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Francisco no es Papa, sino un lobo vestido de piel de oveja

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Primer anticristo

Francisco no es Papa, sino un lobo vestido de piel de oveja, que está sentado en la Silla de Pedro para engañar a la Iglesia.

Engaña a las almas de la Iglesia con el error, la mentira y la falsedad, que introduce entre verdades, entre frases bonitas, entre citas del evangelio, de los santos, del Magisterio de la Iglesia.

Él habla como un falso profeta, para agradar a los hombres, pero él no cree en nada de lo que dice, sino que sólo cree en lo que tiene en su pensamiento.

Su pensamiento es claro: el de un comunista, el de un marxista, es decir, el de un hombre que se mete en los problemas del mundo y quiere dar soluciones humanas, políticas, a los hombres. Pero esas soluciones las da apoyado en su idea de cómo debe ser el amor entre los hombres: un amor para una comunidad, para un bien común, sin que los hombres tengan derecho a sus bienes privados, sin que posean algo para ellos mismos, sino que todo lo pongan en común. Por eso, va contra el dogma, que es el bien privado de toda la Iglesia, es lo que guarda la Iglesia como un tesoro que no se puede romper, dividir, aniquilar, dejar a un lado.

El poner todo en común es la idea marxista que quiere imitar el Evangelio pero sin el Espíritu. Quiere poner ese amor que predica Jesús pero como lo ve el mundo, según las necesidades actuales de los hombres, según las culturas de los hombres.

Por eso, este lobo vestido de piel de oveja lucha en la Iglesia por sus pobres, que no son los pobres de Cristo, sino que son los pobres del mundo.

Cristo evangeliza a los pobres de espíritu, porque sólo ellos tienen abiertos sus corazones a la Palabra de Dios. Cristo no hace caso del que tiene hambre material, sino del que tiene hambre de Su Palabra.

Pero Francisco tergiversa el Evangelio, lo adultera, pone las frases que a él le gustan, para meter su mentira, su idea de lo que debe ser el amor en la Iglesia.

Y muchos no se han dado cuenta de este lenguaje engañoso que emplea este lobo, que se viste de humildad, de caridad con los hombres, de una sonrisa amable, pero que, en su corazón, sólo vive para él mismo.

Todos pueden leer sus escritos y ver la basura que contienen. Un verdadero Papa nunca escribe esa basura. Él lo hace para tirar una piedra y, después, esconder la mano. Él predica sus herejías convencido de que está diciendo la verdad, pero sabe que muchos en la Iglesia siguen otras cosas. Pero eso a él no le importa, porque sólo vive para lo que tiene en su mente humana.

Y así siempre lo ha hecho: su idea humana es su vida. Por eso, él se atiene a su teología de los pobres, que niega el Evangelio, que se opone a la Verdad, a los dogmas en la Iglesia.

Pero eso, a él no le interesa, porque no cree en la Verdad. Tiene que estar en una Iglesia que se rige por unos dogmas que no puede cambiar, pero él está con sus mentiras, poniendo sus falsedades en todo lo que hace.

Pero el problema de este lobo vestido de piel de oveja es el auditorio que lo escucha. Porque él habla a una Iglesia que ha perdido la fe. Ya no cree en la Palabra de Dios, sino que hay mucha gente en la Iglesia que vive preocupada por su vida humana, por sus problemas, por sus negocios en la vida, y que sólo ve la Iglesia como algo social, pero no como un fin en su vida, no como un camino en su vida, no como la única vida.

Y éste es el verdadero problema que vivimos: como la Iglesia ha perdido la fe en Cristo, entonces se deja engañar por un lobo vestido de piel de oveja. Y se deja engañar muy fácilmente, sin poner oposición, sin enfrentarse a ese lobo, sino que deja la cosa como está, y sigue viviendo su vida, sin preocuparse por la Iglesia, por la verdad en la Iglesia.

Hoy día, la Verdad es cualquier cosa menos Cristo. Porque las almas ya no se atienen a los dogmas de la Iglesia, porque las almas ya no saben leer el Evangelio con sencillez, porque las almas ya viven en el pecado como si fuera el camino de su vida, entonces están en la Iglesia apostatando de su fe, viviendo la herejía sin más. Y, por eso, se tragan las fábulas que Francisco dice diariamente en la Iglesia.

Hoy los sacerdotes explican a sus fieles sus fábulas del Evangelio, pero no dan la Palabra de Dios como es, no la explican como es, sino que cada uno da la interpretación de lo que tiene en su mente.

Por eso, hoy día es difícil ser Iglesia y hacer la Iglesia que Cristo quiere. Muy difícil, porque la Iglesia está llena de gente que da su opinión del Evangelio. Y en la opinión no hay camino para la verdad, para encontrar la Verdad. Sólo la Verdad es camino para la Verdad Plena.

El diálogo, que tanto predica Francisco, es sólo eso: dar opiniones para encontrar un acuerdo entre los hombres. Y, donde hay diálogo, no hay fe en la Iglesia. Donde está el diálogo está la apertura al mundo y, por tanto, la renuncia a la fe.

“Esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe” (1 Jn 5, 4). Hoy las almas en la Iglesia son vencidas por el mundo por su falta de fe. Por eso, Francisco vence en la Iglesia. Francisco gana terreno en la Iglesia. Francisco engaña a la Iglesia, porque ésta no tiene fe.

Francisco es un pecador que enseña su pecado en medio de la Iglesia, y “sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca” (1 Jn 5, 18); luego, Francisco no es hijo de Dios, no ha nacido de Dios. Peca y manifiesta su pecado con claridad. Vive su pecado. Por eso, Francisco habla como se habla en el mundo. Y, por eso, recibe premios de los hombres del mundo, porque apoya al hombre que permanece en su pecado. En consecuencia, el mundo apoya a Francisco. Luego, Francisco es del mundo. Francisco, al ser del mundo, no tiene fe. No lucha contra el mundo, sino que busca el mundo para ser como el mundo. Y si está sentado en la Silla de Pedro, entonces conduce a la Iglesia hacia el mundo.

El mundo reconoce a Francisco, pero Dios no reconoce a Francisco como hijo suyo, porque Francisco no confiesa a Jesús, no puede confesar que Jesús ha venido en carne, porque no tiene fe en Jesús, no vive de la Palabra de Dios, no enseña el Evangelio como está escrito, no gobierna la Iglesia dando la Mente de Cristo, no pone un camino de salvación y de santificación a las almas.

Su evangelio de la fraternidad condena a las almas al infierno, da el pensamiento de un hombre del mundo, adultera la Palabra de Dios llenándola de fábulas que no se pueden vivir en la vida real de los hombres.

Para discernir el espíritu de una persona sólo hay una cosa: la verdad o la mentira. No busquen el discernimiento de espíritus ni en la humildad, ni en la penitencia, ni en la cruz, ni en las obras de caridad.

Muchos se pone la careta de la humildad, del sacrifico y muchos mueren por un ideal humano. Y parecen santos, y sólo son demonios encarnados. El demonio puede imitar de Cristo cualquier cosa: su pureza, su humildad, su muerte en Cruz, su amor a los pobres. Pero lo que el demonio nunca puede imitar, nunca puede dar, nunca puede predicar, es la Verdad. El demonio nunca dará testimonio de la verdad como es, porque es mentiroso y padre de la mentira.

Por eso, para discernir a un hombre en la Iglesia, lo que dice San Juan: “Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha; el que no es de Dios no nos escucha. Por aquí conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error” (1 Jn 4, 5).

Verdad y mentira; verdad y error; Cristo y el mundo. Son dos espíritus diferentes.

Francisco habla del mundo y el mundo lo oye, lo aplaude. Luego, Francisco es del mundo. No es hijo de Dios. Luego, lo que da en la Iglesia es la mentira, el error. Consecuencia, Francisco no tiene el Espíritu de Pedro, porque no es hijo de Dios. Luego, no es Papa. Es un anticristo.

Así es de sencillo todo, pero las almas no aprenden a discernir nada y se dejan llevar por cualquier viento de doctrina en la Iglesia. Señal de que esas almas tampoco son de Dios, sino del mundo. Tenemos una Iglesia mundana. Y eso es muy preocupante. Eso significa la ruina de toda la Iglesia.

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2 comentarios

  1. Cristina de López dice:

    ¿Wulfrano, pudiera decirme quienes serían las otras cinco ratas?

  2. Es la Sexta Rata del Vaticano.

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