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La Iglesia es de muy pocos

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En la Iglesia se está para obedecer la Verdad, que es Cristo Jesús. Una Verdad que es una Vida; no es una inteligencia, ni un conjunto de verdades, de ideas, de razones, de obras, de sentimientos.

La Verdad es la misma Vida de Dios. Quien vive esa Vida está en la Verdad; quien no la vive, está en la mentira.

La Verdad, en la Iglesia, sólo la dice la boca del Vicario de Cristo. Los demás, no tienen el poder de decirla. Los demás, tiene que decir la Verdad que habla Pedro en la Iglesia.

Pedro es el fundamento de la Verdad, el que da la Verdad, el que une en la Verdad, el que obra la Verdad. Es un don divino que sólo Dios da a Su Vicario. Es el don más importante que tiene el Vicario de Cristo. Es el eje de la Iglesia.

Muchos están en la Iglesia diciendo sus verdades, pero no la Verdad que da Pedro. Desde que la Iglesia es Iglesia, el hombre siempre ha querido poner su pensamiento humano, sus ideas, sus ideologías, sus filosofías, sus obras humanas en la Iglesia.

Ponerse en la Verdad en la Iglesia sólo es posible obedeciendo al Papa. No hay otra manera. Si no se es fiel al Vicario de Cristo, entonces cada cual se inventa su verdad y vive de esa verdad en la Iglesia.

Hay muchos ejemplos de esto en la Iglesia, porque el hombre es siempre soberbio, orgulloso, le gusta su pensamiento humano y lo quiere imponer a los demás.

Sólo los humildes comprenden la Verdad. Los demás, no comprenden nada. Porque sólo los humildes viven la Vida que la Verdad les da al corazón.
Si el alma no es humilde, por más que conozca la teología, la filosofía, por más que haga apostolados en la Iglesia, no vive nunca la obra de la verdad en la Iglesia.

La Vida Divina es la Obra de la Verdad. No es, por tanto, una obra humana, ni natural, ni material, ni carnal. Es una obra divina que sólo se puede realizar con la ayuda del Espíritu de Dios. Es el Espíritu el que obra lo divino. El hombre no sabe hacer esas obras divinas. Sólo sabe moverse en lo humano.

Pero lo humano ya tiene un camino divino, puesto por Jesús. Un camino que no es humano, que sólo se puede recorrer siguiendo las huellas de Jesús. Huellas ensangrentadas, huellas que marcan el suelo de un tapiz de dolor y de sufrimiento.

Lo divino sólo se puede realizar sufriendo en lo humano, quitando de lo humano los fines que el hombre da a su vida. Cualquier fin humano, natural, material, carnal, sentimental, profano, que el hombre ponga a su vida, obstaculiza lo divino.

Para hacer una obra divina hay que tener un fin divino en la vida, un fin sobrenatural; es decir, se vive para salvarse y para santificarse. Si no se vive de esta manera la vida humana, el hombre cae en sus fines y se pierde en el camino de la vida.

El camino, que es Cristo, sólo tiene un fin divino, un objetivo divino, un norte, que no puede ser dado por el hombre, por sus culturas, ni por sus sabidurías, ni por nada que l hombre obre en su vida.

Cristo camino el camino del Padre, lo que el Padre le ha puesto, lo que el Padre le ha dado, lo que el Padre ha querido. El camino del Hijo es el camino del Padre. Y, por tanto, quien recorre ese camino tras los pasos de Cristo, encuentra al Padre.

Cristo hace caminar al hombre sólo por este camino. Por eso, es difícil recorrerlo cuando el hombre no vive su vida haciendo penitencia por sus pecados. Porque, es necesario para andar este camino, primero aniquilar el pecado. Y no se aniquila si no se lucha contra él desde que uno se levanta hasta que se acuesta. Los hombres, hoy día, viven sus vidas humanas, sin hacer caso de sus pecados, sin poner un medio eficaz para quitar sus pecados. Viven para sus vidas humanas, pero no para luchar contra el pecado. Por eso, hay tantos errores en la Iglesia porque muchos no siguen a Cristo, sino que sólo siguen sus pensamientos humanos en la Iglesia.

Es muy fácil seguir el pensamiento de cada uno. El hombre vive para su pensamiento. Su idea es su vida.

El hombre espiritual es el que lucha en contra de su propio pensamiento. Y, entonces, puede vivir la vida del Espíritu, la vida divina, la vida espiritual.

El hombre no espiritual es el que está siempre mirando su idea de la vida, su filosofía, su sabiduría, su ciencia, su psicología. Y ahí se queda, en la ilusión de haber alcanzado un valor en la vida. Y se engaña. Su propio pensamiento le pone el error en su vida..

Dios nunca da un pensamiento para vivir, sino que da su Amor. Ese Amor lo pone en el corazón del alma humilde. Y ese Amor sólo el Espíritu lo puede obrar en los humildes.

Lo que le interesa al hombre en su vida es alcanzar la humildad para así obrar el amor de Dios. Y sólo se alcanza la humildad en la penitencia del pecado, en la expiación del pecado, en la reparación del pecado.

Es el pecado el que hace soberbio al hombre. Aunque sea un pecado leve, una pequeña mentira, eso está cargado de soberbia.

Es luchar en contra del pecado lo que produce la humildad en el hombre. Ser humilde no es hacer un acto de humildad, sino en saber ver el pecado y luchar en contra de él.

Los hombres se han olvidado de ver sus pecados y, por eso, permanecen en su soberbia de la vida. Y están en la Iglesia con sus soberbias, haciendo obras no humildes, no queridas por Dios, incapaces de dar un camino de salvación a los demás.

El que es humilde pone el camino para que los demás obren la verdad en sus vidas. La Iglesia se hace con almas humildes. La Iglesia crece en santidad porque hay almas humildes. La Iglesia es indestructible porque hay almas humildes.

Como la Iglesia está llena de soberbios, por eso, vemos lo que vemos: una Iglesia que corre hacia su propia destrucción.

El problema de la Iglesia es siempre el pecado de hombres que no quieren quitar sus pecados. Eso es todo el problema en la Iglesia desde que es Iglesia.

Si los hombres fueran fieles a la Gracia, entonces la Iglesia caminaría siempre en el Amor de Dios y el mundo cambiaría. Pero el mundo no cambia y es cada día peor porque la Iglesia está llena de soberbios, de gente que no quiere obedecer a Dios en sus vidas.

Ser fiel a la Gracia es obedecer la Voluntad de Dios. Ser fiel a la Gracia no es ir a Misa los domingos o comulgar frecuentemente, o hacer limosnas o cualquier otra cosa. Fidelidad a la Gracia es la obra de un corazón humilde que abaja su mente humana a la Mente de Cristo. Se abaja para poder entender lo que piensa Dios de la vida.

Es lo que más le cuesta al hombre: abajar su entendimiento humano porque siempre lo tiene arriba. El hombre siempre quiere pensar la vida, siempre está dando vueltas a su vida, siempre busca un camino en su vida. Y no acaba de entender que es Dios el camino de su vida, que ya Dios ha puesto ese camino en Su Hijo.

Esto se le dificulta mucho al hombre, porque siempre se está mirando a sí mismo. Y eso le incapacita para mirar arriba, para mirar a Dios, para fijarse en la obra de Dios.

Por eso, vivimos tiempos muy turbulentos, porque los hombres lo complican todo con sus entendimientos humanos. Y es tal la complicación que ya no hay un camino para el hombre. El hombre se ha perdido él mismo en su complicación de la vida. Y no sabe cómo resolver su vida. Ve que no hay camino, pero sigue buscando un camino, sigue buscando un absurdo. Y, por eso, la vida de muchos hombres es un absurdo, una ilusión, un engaño, que el mismo hombres se ha creado con su inteligencia humana.

La Vida en Dios es muy sencilla; pero cuando el hombre mete su idea, se acaba la sencillez y comienza la historia del hombre con su pecado.

Para que el hombre se haga sencillo, tiene que quitar su pecado de sus ojos, de su mente, de sus labios, de su cuerpo, de sus manos, de sus pies. Si hace esto, el hombre camina sin problemas en su vida, porque Dios es el camino. Dios guía ese camino. Dios sólo quiere del hombre su corazón humilde. No quiere su inteligencia ni sus obras. Dios le da lo que necesite para comprender y obrar en ese camino.

Pero a los hombres les cuesta ver sus pecado y luchar en contra de sus pecados, porque es difícil creer en el pecado cuando el hombre ha construido un mundo bello, agradable, que lo tiene todo, que los posee todo. El hombre, en ese mundo, no puede comprender que exista el mal. Y busca caminos para quitar el mal, y no los encuentra. Por eso, el hombre, en el culmen de su felicidad, cuando ha construido un mundo bueno, ve que no es bueno, ve que todavía falta mucho, pero no ve el camino a seguir. Y, por eso, cae en el absurdo de una vida feliz llena de pecado, de mal. Ya no sabe llamar al mal con el nombre de mal, de pecado, sino que le pone un valor, le da una utilidad, hace servir el pecado para un bien de muchos.

El hombre no combate el pecado, entonces el hombre hace de su pecado su vida. Y vive pecando y no se entera que está pecando, que está viviendo una vida que a Dios no le agrada. Éste es el absurdo de muchos hombres. Y, muchos de ellos, son sacerdotes y Obispos en la Iglesia. Han llamado a su pecado su vida, su camino, su iglesia. Y viven así en la Iglesia. Y viven para que otros los imiten en sus vidas. Este absurdo se llama la apostasía de la fe.

Es lo que vivimos, es lo que vemos. Por eso, en esta apostasía de la fe, a nadie le interesa la verdad de la Iglesia. A nade. Muchos están en la Iglesia siguiendo sus grandiosos pensamientos humanos, e imponiéndolos a los demás. Por eso, vemos un absurdo en el gobierno de la Iglesia: gente que no cree en los dogmas y está dirigiendo la Iglesia. ¡Un auténtico absurdo!

Sacerdotes que ya no creen en su sacerdocios, que ya no son otros Cristo, y están en la Iglesia para hacer sus negocios humanos, y así condenan muchas almas que los siguen.

Por eso, no hay camino en la Iglesia, actualmente. No hay forma de hacer Iglesia, de ser Iglesia, porque a nadie le interesa vivir la verdad. Todos están empeñados en vivir los suyo, en vivir la opinión de unos cuantos o de una mayoría, pero nadie escucha la Voz de Dios en su corazón.

Cristo, hoy día, habla a sus almas directamente, porque ya no hay una cabeza digna que guía Su Iglesia hacia lo que Él quiere. Nadie es digno de sentarse en la Silla de Pedro. Por eso, Benedicto XVI tuvo que renunciar. Y el que se sienta, hoy día, en esa Silla, la consiguió con sus engaños, con la malicia de su corazón. Él, no sólo no es un digno, sino que mancha esa Silla con su pecado manifiesto, no oculto. Y hace de esa Silla el culto a la mentira y al error.

Cristo sigue dirigiendo a Su Iglesia, pero no a través de su una cabeza, de un Vicario de Cristo. El Papa Benedicto XVI, para guiar a la Iglesia, tiene que salir de Roma, tiene que huir. Si no lo hace, no se le puede dar ninguna obediencia.

Sólo el tiempo es maestro de la vida. El tiempo enseña a vivir la vida. La experiencia de la vida sólo se tiene cuando el alma., buscando el camino de su vida, no lo encuentra por la vía ordinaria. Y, entonces, empieza preguntarse por los motivos por los cuales no puede darse esa verdad. Y siempre es el pecado el obstáculo para vivir la verdad.

Por eso, cuando en Roma se observa un obstáculo que impide vivir la verdad, entonces hay que preguntarse, ¿dónde está el camino para poder vivir, en la Iglesia, la verdad? Y la respuesta no es otra que seguir en la Iglesia, pero no en Roma, no mirando a Roma, porque allí sólo hay pecado. Y un pecado que no se quiere quitar. Luego, hay que mirar hacia otro lado. Hay que buscar la Iglesia en otro sitio. Y hay que buscar las almas que ya no miran a Roma para seguir siendo Iglesia.

La Verdad es de muy pocos. Por eso, la Iglesia es de muy pocos. La Iglesia no puede ser para todos los hombres, porque muchos de ellos sólo quieren vivir su pecado.

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2 comentarios

  1. martin. peralta. dice:

    amados. hermanos. encristo. kiero. k. me. ayuden. porke. estoy. difundiendo. los. mensajes. en. mi. faseboo. y. an. abido. comentarios. k. yo. estoy. atacando. al. papa. fransisco. los. mensajes. k. estoy. difundiendo. son. los. de. maria. de. la. dijina. misericordia. k. ablan. del. abiso. de. los. canbios. k. bendran. y. del. falso. profeta. y. por. lo. serio. del. contenido. profetico. de. estos. mensajes. boy. a. nesesitar. ayuda. y. consejo. …espero. sus. consejos. bendisiones

    • josephmaryam dice:

      Diciendo la verdad es como se ataca la mentira que Francisco habla. Y muchos no comprenderán porque sólo quieren escuchar la mentira. No tiene oídos para la Verdad. No tenga miedo de vivir la fe en Cristo, que significa testimoniar la Verdad, obrar la Verdad, guste o no guste.

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