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Predica bonito y te amarán

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“Miro Mi Rebaño… ¿Mío? Ya no es Mío. Erais Mis Ovejas y os habéis ido de Mis Pastos… Fuera habéis encontrado al Maligno que os ha seducido y no os habéis vuelto a acordar de que con el precio de Mi Sangre Yo os había reunido y salvado de los lobos y de los mercenarios que os querían matar. Yo he muerto por vosotros, para daros la Vida y la Vida plena como Yo la tengo en el Padre. Y vosotros habéis preferido la muerte. Os habéis puesto bajo el signo del Maligno y él os ha transformado en machos cabríos salvajes. Ya no tengo Rebaño. El Pastor llora” (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 1 Junio – pág. 38).

Jesús mira Su Iglesia y dice que ya no es Su Iglesia, que esas almas que están en la Iglesia ya no son suyas, sino del demonio. El rebaño se alimenta de otros pastos que no son la Verdad, sino sólo aquello que dan los hombres en la Iglesia.

Y si el rebaño come la mentira, es que sus Pastores, sus falsos Pastores, los lobos, dan de comer la mentira.

“Seguir los Diez Mandamientos significa ser fieles a nosotros mismos, a nuestra naturaleza más auténtica y caminar hacia la libertad verdadera que Cristo nos enseñó en las Bienaventuranzas” (10-06-13).

Esta frase que, parece muy bien concertada, es una mentira.

1. Los Diez Mandamientos son diez Palabras Divinas para diez obras divinas. Quien sigue los diez mandamientos es fiel a la Palabra de Dios, no es fiel a sí mismo. El hombre, desde el pecado original, ya no puede apoyarse en sí mismo, no puede ser fiel a sí mismo, aunque cumpla los diez mandamientos.

2. Los Diez Mandamientos se dan al hombre porque es pecador, porque ha perdido la esencia de su naturaleza humana: ha quedado rota por el pecado original. Por tanto, seguir los diez mandamientos indica un camino para quitar el pecado, pero no para reparar la división de la naturaleza. Luego, no puede darse la fidelidad a nuestra naturaleza humana porque se cumplan esos diez mandamientos.

3. Los Diez Mandamiento es un camino de vida, pero no de santidad. No nos lleva hacia las Bienaventuranzas, porque éstas suponen una purificación del alma que no es posible sólo siguiendo los Diez Mandamientos. Quien cumple los 10 mandamientos, se salva. Pero nada más. Quien cumple los diez mandamientos no camina hacia la santidad. Sólo camina hacia su salvación. Para salvarse, sólo es necesario quitar el pecado. No es necesario vivir las Bienaventuranzas.

Frases como éstas, las dice Francisco a toda hora y nadie discierne nada. Todo el mundo le parece algo bonito, algo consistente, algo verdadero. Y son sólo palabritas vacías de la Verdad. Así habla Francisco a toda hora. ¿Cuándo van a despertar?

Jesús ya no tiene rebaño, porque el rebaño está mirando, escuchando a un traidor de la Palabra de Dios. A uno que ha hecho de esa Palabra su popularidad en la Iglesia.

Francisco es experto en decir frases maravillosas vacías del contenido de la Verdad.

“Ser Iglesia, ser pueblo de Dios, significa ser fermento de Dios en nuestra humanidad, significa proclamar y llevar la salvación de Dios a este mundo nuestro, que a menudo se siente desorientado y necesita respuestas de aliento y esperanza para proseguir con vigor el camino. ¡Que la Iglesia sea el lugar de la misericordia y la esperanza de Dios, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y animado a vivir según la vida buena del Evangelio!. Y para que el prójimo se sienta acogido, amado, perdonado y animado la Iglesia tiene que tener las puertas abiertas para que todos puedan entrar. Y nosotros tenemos que salir por esas puertas y anunciar el Evangelio” (12-06-13). Una frase genial, ¿no es verdad? Una frase llena de herejías.

1. Ser Iglesia es ser miembros de Cristo, miembros de una Cabeza, que es Cristo, que nos une en Su Espíritu, no ya como Pueblo. El Pueblo es para la antigua alianza, cuando no existía el Espíritu. De una manera pastoral, la Iglesia es el pueblo de Dios, como Jesús es el Pastor, y las almas su rebaño, sus ovejas. Francisco cae en el error de muchos de suponer que el Concilio Vaticano II definió dogmáticamente la Iglesia como Pueblo de Dios. Éste es su error. Y el Concilio Vaticano es pastoral, no dogmático. La Iglesia sigue siendo Cuerpo Mística de Cristo. Y, por supuesto, un Pueblo de Dios, pero no como lo entiende Francisco.

2. Ser Iglesia, ser Pueblo de Dios es obrar la Voluntad de Dios. No más. Es lo que hizo Su Cabeza, Cristo: la Voluntad de Su Padre. Y haciendo eso no brilló para el hombre, no fermentó nada en la humanidad, no puso nada en el hombre, porque no hay que poner nada. El hombre, la humanidad está podrida. ¿Qué fermento de Dios quieren sacar de la podredumbre? Es una frase bonita, pero, en la práctica, no dice la Verdad. Porque el fermento de Dios se da en la Gracia que acoge el hombre, que vive el hombre, que obra el hombre. Un hombre sin Gracia no fermenta nada divino en su humanidad. Francisco pone la humanidad como algo buena. Y está rota por el pecado original. Y sólo la Gracia pone el camino para transformar al hombre en hijo de Dios. Ser Iglesia es ser fermento de Dios en el alma que obra en la Gracia. Ese alma pone lo divino en la humanidad. Ese alma transforma la humanidad en gloriosa, en divinidad, en celestial.

3. Ser Iglesia es dar la Palabra de Dios que son dos cosas: Misericordia y Justicia. El hombre que acoja la Palabra, entonces se salva. El hombre que rechace la Palabra, entonces se condena. Luego, ser Iglesia no es llevar la salvación al mundo, sino en darle al mundo el camino de la verdad: o está con Dios o estás con el demonio.

4. La Iglesia no es el lugar de la Misericordia y la Esperanza de Dios para que todos sean acogidos, amados, perdonados, comprendidos. Pero, ¿cómo trataron a Jesús, siendo la Cabeza de la Iglesia? Perseguido, afrentado, crucificado. No estamos en la Iglesia para descansar, para sentirnos que nos comprenden. ¡Cuántos hay en la Iglesia que no comprende a los demás! Estamos en la Iglesia para ponernos en la Verdad y eso significa persecución hasta la muerte. Y persecución, no sólo por la gente del mundo, su o por la gente de la misma Iglesia. ¡Cómo le gusta a Francisco predicar cosas bonitas a los hombres para tenerlos contentos! Y no es capaz de decir la Verdad clara. Francisco quiere un paraíso en la Iglesia. Es que eso es imposible. No se predica la Verdad en la Iglesia para decir a la gente que entre en la Iglesia porque Dios lo perdona todo, porque Dios acoge a todo el mundo, porque la Iglesia es un lugar de paz y de bienestar. Se predica para poner al hombre en la Verdad de su vida. Y la verdad es morir a todo lo humano. Y sólo así se es Iglesia y se está dentro de la Iglesia. Pero Francisco quiere su iglesia humana, la que da contento a todo el mundo, que los hombres se sientan bien en esa iglesia, pero que no caminen hacia la Verdad, que es Cristo, que es siempre dolorosa en la vida.

5. “La Iglesia tiene que tener las puertas abiertas para que entre todo el mundo”: ¿quién sale de su casa y deja sus puertas abiertas? Nadie. ¿Quién está en su casa con las puertas abiertas? Nadie. ¡Qué frase tan bella y qué herejía! Las puertas de la Iglesia no están abiertas a nadie, porque nadie se merece entrar en la Iglesia. Para entrar en Ella se necesita la Gracia. Y no sólo eso, sino que el portero le abra. Y ese portero es Cristo y Su Vicario en la Tierra. Quien no obedece a Pedro, ése no entra en la Iglesia por más buena persona que sea. La Iglesia tiene sus leyes divinas que el mundo no quiere. El mundo sigue sus normas profanas, mundanas, diabólicas. Si el hombre quiere entrar en la Iglesia que, primero, quiete su maldito pecado. Si no lo quiere quitar, que siga su vida fuera de la Iglesia. Para Francisco, la Iglesia es para todos. Esa es su herejía. Va contra la misma Palabra Divina: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que tú me diste; porque son tuyos” (Jn 17, 9). La Iglesia no es para todo el mundo. La Iglesia no puede tener las puertas abiertas a todo el mundo. Porque en la Iglesia sólo están los que ha elegido el Padre.

Como ven, Francisco es el típico predicador que dice cosas bonitas para que todos le amen. Es su popularidad lo que está en juego. Es lo que él dice lo que importa en la nueva iglesia. No es lo que dice Cristo. Eso ya es viejo. Ahora, en la Iglesia tiene que entrar todos porque lo dice Francisco. Éste es el culto a la palabra de un idiota, que no sabe decir ninguna verdad en la Iglesia. Ninguna.

Francisco está vacío del Espíritu de la Verdad. Luego, no puede llevar nunca a la Verdad a la Iglesia. Nunca. Él predica como los herejes que quieren buscar la unidad en la diversidad. Y es imposible eso. La unidad sin dejar el pecado es una monstruosidad. Es un sin sentido. Es que cada uno viva en su mentira y se una al otro en la mentira. Esto es lo que desea Francisco, porque como Dios es Misericordioso, entonces todo arreglado.

El hombre si no lucha en su vida humana por quitar su pecado, entonces sólo lucha por resolver sus problemas humanas, por buscar soluciones justas a su vida, y no encuentra nada verdadero para su vida. Porque la verdad comienza viendo y el pecado y no dejando de mirar el pecado. Y hasta que Dios no lo quite, hay que seguir mirando el pecado de cada uno, porque el pecado es la única raíz de todos los problemas de los hombres. Si cada hombre no se esfuerza en arrancar el pecado de su vida, entonces vive en vano su vida. y, por más que Dios sea Amor y Misericordia, se va al infierno por no trabaja en quitar sus pecados. Esto es lo que Francisco nunca predica. Porque predicar esto no es hacerse popular, sino odioso.

¿Quieren una iglesia popular? Ahí la tienen en Roma. Síganla y serán populares en medio del infierno.

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