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Francisco habla con el espíritu del mundo dentro de la Iglesia

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Francisco, en la Iglesia, es sólo un hombre que vive su orgullo y, por tanto, un hombre que pone a Dios un impedimento para recibir el Espíritu Santo.

Su orgullo se ve en sus obras. Un Papa verdadero nunca obra como lo hace Francisco en la Iglesia, porque el Papa elegido por Dios tiene el Espíritu de Pedro y, por tanto, no pone impedimento para recibir el fuego del Espíritu.

Es muy importante en la Iglesia saber ver el Espíritu de una persona, es decir, cuál es el espíritu que mueve a ese persona para hablar, para obrar, en la Iglesia.

El que tiene el Espíritu de Cristo hace las mismas obras de Cristo. El problema, para muchos en la Iglesia, es reconocer este Espíritu de Cristo. Hay que mirar a Cristo para ver Su Espíritu. Hay que ver lo que hizo Cristo entre los hombres para ver Su Espíritu. Hay que ver qué le movía a Cristo a obrar para ver Su Espíritu.

Por tanto, hay que ir al Evangelio. Pero, esto es, también, para muchos una trampa, porque no creen en el Evangelio, sino que se dejan llevar por sus interpretaciones de la Palabra de Dios.

Hoy hay muchas Biblias entre los hombres y ninguna sirve para nada, porque en ellas los hombres han ido acomodando la Palabra a su lenguaje humano, y así quitan, añaden, modifican palabras y pasajes del Evangelio según el gusto de cada uno. Muchos leen el Evangelio y leen un libro de los hombres, pero no la Palabra de Dios.

Hay que ir a la Palabra de Dios, como ésta fue escrita, no como ha sido traducida o interpretada por los hombres. Por eso, es necesario acudir a la Tradición, a los Santos de todos los tiempos, porque son ellos los que da la verdadera interpretación de las Sagradas Escrituras. Son los Santos los que dan el Espíritu de Cristo en la Iglesia.

Pero los hombres, en la actualidad, tampoco leen a los Santos, sino que se dejan llevar por muchas lecturas y libros de hombres que no son Santos. Y, por eso, quieren una Sagrada Escritura, que sea acorde a lo que leen, a sus autores favoritos. Quieren un Dios que vaya con la moda del mundo, con los problemas de los hombres. Quieren una palabra que guste a su entendimiento humano; sólo quieren un lenguaje humano, que alguien les diga que hablando de paz, de amor fraterno, de concordia entre los hombres, así se cambia el mundo.

Los hombres aplauden a aquellos hombres que hablan de paz, de amor, de bienestar humano, de progreso humano. Pero los hombres no quieren escuchar la Verdad. Eso no les interesa, porque viven en su vida acomodada a su lenguaje humano. Y, entonces, no ven el error del lenguaje humano.

Muchos, al leer esto, no ven el error, el engaño: “Cuando Jesús recibió el bautismo de penitencia de Juan el Bautista, solidarizando con el pueblo penitente – Él sin pecado y sin necesidad de conversión – Dios Padre hizo escuchar su voz desde cielo… Jesús recibe la aprobación del Padre celeste, que lo mandó para que aceptase compartir nuestra condición, nuestra pobreza. Compartir es el verdadero modo de amar. Jesús no se separa de nosotros, nos considera hermanos y comparte con nosotros. Y así nos hace hijos, junto con Él, de Dios Padre. Ésta es la revelación y la fuente del verdadero amor” (Francisco, 12 de enero de 2014).

Sólo ven una frase bonita, bien construida, que dice una verdad. Ven un lenguaje hermoso. Y ahí se quedan. Pero no captan las mentiras y las herejías que se dicen en este párrafo. A eso no llegan, porque no saben cuál es el Espíritu de Cristo. Y, por tanto, cuando alguien habla no captan si lo que está diciendo viene del Espíritu de Cristo o viene de otro espíritu. No saben discernir espíritus. Éste es el problema de muchos en la Iglesia. Y, por eso, ante un hereje, como Francisco, le toman como Vicario de Cristo. Pero no saben ver que no tiene el Espíritu del Vicario de Cristo. Sólo saben decir que como fue elegido por los Cardenales, como es el Papa, como es el que se sienta en la Silla de Pedro, entonces hay que hacerle caso en lo que dice. ¡Éste es el gran error de muchos en la Iglesia! Y, después de once meses, la Iglesia sigue en este gravísimo error.

Y esto sólo es por falta de discernimiento espiritual. Y su raíz: el pecado. No se discierne el espíritu porque hay pecado de orgullo, de soberbia y de lujuria en la vida de cada hombre. Estos tres pecados impiden discernir el Espíritu en una persona. Y, entonces, el alma no ve la mentira o la herejía que esa persona está diciendo u obrando.

Cuando el hombre quita su pecado, entonces empieza a ver la realidad y a llamar a cada cosa por su nombre, que es lo que no hace la Iglesia. No llama a Francisco como falso Papa, sino que lo sigue llamando Papa. Y no es que Francisco se haya equivocado en algo en once meses, haya cometido un error o un pecado. El problema no es eso. El problema es que Francisco lleva once meses dando herejía tras herejía. Ése es el problema. Herejía que todo el mundo puede leer y ver, porque algunas son obras que él ha hecho en la Iglesia y que las continúa, las mantiene.

Pero, como la Iglesia vive en su pecado, entonces no discierne cuando habla Francisco. Y se come todas las herejías. Y lo hace culpablemente, porque cada alma ha recibido de Dios Su Gracia, y ya no hay excusa para nadie. Si el alma no ve el error, es que ya no es fiel a la Gracia que ha recibido y, por esa infidelidad, sigue a un maldito en la Iglesia como si fuera Vicario de Cristo. Se está diciendo que Dios habla a través de un falso Profeta. Y esto es muy grave en la Iglesia. Esto significa que la Iglesia no tiene discernimiento espiritual, que vive para los hombres y para agradar la vida de los hombres.

Por eso, Francisco dice que Jesús recibió el bautismo de Juan para solidarizarse con el pueblo penitente, y nadie ve la herejía. ¡Nadie! ¿Por qué? Porque no se tiene el Espíritu de Cristo, sino que se posee el espíritu del mundo. Y, en ese espíritu, está bien la solidaridad con el pecador. Es un lenguaje humano que encanta a los hombres. Es bello, hermoso, agradable, y que une a los hombres. Cristo ha venido a solidarizarse con el pueblo pecador. Esto gusta. ¡Y nadie entiende la herejía!

¿A qué lleva esta herejía en el pensamiento de Francisco? A decir lo que más le gusta: Jesús comparte con el hombre su vida humana: “Jesús no se separa de nosotros, nos considera hermanos y comparte con nosotros”. Y, como comparte, nos hace hijos de Dios. Y éste es el verdadero amor. Herejía tras herejía en este solo párrafo, pero nadie las ve. ¡Nadie! ¿Por qué? Porque los hombres sólo se fijan en el lenguaje humano, pero no en la Verdad. No disciernen ese lenguaje humano. No saben mirar las palabras que se dicen y quién las dice. No saben hacer esto, porque no tienen el Espíritu de Cristo. Sólo viven su vida humana, agarrados del espíritu del mundo. Y piensan como los hombres. Y obran como los hombres.

Y Jesús no se solidarizó con el hombre pecador, no compartió la vida de los pecadores, no se hizo hombre con los hombres. Jesús vino a morir y, en su muerte, toda alma tiene que participar si quiere la Vida: “Con Él hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su muerte, para que como Él resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Rom 6, 4).

Jesús se bautizó con el bautismo de penitencia para que los hombres participen de su muerte, no para que Jesús participe de la vida de los hombres, no para que Jesús comparta la vida de los hombres. Al revés, para que los hombres compartan la muerte de Jesús.

“El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores (cf Is 53, 12); es ya «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29); anticipa ya el bautismo de su muerte sangrienta (cf Mc 10, 38)” (Catecismo de la Iglesia, n. 536).

Jesús se bautiza para manifestarse como Mesías, como Siervo doliente, que viene a cargar con los pecados de todos los hombres. ¡A cargar! No a compartir, no a solidarizarse humanamente con los problemas de los hombres: “Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada” (Is 53, 3). Jesús cargó con los pecados de todos los hombres y eso le llevó a que nadie le estimara entre los hombres. ¡Nadie! Porque Jesús no comparte la vida de los hombres, sino que hace participar a los hombres de su muerte, de sus sufrimientos. Jesús no da un dulce al hombre, sino un dolor en la vida. Y eso no le gusta a ningún hombre.¡Esto no le gusta a nadie! Pero es más hermoso decir que Jesús comparte nuestra vida y así nos hace hijos de Dios. ¡Hermosísimo!

Francisco no vive el Espíritu de Cristo y, muchos, en la Iglesia tampoco lo viven. Por eso, Francisco predica de Cristo según el espíritu del mundo. No puede predicar según el Espíritu de Cristo. Es que no lo tiene por su pecado de orgullo. Y, muchos que lo escuchan, como viven ese mismo espíritu del mundo, dentro de la Iglesia, cogen la herejía como una verdad, y defienden al hereje como verdadero Papa.

¡Esto es la Iglesia actualmente! ¡Esto da pena!

Por eso, nadie ve que está mal bautizar a un hijo de una pareja casada sólo por lo civil. Nadie comprende esta obra de un hombre orgulloso que se llama Papa, pero que no tiene el Espíritu de Cristo en la Iglesia. Si Francisco predica con el espíritu del mundo, entonces obra con ese mismo espíritu en la Iglesia: necesariamente tiene que bautizar a un hijo de padres que viven en su pecado.

¿Qué fe van a transmitir los papás casados por lo civil a su hijo, si ellos no viven la fe en Cristo, la fe de la Iglesia? Son los padres los que tienen que educar en la fe a sus hijos, y ¿qué van a educar esos padres a ese hijo bautizado, si ellos no practican su fe, si viven para el mundo y para hacer las obras de los hombres en el mundo?

Esta es la nueva iglesia que Francisco ha puesto en marcha. Y nadie entiende nada. Todos aplauden ese gesto de Francisco para bautizar a un hijo de unos padres sólo casados por lo civil. Esa obra que hizo Francisco es del demonio. Es su pecado de orgullo. Francisco bautizó ese niño movido por el espíritu del mundo. Por tanto, movido por el demonio. Si hubiera tenido el Espíritu de Cristo, entonces no hubiera bautizado a ese niño. No se puede bautizar a lo hijo de padres que viven su pecado en la Iglesia. ¡No se puede! Porque no pueden transmitir la fe que no viven, la fe que han despreciado. Dan a ese niño su maldito pecado.

El humanismo de Francisco está arraigado en toda la Iglesia. Y así obra él: contentando a los hombres dentro de la Iglesia. Pero no contenta a Dios, no hace las obras de Dios en la Iglesia. Hace las obras del demonio. Y ¿por qué? Es su pensamiento: como Jesús comparte la vida con todos nosotros, entonces nos hace hijos de Dios. Hay que hacer hijo de Dios a ese niño porque hay que compartir al vida de los hombres, hay que compartir sus pecados, porque Jesús se ha solidarizado con el pecado de esos papás y,entonces, hay que bautizarles el niño. Si se piensa como hombre, se obra como hombre. Si se tiene la Mente de Cristo, entonces se niega el bautismo a ese niño.

Por eso, si no quieres ver que Francisco no es el Papa verdadero y que, por tanto, hay que desobedecerlo y luchar en contra de él, es sólo por tu pecado. Y no tienes excusa. Si no quitas tu pecado entonces sólo miras el error y lo ves como verdad, como un camino al que hay que seguir.

Ya no hay excusa para la Iglesia. Once meses dando Dios el camino para que la Iglesia vea el error a través de los profetas. Y nadie se ha movido, en la Iglesia, para combatir a un hereje. No quieran ahora una Iglesia de misericordia. La iglesia que ha formado Francisco es la iglesia de los injustos, de los pecadores que odian la verdad y de los que han hecho de su vida el trono de su pecado. Y de esa nueva iglesia salen todas las ratas que van a destrozar las almas elegidas por Dios para salvarse.

Son momentos muy críticos. Si alguien quiere ver felicidad en este nuevo año, se va a llevar una gran desilusión. Porque ha comenzado el desastre en la Iglesia: la segunda división.

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