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Francisco juzga a la Iglesia

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Alma = “Sé que no es fácil, y creo que tampoco lícito, juzgar a un hermano… Sólo Dios debería hacerlo, pero ¿qué hay en la vida y en el alma del que hoy se sienta en la Silla de Pedro para qué, a sabiendas de sus consecuencias, se proponga llevar a cabo todo eso… y lo ejecute deliberadamente, aun siendo consciente de que ello pudiera atentar contra el Orden querido por Dios en su Iglesia?”

Maestro = “No sabe bien este hermano lo que está haciendo con ello ya que muchos dirán: mira a los católicos siempre cambiando de ley y quitando y poniendo no son serios. ¡La división que está levantando, el ánimo negativo que se está extendiendo! Su alma no tiene mucha luz y su vida no la guía correctamente. Amén.”

Alma = “La nueva Iglesia que van a construir ¿será agresiva y perniciosa con aquellos que no la sigan y no la acepten?”

Maestro = “¿Qué es lo que hacen con mi hija que va a Misa como se iba siempre…? La martirizan, la humillan, critican. Pues pensar que harán con los que se nieguen a seguir sus normas. Sacrificarlos, ridiculizarlos. Amén”.

Alma = “¿Cuál será el punto débil de esa nueva Iglesia que se va a crear, que se puede decir para nuestro discernimiento?”

Maestro = “La mentira no se sostiene mucho tiempo, el mundo vera la verdad solo hay que esperar que lo malo caiga en su propia trampa. Amén.”

Alma = “¿Cuánto poder, riqueza y vanagloria terrenal acumulará y adquirirá esta nueva Iglesia durante su breve reinado en la Tierra?”

Maestro = “Todo lo que se monta sobre un castillo de naipes más tarde o más temprano se cae por su peso. Todo aquello que adquirirá será de la mentira y carecerá de valor y sin valor las cosas fracasan pronto aunque a su paso dejen un rastro de dolor. Amén”.

(Mensajes a un alma – Diciembre 2013)

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“Es bueno reconocer la gracia con que Dios nos bendice y, todavía más encontrar en otros cristianos algo que necesitamos, algo que podríamos recibir como un regalo de nuestros hermanos y nuestras hermanas” (Francisco, 22 de enero 2014).

Estas palabras de este hereje ponen de manifiesto cómo es su espíritu.

Su espíritu es algo amorfo, amanerado, oscuro, ignorante, necio, miserable, sin norte en su vida, sin luz en su camino, sin verdad en lo que obra como Obispo.

Las Palabras del Evangelio son un secreto para este hereje. No puede pronunciarlas sin poner su mentira por delante. Siempre habla así, porque es mentiroso, porque es engañador, porque se ha creído santo siendo el mayor pecador de todos.

Él es como Judas: pone la excusa de los pobres para aparecer santo ante los demás, para dar la impresión de que es él el que se preocupa por la pobreza, para que el hombre se sienta bien protegido por sus palabras de engaño.

Judas hablaba del dinero para socorrer a los pobres sólo por una cosa: porque necesitaba que se mostrase el Reino Temporal del Mesías. Él espera a un Mesías de la Tierra, a un Mesías político, a un Mesías de poder humano. Y veía a Cristo como el que no hacía nada por la vida humana; sólo preocupado por dar lo espiritual a los hombres. Judas no comprendía a Su Maestro porque no tenía el Espíritu de Cristo.

Andaba con los Apóstoles, era uno de Ellos, pero sin Espíritu. Todo lo que hacía era desde lo humano, desde lo terrenal, desde lo material, con sólo los ojos de los hombres.

Y esto es Francisco: un hombre para los hombres. Y un hombre comunista, que es peor todavía. Un hombre que no ha aprendido que el marxismo es incompatible con la Iglesia, con la doctrina de Cristo, como el Evangelio. Incompatible. Su teología de los pobres es su defección en la Iglesia, su condenación, el sello que le lleva al infierno.

Hay que ser claros con este hereje: está sentado en la Silla de Pedro para destruir la Iglesia. Punto y final. Está haciendo su nueva iglesia. Por eso, predica que podemos “encontrar en otros cristianos algo que necesitamos”. Esto es una llamada a la apertura al mundo. Así se destruye la Iglesia. Vaya al protestante y aprendan de sus errores, de sus herejías, de sus mentiras, y eso es alimento para el alma. Esto es lo que ha predicado, hoy, Francisco.

¡No son palabras de un Pastor de almas, sino de un lobo que aúlla para aniquilar a sus presas!

Gran mentira es la que ha anunciado hoy Francisco. Pero, como siempre, todos callan, todos hacen la vista gorda, se dan por no enterados, aquí no ha pasado nada.

Francisco juzga a la Iglesia. Como él es incapaz de juzgar al mundo, a los judíos, a los protestantes, a los musulmanes, a los cismáticos, entonces él mismo hace división dentro de la Iglesia.

Apoyado en las Palabras del Evangelio “¿Acaso está dividido Cristo?”, da su mentira en la Iglesia y habla para su nueva iglesia.

Cuando habla Francisco divide a la Iglesia, divide la Verdad, y hace que se levante en la Iglesia un ambiente totalmente negativo. Porque la división trae odio en aquel que divide. Aquel que habla la mentira pone, en lo que habla, odio, nunca amor. Puede decir palabras hermosas, llenas de sentimiento humano, pero da siempre el odio, porque lo que todo hombre transmite a los demás, no son sus palabras, sino lo que tiene en su corazón. Y, en el corazón, sólo puede haber una cosa: amor u odio. No las dos. Y, por eso, no se pueden servir a dos señores. O se está del lado del amor o se está con el odio.

Francisco dice que la causa de que Cristo esté dividido es la misma Iglesia. Porque la Iglesia sigue sus verdades, sus dogmas, entonces eso divide. Y se atreve a decir que hay que escuchar a los demás cristianos para aprender la verdad.

Ahí se ve su odio a la verdad, su odio a la Iglesia. Francisco juzga a la Iglesia porque no la ama. Él ya está haciendo su iglesia y, por tanto, él habla para los suyos. Y los suyos son la gente del mundo, que no puede entrar en la Iglesia por culpa de la misma Iglesia. Y, por eso, se afana por liquidar la verdad en la Iglesia para que entren en esa nueva iglesia todos los endemoniados del mundo. Ellos, los del mundo, los cismáticos, los herejes, son los nuevos santos para Francisco.

Francisco está creando división dentro de la Iglesia con su doctrina de la fraternidad. ¡División! Eso es señal de que no es Papa. Porque un verdadero Papa nunca divide a la Iglesia, sino que crea la unidad en la verdad. Francisco no puede hacer eso, porque no está en la Verdad, no tiene la Verdad, no obra la Verdad.

Es triste comprobar que nadie, entre la Jerarquía Eclesiástica, se levante antes estas palabras dichas por Francisco. Muchos piensan que no ha dicho gran cosa. Y se equivocan. Ha dicho una gran herejía que, por supuesto, nadie la ve porque a nadie le interesa.

Quien no juzga al pecador, entonces justifica siempre su pecado. Francisco no juzga al mundo pecador: no juzga al judío, ni a los cismáticos, ni a los herejes, ni a nadie. No puede juzgaros porque, para él, no existe el pecado. Sólo existen los problemas de los hombres. Cristo está dividido porque hay problemas entre los hombres. Ése es su pensamiento: “las divisiones entre los cristianos son un escándalo”.

Francisco nunca va a decir: el pecado de los hombres son un escándalo para el mundo. Nunca dirá esto, porque no cree en el pecado.Cristo está dividido porque hay pobres que pasan hambre, porque hay jóvenes judíos que no tiene trabajo, porque hay ancianos protestantes que nadie los cuida, porque hay muchas injusticias humanas entre los hombres. Nunca Francisco va a decir que Cristo está dividio porque hay mucho pecado entre los hombres.

Cristo une a todos los hombres en la Verdad, que es Él mismo. Pero, cada hombre, tiene que quitar su mentira, su error, su herejía, su pecado. Porque no se puede ser de Cristo siguiendo el propio pensamiento humano, viviendo la propia vida humana, obrando las obras de los hombres.

Se sigue a Cristo negando el pensamiento humano, la vida humana, las obras humanas. Esto es lo que no enseña Francisco, porque él está metido en su propio pensamiento, que es su propia soberbia. Él vive su propia vida de hombre, sin seguir en nada al Espíritu de Cristo. Y él obra lo que tiene en su corazón: amor a la mentira y al pecado.

Consecuencia: los culpables de que los cristianos estén divididos: la Iglesia. Porque la Iglesia juzga al mundo y le dice: ahí te quedas en tus errores. Y esto no lo puede aceptar Francisco, porque no ama la Verdad, sólo ama su mentira.

Cuando Francisco habla, en medio de la Iglesia, es para crear divisiones, bandos, políticas. filosofías, opiniones, puntos de vista. Esa es la obra de un gobernante que ha anulado la Verdad. Él ha quitado el gobierno vertical, donde sólo se puede dar la verdad, sólo se lleva a la unidad en la Verdad. Y ha puesto la horizontalidad, es decir, la democracia en la Iglesia. Vale cualquier opinión, cualquier punto de vista, cualquier pensamiento, para crear la unidad. El diálogo es lo que crea la unidad. Ya no es la fe en la Palabra de Dios, ya no es la Fe en Cristo. Es la fe en el hombre, en lo que habla el hombre, en lo que razona el hombre, en lo que ve y discute el hombre.

Francisco, cuando habla, lo hace como un político, no como un Pastor de almas. Él está en su negocio en la Iglesia, como Judas: sus pobres. Y le importa un rábano lo demás. Él quiere meter a todo el mundo en la Iglesia porque él vive de lo mundano, de lo profano, de lo material, de lo humano, de lo carnal.

Francisco no tiene vida espiritual: es un hombre de mundo. No esperen de él una verdad evangélica. No la puede dar nunca. Él da su comunismo en la Iglesia. Y todos, como son comunistas, le hace coro.

¿Qué se creen que es la razón por la cual calla la Jerarquía ante las palabras de Francisco? Muchos se han vuelto comunistas. Ahora el apostolado en la Iglesia es solucionar problemas humanos, materiales de la gente. Éste es el único apostolado. Y, para eso, se apoyan en el Evangelio, dicen palabras concertadas para esconder su comunismo, su marxismo. Porque eso es la teología de los pobres: hay que ayudar a los machacados; hay que estar con la gente que se muere de hambre, que tiene problemas sociales, injusticias, etc… Esto no es nuevo en la Iglesia. Esto, desde hace 50 años, ya se está dando en toda la Iglesia: este comunismo enmascarado de Evangelio.

Por eso, ya nadie combate al demonio; muy pocos sacerdotes saben hacer una oración de exorcismo. Tienen miedo. No saben lo que es el demonio. Y ni lo quieren mentar, porque están metidos en los problemas de los hombres y dando soluciones a esos problemas por caminos humanos, materiales, etc…

La Iglesia está llena de sacerdotes y de Obispos comunistas en la doctrina. No hace falta ser comunista declarado, ferviente, como lo es Francisco. Hay que practicar el comunismo. Y eso es fácil cuando los sacerdotes dejan la vida de oración y de penitencia y se dedican a las cosas del mundo, a las cosas humanas, a las cosas naturales. ¡Facilísimo!

Muchos sacerdotes están empeñados en levantar escuelas, comedores, centros de capacitación profesional, hospitales, etc…, y viven para eso: buscando dinero para eso. Viven para salvar cuerpos, para salvar vidas humanas de sus desastres humanos, económicos, políticos… Pero han descuidado, totalmente, las almas, la vida espiritual, el pecado, la raíz del pecado, que es el demonio, y la raíz de todos los males, que es el mundo.

Los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne. Nadie, dentro de la Iglesia, ningún sacerdote, ningún Obispo, luchan contra esos tres enemigos. Ahora, en la Iglesia, se lucha contra la Verdad, contra el dogma. Y se quiere buscar una idea, una razón, para aniquilar la verdad y vivir la mentira y el pecado, para dedicarse a las situaciones del mundo, a los compromisos con el mundo, a los negocios con el mundo. La Iglesia se ha vuelto laica en sus sacerdotes. Ellos ya no viven del Espíritu de Cristo, sino que viven el espíritu del mundo, que es laical.

La situación de la Iglesia es muy grave. Y el culpable: Francisco. Está dividiendo la Iglesia con sus homilías, con sus escritos, con su doctrina de la fraternidad. Está creando un ambiente de discordia y de enfrentamiento entre los buenos. Porque son los buenos, los que siguen la Verdad, los malos de la película. Ya no es el mundo el malvado. Es la Iglesia la malvada porque se ajusta a unos dogmas, y eso impide que los demás hombres vivan en paz y felices en sus vidas humanas. Por estar siguiendo una doctrina de la verdad, se descuida los problemas de los hombres. Ése es el pensamiento de Francisco. Por eso, él quiere una Iglesia accidentada, pecadora, pero que esté metida resolviendo problemas humanos. Eso se llama protestantismo y comunismo. Protestantismo porque ya no se hace caso al pecado; y comunismo porque ya no se hace caso a la vida espiritual, sino a la vida humana, a la vida común de todos los hombres.

Francisco juzga a toda la Iglesia porque no juzga al mundo, no juzga al pecador, no juzga el pecado, no combate al demonio. Por eso, es un títere del demonio.

La Iglesia no tiene que mover un dedo por la gente del mundo: ni por los cismáticos, ni por los herejes, ni por los judíos, ni por nadie. Es el mundo el que tiene que mover su trasero para quitar sus pecados si quiere entrar en la Iglesia. Es el mundo el que tiene que arrodillarse ante la Verdad, que es la Iglesia. Es el mundo el que tiene que despreciar sus mentiras y amar la verdad.

Esto es lo que nunca va a predicar Francisco. Él sólo predica su mentira: “acojamos las palabras de Pablo como una invitación a alegrarnos sinceramente de las gracias concedidas por Dios a los otros cristianos”. Esto es una gran herejía. Porque Dios sólo derrama sus gracias dentro de la Iglesia. Quien no está en la Iglesia, no tiene ninguna gracia. Dios no da gracias a la gente que no pertenece a la Iglesia, que son de las otras religiones.

Dios ha puesto un camino para todos los hombres. Y ese camino es la Iglesia Católica. Las demás religiones, para Dios, no existen. Existen las almas que todavía están en pecado, por seguir religiones, iglesias que ya no sirve para nada. Dios llama a todas las almas a Su Iglesia. Pero cada alma tiene que dejar su pecado. Si no deja su pecado, su error, su mentira, su culto, su herejía, su cisma, no puede entrar en la Iglesia y no puede recibir la Gracia.

Es muy grave lo que ha dicho hoy Francisco. Pero a nadie le interesa. Nadie lo ve, porque a nadie ya le importa la Verdad.

Francisco está juzgando a toda la Iglesia. Y todos callan. Y eso es muy grave. Hay que oponerse a ese hereje con la Verdad si se quiere seguir siendo Iglesia. A Francisco lo quitarán, porque no sirve para nada. Pero hasta que no lo quiten, va a hacer un daño enorme a muchas almas en la Iglesia. Y hay que vivir en la Iglesia, ahora, sin hacer caso a lo que diga la Jerarquía
Eclesiástica. Hay que oponerse a todo el mundo. Sólo hacer caso de aquellos Pastores que vean la verdad de la Iglesia, que son muy pocos. Muchos tienen miedo de enfrentarse a ese hereje y a los Obispos de sus diócesis. Y hay que hacerlo porque se está jugando la salvación del alma.

Quien acoge la mentira se condena. Sólo la Verdad libera, salva, da fuerzas para seguir adelante. El mentiroso siempre cae y nunca se levanta. Se arrastra con su mentira hasta que muere arropado en su mentira.

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4 comentarios

  1. José M dice:

    Ad José Manuel Guerrero,

    la verdad es que todas dan repelús y vergüenza ajena, pero cuando se meten con el Rosario me indigno sobremanera. Estoy de acuerdo con usted: ¡podre Iglesia! Tiempo de oración y penitencia

  2. José Manuel Guerrero dice:

    Jose M, la frasecita ” ¡Niños! ¡Temerosos de bailar! ¡Llorones!”, da tambien mucho asquito. Ni que Bergoglio fuese Jon Travolta en Greease. Pobre hombre, y sobre todo, pobre Iglesia.

  3. José M dice:

    Con ánimo de mortificarme puedo soportar las “ocurrencias” de Francisco, pero hay algo que no puedo tolerar: “contador de Rosarios”. Más vale “contar” Rosarios, incluso aunque sea con fe vacilante y cargando con nuestros pecados e imperfecciones, que ignorar la forma de oración que más gracias nos puede traer. Ridiculizar al Rosario o a quienes lo rezan, por muy “pelagianos” (otra de las ocurrencias de Francisco) que sean, me produce vergüenza ajena.

  4. Carmen dice:

    Jose María,:Le doy las gracias por lo que usted dice.A mi me edifica y a otras muchas personas también ¿ Sabe lo que pienso ? , que mientras haya un hombre que tenga el coraje y la valentía de decir la verdad podemos tener esperanza, porque así como por ” Un hombre entró el pecado en el mundo y, por el pecado,la muerte. También por un solo hombre, Jesucristo vino al mundo la salvación y la vida”. ( Rom 5,12,15)..
    Quiero decir con esto que un hombre fiel a Jesucristo, al Evangelio y a la Doctrina puede, ayudado por la Gracia, levantar a este mundo enfangado y ser fermento que dé volumen a la masa. ” Eliminando la levadura vieja, para ser masa nueva con ácimos de sinceridad y de verdad” (Cor 5,7,8). !Que Dios le acompañe en ésta tarea y le anime a continuar en la defensa de la verdad !

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