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El magisterio para la muerte de Francisco

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“El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. (…) El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica completa. (…) la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible” (Francisco – P. Antonio Spadaro, S.J. Director de La Civiltà Cattolica).

Este pensamiento de Francisco es la raíz de todo su magisterio herético en la Iglesia. De aquí nacen todas sus opiniones, sus herejías, su doctrina ambigua, de doble sentido, de múltiples caras, con frases y sentencias temerarias, escandalosas, ofensivas a los oídos píos.

El Evangelio para Francisco es sólo una visión histórica del hombre. No es, por lo tanto, la Revelación de la Palabra de Dios al hombre. No es lo que Dios dice al hombre, sino lo que el hombre vive en su vida, en su historia, en su cultura, en su filosofía de la vida, etc.

Y, por eso, la insistencia de Francisco de atender las necesidades de los hombres: las económicas, culturales, humanas, carnales, materiales, políticas, etc. Es primero eso. Y es sólo eso. Haciendo eso, entonces se vive el Evangelio.

Francisco actualiza la Palabra de Dios. Y, por tanto, lo que Dios dijo hace 2000 años queda viejo, es decir, hay que entenderlo en la cultura de antes, en el pensamiento humano de antes, en la filosofía de la vida antigua.

El hombre, como ha evolucionado, entonces tiene que aplicar ese evangelio según sus conocimientos actuales de la vida. Tiene que actualizar la Palabra de Dios. Tiene que modernizar esa Palabra. Cristo quedó viejo. La verdad cambia con el tiempo, con la mente de los hombres, con su evolución histórica. Por eso, Francisco, cuando habla, gusta a los hombres, porque les dice lo que viven hoy día: sus problemas, sus angustias, sus sueños, etc.

Francisco todo lo interpreta desde su visión de la historia. Por eso, el Concilio Vaticano II –para él- es una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Es decir, que el Concilio Vaticano da la cultura contemporánea. En ese Concilio está escrito, está formulado lo que el hombre tiene que vivir ahora, en estas condiciones de vida, porque es el Evangelio, pero para el hombre de hoy, para el hombre actual.

Este pensamiento no viene de él, sino de los protestantes, porque ellos no creen en la Palabra de Dios, sino en la evolución del pensamiento humano. Cuanto más evoluciona el hombre en sus conocimientos de la vida, cuanto más sabe, cuanto más avanza en la ciencia, en la técnica, entonces, vive mejor, vive con un futuro, vive haciendo de su vida algo tangible, algo para el día a día. El protestante siempre se apoya en su humanidad, en su mente, en su sabiduría humana. No puede apoyarse en la Palabra de Dios, porque no cree en Ella.

El evangelio hay que interpretarlo según la mente de cada uno. Es la herejía de la libre interpretación de Lutero. Cada uno es libre de ver el Evangelio, de entender el Evangelio en su mente, con sus ideas, con sus filosofías de la vida, con sus culturas de cada época.

Por eso, Francisco no puede seguir ni el Evangelio ni el Magisterio Auténtico de la Iglesia. No puede seguir la Tradición, ni los dogmas, ni nada que sea de la Iglesia. No puede. Porque todo lo interpreta según se mente humana. Es su opinión. Y eso es lo que vale para él. Eso es su dogma, su vida, su obra en la Iglesia.

Francisco no enseña nada espiritual. Sólo hay que fijarse en lo reciente. ¿Qué enseñanza espiritual ha dado en la Octava de Navidad? Ninguna. Nada. Todo ha sido hablar de los problemas que hay en el mundo, de las injusticias en toda partes, todo muy humano, muy natural, muy para los hombres. Pero nunca se centró en el Misterio de la Navidad. Dijo cosas ambiguas, bonitas, pero sin nada de la Verdad. Porque no puede dar la Verdad de la Navidad, ni la Verdad de la Sagrada Familia, ni la Verdad de los santos Inocentes, ni la Verdad del martirio de San Esteban, ni la Verdad de la Maternidad Divina.

Esto no le sale del corazón, porque lo tiene cerrado a Dios. Tiene su mente abierta al mundo, abierta a los hombres, abierta al demonio. Y todo es para él concluir que Dios nos ama mucho y que Dios lo es todo para todos los hombres. Esta es la intención general del apostolado de la oración del Santo Padre para el mes de enero de 2014: ”Para que se promueva un desarrollo económico auténtico, respetuoso de la dignidad de todas las personas y todos los pueblos”.

¡Qué cosa más ridícula de oración! El maldito dinero siempre en la boca de Francisco. Es por lo que ora, es por lo que pide oración: dinero, dinero, dinero. Pero Francisco no puede hacer una oración que diga: “Para que el Señor abra los ojos de los pecadores y así puedan quitar su pecado de avaricia y de usura, sus apegos a la vida humana y sus negocios demoniácos en el mundo”. Esto no lo puede poner Francisco. No se atreve. Él pone sus cosas bonitas, agradables, que gustan a los oídos de todos, pero vacías de toda Verdad del Evangelio.

Este es el problema de la boca de Francisco: está vacía de lo auténtico, de lo que es eterno, de lo que nunca pasa, porque su mente es su camino en la vida.

Cristo no es Camino para Francisco. Cristo no es la Verdad en ese Camino. Cristo no da la Vida en ese Camino.

Para Francisco, Cristo es lo que su mente recuerda, estudia, investiga, calcula, planifica, interpreta. Pero nunca una Persona Divina. Nunca. Cristo no es una Vida, para Francisco, sino la memoria de una vida. Lean su lumen fidei: “la verdad es una cuestión de memoria, de memoria profunda, pues se dirige a algo que nos precede” (n. 25). La Verdad no es Jesús, es una memoria, es una cuestión de memoria. La Verdad no es algo ahora, sino algo que se dio antes. Cristo no es ahora. Cristo fue antes, nos precede, va delante porque se dio en un tiempo, en una historia. No va delante porque marque un camino. El camino lo marca la razón del hombre, no Cristo.

“En ellos (en los sacramentos) se comunica una memoria encarnada” (n. 40). Ya no es Cristo el que se comunica en los Sacramentos, ya no es la Gracia la que se da en ellos, sino una memoria encarnada. ¿No ven la terrible herejía?

Es el Verbo el que se hace carne. Jesús es el Verbo Encarnado. Para Francisco, Jesús es una memoria encarnada. Esta es la herejía. Destroza Jesús. Destroza la Revelación. Todo es cuestión de la memoria, de ir al pasado y actualizarlo en el presente.

“la eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final” (n. 44). ¿Disciernen el pensamiento de Francisco? ¿Ven dónde falla?

La Eucaristía es un acto de memoria; luego, la Eucaristía no es Jesús, no es el Verbo Encarnado. Clarísima herejía. Y nadie la ve.

Francisco ve la Eucaristía en la historia: un acto de memoria, es decir, algo que pasó hace 2000 años. Hagamos ese recuerdo cuando celebremos la Misa. Hay que ir a la Misa pensando en lo que pasó hace 2000 años en el Jueves Santo. Y, una vez, que se hace ese acto humano, una vez que se piensa, que se raciocinia, que se da mente, entonces la Eucaristía actualiza ese misterio. Cuando se celebra la misa y pensamos en lo que ocurrió en el pasado, estamos actualizando el misterio con nuestro pensamiento. ¿Van captando la herejía? Y, entonces, se produce un milagro: nuestro pensamiento nos abre al futuro. Todo este enredo, que no dice nada claro, para decir sólo: no creo en la Eucaristía. Sólo creo en lo que pienso que debe ser la Eucaristía.

Cuando se va a Misa hay que ponerse con la frente en el suelo y adorar a Dios que se hace presente en el Altar. Punto y final. No hay que hacer un acto mental, no hay que recordar nada. Sólo hay que creer en la Eucaristía.

Los hombres no saben enfrentarse a Francisco porque no saben derribar su pensamiento humano. No luchan contra su idea de lo que debe ser Dios, la Iglesia, los sacramentos, etc. Y, entonces, le besan el trasero todo el santo día.

Estamos en la Iglesia para hundir a sinvergüenzas como Francisco. Él hace un magisterio para la muerte, para condenar a las almas. Y eso es muy peligroso en la Iglesia. Si no se combate a Francisco, la Iglesia queda subyugada por el error, la mentira, la herejía, el paganismo. Y se da culto a eso. Y se vive para eso. Y, entonces, aparece el cisma dentro de la Iglesia. Son los mismos sacerdotes y Obispos de la Iglesia los que producen el cisma, la separación en la Iglesia. Son ellos que no cuidan la Verdad, el Evangelio, a Cristo, sino que sólo se cuidan a sí mismos, a sus bonitos pensamientos, a sus ideales en la vida, a sus obras dentro de la Iglesia.

Y, cuando el hombre cuida su vida, el hombre se condena con su vida.

Dentro de poco se anunciará el cisma en la Iglesia Católica. Donde desaparece el pecado, donde ya no se cree en el pecado, entonces sólo se vive pecando y llamando a esa vida de pecado: bendición de Dios.

Los nuevos santos en Roma son los que pecan y no quitan sus pecados. Esa es la nueva santidad que Francisco está irradiando desde la Silla de Pedro. Francisco llama al pecado, amor de Dios. Peca y, entonces, Dios te ama. El pecado, para Francisco, no es una ofensa a Dios, sino un conjunto de situaciones que el hombre cae porque no piensa bien su vida, no pone su vida en atención a los demás, no obra en su vida para ayudar a los demás, para sacar de la miseria o de los problemas a los demás. Y, entonces, los hombres producen división en todo su actuar humano. Y eso impide que se dé el amor de Dios. Conclusión: para remediar ese pecado, esa división, el hombre sólo tiene que unirse a los demás, hacer esfuerzos humanos con las demás personas para arreglar el mundo, y así disfrutar del amor de Dios, de la ternura del amor de Dios para todos los hombres. Y esta es la santidad que se promueve en Roma: “El Papa comparte con vosotros la convicción de que podemos aprender mucho los unos de los otros, ya que las realidades que nos unen son muchas” (Francisco a la comunidad de Taizé, 30-12-13).

El hombre tiene mucho que aprender del hombre. Ya el hombre no tiene que aprender de Dios, de la Palabra de Dios, de la Verdad que es Jesús. Porque Jesús es sólo un recuerdo, no una Vida, no una realidad, no una Persona Divina. Es sólo un acto de conocimiento humano.

Cuando la santidad se pone en lo humano, en la sabiduría humana, en conquistar al hombre, entonces se abre la puerta para el demonio en toda la Iglesia. Las puertas del infierno están abiertas en Roma. Es decir, lo que se va a ver, a partir de ahora, en Roma, es la Justicia de Dios. Y hay que verlo así. No Su Misericordia, sino Su Justicia. Y eso da horror. Eso hace temblar al mundo de espanto.

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2 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Dos mensajes seleccionados.

    Interesantes por lo proféticos. Ver las fechas en que fueron dados.
    12 de abril de 2012 (no está traducido):

    http://www.thewarningsecondcoming.com/the-next-pope-may-be-elected-by-members-within-the-catholic-church-but-he-will-be-the-false-prophet/

    8 de marzo de 2013 poco antes del 13/03/2013 (tampoco está traducido no sé por qué):

    http://www.thewarningsecondcoming.com/he-has-been-sent-to-dismantle-my-church-and-tear-it-up-into-little-pieces/

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