que nadie está excluido de la salvación de Dios”: pero, ¿no está diciendo Jesús que Él sólo viene a salvar a los judíos? ¿Qué Él sólo es enviado al pueblo judío? ¿Qué no es enviado a todo el mundo? Y, por tanto, Dios excluye a todos los demás, porque viene a dar la Buena Nueva sólo al pueblo judío. Jesús enseña que sólo el pueblo judío se salva por Dios.

Esto no lo predica Francisco porque no lo entiende.

“No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”: esta es la misión de Jesús. Jesús viene a salvar a las almas pecadoras del pueblo judío. Luego, Jesús no viene a salvar a los demás.

Dios elige Su Pueblo en el Antiguo Testamento. Es un Pueblo judío. En ese pueblo judío no están los demás pueblos que habitan la tierra. Este es el Misterio de la Salvación.

La Salvación no es para todos. Es un Misterio. Dios quiere salvar a todos los hombres, pero no puede. Los hombres no se lo permiten. Los hombres ponen un obstáculo al designio divino de salvación.

Dios, al elegir un Pueblo, no está diciendo que los demás se vayan a condenar, sino que la salvación de los demás pueblos radica en Su Pueblo elegido. Los demás se salvan porque existe un Pueblo elegido por Dios. En ese Pueblo, Dios lo quiere poner todo para salvar a todos los hombres.

Y Dios elige Su Pueblo por el pecado de Adán, que se comunica a todos los hombres. Si no hubiera existido ese pecado, no habría hecho falta el Pueblo Judío.

Pero elegir un Pueblo Judío no es lo que salva a los demás pueblos, sino es para poner en ese Pueblo, Su Iglesia. Su Iglesia es lo que salva.

Una cosa es la elección de Dios sobre el Pueblo Judío; otra cosa es edificar su Iglesia, poner Su Iglesia en ese Pueblo. Y tiene que ser en el Pueblo Judío, no en el pueblo gentil.

Por eso, la Iglesia no es el Pueblo de Dios, es decir, no es un conjunto de hombres de diferentes nacionalidades, culturas, etc. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: son almas que se unen a Cristo en el Espíritu.

Jesús viene sólo a predicar el Evangelio al Pueblo Judío, porque necesita poner en ese Pueblo, -ya que fue elegido por Su Padre-, Su Iglesia. A Jesús no le interesa los demás pueblos. Porque no edifica Su Iglesia en los demás pueblos. Su Iglesia no es el Universo entero. Su Iglesia no es el conjunto de los pueblos de la tierra. Su Iglesia es para el pueblo judío. Éste es el Misterio.

Su Iglesia se edifica en la predicación al Pueblo Judío, a la casa de Israel. Su Iglesia no se edifica en la predicación al pueblo gentil. Los Apóstoles tendrán la misión de ir a los gentiles para que entren en la Iglesia, una vez constituida en el Pueblo Judío.

Jesús es el Mesías que los judíos esperaban. Es el Mesías para los judíos. No es el Mesías para los demás pueblos. Los demás pueblos, si quieren salvarse, tienen que reconocer al Mesías de los judíos, al Dios de los judíos, que se haya presente en un Hombre, que se ha encarnado en un Hombre.

El Misterio de la Iglesia es esto: Jesús es un Mesías para los judíos y sólo para los judíos. Jesús es enviado como Mesías para los judíos, no para los otros pueblos. Jesús viene a salvar sólo a los judíos. Los demás, los salva si ellos creen en el Mesías de los judíos.

Para salvarse hay que creer en Jesús como Mesías dado al pueblo judío. Dios no lo da al pueblo gentil. Este es el Misterio. Del Nuevo Adán sale la vida para todos los hombres. Pero ese Nuevo Adán es un judío, es un Hombre que pertenece al Pueblo Elegido por Dios. No es un gentil, no nace entre gentiles. Jesús no es para todos los hombres, no es para el Universo, no es para todos los Pueblos, porque es el Rey del Reino de Dios, de un Reino Espiritual, no de un Reino humano, natural, carnal, material, terreno.

Como los judíos rechazaron a Su Mesías, entonces rechazaron la Verdad del Evangelio, rechazaron la Fe que salva, y Dios les quitó el privilegio de ser la Iglesia. La Iglesia ya no se edifica sobre el Pueblo Judío, entre el Pueblo Judío. No se puede edificar por el pecado delo pueblo judío.

Por eso, la Iglesia está en Roma, pero no en Israel. La Iglesia vive entre los gentiles, pero no puede vivir entre el Pueblo Judío, que es el elegido por Dios para tener la Iglesia, para ser Iglesia.

Y, por eso, los judíos andan errantes: ya no tienen un lugar para ser Pueblo. Sus ritos, sus tradiciones, su religión ya no les sirve para nada, porque rechazaron a Su Mesías. Y, en consecuencia, ya no son el Pueblo Elegido por Dios.

Y, como el Pueblo Judío entregó a Jesús, a Su Mesías, a los gentiles, para que lo mataran, entonces el pueblo gentil posee la Iglesia. Jesús muere entre gentiles, no muere entre judíos, no muere en Su Pueblo. Muere a manos de los gentiles, fuera de las murallas de Jerusalén, en las periferias, en tierra de nadie. Y ahí predica la Verdad ante todo el mundo. Su muerte es la predicación a todos los hombres para que entren en la Iglesia, que nace, precisamente, en su muerte.

La Iglesia nace fuera de las murallas de Jerusalén, entre gentiles; los judíos dispersos, huidos, aterrorizados. La Iglesia se edifica en los brazos de la Virgen María, de la cual nacen los nuevos hijos de Dios, que ya no serán ni judíos ni gentiles. Serán sólo los hijos de María y de Jesús, dos judíos que sufrieron por todos los hombres para salvarlos a todos.

Y, por eso, los primeros en entrar en la Iglesia: los gentiles, a los cuales no fue enviado Jesús para predicar la salvación. Los gentiles se salvan porque creen en Jesús como Mesías de los judíos y porque el Pueblo Judío rechazó la salvación. Por estas dos cosas, al mismo tiempo.

Si el Pueblo Judío no hubiese rechazado a Jesús como Mesías, entonces los gentiles sólo podían salvarse los últimos, una vez que la salvación de la casa de Israel se hubiera completado. Los gentiles hubieran seguido en sus pecados porque no era el tiempo de ellos para salvarse. Pero, como el Pueblo Judío rechazó a Su Mesías, este Pueblo se salvará el último, una vez que los gentiles, que las almas que no pertenecen al Pueblo Judío, entren en la Iglesia. Cuando se haya completado ese número, entran los judíos, al final.

Jesús viene a salvar a los judíos. Ésa es su misión. Como los judíos lo rechazaron, Sus Apóstoles se dedican a los gentiles, hasta que llegue el tiempo de los judíos. La Iglesia de Jesús no es de los gentiles, sino de los judíos. Jesús vino a poner Su Iglesia en medio del Pueblo Judío, no en medio del mundo, del pueblo gentil. Pero Su Iglesia nació en tierra de nadie, en los brazos de Su Madre, en el desierto de los corazones que amaban a Jesús. Y es siempre, en el desierto, cómo camina la Iglesia hasta llegar a la Tierra Prometida. Roma no es la Tierra Prometida. Roma es sólo de paso.

Por eso, Roma tiene que convertirse en una Ramera, porque no pertenece a la Iglesia. La Iglesia ha tenido que estar ahí porque el Pueblo judío pecó contra Su Mesías.

La Iglesia tiene que estar en el Monte de Israel, pero eso sólo es posible en el Reino glorioso de Cristo. No ahora.

Por eso, Francisco sólo predica lo que le interesa, pero no enseña ninguna verdad. Palabras baratas y blasfemas, para no decir nada, para llenar más de confusión a la gente, para entretener a la gente, para que la gente se dedique a resolver problemas y no a salvar su alma y las almas de los demás.

No hay que salir de la comodidad para ir a las periferia a buscar a los gentiles, a la gente con problemas o a la gente del mundo que está en sus pecados.

Hay que predicar el Evangelio a todo el mundo: ricos o pobres, estén o no estén en las periferias, sepan o no sepan quién es Jesús, tengan o no tengan problemas en sus vidas. Sólo hay que predicar el Evangelio, no hay que ponerse a bautizar a la gente. No hay que enseñar a la gente muchas cosas humanas; no hay que obrar buenas obras entre los hombres para que la gente vea nuestro testimonio; no hay que predicar que Dios es Misericordia.

Sólo hay que dar el camino, que es Jesús. Sólo hay que obrar la Verdad, que es Jesús. Sólo hay que ofrecer la Vida, que es Jesús. Lo demás, es dedicarse a llenarse la boca de palabras baratas y blasfemas, como hace Francisco.

Anuncios

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: