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Francisco es un fraude en la Iglesia

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Francisco es un fraude que muchos no han percibido aún, porque no saben discernir nada de lo que dice, de los que obra y de lo que otros hacen para que él se vea como auténtico.

Francisco no está solo en este fraude. Tiene a muchos que le dan la publicidad a sus herejías, porque Francisco viene de un consorcio de herejes. Fue elegido por Cardenales, que son lobos vestidos con piel de oveja, miembros de la masonería eclesiástica. Esa elección no fue verdadera, sino orquestada para poner en la Iglesia un hombre que parece Papa, pero no tiene el Espíritu de Pedro.

El Espíritu de Pedro es muy sencillo de ver: Pedro nunca miente. ¡Nunca! Hable o no hable ex catedra, nunca da una mentira en la Iglesia. Esto es Pedro siempre. Un Papa que miente, automáticamente hay que decir: es un antipapa, un falso papa, un falso profeta, un anticristo, un fraude como Papa.

Jesús ha fundado Su Iglesia sobre la verdad que da Pedro a Ella. Y no se puede entender la Iglesia sino de esta manera. Si Pedro no dice la Verdad, entonces ese hombre está rigiendo otra iglesia, pero no la de Cristo.

Esto es lo que la gente no acaba de discernir. Francisco está gobernando su iglesia, pero no la de Cristo. No es el auténtico Vicario de Cristo porque es un mentiroso. Los hombres quedan engañados por sus bonitas palabras, y no ven más allá de esas bonitas palabras.

Siempre el demonio, para atacar a un alma, usa la misma estrategia: elige las palabras. No dice la mentira como es, sino disfrazada de una verdad incompleta. Y esas palabras significan algo vago, algo confuso, pero que el alma lo acepta porque parece que va con la verdad, que se asemeja a la verdad.

Así habló Francisco al principio de su nefasto reinado: palabras cuidadosamente elegidas, pero con un significado vago y confuso. En esas palabras no daba la Verdad clara, no llenaban el alma de la Verdad; el alma no se sentía transportada en la Presencia de Dios, no se sentía llena de Dios. Gustaba esas palabras, eran hermosas, pero sentía un vacío. Y, sin embargo, sintiendo eso, el alma aceptaba esas palabras porque daban la impresión de que estaban en consonancia con el Evangelio.

Pero, después, Francisco cambió su estilo de predicar, de decir las cosas; y ya era más directo, más mentiroso, cayendo en herejías clarísimas, que todos pueden ver, todos pueden discernirlas. Ningún Papa dice que Jesús no es un Espíritu. Pues esta herejía, tan clara, nadie la vio, nadie la discernió. A nadie le importó que este sujeto predicara eso.

Sus declaraciones a un ateo son un escándalo para la Iglesia. Y nadie dijo nada. Todos aplaudieron esa forma de opinar sobre diversos asuntos. Todos quisieron defender la postura de este hereje quitando importancia a lo que dijo y dando a la Iglesia un camino de conformidad con ese hereje. Hay que aguantar a un Francisco que le gusta opinar y decir cosas. Y eso no es malo. No pasa nada. Todo va bien en la Iglesia.

Su última exhortación evangelii gaudium revela exactamente lo que es ese hereje: un hombre lleno de opiniones sobre el Evangelio, sobre el Magisterio de la Iglesia, sobre los dogmas, sobre todo lo que sea sagrado y divino. Y, por tanto, un hombre que sólo habla para el mundo, no para la Iglesia. Eso que escribió no pertenece al Magisterio de Pedro. Es clarísimo. Un Papa auténtico no escribe ese panfleto.

Y ¿qué han hecho muchos en la Iglesia, sobre todo sacerdotes y Obispos, que tienen la obligación de ver el error y de combatirlo? Continúan escuchando a Francisco, continúan dándole obediencia, continúan diciendo que aquí no pasa nada.

Y, entonces, están en la Iglesia, ¿para qué? Para escuchar de labios de un hereje esto: “La Roma del nuevo año tendrá un rostro aún más bello si será más rica de humanidad, hospitalidad, acogida; si todos nosotros somos más atentos y generosos con quien está en dificultad; si sabemos colaborar con espíritu constructivo y solidario, para el bien de todos”.

Francisco, el último día del año, se dedicó a hablar de Roma, no de la Iglesia. Un Papa autentico no hace estas homilías, para acabar con esto: “En esta perspectiva, la Iglesia de Roma se siente comprometida a dar su propia contribución a la vida y al futuro de la Ciudad, ¡pero es su deber! Se siente comprometida a animarla con la levadura del Evangelio, a ser signo e instrumento de la misericordia de Dios”.

¿No ven su lenguaje bonito? ¿No ven que no está enseñando una verdad al alma? Sólo habla para los hombres, pero no habla para las almas.

Francisco está diciendo que la Iglesia de Roma tiene que contribuir a que Roma tenga un rostro que sea la riqueza de la humanidad, de la hospitalidad, de la acogida. ¿Ven su palabrería hermosa para los hombres? Esto gusta a los hombres, pero ¿qué enseña al alma? Una mentira.

Roma es pecadora, como todas las ciudades. Y, para que Roma sea bella, tiene que quitar su pecado. Si el que es cabeza de la Iglesia no dice los pecados de Roma, entonces ¿cómo Roma va a ser bella en lo humano, si no se ataca lo que impide esa belleza, que es el pecado?

Por eso, Francisco es un fraude. ¿Todavía no lo entienden? La Iglesia de Roma se siente comprometida a que Roma siga pecando. Francisco no dijo que el mal de Roma es el pecado. Entonces, ¿qué sentido tiene decir que la Iglesia de Roma se siente comprometida a animar a Roma con la levadura del Evangelio? ¿Qué significan estas palabras en la mente de Francisco? ¿Qué es la levadura del Evangelio para Francisco? ¿Qué es el Evangelio para Francisco?

Francisco elige cuidadosamente sus palabras para decir lo que conviene, lo que le interesa, pero ocultando la Verdad. Quien lo escucha dice: pues, sí hay que dar a Roma la levadura del Evangelio. Eso es muy bonito, pero no es la Verdad, porque el Evangelio no es agradable al hombre cuando se predica. El Evangelio no gusta al hombre. A nadie. Y, entonces, Francisco adapta el Evangelio a su criterio humano, a su mente humana, a su estilo de vivir, pero nunca da la Palabra de Dios como está en el Evangelio. Luego, la levadura del Evangelio es sólo la levadura de su pensamiento humano.

Nunca se queden en Francisco con su lenguaje sentimental, afectivo, tierno, bello, hermoso, que dice las cosas y parecen verdad, y son otra cosa muy diferente.

Un Papa auténtico, si quiere predicar de Roma, tiene que hablar del pecado, del infierno, de la Justicia de Dios sobre Roma, porque esto es el Evangelio. Pero un Papa autentico nunca da una engañosa misericordia a los hombres, una falsedad del amor de Dios, una mentira sobre lo que es Cristo.

¿Qué significa ser signo e instrumento de la misericordia de Dios? ¿Decir que “La Roma del nuevo año será mejor si no habrá personas que la miran “desde lejos”, “en postales”, que miran su vida solamente desde el balcón, sin involucrarse en tantos problemas humanos, problemas de hombres y mujeres que al final… y desde el principio, lo queramos o no, son nuestros hermanos”?

La misericordia de Dios se pone en involucrarse en los problemas humanos, porque son nuestros hermanos. Esta es la falsedad de Francisco. Esto es lo que nunca un auténtico Papa predica. Esto la opinión de Francisco, que va en contra del Evangelio.

¿Qué dice el Evangelio sobre la Misericordia?

«Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo» (Ef 2, 4).

Dios es rico en misericordia. Y el hombre está muerto por el pecado.

Son dos cosas diferentes. Y dos cosas que hay que decirlas para que se vea la diferencia. Dios es rico en Misericordia porque el hombre es un pecador, no porque el hombre tenga problemas en su vida, no porque el hombre encuentra dificultades en su vida, no porque Dios ame al hombre. Dios muestra Su Misericordia al hombre que peca y, por tanto, al hombre que no puede ser amado por Dios por su pecado.

Por tanto, Dios no se involucra en los problemas de los hombres, del mundo. Francisco dice que hay que involucrarse. ¿Ven su mentira?

Dios, que es rico en Misericordia, pone al hombre un camino para que salga del pecado. No pone un camino para resolverle sus problemas. Cuando el hombre comienza a quitar sus pecados, los problemas desaparecen, la vida cambia en otra cosa. Lo humano comienza a tener otro sentido, el de la vida divina, el de lo eterno.

Y, por eso, Jesús predica así: «Id y comunicad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados, y bienaventurado quien no se escandaliza de mí» (Lc 7, 22).

Cristo da una nueva Vida al hombre pecador, pero la da cuando el hombre pecador ve su pecado, se arrepiente de su pecado, lucha contra su pecado. La Misericordia ilumina al hombre en pecado para que vea lo que es ante Dios: pecado. Y pueda salir de ese agujero.

Muchos entienden así la Misericordia: Como Jesús es tan misericordioso, porque Él ama a todos los hombres, entonces Jesús no condena a nadie. Y, por tanto, Jesús nunca envía a un alma al infierno porque viene a salvar a todos, viene a dar una vida nueva a todos. Todos los hombres se salvan porque ya Cristo ha muerto por todos. Muchos creen que el sufrimiento expiatorio de Cristo por el hombre pecador comienza y termina en la Cruz. Y, por eso, concluyen: todos estamos salvados, entonces nos dedicamos a resolver los problemas de los hombres. Eso es la misericordia para muchos.

Esto es lo que predica Francisco. Francisco nunca pone los dos mundos confrontados: la Misericordia Divina y el hombre pecador. Nunca. Siempre hace su juego, siempre da su falsa misericordia. Y, por eso, nunca predica de la Justicia Divina. Nunca. Habló de Roma sin Justicia, sin mencionar ni el pecado ni el castigo por el pecado. Sólo dijo que había muchos problemas en Roma y que todos tenían que ayudar.

¿Todavía no disciernen lo que es Francisco? Se comen sus homilías como si dijera un dogma sobre la misericordia divina.

El mundo de hoy se merece un gran castigo por sus pecados, pero la Iglesia siempre recuerda implorar la Misericordia para que el mundo vea sus pecados y los quite. La Misericordia no es para hacer un mundo bueno en lo humano, porque no existe el Paraíso en la tierra. Adán y Eva fueron expulsados de la felicidad. Y, por tanto, Dios no puede llevar al Cielo, al nuevo Paraíso, si los hombres no reconocen lo que son: pecadores. Si se quita el pecado, entonces sólo el hombre lucha por su vida humana, por resolver sus problemas humanos, pero no lucha por la raíz de todos sus problemas, que es el pecado. Y, al no hacer esto, tampoco sabe pedir a Dios auténtica Misericordia, sino que sólo levanta los ojos a Dios cuando tiene problemas en su vida y cree que con ayudar a los demás, en sus problemas, ya está practicando la Misericordia.

Los hombres no comprenden que para practicar la Misericordia Divina, imitando a Cristo, hay que cargar primero con el pecado del otro, y sólo así se resuelve los problemas del otro. Pero si el hombre sólo quiere cargar con los problemas de los hombres, entonces no resuelve nada, sino que complica la vida de todos los hombres.

Cristo, primero, cargó con el pecado de todos los hombres: los expió, los reparó. Y esto se hace de una manera espiritual, mística, a través de oración y de penitencia, llevando la Cruz que el Señor quiere. Y, una vez, que se carga con el pecado del otro, se ven los caminos para resolver sus problemas humanos, materiales, económicos. Porque el camino no se ve sin centrarse primero en el pecado. El pecado cierra todos los caminos al hombre. Quien expía el pecado abre los caminos al hombre. Da soluciones en la vida de los hombres. Pero quien sólo se dedica a involucrarse en los problemas de los otros, como quiere Francisco, no hace nada por los hombres. Sólo hace su negocio en la vida y en la Iglesia.

Como hoy se predica que el sufrimiento de Cristo termina en la Cruz, por eso hay tantos cristianos que no participan en los sufrimientos de Cristo, que no hacen suya la Obra de la Redención de Cristo, que no son corredentores con Cristo, que no sufren con Cristo, que no quiere asimilar en sus corazones el sufrimiento de Cristo. Ya no hay que sufrir, ya no hay que luchar por desprenderse de todo lo humano, sino que hay que apegarse a lo humano porque ya Jesús lo hizo todo nuevo con su muerte.

Esta es la herejía que hoy se sigue y que muchos en la Iglesia viven, como lo hace Francisco. Por eso, todo es involucrarse en los problemas de los demás: den dinero a los pobres y todos al Cielo. En esta estupidez viven muchos en la Iglesia. Y así nos va.

Cuando se presenta un hombre que habla bonito, que habla cosas hermosas al hombre, todos ciegos, todos asienten a su triste vida, porque eso es Francisco: un hombre que se esfuerza por predicar de la alegría pero que sólo da la tristeza del infierno, porque no pone al alma, no pone a la Iglesia en la Verdad.

Francisco: un auténtico fraude para la Iglesia. Y muchos siguen ese fraude, que no les lleva a Cristo, pero se conforman con el falso cristo que se les predica. Muchos son los conformistas con Francisco. Han dejado de batallar por la Verdad en sus vidas y, por tanto, no pueden luchar por la Verdad en la Iglesia. Y besan a Francisco porque abrazan en sus mismas vidas la mentira y el error que da Francisco. Francisco habla sólo para convencer de la mentira a quien ya vive la mentira, y así continúe en su mentira. Francisco nunca habla para sacar de la mentira, para dar luz sobre la mentira, para iluminar el pecado y así quitarlo. Nunca hace esto. Francisco habla la mentira para que el alma siga mintiendo en su vida. Este es el fraude que pocos ven.

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1 comentario

  1. José M dice:

    Que la mayoría de católicos aguanten impasibles (o incluso muchos de ellos aplaudiendo) las herejías de Francisco demuestra el trabajo de demolición de desde, como mínimo, 50 años se viene haciendo en la Iglesia Católica. Cualquier feligrés de a pie de hace 50-60 años tenía un “sensus fidei” que le hubiera hecho indignarse ante las barbaridades que se dicen hoy en día por el Papa y algunos cardenales. Sin embargo, el proceso de descatolización ha sido paulatino y ahora, cincuenta años después, la inmensa mayoría, aun creyéndose católica, es una sombra de lo que fue y, en consecuencia, se tragan cualquier cuento “buenista”. Por eso Francisco y algunos cardenales se han quitado ya la careta y exponen a las claras sus herejías. Las masas católicas ya están suficientemente adormecidas para poder ejecutar sus heréticas ideas sin que haya oposición.

    Por eso antes se decía: “Católico ignorante, futuro protestante”. La inmensa mayoría desconocemos lo que es la verdadera FE y, huérfanos de la verdadera FE, nos hemos protestantizado.

    Adveniat Regnum Tuum

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