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El homosexualismo es una ideología demoniáca

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Dice Francisco: “En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ‘heridos sociales’, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla (…) Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano”. Por estas palabras, Francisco es amado por los homosexuales y le han dado un premio.

Dice Juan Pablo II: “La actividad homosexual no expresa una unión complementaria, capaz de transmitir la vida, y por lo tanto contradice la vocación a una existencia vivida en esa forma de auto-donación que, según el Evangelio, es la esencia misma de la vida cristiana. Esto no significa que las personas homosexuales no sean a menudo generosas y no se donen a sí mismas, pero cuando se empeñan en una actividad homosexual refuerzan dentro de ellas una inclinación sexual desordenada, en sí misma caracterizada por la auto-complacencia (…)Las uniones de personas del mismo sexo son una terrible ideología de mal contra la vida humana igual que lo fue el Holocausto. El homosexualismo es una ideología demoníaca(…)Lo que no es moralmente admisible es la aprobación jurídica de la práctica homosexual. Ser comprensivos con respecto a quien peca, a quien no es capaz de liberarse de esta tendencia, no equivale a disminuir las exigencias de la norma moral”. Por estas palabras, los homosexuales odian a Juan Pablo II y nunca le dieron un premio.

¿Quién de los dos habla como Papa? ¿Quién es la Voz de Cristo en la Iglesia?¿Quién da la Mente de Cristo en la Iglesia?¿Quién enseña la Verdad en la Iglesia?

Para responder, es sencillo: sólo hay que discernir el Espíritu en la Palabra de Dios.

¿Qué dice la Palabra de Dios?

a) Lev 18,22: «No te acostarás con varón como con mujer; es abominación».

b) Lev 20,13: «Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación: morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos».

c) Rom 1,27: «Igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío».

d) 1 Cor 6,9-10: «¡No os engañéis! Ni los impuros… ni los afeminados, ni los homosexuales…heredarán el Reino de Dios».

La Palabra de Dios juzga al homosexual. Dice que es un pecado, pero no cualquier pecado, sino una abominación; y el homosexual es reo de la Justicia Divina, es decir, su vida es un castigo de Dios; y, además, no pueden heredar el Reino de Dios.

La persona homosexual es una persona, es un hombre, que puede hacer un bien humano, que tiene libertad, que tiene voluntad. Eso nadie lo duda. Pero la persona homosexual tiene un problema en ella misma. Un pecado. Y si no lo quita, por más buena persona que sea, sencillamente se condena. Esto es lo que enseña la Sagrada Escritura. Dios sólo se centra, en Su Palabra, en la verdad de lo que es un homosexual. Dios no habla de forma histórica, ni cultural, ni humana, ni genética, ni psicológicamente del homosexual. Dios va al grano: el homosexual es abominación. Eso es el grano. Lo demás, no interesa. Si es una buena persona, si tiene intención recta, etc. No interesa. Cuando el homosexual se esfuerza por quitar su pecado y lo consigue, entonces deja de ser abominación. Pero si el homosexual permanece en su pecado, entonces es una abominación para Dios.

Entonces, Dios cuando mira a un homosexual, ¿qué dice? Eres abominación. Y, entonces, ¿qué dice Francisco? “Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’. Hay que tener siempre en cuenta a la persona”. Francisco no da la mente de Dios. Es claro su pensamiento. Francisco dice que Dios tiene en cuenta a la persona. ¿Dónde está ese pensamiento en la Palabra de Dios? No está. Se lo inventó Francisco. Francisco no dice: Dios condena al homosexual., sino que dice: Dios mira su persona.

Luego, Francisco no da la Mente de Dios en la Iglesia, no es la Voz de Cristo en la Iglesia, no señala la Verdad de lo que es un homosexual.

Dios no puede mirar la persona del homosexual porque se ha hecho pecado. Dios mira la humildad del corazón. Dios mira un corazón sin pecado. Y, entonces, engrandece a la persona. Pero Dios no eleva a la persona si permanece en su pecado.

¿Qué dice Juan Pablo II? Lo contrario a Francisco. La homosexualidad es un pecado,; pertenecen a la ideología del demonio, es decir, son demonios encarnados; y sí, son hombres, y hay que respetarlos como hombres, pero siguen siendo abominación, no se puede disminuir las exigencias de la moralidad.

Juan Pablo II es el verdadero Papa, el que da la Mente de Cristo, la Voz de Cristo en la Iglesia y el que señala el camino de la Verdad sobre el homosexualismo. Por eso, es odiado por todos. Predica la Verdad y todos te odiarán.

Francisco habla muy bonito, pero no dice la Verdad, sino su mentira. Y, por esa mentira, todos lo aman. Predica bonito y todos te amarán.

La Iglesia condena el homosexualismo. ¿Cómo dice Francisco que la Iglesia no condena, no quiere hacer eso?

a. La Declaración Persona humana «Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su regla esencial e indispensable. En la Sagrada Escritura están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios (cf. Rom 1,24-27). Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen de esta anomalía son del todo responsables, personalmente, de sus manifestaciones; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso».

b. Catecismo de la Iglesia Católica: ‘La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso’.

La Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia son claros en este punto. Y, siempre, para discernir si un Papa es verdadero o no, hay que ir a estas dos fuentes y comparar lo que se está diciendo.

La Iglesia es la Verdad. Y la Verdad está en la Palabra de Dios. Y la Iglesia enseña esa Palabra de Dios en Su Magisterio auténtico. Luego, nunca hay pérdida para aquel que discierne, que no vive la vida tragándose cualquier cuento que Francisco diga sobre la Iglesia o sobre cualquier asunto. La Verdad es muy sencilla. Y sólo los sencillos la dicen. Los que no son sencillos, dan siempre un rodeo a la Verdad, para decir, para indicar su mentira. Francisco siempre rodea la Verdad, nunca se queda en la Verdad, pasa de largo, hace mofa de la Verdad, no ve la Verdad, porque sólo está atento a su pensamiento humano.

En la Iglesia las almas tienen que aprender a discernir espiritualmente. Por eso, la venda en los ojos en muchos, que se han acostumbrado a no pensar rectamente, sino a dejarse llevar por cualquier viento de doctrina, por cualquier fábula que corra por la Iglesia.

Francisco lleva diez meses contando fábulas en la Iglesia. Y todo el mundo se las traga como algo verdadero, sin discernir nada. Eso es señal de que no tienen vida espiritual ninguna. Que están en la Iglesia como está Francisco: para hacer su negocio en Ella y para de contar. Y todos somos unas maravillosas personas, que nos vamos a salvar y que Dios siempre no perdona aunque pequemos enormemente.

Así vive toda la Iglesia hoy día: se ha anulado el pecado con la estupidez de la misericordia. Abolimos el pecado y predicamos la ternura de Dios a toda la Creación, que es lo que predica Francisco: un Dios tierno, un Dios hermoso, un Dios que nos da un beso: “No tengáis miedo de la ternura” (19 -03-13).

Francisco presenta un Dios meloso, un Dios cariñoso, un Dios que no condena a nadie. Y, entonces, tiene que caer, de forma necesaria, en una terrible herejía: no existe la Justicia Divina.

Francisco nunca habla de castigos divinos, sino de misericordia, de compasión, de bondad de Dios.

Juan Pablo II era el Papa de la Misericordia, pero hablaba sin miedo del pecado y de la Justicia de Dios. Hablaba sin pelos en la lengua.

Francisco es lo contrario a Juan Pablo II. Por eso, es un antipapa. Presenta una Misericordia de Dios que no está ni en la sagrada Escritura ni en el Magisterio de la Iglesia. Es su idea de lo que debería ser la misericordia. Es su opinión de lo que Dios debería dar en Su Misericordia. Es su herejía que va en contra de la Verdad de la Misericordia.

Francisco opina en la Iglesia. Opina que Dios se fija en las personas homosexuales, pero no en su pecado de abominación. Son personas para Dios. Es su opinión, pero también es su herejía, porque va en contra de una Verdad Revelada: la vida del homosexual es abominación para Dios. Siempre que se va en contra de algo que Dios ha revelado en su Palabra, se cae en herejía.

A Francisco le gusta dar su opinión en todas las cosas. Por eso, sus palabras, sus homilías, sus escritos, están llenos de herejías. Es lo que la gente no ha caído en cuenta. Con gran facilidad se puede caer en la herejía dando una opinión. Con muchísima facilidad. El mundo es ejemplo de eso. Como Francisco es del mundo, por eso, lleva diez meses contando sus herejías en la Iglesia.

Pero como la Iglesia también se ha vuelto hereje, entonces todos tan contentos con Francisco. Francisco habla lo que la Iglesia quiere escuchar: la herejía. Un ciego guía a muchos ciegos. Y en el país de los ciegos, el tuerto es el que se lleva el premio. Por eso, a Francisco lo echan, porque no ve por dónde anda. No es capaz de analizar la terrible situación que vive ahora la Iglesia. El demonio le deja que suelte por esa boca sus torrentes de negrura, hasta que lo quite de en medio. Que se dedique a parlotear, que es lo que siempre ha hecho en su vida: un parlanchín de la vida, que cuenta cuentos a los niños para hacerlos dormir en su pecado.

Aprendan a discernir lo que es Francisco. Midan cada palabra que diga. No se fíen ni de su sonrisa, ni de su falso amor al prójimo, ni de sus ideales por hacer una iglesia llena de fe en la negación de la Palabra de Dios. Con Francisco no hay que fiarse. Tiene a todo el mundo desconcertado, porque es sólo un tonto que dirige una nave sin timón.

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2 comentarios

  1. Carmen dice:

    Hay que dejar bien claro que ser homosexual no es causa de condenación, sino LA PRACTICA DE LA HOMOSEXUALIDAD. El homosexual si se mantiene en castidad y guarda los mandamientos es un ser grato a Dios.

    • josephmaryam dice:

      Es que el homosexual que se mantiene en castidad ya no es homosexual, ya no puede llamarse homosexual, porque ya quitó su pecado. ¿No han comprendido? La homosexualidad es una abominación, no es cualquier pecado. El que se dice homosexual y dice que viven en castidad es un absurdo, porque no existe la homosexualidad como opción de vida: o se es hombre o se es mujer. Punto y final. Aquel que quita su pecado de homosexualidad ya no puede llamarse homosexual. Si se llama, sigue siendo homosexual, sigue siendo una abominación para Dios. Digan las cosas claritas. Ser homosexual es causa de condenación, porque sólo el hombre puede ser varón o mujer. El hombre no puede ser homosexual. Dios creó al hombre: varón y hembra. Punto y final. Todo aquel que se llame homosexual o lesbiana, por el solo hecho de llamarse así es abominación, aunque no cometa el pecado. Al pan, pan y al vino, vino. La verdad es la Verdad: o eres hombre o eres mujer. Pero, no puede vivir hoy siendo hombre y mañana siendo homosexual. Eso es la abominación.

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