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El pecado es un acto de desobediencia a Dios

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El pecado es un acto humano, es una obra de la voluntad libre de cada persona, es algo que todo hombre puede realizar sin coacción, sin impedimento de ningún tipo, sin estar sujetos a algún pensamiento o a alguna estructura de la vida.

Se peca no porque hay problemas en la vida o porque alguien u otro nos lleva al pecado, nos empuja, o nos seduce. Se peca porque la persona quiere pecar.

El pecado no es un conflicto interno, no es algo que pasa en nuestro interior y que, después, se trasluce en una obra. El pecado es obrar un pensamiento que no es de Dios, que no proviene de la Verdad, que va en contra de la Voluntad de Dios.

Todo pecado es una desobediencia a Dios. Aun el más mínimo, el más leve. El pecado no es una obra mala humana o un error que se comete o una ignorancia que se dice.

Siempre el pecado es una obra en contra de lo que Dios quiere para la vida. Es ir en contra de una ley divina. Y, por tanto, no hay que fijarse en la obra del pecado, sino en aquella ley divina que transgrede.

Si no se tiene esto claro, se pone el pecado en muchas cosas que no son el pecado.

No es pecado no dar dinero a los pobres, porque no hay una ley divina que obligue a dar dinero a los pobres.

Es pecado comulgar en la mano, porque hay una ley divina que exige adorar a Dios en Espíritu y en Verdad; entre Dios y la criatura hay dependencia absoluta. Dios está arriba, el hombre abajo. El hombre tiene que someterse a Dios en todo; tiene que estar en la presencia de Dios abajado, con el rostro en el suelo, sin osar levantar sus ojos a Dios. Y, por eso, Dios se muestra en los accidentes del pan y del vino, para que la criatura pueda abrir su boca y dejar que Dios entre en ella. Pero no se puede tocar a Dios porque nadie está en la misma altura que Dios. Dios tiene que elevar al hombre para que lo pueda tocar; por eso, consagra las manos de sus sacerdotes para este fin.

No es pecado desobedecer una cabeza que Dios no ha puesto como Papa, no elegida por Dios, como por ejemplo, a Francisco. Pero es pecado desobedecer a un Papa elegido por Dios, como Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI. Quien se oponga a estos Papas está pecando, pero quien se oponga a Francisco, no peca. Porque Cristo ha puesto su ley en la Iglesia a través de una Cabeza elegida por Él. Y todos tienen que seguir a esa cabeza si quieren cumplir con la ley divina.

Es pecado no seguir un dogma en la Iglesia. Por ejemplo, decir que Jesús no hizo milagros, es un pecado que va contra una Verdad Divina: Jesús es el Verbo Encarnado. Predicar que Jesús no es un Espíritu, es un pecado, porque va contra la Divinidad del Verbo. Predicar que el pecado es un conflicto entre los hombres, es un pecado, porque va contra la ley de Dios sobre el Amor Divino: quien va en contra del Amor Divino comete pecado. Es pecado apoyar a los homosexuales, bautizarles sus hijos, enseñarles que deben estar en la Iglesia, porque los homosexuales van contra el sexto mandamiento de la ley de Dios. Quien ensalza un pecado ya se ha hecho pecado en eso que ensalza.

Hoy día, hay en la Iglesia muchas personas que no ven el pecado, y que, después, llaman pecado a lo que no es. Y eso ocurre sólo porque no creen en el pecado. Esta es la única razón. Y no hay otra.

Cuando el hombre sólo se fija en sus problemas de la vida, ya no mira su pecado. Cuando el hombre sólo vive para solucionar problemas, ya no mira su pecado. Cuando el hombre vive su vida para conquistar algo humano, ya no mira el pecado. Cuando el hombre ensalza al hombre, ya no se fija en el pecado.

El pecado no está fuera del hombre: es una elección del mismo hombre. Y una elección libre, independientemente de todo los demás. Lo demás, puede o no puede condicionar, limitar, la visión del hombre en su vida, pero se peca igual, ya si se viva o no se viva bajo esas condiciones.

Sólo algo grave, algo impuesto y que anula la libertad de la persona, quita el pecado. Queda la obra mala, pero no se hace el pecado.

El hombre tiene capacidad para pecar y para no pecar. Y esa capacidad es total, al cien por cien. Por eso, nunca hay que ver las circunstancias de la vida para juzgar un pecado, sino sólo hay que ver la libertad de la persona: en qué medida ha sido libre para pecar.

Como hoy no se enseña el pecado en la Iglesia, por eso, se enseña una espiritualidad amorfa, amanerada, ofuscada, mentirosa, que engaña a los hombres, porque pone el pecado en algo interior del hombre, pero no en su voluntad libre. Se pone el pecado en la conciencia del hombre, y eso es un error.

Porque la conciencia no es la voluntad libre. Por la conciencia, el hombre conoce que ha pecado, ya que la conciencia da una noticia del mal, del error, del pecado.

Si se dice que el pecado es algo de la conciencia, algo interior, entonces se está diciendo que el hombre crea su pecado, lo inventa, pero que también él mismo se juzga y se quita su mismo pecado.

Quien dice que el bien y el mal es una cosa del hombre, de su interior, de su pensamiento, está expresando esta doctrina. Francisco lo dice: “Cada uno de nosotros tiene una visión del Bien y del Mal (…)Cada uno…debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe”. Para Francisco el pecado nace en el interior de cada uno porque cada hombre tiene una visión del bien y del mal. Es una visión distinta en cada hombre y, por tanto, según sea el pensamiento de cada hombre sobre el bien y el mal, así será el pecado.

Luego, ya no existe el pecado, sino la visión que el hombre tiene del mal. El mal va cambiando según lo que piense el hombre, según el hombre evolucione en su pensamiento. Por eso, no es igual el pecado en cada época de la historia. Y, por eso, ya no hay pecados como los de hace 2000 años, porque el hombre ha progresado en su pensamiento. Y ya, como consecuencia, no existe la verdad, sino la visión que cada hombre tiene del bien y de la verdad. Todo es relativo, todo es como lo vea el hombre en relación a muchas cosas. Ya no hay nada fijo, no hay dogmas, no hay nada que permanezca, sino que todo cambia.

Y, según esta visión que tenga el hombre del bien y del mal, viene el conflicto: “El hombre entra en conflicto consigo mismo (..) se cierra en su propio egoísmo” (7 de septiembre). Así explica Francisco el pasaje del Génesis cuando Adán peca, cuando Caín peca: Existe la armonía en toda la Creación (ya no existe Dios, sino la armonía), pero el hombre deja de ver esa armonía (ya el hombre no ve a Dios, no peca contra Dios, sino contra la armonía) para fijarse en su pensamiento. Y ahí nace el conflicto. En esa visión del mal que tiene el hombre, viene el desorden en la creación. Y, por eso, Adán acusa a su mujer; Caín mata a Abel. El hombre tiene que volver a la armonía corrigiendo en su interior esa visión del bien y del mal. Él mismo hombre se juzga y se auto- absuelve. Su misma conciencia lo hace todo. El hombre diviniza su conciencia, su yo interior.

En consecuencia, no existe el pecado, sólo existen los conflictos entre los hombres porque, en su interior, no ven bien las cosas. Y, por eso, el diálogo es fundamental para resolver los problemas. Las guerras es sólo cuestión de ponerse de acuerdo los hombres, de dejar sus conflictos, sus visiones erradas del bien y del mal.

Por eso, hay que acoger a todos los hombres de todas las religiones, porque no se da el pecado de desobediencia a Dios, sino sólo las malas interpretaciones, los lenguajes humanos que se emplean y que no producen un acuerdo, una unidad entre los hombres.

Por eso, Francisco no juzga al pecador ni absuelve su pecado, porque no existe el pecado. La homosexualidad no es pecado. Es la visión que cada uno tiene de la lujuria, de su propio sexo. “Si el homosexual cree en Dios, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. No importa que el homosexual tenga un problema, lo que importa es ponerle un camino para que viva su problema y alcance a Dios, corrigiendo su visión de la lujuria que tiene. Ya Dios le mostrará qué es su vida, porque Dios lo perdona todo, Dios no se cansa de perdonar, Dios es Misericordioso. Hay que vivir en la confianza de un Dios que todo lo perdona. No hay que mostrarle el infierno para que salga de su vida. No hay que atemorizar a la gente, porque hay que amar a Dios sin temor, sin miedos.

Todo el problema sólo está en una cosa: el pecado es siempre una desobediencia a Dios. Y esto es lo que no se acepta.

El homosexual desobedece a Dios. Y, por tanto, hay que juzgar su persona y su pecado. Dios lo juzga, Dios lo castiga, Dios corrige al que peca. Y el sacerdote, en la Iglesia, actúa en nombre de Cristo, en su Persona, para juzgar, para condenar, para castigar al pecador y su pecado. Los demás, tienen que ver el pecado y tratar a esa persona como la trata Dios. Dios pone un abismo con el homosexual, porque su pecado es abominación. Luego, no es cualquier pecado. No es una mentira piadosa, sino un pecado que exige un estilo de vida totalmente contrario a la verdad. Luego, no se puede dar esperanzas en la Iglesia al homosexual. Hay que dejarlo en su vida de pecado hasta que no corrija su pecado. No se puede abrazar al homosexual porque no tiene derecho a pecar, no tiene derecho a exigir vivir su pecado ante Dios ni ante los hombres. No tiene derecho a exigir que los demás acepten su pecado, su estilo de vida, porque Dios no lo acepta. Su estilo de vida es una desobediencia a Dios. Y, por sólo esto, hay que condenar al homosexual, hay que anatematizarlo, hay que alejarlo de la Iglesia. Y eso es ponerle un camino para que vea lo que es su pecado y, si quiere, que lo quite.

Pero si no se hace esto, entonces el homosexual nunca va a quitar su pecado, porque ya todos acogen su pecado como algo bueno para los hombres y para Dios.

Vivimos en la Iglesia precisamente esto: no existe el pecado. Luego, todos al Cielo, todos somos santos con nuestros pecados. Ya no hay que luchar por quitar el pecado, sino sólo por dar de comer a los pobres, por aceptar a los homosexuales, etc.

Hay que compartir con el pecado de los hombres para ser fraternos, para ser hermanos. Éste es el evangelio de la fraternidad de Francisco: justifiquen el pecado de su hermano, aprúebenlo, apláudanlo, y así amarán a sus hermanos. Todos nos besamos y nos abrazamos y nos vamos al cielo felices de amarnos unos a otros.

Cuando el hombre ya no llama al pecado con el nombre de pecado, es que dejó de creer en el pecado. Y quien no cree en el pecado, tampoco cree en el Amor de Dios. Porque todo pecado es lo opuesto al Amor de Dios. Y quien no cree ni en el pecado ni en el amor de Dios, sólo cree en su pensamiento humano. Yo me lo guiso, yo me lo como, yo soy el rey palomo.

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3 comentarios

  1. vilma dice:

    hola, por que no es pecado desobedecer al Papa Francisco? no fue elegido por Dios? Cuál es la diferencia con Juan Pablo II o Pablo VI? Si alguien me puede responder, agradecida!

    • josephmaryam dice:

      Francisco no es Papa porque sólo ha sido elegido por los hombres, no por Dios. Por tanto, no se le puede dar obediencia. No es pecado si no se le obedece, pero puede ser pecado si se le obedece en cuestiones morales y espirituales porque Francisco enseña a pecar.
      Las razones de por qué Dios no ha elegido a Francisco como Papa son:
      1. Ningún Papa puede renunciar a ser Papa, ya que el don de Dios es irrevocable. Se es Papa hasta que se muere. Cuando un Papa renuncia, sólo lo hace ante los hombres, pero no ante Dios.
      2. Si se elige a un hombre cuando todavía está vivo el Papa anterior, lo hacen los hombres, pero no el Espíritu Santo, por la razón 1. El Espíritu Santo no pone dos Papas. Eso lo hacen los hombres.
      3. Ese hombre que se elige por los hombres no es ni siquiera un antipapa, porque el Papa anterior debe estar reinando para que haya un antipapa. Como Benedicto XVI dejó de reinar por voluntad propia y en contra de la Voluntad de Dios, Francisco es un anticristo, no un antipapa. Sería antipapa si Benedicto xVI siguiera reinando.
      4. Francisco, por ser un anticristo, no enseña la verdad en la Iglesia, sino que la combate de muchas maneras. Y, ni siquiera, como jefe de Roma, como Obispos de Roma, se le puede dar obediencia, porque no enseña la verdad; sino que es amigo del mundo y enemigo de la Iglesia.
      5. Ningún Pontífice verdadero va en contra de la verdad del Papado; es decir, mantiene el Papa y el Papado en su integridad, tal como Cristo lo ha puesto en la Iglesia. Francisco ha puesto su gobierno horizontal y, por tanto, ha anulado el Papado. Sólo queda la figura sin vida del Papa. Sólo queda el ropaje blanco que viste Francisco, pero él ni siquiera está gobernado la Iglesia como Papa, porque ha anulado el poder del Papa, que es un poder vertical. Si se quita la verticalidad de la Iglesia, se anula la Cabeza de la Iglesia, que es el Vicario de Cristo, y sólo queda una democracia en la Iglesia, es decir, un conjunto de Obispos o de Cardenales que gobiernan la Iglesia. Ésta es la razón clave de por qué a Francisco no se le puede dar la obediencia en nada de la Iglesia, incluso en cosas buena y santas, como proclamar un santo, porque no tiene el poder divino para eso en la Iglesia al haberlo anulado con su gobierno horizontal. Esto es lo más grave que ha hecho Francisco, independientemente de sus claras herejías que dice diariamente en sus homilías. Por esta anulación del Papado, la Iglesia no existe en Roma; quedan los 20 siglos de Tradición, queda una estructura que no sirve para nada, queda la fundación de una nueva iglesia, que es sólo al capricho del gobierno horizontal.
      6. La verdadera Iglesia de Cristo ahora permanece en el desierto de todo. Ya no es Roma el centro del mundo, ni puede serlo de nuevo. Ahora Roma será el centro del demonio en el mundo. El mundo tiene unos nuevos ojos: Roma. Y, desde Roma, se organizará el nuevo orden mundial. Pero para eso, tienen que remodelar, tiene que lavar la cara a 20 siglos de iglesia en Roma. Por eso, Rusia se levantará contra Roma para dejarla en las ruinas y así poder iniciar la Roma pagana del Anticristo.

  2. Cristina de López dice:

    El objetivo que este maldito sentado en la Silla de Pedro busca predicando su “nueva doctrina” no es otro que:
    LLEVAR A LAS ALMAS AL INFIERNO.

    “Negad el pecado y vosotros me negáis”.
    Viernes 4 de octubre de 2013 a las 23:44 hrs.

    Cuando me améis, creeréis en Mis Enseñanzas. Si me conocéis, reconoceréis Mi Santa Palabra en las Escrituras. Si me conocéis y aceptáis que nunca permitiría que Mi Santa Palabra sea transformada en algo que no es, sin intervención de Mi Parte, entonces no podéis decir que me conocéis. Si creéis que Yo, el Hijo del Hombre, Quien murió una despiadada muerte, por vosotros, para salvaros del pecado, podría sentarse y consentir tal situación, entonces vosotros negáis la Palabra de Dios.

    Negad el pecado y vosotros me negáis. Aceptar el pecado como siendo una cosa buena o creer, por un minuto, que Yo lo disculparé, sin reconciliación, entonces ya no podéis más reclamar un lugar en Mi Reino. Os advierto que este período delante de vosotros os llevará por el camino de destrucción más peligroso, a menos que permanezcáis fieles a Mi Santa Palabra.

     

    Mi Palabra es Eterna. Mi Reino es vuestro cuando aceptáis Mi Palabra tal como os fue dada. Atreveros a manipularla o a aceptar cualquier forma de nueva adaptación y sufriréis por esto. Mi Ira está aumentando ahora, mientras veo el poco respeto que muchos de vosotros muestran hacia la Verdad como fue escrita en el Libro de Mi Padre. No puede haber ninguna otra Verdad. Cualquier forma de desviación no puede jamás ser aceptada por Dios. Sin argumentos. Ningún razonamiento humano. Sin excepciones. La Verdad vivirá por la Eternidad. Las mentiras os llevarán a los brazos de la bestia.

    Mensaje de Jesús (extracto) a MDM

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