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El mensaje herético de Francisco a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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“Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas” (Francisco, Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro)

Así habla un hereje que no ha encontrado la Verdad absoluta y única en su sacerdocio y que quiere buscarla en el hablar con los hombres, en los medios de comunicación, que todos saben que son mentirosos por naturaleza, que esconden las verdades para dar a conocer lo que les interesa.

Ésta es la principal herejía de este documento totalmente contrario a la esencia del Evangelio.

En la Iglesia estamos convencidos de que nuestros dogmas son únicos y absolutos. Y, por tanto, quien quiera hablar con nosotros, no podemos rebajar nuestras verdades, nuestros dogmas. No podemos vender la Iglesia por un puñado de dinero, ni para agradar a los hombres, ni para tener a los hombres con la ilusión de que Dios los ama, ni para dar a los hombres lo que ellos quieren escuchar.

Quien quiera dialogar con los demás rebajando la doctrina de Cristo, la fe de la Iglesia, la Tradición de todos los Santos, entonces se va al infierno con sus maravillosos diálogos entre los hombres.

Muchos medios de comunicación son la antesala del infierno. Se entra en ellos para quedar atrapados de sus mentiras y de sus engaños. Y, hoy día, los medios de comunicación de la Iglesia Católica son del demonio. Y, por tanto, no hay que confiar en ninguno de ellos, porque no dan la Verdad, sino que son como muchos en el mundo: dan lo que les interesa para hacer publicidad al hereje Francisco.

Este mensaje que da este Papa negro, cuyo único objetivo en la Iglesia es demoler la Verdad, es totalmente inaceptable para la Iglesia, porque ese hereje se mueve en lo de siempre: lo más importante para él los derechos humanos: “A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres (…)El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas.”

Esto es lo único que le interesa resaltar:

1. lucha de clases: ricos y pobres;

2. y multitud de problemas entre los hombres;

De la vida espiritual: cero; de la vida de la Iglesia: cero; de la vida de los Sacramentos: cero. De la doctrina de Cristo: cero.

La humanidad está dividida porque hay estas dos cosas. Para Francisco, la humanidad no está dividida por el pecado de avaricia, sino por la lucha de clases: la escandalosa distancia entre el lujo y la miseria. Así habla un político, un comunista, un marxista, un judas en la Iglesia. Siempre lo mismo con Francisco: el maldito dinero. Y de ahí no sale; de su obsesión, no sale. Y es lo que transmite en cada mensaje, en cada homilía, en cada palabra que dice: su negocio en la Iglesia: ¡cómo conseguir dinero para dar de comer a todo el mundo! Ésta es la necedad del que se sienta en la Silla de Pedro. Este es el absurdo de su programa político en la Iglesia. Su gobierno en la Iglesia es política, política y política.

Francisco es incapaz de predicar que para acabar con la lucha de clases, una sola cosa: ¡Penitencia!, ¡Penitencia! y ¡Penitencia!

San Francisco de Asís se fue al monte desnudo para hacer penitencia de su vida rica, con un padre que lo tenía todo. Porque el dinero es lo de menos en la vida. Y quitar las desigualdades entre ricos y pobres es un absurdo que nadie lo puede hacer, porque pobres siempre tendréis. Cristo no movió un dedo por dar de comer a ningún pobre. Y Francisco ha puesto en marcha su negocio en la nueva iglesia para caer en un absurdo. Y, por eso, ese absurdo le llevará a dimitir en la Iglesia.

Quien ha escalado la Silla de Pedro con engaños y con mentiras, con su pecado de orgullo, con ese mismo pecado, cae de esa Silla, porque el mentiroso no puede afianzarse en la Iglesia de Cristo: su misma mentira queda descubierta por todo el mundo, porque la Luz de Cristo ilumina a todos los hombres ya. No hay nada escondido.

Por eso, ahora comprendemos 50 años de mentiras escondidas en la Iglesia. Lo que Francisco está haciendo a las claras, es lo mismo que muchos sacerdotes y Obispos han hecho ocultamente durante 50 años, anulando el poder del Papa reinante.

Durante 50 años ha existido un gobierno horizontal oculto en la Iglesia: eran los Obispos, el consejo de los Obispos, los que gobernaban la Iglesia; rebelándose y desobedeciendo al Papa en todas las cosas, inutilizando todo su poder. El Papa, durante 50 años, ha estado maniatado en la Iglesia, prisionero en la Iglesia, porque muchos lobos vestidos de piel de oveja han querido gobernar ellos la Iglesia.

Ahora, todo sale a la luz, pero de una forma insospechable. No tenía que subir Francisco a la Silla de Pedro. No era necesario. Pero, por los pecados de todos, porque a nadie le ha importado el Papa durante 50 años, sino que todos lo han criticado y le han echado la culpa de muchas cosas que no tenía ninguna; porque la Iglesia ha juzgado a quien no tenía que juzgar, que es a su Cabeza, el Papa, entonces viene el castigo para toda la Iglesia: ahí tenéis lo que queréis: un Papa sin espíritu, un Papa hereje por los cuatro costados, un Papa comunista, un Papa marxista, un Papa amorfo en su espiritualidad, un Papa sentimentaloide, que sólo sabe predicar ternuritas a la gente, un Papa cargado de mundanidad, un Papa protestante, un Papa que no es Papa.

Porque la Iglesia no ha defendido a Su Pastor, ahora está en manos del lobo. ¡Gran castigo del Señor a Su Iglesia! Para que toda la Iglesia aprenda a respetar y a obedecer al Papa!

Ahora: ¡clámadme por un Papa recto, verdadero, que sepa dar la doctrina verdadera de Cristo! Pero hasta que el Señor no vea una oración llena de penitencia en su Iglesia, Él no manda nada.

La Iglesia la gobierna un lobo. Pero sólo gobierna su nueva iglesia. Porque es Cristo el que lleva las riendas de Su Iglesia, ya que no hay Papa. Benedicto XVI no quiere ser Papa. Las llaves de la Iglesia han pasado a Cristo. Y Cristo las retornará al Papa que Él ponga en su momento. Mientras tanto, una sola cosa: como centinelas, hay que vigilar contra los asaltos del enemigo, que es Francisco y los suyos, y no desviarse del Camino, de la Verdad y de la Vida, que es Jesús.

Hay que oponerse totalmente a Francisco, sin ninguna misericordia, porque es un hereje. No se puede comulgar con él; ni siquiera se le puede mentar en la Santa Misa; su nombre no es digno que se diga en la acción más santa de todas: la Eucaristía. No hay honor para un hereje, para un mentiroso. No hay respeto para el que no da respeto a la figura del Papa en la Iglesia. No hay obediencia a quien no obedece la Verdad única y absoluta que está en la Iglesia.

Francisco vive en su relativismo, en su pecado, por eso, repite en ese menaje herético: “Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera.” Esto es la doctrina del protestantismo, a las claras, sin tapujos. Esto es decir que la Gracia no puede quitar el pecado y que, por lo tanto, hay que estar en la Iglesia con nuestros pecados. Esta es la mayor herejía de todas que ha dicho Francisco, porque se opone a la Justicia y a la Misericordia de Dios para con las almas.

Francisco está negando la Obra de la Redención de Cristo en cada alma. Y esto es muy grave. Su iglesia accidentada significa valorar el pecado como un bien en la persona. Como es algo que la persona no puede quitar, tiene que vivir con ello y eso la hace santa. En otras palabras, el propio hombre se da la Vida Eterna. Se dedica a resolver los problemas de los hombres, se centra en los derechos humanos y así se salva y se santifica.

Francisco niega la validez de la Obra de Cristo en la Cruz. Lo que Cristo hizo no vale para salvar. Lo que salva no es la Gracia, sino el dar dinero para resolver el problema de los pobres. Lo que salva es solucionar todos los problemas de los honres, económicos, culturales, políticos, etc…

Ya no salva la Gracia, ya no vale la Gracia, Ya la Gracia no quita el pecado: prefiero una iglesia accidentada = prefiero una iglesia llena de pecado. Francisco no prefiere una Iglesia que viva la Gracia, sino una iglesia donde no se viva la Gracia. Esto es el protestantismo. Esto es anular la Gracia; esto es anular la Cruz de Cristo; esto es anular su Obra de la Redención en cada alma; esto es anular la Misericordia de Dios; esto es anular la Justicia de Dios.

¡Es muy grave esta frase y nadie la discierne!

Para Francisco, los dogmas cierran a la Iglesia en sí misma y la hace enferma. ¡Esto es inaceptable! Y, sin embargo, ¡cuántos comulgan con esta frase de Francisco!

La Verdad es la Vida de la Iglesia; quien vive en la Verdad, vive lo divino en la Iglesia. Quien no vive la Verdad, vive lo humano y lo demoniaco en la Iglesia.

La Verdad no enferma a la Iglesia, sino que la sana y la libera de muchos errores, de muchas mentiras, de muchas ideologías que no pertenecen a la Iglesia.

Cuanto más mire la Iglesia la verdad, que es Jesús, más bella es a los ojos de todos, no sólo de Dios, sino también de los hombres.

Pero cuando más se oculta la Verdad en la Iglesia, para que la gente mire el pecado y la mentira de los hombres, entonces más enferma es la Iglesia, porque se aleja de la belleza de la Verdad, de la salud de la Verdad.

La Verdad divide en la Iglesia, es la piedra de tropiezo de muchos en la Iglesia. Francisco, continuamente, tropieza en la Roca de la Verdad. Y ese tropiezo le hace negar la Verdad. Y cuando se niega la Verdad, en el corazón sólo está el odio a la Verdad y, por tanto, al amor a la mentira.

Esto es este mensaje de Francisco para las jornadas de las comunicaciones sociales: su amor a la mentira. En este mensaje está el camino hace el infierno, hacia el Reino del demonio.

Cuando se conoce la Verdad entonces el alma conoce el Camino del Señor, que es un Camino de abnegación a todo lo humano. Y hay que seguirlo hasta el último aliento de vida.

Francisco propone el diálogo con los hombres para salvarse: “Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto. La cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros”.

El pecado sólo se supera con la penitencia del Calvario. En el Calvario, Cristo habló sólo con Su Padre. Y, en ese diálogo, murió por todos los hombres. Cristo no dialogó con nadie para quitar el muro del pecado, lo que dividía a Dios de los hombres: el pecado de Adán.

Cristo vino a predicar el Evangelio a las almas, no a dialogar con las almas. Todo aquel que siga a Cristo, tiene que predicar el Evangelio, no meterse a hablar con los hombres. Y los medios de comunicación tienen que dar sólo el Evangelio, no tienen que dar razones humanas y obras humanas a los hombres. Si los medios de comunicación no predican el Evangelio como es, entonces ese medio pertenece al demonio, no a Dios, no a la Iglesia.

Cristo da Su Espíritu a las almas y, por tanto, es lo que tienen que dar los que sigan a Cristo: el Espíritu. Pero, para Francisco, hay que recibir lo humano de los otros, sus ideas, sus obras, sus deseos, sus inquietudes. Hay que hacer una iglesia más humana. Es lo mas contrario al Espíritu. Cristo hace la Iglesia espiritual, del Espíritu: se da el Espíritu; se obra el Espíritu. Francisco se mueve en su cultura del encuentro, que es llevar al hombre al encuentro con el demonio en los otros hombres, porque se dialoga son discernir los espíritus, sólo porque son buenos hombres en lo exterior.

Francisco ama la mentira y, por eso, la iglesia para él es para todos: “Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos.” En esta frase se ve su amor a la mentira.

Porque el Evangelio no es para todos los hombres, ya que es una piedra de tropiezo: unos la aceptan, otros no. Y si la Palabra de Dios no es para todos, entonces la Obra de esa Palabra, que es la Iglesia, no es para todos los hombres. Esto es clarísimo, menos para Francisco, porque él habla para su nueva iglesia: una iglesia en la que entran todos con sus pecados. Todos los hombres. Por tanto, una iglesia mentirosa, una iglesia mundana, una iglesia pecadora, una iglesia cismática, una iglesia herética, una iglesia del demonio. Ésta es la nueva iglesia fundada por Francisco en Roma, porque la Verdad no es para todos los hombres.

Luego, por más que se dialogue, los hombres van a seguir en sus mentiras y ahí viene la trampa: el mentiroso siempre quiere un trozo de pastel en la iglesia. ¡Cuánta gente se va a meter en la Iglesia para destrozarla viviendo sus mentiras en Ella! La trampa del diálogo. ¡Dialoga y destruirás la Iglesia!

El Evangelio del Señor está siendo alterado con la doctrina de Francisco. Mienta al Señor en sus discursos para quedar bien con todos. Y en lo que mienta, lo altera: «El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios. Me gusta definir este poder de la comunicación como “proximidad”». La parábola del Buen samaritano adulterada en los labios de Francisco.

¡Cómo le gusta a Francisco su herejía! : “Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios”. Su humanismo errado, oscuro, herético, necio. Equipara el ser humano al hijo de Dios. Eso es una herejía. Una cosa es tomar conciencia de que somos humanos, y otra cosa es tomar conciencia de que somos hijos de Dios. Pero Francisco dice esto porque cabalga en su herejía: como Cristo ha devuelto la armonía a la creación, entonces todos los hombres son hijos de Dios. Ésa es su herejía al negar el pecado original.

Y dice la mayor barbaridad, que es otra herejía, sobre Cristo: “Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro”. Esto, no sólo es inaceptable, sino de excomunión.

Estamos en la Iglesia para hacernos semejantes a Cristo, para imitar a Cristo, para ser otros Cristos. No estamos en la Iglesia para hacernos semejantes al otro. Esto es la excomunión. Porque esto significa una cosa: el hombre es dios. Y, por tanto, si ayudo a un hombre es porque todos somos dios. Y hay que hacer la unidad en dios. Todos los hombres tienen que unirse en ese dios interior para conseguir la paz y la felicidad en todas las cosas humanas. Doctrina de la Nueva Era. Y nadie la ve. Nadie ha discernido esa frase.

En la doctrina de Cristo, se ayuda al hombre para expiar el pecado, no para hacerle un bien humano, y menos para ser semejantes a ese hombre. El Buen Samaritano aplica la virtud de la justicia con un enemigo suyo para reparar los pecados. Y sólo así se comprende el amor de Cristo a las almas, a todos los hombres, así sean unos demonios: para reparar, para expiar el pecado.

Francisco es un hereje de los pies a la cabeza. Y no se puede seguir su doctrina. Quien la siga, se condena de forma absoluta.

Francisco está introduciendo nuevas doctrinas y esto es muy grave. ¿Qué hay que hacer? Rechazarlas de plano. Y no sólo la nueva doctrina sino al hereje. Hay que rechazar a Francisco y a cualquier sacerdote y Obispo que comulgue con las nuevas doctrinas, porque en la Iglesia seguimos a Cristo, no las opiniones de Francisco, no las herejías de Francisco, no los cismas de Francisco.

Porque no se puede negar la Verdad única y Absoluta por nadie en la Iglesia. No se puede negar la Verdad por Francisco o por cualquier sacerdote u Obispo. Porque una es la doctrina de Cristo. Y nadie la puede modernizar, ni tergiversar, ni poner cosas que no son de Cristo, que es lo que está haciendo Francisco.

Por eso, maldito Francisco: llevas a muchas almas al infierno. Maldito tu brillante pensamiento humano; maldita tu boca de demonio; maldito tus labios embusteros; maldita tu vida de pecado dentro de la Iglesia.

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1 comentario

  1. Juan Pablo dice:

    ¡Viva la Iglesia dogmática! con sus verdades “únicas y absolutas” y al que no le guste, nadie lo obliga a pertenecer. Se va a otra religión a dialogar.
    ¡Y no hay caso! Nadie lo saca de su obsesión por los ricos y pobres. ¿Y recién ahora le interesan los pobres? Porque si no, por qué no se dedicó a la política, campo en el cual podría haberse dedicado en cuerpo y alma a mejorar la situación (material) de la gente. Pero, no. Se metió en el seminario. ¿No suena como una gran hipocresía? ¿O equivocó el camino y su vocación?
    “La cultura del encuentro”, puajjj! Que le vaya con esas zalamerías a los musulmanes. Lo que va “a recibir de los otros” es una puñalada.

    Va en línea con el sub-papa Rodríguez Maradiaga: “Al hablar sobre el enfoque de Francisco, de su invitación a salir para evangelizar, Maradiaga dijo: «Esto significa más pastoral que doctrina»”. ¿Qué significa eso? Salir a dialogar dejando de lado la verdadera doctrina? ¿Hablar por hablar?
    “El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Gehrard Müller «es un profesor de teología alemán, en su mentalidad solo hay verdadero y falso…”” Otro que no le gustan los dogmas.

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