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Testigos de la Gran Apostasía dentro de la Iglesia

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Estamos siendo testigos de la gran Apostasía que se da en el Vaticano. Muchos cambios se han presentado durante once meses en la doctrina de Cristo con la careta de actos públicos de caridad, de amor a los enfermos, de solidarizarse con las otras religiones, con aparentar ser buenos, pero negando la Verdad.

Se desvía esta negación de la Verdad con la falsa caridad, el falso amor fraterno, la falsa solidaridad con los hombres de todo el mundo.

“La solidaridad cristiana entraña que el prójimo sea amado no sólo como “un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos”, sino como “la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acción permanente del Espíritu Santo” , como un hermano” (Francisco, 8 de diciembre 2013).

Para Francisco todo prójimo es la imagen viva del Padre, rescatado por Jesús y que obra en toda su vida el Espíritu Santo. Esta es la gran herejía del amor fraterno de Francisco. No sólo dice Francisco que el Padre es de todos los hombres, sino que Jesús ha salvado a todos los hombres y que se da el Espíritu en todos los hombres.

¿Por qué dice eso? Porque no cree en el pecado.

El pecado, en el Paraíso, es sólo un conflicto entre los hombres, no una desobediencia a Dios.

El pecado, con Jesucristo, se anuló al poner Jesús en el hombre la armonía perdida en el Paraíso. Como Cristo nos ha unido a todos los hombres en la fraternidad, quitando el conflicto, entonces todos somos hermanos.

Y, como Jesús derramó su Espíritu sobre todos, entonces el prójimo, todos los hombres, somos hermanos. Hay que amar al otro como un hermano, aunque sea nuestro enemigo, un demonio, uno que solo busca el mal en la vida.

Éste es el pensamiento de Francisco, su doctrina en la Iglesia, mantenida en Ella, sin que nadie se oponga a Ella, porque Francisco es popular en la Iglesia, hace actos de caridad: besa a un enfermo, a los pobres, se saca fotos con la gente, recibe premios de los homosexuales, da dinero para ayudar a las necesidades de los hombres, habla bonito, con un sentimiento que agrada a todos, etc. Y, por eso, hay que mantener a Francisco. ¿Importa que diga herejías? No, como es el Papa, que diga todas las que quiera. Y que nadie se oponga y diga que Francisco no es Papa, porque si no se siembra división en la Iglesia, se siembra el cisma en la Iglesia.

Ahora, la división en la Iglesia la hacen los que hablan la verdad, pero no los que publican y aplauden a un mentiroso, como Francisco. Esos no. Esos pueden seguir mintiendo en la Iglesia porque, como son la Jerarquía de la Iglesia, como Dios los ha puesto para mentir en la Iglesia, como Dios ha elegido a Francisco para que inunde la Iglesia con sus grandes opiniones heréticas sobre la Iglesia y sobre Cristo, entonces, son los demás, los que no quieren aceptar la mentira, los que dividen la Iglesia, los que crean el cisma en la Iglesia.

Así piensa muchos católicos. Y esto se llama apostasía en la Iglesia. A nadie le interesa la Verdad, sino que a todos les importa más la popularidad de un hereje que la Verdad de Cristo.

Francisco se solidariza con los paganos y tiene para ellos frases hermosas, pero con la gente de la Iglesia, Francisco habla con odio y con resentimiento para aquellos que se ponen en la Verdad y se enfrentan a él.

Francisco no es de la verdad, sino de la mentira. Y, por eso, Francisco es un hijo del demonio. Está vestido de Obispo, pero el traje no hace al monje. Francisco es el típico fariseo que oculta la Verdad, que sabe que la está ocultando, para dar lo que él quiere: su mentira, su opinión en la Iglesia, su fábula compartida con estruendo de los mentirosos, como él.

Y hace esto sólo con un fin: recibir el aplauso de los hombres del mundo, no de la Iglesia, porque él sabe que dentro de la Iglesia no tiene amigos, no tiene hermanos, ve oposición a él y a su doctrina.

Y, por eso, ha puesto a su alrededor a hombres que son como él, heréticos en todo: humanistas, sentimentalistas, idealistas, mundanos, profanos, comunistas, marxistas, proselitistas, amanerados. Gente que les da igual la vida espiritual, porque la tergiversan con cualquier pensamiento humano. Son gente que sabe hablar bonito para tapar la mentira, para dar la mentira entre muchas verdades.

Esa gente que rodea a Francisco son sus mismos traidores, porque, en el mal, con el demonio, no existe el amor, la unión, sino sólo el odio y el juntarse para romper, para dividir, para ser fuertes destruyéndolo todo.

En el Vaticano hay una ralea de hipócritas, desde Francisco hasta el último de ellos. No se salva uno, porque Francisco ha puesto a su gente. Los demás, que se vayan, que sigan con lo suyo, pero él quiere romper la Iglesia. No puede, porque ve que él es sólo un peón más en ese gobierno.

Es la masonería eclesiástica la que gobierna ahora la Iglesia. No es Francisco, no es nadie, porque se ha puesto a Francisco por algo, no para poner un Papa más, como los otros, que había que esperar el tiempo para liquidarlo. Con Francisco, no. Francisco ha sido puesto para una cosa. Cuando la realice, se pone a otro, porque así es ahora la Iglesia.

Francisco no es sólo la decadencia del Papado, no sólo está representada la figura del Papa, una figura externa, una apariencia de Papa, un Papa que no tiene el Espíritu de Pedro, porque enseña la mentira constantemente. Francisco se ha hecho la ilusión de ser Papa, sabiendo que no puede ser Papa, sabiendo lo que está haciendo: su teatro como Papa, su obra en la Iglesia, obra para los hombres, obra externa, para contentar a muchos, y para tapar lo que nadie entiende.

Mientras Francisco está sentado en la Silla de Pedro, interpretando su papel de Papa, otros se dedican a ultimar los nuevos documentos en lo que se va a dividir a toda la Iglesia, en los que el cisma estará visible para todos.

Francisco es sólo una cortina de humo, en este tiempo necesario para el demonio para poner sus hombres en el Vaticano, y así romper sin más toda la doctrina de la Iglesia, que sólo se puede hacer así: imponiendo en la Iglesia nuevas forma de adoración a Dios, que son sólo el culto al demonio, pero que se dan con el lenguaje bonito que a los hombres les gusta tanto.

Cuando un sacerdote predica regalando el oído, malo: ése sacerdote es del demonio.

Pero cuando un sacerdote habla claro y da la doctrina que nadie quiere escuchar, entonces ése sacerdote es un Profeta de Dios en medio de la Iglesia.

Muchos van buscando en la Iglesia gente que les regale el oído, que les hable bien, que les dé un sentimiento bonito de la vida, un pensamiento positivo, algo agradable. Y, por eso, no pueden ver la herejía porque ya se han abrazado a ella en sus vidas humanas.

Hoy, para dar la Verdad en la Iglesia, hay que ser impopulares. Los verdaderos Profetas son impopulares, nadie los quiere a su lado. Pero quien busca el aplauso de los hombres, sus alabanzas, sus criterios, entonces ése siempre dará la mentira en la Iglesia y será siempre un falso profeta del demonio y de los hombres.

Para ser Iglesia hay que ser como Jesús: que el mundo persiga sin tregua a la Iglesia, que haya que esconderse de los hombres, que haya que huir, hasta esperar el tiempo de Dios para morir por la Iglesia.

Pero muchos no quieren ser así en la Iglesia y, por eso, escogen lo cómodo de la vida: callar ante un hereje, y decir que es mejor hacer eso que sembrar división en la Iglesia.

Es muy cómodo vivir nuestra vida, la nuestra y, después, ir a misa y comulgar, para seguir viviendo lo nuestro. Eso lo hacen muchos católicos. Y, por eso, les asusta que otros tomen la espada de la Verdad y se enfrenten al maldito que está sentado en la Silla de Pedro. Ellos no pueden llamarlo maldito por el falso respeto humano que tienen, por su diplomacia ante los hombres, por el lenguaje amanerado que emplean en sus vidas. ¡Hay que cuidar la imagen de los hombres, pero no hay que cuidar a Cristo en la Iglesia!

Por eso, no saben hablar con el lenguaje de Dios, lenguaje recio, seco, duro, cortante, que ha sido siempre claro en toda la historia del hombre, que nunca se ha mordido la lengua con ningún hombre.

Pero hoy, como queremos agradar a los hombres, entonces dejamos de agradar a Dios por no decir las cosas como son. Y eso es señal de que la Iglesia no funciona, no marcha, no hay camino dentro de la Iglesia.

Poco tiempo queda para ver el mayor desastre de todos: el cisma creado por la misma Jerarquía que gobierna la Iglesia. Un gran cisma. Algo que nunca en la historia de la Iglesia ha pasado. Y ese cisma, que ya está encubierto, solapado, sin que se muestre, sólo se da porque en la Iglesia nadie ha comprendido nada en este tiempo.

Si los hijos de Dios, que tienen la gracia y el Espíritu, se hubieran movido, desde hace 50 años, contra todos los mentirosos en la Iglesia, ésta sería otra cosa ahora.

Pero como, durante 50 años, nos hemos dedicado a mirarnos el ombligo mientras otros destrozaban la Iglesia, entonces tenemos lo que merecemos: el cisma.

Y, por eso, es necesario salir de una iglesia que ya no es la Iglesia de Cristo. Es otra cosa. Es el invento de los hombres. Es la ruptura más total con la Verdad, que es Jesús.

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1 comentario

  1. Alber dice:

    Estimados,Gusto en saludarlos.
    Muy interesante ésta página.Desde que me enteré de la renuncia de B16,algo en mí me decía que todo era una mentira.Ahora después de leer lo expuesto en vuestro sitio y otros de interés,me doy cuenta que todo concuerda como en un rompecabezas.Es IMPOSIBLE que sea de otro modo.
    ¿cómo debemos proceder los católicos concientes de ésta situacion?
    ¿debemos seguir asistiendo a las misas eréticas que pululan por todos lados?
    ¿debemos hablar a nuestros hermanos en la fé y párrocos ésta verdad o callar?

    ¿Cristo aún sigue en los sagrarios??…Disculpen mi ignorancia,pero la verdad es que aparte que estoy un poco alejado de Dios,siento que él me empuja a acercarme y con todo ésto que uno se entera y vé no sé de qué manera proceder….

    Gracias

    Mis saludos

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