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Jesús hirió al Pastor

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«Hiere al Pastor, y que se disperse el Rebaño, y Yo volveré Mi Mano sobre los pequeños» (Zac 13, 7)

Se alzó la Espada contra el Pastor de la Iglesia, Pedro, hombre de las complacencias de Dios. Y se alzó por el pecado de los que rodean a Pedro, por su desobediencia y su rebeldía.

Jesús hirió al Papa Benedicto XVI, y la Iglesia está dispersada, está desunida, está en oscuridad.

Jesús tuvo que herir al Pastor para que la Iglesia se purifique y pueda caminar hacia el Plan de Dios sobre Ella.

Sin esta herida, la Iglesia no puede entender la Verdad, que es Jesús. Sin esta herida, no se puede hacer criba entre los hombres, no se puede separar el trigo del grano corrompido.

Era necesario dejar a la Iglesia sin Pastor, sin Cabeza, como está en la actualidad. No hay Vicario de Cristo que guíe a la Iglesia. No hay. Este es el punto difícil de comprender para muchos.

Pedro ha sido herido por la Espada de la Justicia Divina. Y la razón la da el mismo Profeta: «En toda la tierra –dice el Señor- serán exterminados los dos tercios, y perecerán, pero será preservado un tercio» (Zac 13, 8).

Hay que meter al hombre en un castigo divino por sus pecados. Esos pecados exigen que sean exterminadas las dos terceras partes de la humanidad. La Iglesia, llena de hombres, no sirve para alcanzar lo que Dios quieren en Ella: hay que purificarla: «Yo pondré al fuego este tercio, y le fundiré como se funde la plata, y le acrisolaré como se acrisola el oro, e invocará Mi Nombre y Yo lo escucharé» (Zac 13, 9).

La Iglesia ha perdido el norte de la santidad, de lo divino, de lo sagrado. Y se dedica a muchas cosas que no son la Voluntad de Dios, que no sirven ni para salvar ni para santificar a las almas. Y, por eso, es necesario dejar a la Iglesia sin Cabeza visible, sin Papa, sin Vicario de Cristo.

Es una Voluntad de Dios pero en el pecado de Su Iglesia. No es una Voluntad Absoluta de Dios. No es algo que Dios quiere, sino es algo que hay que quererlo porque el hombre no ha aprendido a ser fiel a la Gracia que ha recibido en la Iglesia. Y esa infidelidad a la Gracia exige una Justicia Divina. Si la Iglesia hubiera sido fiel a esa Gracia, las cosas serían de otro modo. Pero Dios lo sabe todo y, por eso, los Profetas nos dan el Camino Divino de la Gracia.

Tiempo de Justicia es el que se abrió con la renuncia del Pastor de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI. Él es el Pastor. Y no hay otro Pastor hasta que no muera. Él es el sucesor de Pedro. Y no hay otro hasta que no muera.

El que vino, cuando renunció, no es Pastor, sino lobo vestido de piel de oveja: «el que no entra por la Puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador» (Jn 10, 1).

La Puerta de la Iglesia es Cristo Jesús; es decir, es Jesús el que elige al sucesor de Pedro. No son los hombres reunidos en un Cónclave; no son los Cardenales los que deciden quién es el Sucesor de Pedro. Es Jesús. Y Jesús hirió a Su Vicario, el Papa Benedicto XVI. Lo hirió con la Espada de la Justicia. Y eso significa que nunca le pidió renunciar a ser el sucesor de Pedro, porque Dios no pide un imposible.

Dios pidió al Papa Benedicto XVI irse fue de Roma para continuar la Iglesia en el destierro, para hacer frente a tantos enemigos que estaban alrededor de Pedro y que impedían que se obrara en la Iglesia la Voluntad de Dios.

Los hombres han matado a muchos Papas para inutilizar el don del Papado en la Iglesia. Y Jesús decidió que a Benedicto XVI no lo mataran, para descubrir lo oculto en la Iglesia, lo oculto que muchos sacerdotes y Obispos esconden tras una fachada de supuesta santidad y de justicia.

Mucha rebeldía y desobediencia a Pedro. Y no sólo desde hace 50 años, sino desde que la Iglesia es Iglesia. Siempre los hombres han codiciado el dinero y el poder que da ser sucesor de Pedro. Eso nada más hay que leer la historia de la Iglesia para entender las intrigas de todos en el Papado.

Y llega un punto en que la maldad arriba a una cumbre. Y, en esa cumbre, hay que elegir: o seguir en la maldad o estar en la Verdad. Y la Iglesia es la Verdad y sólo la Verdad. Pero, dentro de Ella, hay mucha gente que quiere la mentira y que vive su vida en la Iglesia obrando la mentira sin que nadie se dé cuenta. Gente que se reviste de ropaje sacerdotal, pero que no aman la Verdad en la Iglesia.

Jesús hirió al Papa Benedicto XVI y lo que tenían que haber hecho todos los Obispos era no aceptar esa renuncia del Papa. Esta es la Verdad que nadie obró. Todos bajaron su cabeza, callaron la boca y prosiguieron como si nada hubiera pasado.

Un Papa que renuncia es de lo más grave en la Iglesia. Señala que el ambiente en la Iglesia está putrefacto, corrompido, que no se puede vivir en la Iglesia.

Gran pecado de los Obispos al no pedir al Papa Benedicto XVI que no renunciara, porque es deber de todo Obispo mantener la Verdad de Pedro en la Iglesia. Pedro no puede renunciar a ser Pedro. Esa es la única Verdad.

Pero como a los hombres les gusta el poder, la publicidad de ser Pedro, la fama que da Pedro, la oportunidad de hacer carrera con Pedro, entonces todos siguieron en su vida humana en la Iglesia. Y, de esa forma, dan a entender que no tienen vida espiritual, que no luchan por la Verdad de la Iglesia, no luchan por un Papa, sino que luchan, dentro de la Iglesia, por sus verdades, y por alcanzar el ser Pedro en Ella.

Desde que el Papa Benedicto XVI renunció, las intrigas para ocupar ese Silla estuvieron a la orden del día. Eso es una realidad que nadie puede esconder. Todos se callaron ante la renuncia del Papa para empezar a dialogar en secreto y así poner al hombre adecuado para la Iglesia.

La Iglesia es divina y, por tanto, todo cuanto ocurre en Ella hay que verlo con los ojos de Dios, nunca con los ojos de los hombres.

Jesús hirió al Papa Benedicto XVI: su Justicia cayó sobre él. Y esa Justicia afecta a toda la Iglesia, porque el Papa es Pastor de las ovejas. Se quita al Pastor, la Iglesia, las ovejas quedan en manos de los lobos vestidos de piel de oveja.

Jesús hirió al Papa Benedicto XVI y, por tanto, no quería otro Papa. Si lo hubiera querido, habría llamado al alma de Benedicto XVI: él hubiera muerto, sus días habrían acabado, porque esa es de la única manera como los dones de Dios se acaban. El don de Dios es hasta la muerte de la persona.

Jesús no llamó al Papa Benedicto XVI, sino que lo hirió. Y eso señala un nuevo camino en la Iglesia: ahora os quedáis sin Vicario de Cristo, sin Cabeza, porque os lo merecéis. Vuestros pecados dan la razón de que no haya Vicario de Cristo, porque a nadie en la Iglesia le interesa Pedro. Todos quien ser Pedro, pero a la manera humana, en la visión humana, en el plan humano. Nadie quiere ser Pedro como está en la Mente de Dios. Habéis despreciado a muchos Papas, entonces os quito al Papa: esa es la Espada de la Justicia, esa es la herida al Pastor.

Y ¿por qué hiere Jesús a Su Pastor? Por el pecado que hay que expiar, ya no sólo perdonar. El pecado que no se expía crece. Y creciendo llega a su culmen. Y, en esa cima del pecado, ya no vale perdonar, porque las almas no buscan el perdón, el arrepentimiento; sólo buscan seguir su vida, de cualquier manera, pero ya no es posible que sean fieles a la Gracia porque no ven su pecado. Y, entonces, hay que castigar. Esa una exigencia de la Justicia Divina. Y es un castigo a toda la humanidad, no sólo a la Iglesia. Señal de que todos los hombres están implicados en la cima a la que el pecado ha llegado. El pecado no es sólo de unos cuantos, sino de muchos.

Muchos hay – en la Iglesia y en el mundo -que no quieren quitar sus pecados. Eso da lugar a un castigo terrible: «Viendo el Señor cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra, y cómo todos sus pensamientos y deseos sólo tendían al mal,…dijo: Voy a exterminar al hombre de la tierra» (Gn 6, 5.7).

La Palabra de Dios es siempre la Verdad en la historia de los hombres. Y Dios no cambia nunca. Cuando hay pecado y éste crece como la espuma, haciendo que el hombre sólo nade en el pecado, entonces viene el castigo. Dios siempre obra así, porque Dios no lo perdona todo. Es lo que muchos predican porque ya no tienen fe en la Palabra de Dios.

Jesús hirió a Su Pastor, luego el rebaño está disperso. Y, entre ellos, hay muchos lobos vestidos de piel de oveja. No son pastores, porque el verdadero Pastor ama a la Iglesia, ama la Verdad en la Iglesia, da alimentos de vida eterna a las almas, se preocupa porque las almas sepan andar en la vida del Espíritu, que sepan discernir espíritu, que sepan luchar contra el demonio, que sepan luchar contra los hombres.

Los lobos sólo saben hablar bonito en la Iglesia, pero no saben llevar a las almas al Cielo, a la santidad. De esos, hay muchísimos en todas partes, porque la maldad está en su cumbre. No sólo Francisco es un lobo vestido de ropaje sacerdotal, todo su gobierno está lleno de lobos y en cada obispado se ha situado los lobos. Los buenos Pastores van quedando fuera, porque Francisco se rodea de lobos, no puede rodearse de santos.

Por eso, la situación de la Iglesia es catastrófica. No hay camino de santidad en la Iglesia: Hay una apertura al mundo, apertura al diálogo, apertura a la mente del demonio en toda la Iglesia. A Juan Pablo II lo llamaron el Papa de la Virgen, porque daba el Espíritu de la Virgen María la Iglesia, hacía vivir a María en la Iglesia. A Francisco ya lo están llamando el Papa del mundo, porque eso es lo que hace vivir a la Iglesia: lo mundano, lo profano. Él da el espíritu del mundo a las almas de la Iglesia. Y eso es muy grave, porque el espíritu del mundo es el Espíritu del Anticristo.

Francisco sólo quiere publicidad en la Iglesia. No busca otra cosa. Tiene en su cabeza la idea de su iglesia, de cómo tiene que ser la Iglesia. Por eso, desde el principio de dedicó a abajar lo divino, lo sagrado, lo santo en la Iglesia. Lo puso en el suelo de lo humano, que es donde vive él: en su humanidad, porque es un lobo vestido de piel de oveja: aparenta sencillez, humildad, pobreza. Y no es eso lo que hay en su corazón. Es un hombre que mata almas, porque ya mató la suya.

No se puede obedecer ni a Francisco ni a los Obispos que lo siguen. Son todos unos lobos vestidos de piel de oveja. Y con los lobos no hay trato, hay oposición. Sólo hay que seguir a Cristo, que es la Cabeza de la Iglesia y que nunca renuncia a ser Cabeza. Él es ahora el que lo guía todo en la Iglesia. Todo. Los demás, aunque hagan obras buenas y, en apariencias santas, como beatificar o santificar a a alguien, no hay que hacer ni caso, porque no tienen el poder de Dios para nada en la Iglesia. Obran con sus poderes humanos y Dios no mueve un dedo en lo que ellos hacen en la Iglesia.

La Iglesia es ya otra cosa que los hombres no han comprendido, porque siguen el juego de ese mentiroso que sólo le gusta hablar bien para quedar bien con todo el mundo.

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2 comentarios

  1. Difícil aceptar esta instrucción . Siempre nos han enseñado a no dudar de los sacerdotes , las generaciones pasadas se han librado de esta prueba que nos pone Dios ahora en el tiempo del fin de esta era en la cual seremos queramos o no purificados de todo mal. Entiendo en mi corazón que cuando eligieron a Francisco no sentía aprecio sino repulsión eso me pareció rarisimo en mi. Y por eso pedía a Dios perdón , ahora se que mis luchas espirituales no solo es conservar la moral sino también guerrear por mi fe para que no me la quiten. Soy catequista y enseño e instruyo a almas en un grupo de oración cada semana me cuesta hacer entender este misterio que paso a paso se desvela y asombra y por que no decirlo asusta también. Si Cristo nuestro amado Señor se encarga El mismo eso me da esperanza de luchar aun más . Si no fuera por mi oración diaria del Rosario y asistir a la Misa Tridentina cada fin de mes o semana creo que nos volveríamos locos . En muchas almas aquí en Lima , Perú ya sienten que sin confesión y comunión no podemos vivir . —-Y dígame por favor si es posible —— ¿el Papa Benedicto ya herido por la Justicia Divina es consciente de lo que pasa en la Iglesia ? ¿ahora cual es su papel mientras viva ? ———– ayudará nuestras oraciones ? . Reciban la protección de San Miguel Arcángel. bendiciones y gracias .

    • josephmaryam dice:

      El Papa Benedicto XVI sabe muy bien cuál es la situación de la Iglesia, no se le escapa nada, pero tampoco puede hacer nada. Debe esperar acontecimientos más graves dentro de la Iglesia para actuar como Dios quiere. Es claro que está impedido para hablar abiertamente, pero también es claro que es libre, ya no está encerrado en el Papado, sin poder hacer nada. Pero esa libertad la mide para que no sea esclavitud de nuevo. Ya no es prisionero, pero sí consciente que tiene que moverse de otra manera para no caer en la prisión de antes. Y su papel es aguardar a que el Señor le muestre el camino de la Iglesia, porque él sigue siendo el Papa y, por tanto, a él el Señor le habla en la Iglesia. Él es la Voz de Cristo, Su Vicario hasta la muerte. Los demás, son solo lobos que aullan y hacen mucho ruido para ganarse publicidad entre la gente y enfrentar a los buenos contra los buenos, porque eso es el fin de todo esto: que nadie esté unido en la Verdad, ni siquiera los buenos, los elegidos por Dios.

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