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Salvar almas, no salvar el mundo

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“Y en viniendo éste, argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn 16, 9).

El que vive de fe sale al mundo para decirle sus pecados. Lleva la Palabra de Dios, no para cambiar el mundo, sino para dar la Verdad al mundo.
Esto es lo que dice la Sagrada Escritura. Algo sencillo, algo obvio, algo que todos pueden discernir.

Y ¿qué dice Francisco? : “Una fe auténtica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo” (3 de enero 2104). ¿Dónde está en la Sagrada Escritura esta idea de Francisco? No está. Sólo se encuentra en su mente humana.

El pecado del mundo es que “no creyeron en Mí” (v. 10). Si el mundo no cree en Jesús como Su Salvador, el mundo no puede ser cambiado, no puede ser salvado. Eso es clarísimo. Pero Francisco se ciega en su idea humana y pregunta cosas como éstas: “¿tenemos esas grandes visiones y el impulso? ¿Somos audaces? ¿Nuestro sueño vuela alto? ¿El celo nos devora? ¿O somos mediocres y nos contentamos con nuestras programaciones apostólicas de laboratorio?”

1. Tenemos las visiones del Espíritu en la Iglesia. No tenemos las visiones que Francisco tiene en su cabeza. Nuestras visiones son espirituales, sobrenaturales, no humanas ni naturales. No son para conquistar el mundo, sino el Cielo.

2. Tenemos el impulso del Espíritu para obrar en la Iglesia, sólo lo que éste quiere. No necesitamos del impulso de Francisco para dar la Palabra de Dios ni para hacer cosas en la Iglesia. Porque la Iglesia es la Obra del Espíritu Santo que no se rige por ningún pensamiento del hombre.

3. Somos audaces combatiendo a los herejes como Francisco. No somos audaces queriendo cambiar el mundo porque eso es un imposible, una pérdida de tiempo, una utopía. Primero hay que cambiar los corazones de las personas. Y eso sólo se puede hacer con la Cruz de Cristo, no yendo al mundo.

4. En la Iglesia no tenemos sueños ni vivimos de ellos. En la Iglesia no existen opiniones ni interpretaciones de la Palabra de Dios. El Evangelio es como es y, por tanto, quien quiera soñar en la Iglesia se aleja de la Verdad del Evangelio. Porque los sueños, sueños son. ¿Todavía no lo ha aprendido Francisco? La experiencia de la vida dice que si ésta se basa en los sueños, el alma se pierde sin tener una esperanza ni un camino para su vida. Los ideales no salvan sino que oscurecen el camino de la salvación.

5. El celo por la Verdad es lo que nos devora, no el celo por salvar al mundo. El celo por dar a las almas el alimento de la Verdad, que es Jesús. Y eso es lo que salva a las almas. No se salvan a las almas ofreciéndoles fábulas, cuentos chinos, ilusiones, falsas esperanzas, sueños irrealizables, pensamientos llenos del espíritu del mundo, del que Francisco hace gala cada día en la Iglesia. Jesús quiere almas, no mundo. Jesús necesita almas, no escuelas de herejes en la Iglesia que sólo enseñan las cosas del mundo, el pensamiento del mundo, la fábrica del mundo.

6. La mediocridad es propia de gente que no ama a Jesús en la Iglesia, como Francisco. Él habla de mediocridad porque ve a Jesús como lo antiguo, como un viejo. y, por tanto, ve los apostolados en la Iglesia como raquíticos, como inservibles, porque no llevan a su ideal: cambiar el mundo. El sueño de un hereje que sólo está sentado en la Silla de Pedro para dar herejías a la Iglesia, para dar caminos del demonio, para llevar a las almas a la condenación. Ésta, su utopía, es su gran pecado dentro de la Iglesia. Y lo mantiene como si todos tuviéramos que hacer caso de las palabras de Francisco para hacer algo en la Iglesia. La Iglesia es la obra de los santos, no de los mediocres, como Francisco y los que lo siguen. La Iglesia no necesita de las palabras de Francisco; la iglesia no necesita de las obras de Francisco; la Iglesia se basta a sí misma sin necesidad de herejes como Francisco. Las Iglesia es para dar la verdad de la santidad, no para dar la opinión de los pecadores y de los demonios, como los son Francisco y todo su gobierno horizontal.

Pocos han comprendido por qué predica así Francisco. Y es sencillo. Porque no es Papa, no es sacerdote ni es Obispo. Tiene el ropaje exterior, pone cara de santo, de buena persona, hace sus ritos en la Iglesia, pero no tiene el Espíritu de Pedro, ni el Espíritu de Cristo ni el Espíritu de la Iglesia.

Francisco es un hombre elegido por los hombres, por los cardenales, en un Cónclave, porque es fácil elegir a un hombre.

Pero Francisco no ha sido elegido por Dios para ser Papa. Y ¿por qué? Porque ya hay un Papa elegido por Dios, que los hombres no lo han querido: Benedicto XVI.

Dios no da dos Papas a Su Iglesia. Dios no da dos matrimonios en Su Iglesia. Dios no da dos sacerdocios en Su Iglesia. Dios no da dos Bautismos en Su Iglesia. ¿No comprenden? ¿No disciernen? Dios da un don, una gracia, un Sacramento, un carisma, para siempre, hasta la muerte, porque Dios es Eterno. Y todo lo que da es Eterno, tiene el sello de lo eterno, de lo que nunca pasa, de lo que siempre permanece.

Jesús sólo hace una Iglesia. Una Iglesia sola. Y, dentro de Ella, sólo pone una Cabeza. Una Cabeza sola. Lo demás, es el juego de los hombres en la Iglesia para decirse a sí mismos: vamos a elegir a un Papa porque el otro se jubiló.

Muchos no disciernen la Verdad en la Iglesia porque no han aprendido a ver la Iglesia con los ojos de Dios, sino que la contemplan con los ojos humanos. Se fían de lo que hacen los hombres en la Iglesia. Se fían de un cónclave para decir: ya tenemos nuevo Papa.

En la Iglesia hay que seguir lo que hace Dios, la actividad divina, no lo que hacen los hombres, no la febril actividad de los hombres, porque la Iglesia es Divina, no es humana. Por eso, no hay que fiarse de nadie en la Iglesia, se vista como se vista, hable como hable, obre como obre: sea sacerdote, Obispo, Cardenal, fiel, Papa. Los hombres, somos todos, unos mentirosos, que sólo queremos: poder y dinero en la vida. Y si hay eso, entonces todos contentos en la vida.

En la Iglesia hay que ver a Cristo en el Papa, en los sacerdotes, en los Obispos, en los fieles, en los Cardenales, porque la Iglesia es Cristo. Y aquel que no dé a Cristo, que presente un Evangelio distinto al de Cristo, a ése no hay que seguirlo en la Iglesia. Es anatema, es corrupción, es mentira, es herejía. Y sea quien sea: Papa, Obispo, Cardenal, sacerdote, fiel, teólogo, etc.

En la Iglesia sólo nos podemos fiar de Cristo. Y de nadie más. Porque si no se hace así, entonces se da culto al pensamiento de los hombres, dentro de la Iglesia, y ya no se da culto a Dios. Que es lo que está pasando, en la actualidad, en este tiempo de la historia de los hombres, que es único.

La Iglesia no puede estar bajo Francisco, porque miente a la Iglesia, no da la mente de Cristo en Ella. La Iglesia no puede someterse al pensamiento de Francisco porque es el pensamiento del mundo, de los hombres que, en el mundo, siguen al Anticristo. La Iglesia es para luchar contra el Anticristo, no para que sea el juguete de éste.

Francisco no es Papa porque no da al Papa, a Pedro. No hace unidad con su pensamiento, sino que divide, hace cisma, produce oposición, enfrentamiento dentro de la Iglesia.

Francisco es sólo un pobre hombre, puesto por unos pocos en la Silla de Pedro, porque se cansaron de desobedecer al Papa de manera oculta y, ahora, lo hacen de manera pública. Ahora, ni siquiera los que eligieron a Francisco lo obedecen. No pueden. Ahora es la lucha por la Silla de Pedro. Lucha por el poder en la Iglesia. Y sólo se subirá a esa Silla los que tengan más dinero en el bolsillo, los que se vendan al mejor postor, los que no les importe nada con tal de tener el poder del mundo a sus pies.

¿Qué es, sino el espíritu del Anticristo, sino el someterlo todo bajo Él?

Dios no elige más Papas porque nadie es digno de ocupar esa Silla. Benedicto XVI fue el único que mereció la dignidad de Pedro. Después de él nadie la merece. Porque nadie se ha opuesto a un hereje como Francisco, a unos traidores, como los del gobierno horizontal, a una Jerarquía corrupta en todos sus miembros. ¿Quién merece gobernar una Iglesia así? Nadie es digno de este don y, menos, en las actuales circunstancias que vive la Iglesia.

No es la Iglesia de Cristo la que contemplamos en Roma; es la iglesia del anticristo que, está incubando, el nuevo orden mundial en sus estructuras. Los cambios vienen muy rápido para todos. Y hay que estar preparados para lo peor.

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3 comentarios

  1. José Manuel Guerrero dice:

    A Bergoglio le importa un soberano comino la evangelización de esas pobres criaturas. Al macho Alfa del Vaticano solo le interesa robar almas inocentes para entregarlas al señor de las tinieblas. Ese es su ùnico fin en la Iglesia.

  2. Juan Pablo dice:

    Por lo que se ve, y siempre con su lenguaje ANTI SI-SI-NO-NO que prescribe el Evangelio, para Pancho el problema no está en que haya parejas homosexuales. Si se aman está muy bien. “Quien soy yo para juzgar?”, sino en cómo le vamos a buscar la vuelta para que encaje perfectamente con las enseñanzas del Evangelio. Ya que, que nosotros sepamos, Pancho no está dispuesto a hablar claro respecto de los homosexuales así como de la monstruosa adopción de niños por parte de éstos. A veces, éstos niños inclusive son engendrados mediante el “alquiler” de vientres. Y por supuesto los elijen. Que sea así, que sea asá, como si de una mascota de su pertenencia se tratara.

    Pero de acuerdo a lo que dices “¿De verdad pretende anunciar los Evangelios a los hijos de parejas de homosexuales?” Por supuesto que hay que anunciar el Evangelio a todo el mundo. Si encima que son unas víctimas inocentes, le negamos el Evangelio…. pero ésta es la consecuencia. Y lo que él no va a hacer es atacar las causas: las parejas gay.

  3. José Manuel Guerrero dice:

    El Papa Francisco considera que las distintas realidades personales que se dan en la sociedad actual, como la existencia de hijos que conviven con parejas homosexuales, suponen un desafío educativo nuevo para la Iglesia Católica, sobre todo a la hora de anunciar el Evangelio.

    Francisco: “hacer proselitismo es una solemne tonteria”

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