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El orgullo del que se sienta en la Silla de Pedro

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gloria

“Subiré al cielo y seré semejante al Altísimo” (Is 14, 13.14). Este es el pecado de orgullo de Lucifer. Y éste es el mismo pecado de Francisco: me sentaré en la Silla de Pedro y seré semejante a Cristo.

El Cielo es el Trono de Dios, apetecido por Lucifer; la Iglesia es el Trono del Verbo Encarnado, apetecido por Francisco.

El pecado de orgullo no es el pecado de la soberbia. Con la soberbia se divide la Verdad en infinitas partes; pero con el orgullo se obra esas infinitas partes. El orgullo es el fruto de la obra de la soberbia en la mente del hombre. El fruto: cuando el hombre asimila su soberbia, entonces da el árbol del orgullo, es decir, da frutos de orgullo en su vida.

Cuando los hombres no luchan contra sus soberbias, contra sus deseos de medirlo todo con sus razones, con sus filosofías, con sus sabidurías humanas, entonces aparece el gusto de ponerse en alto para proclamar al mundo sus soberbias, sus engreídos pensamientos. Por eso, todo orgulloso hace publicidad de sus pensamientos negros. Es lo que obra Francisco en la Iglesia: se ha hecho popular por sus mentiras en la Iglesia, porque ha difundido por doquier su engaño en la Iglesia. Y lo mantiene como una verdad a seguir.

“Inflamado de orgullo, quiso ser llamado Dios” (Agustín, en el libro De quaestionibus Vet. Test.). Inflado en sus pensamientos de altanería, Francisco quiso ser llamado Papa, la Voz de Cristo en la Iglesia, la voz de la Verdad. Éste es el comienzo del pecado de Francisco antes de ser elegido por los hombres Papa.

Su elección a la Silla de Pedro fue un fraude, pero eso la Iglesia no lo conoce. Las almas no entienden esta Verdad, pero sí pueden entender la obra de ese fraude durante diez meses. La obra de Francisco es la obra de su orgullo en la Iglesia. Y, por esa obra, se deduce que su elección fue un fraude. El Espíritu Santo no elige a un orgulloso para ser la Voz de Cristo en la Iglesia.

¡Qué pocos en la Iglesia conocen su historia y las cantidad de antipapas que ha tenido la Iglesia, y los muchos falsos Papas que han combatido en la Iglesia, y los anticristos que han querido ser Papas en la Iglesia! Y ¿no pueden aceptar que a Francisco se le llame falso Papa o antipapa o anticristo?

42 antipapas hubo en la historia de la Iglesia y, algunos de ellos elegidos legítimamente por los mismos Cardenales y proclamados santos, como en el caso de Hipólito, sacerdote romano, antipapa del 217 al 235, reinando el Papa verdadero. Eso es algo que no debería sorprender, porque el hombre siempre tiene ansias del poder en la Iglesia.

Al Papa Benedicto XVI lo expulsaron de la Silla de Pedro, pero esto es lo que no se ha ofrecido al público, porque no interesa la Verdad de los hechos. El Papa tuvo que irse porque lo dejaron solo y no tuvo el valor espiritual de seguir a Cristo con la Cruz, como lo hizo Juan Pablo II. No tuvo el valor de oponerse a esa fuerza misteriosa, que trabaja en oculto en Roma, y que gobierna la Iglesia sin que nadie se entere.

Estamos en la Iglesia en el cenit del orgullo: “La soberbia es heraldo de la ruina y la altivez del corazón, de la caída” (Prov. 16, 18). Cuando el orgullo llega a su cima, comienza la caída de toda la Iglesia en el mismo pecado de orgullo, un pecado que condena al alma y que lo separa de forma definitiva de Dios: “Mejor es humillar el corazón con los humildes que partir con los soberbios sus despojos” (v.19).

El pecado de orgullo es la causa principal de que muchos en la Iglesia vivan separados de Dios, haciendo, dentro de la misma Iglesia, su falsa iglesia, siguiendo a su falso Cristo de los pobres.

El pecado de orgullo es tan nefasto porque convence al hombre que lo que hace lo quiere Dios, es Voluntad de Dios. Dios quiere que se dé de comer al pobre en la Iglesia, para así asemejarnos a Cristo pobre. Este es el pensamiento orgulloso de Francisco, que lo pone por encima de Cristo en la Iglesia. Francisco es más grande que Cristo en la Iglesia.

Cristo Jesús no pidió dinero a los ricos de su tiempo, Francisco pide dinero a toda la Iglesia para hacer su negocio en la Iglesia.

Cristo Jesús ni se preocupó por la bolsa del dinero, sino que se la dio al traidor, a Judas, que sólo vivía para el dinero. Francisco lleva diez meses preocupado por las finanzas de la Iglesia. Es el nuevo Judas, el nuevo traidor de Cristo.

Judas se preocupó de que una mujer gastara un perfume carísimo con Cristo, y se lo echó en cara a Cristo y a los apóstoles. Francisco echa a en cara a la Iglesia los dineros que se emplean con el Señor, porque sólo quiere su dinero para vivir bien en la Iglesia.

El Señor, cuando necesitó dinero, hizo un milagro, lo sacó de la boca de un pez. Esa era la Providencia de Su Padre. Francisco llama a los ricos del mundo para que sean la providencia de la Iglesia, porque no cree en los milagros, sólo cree en la negociación de los valores en los mercados bursátiles. Hay que poner en marcha el dinero para que dé más dinero. Hay que pedir dinero para meterlo en la bolsa y así producir dinero para la Iglesia.

Francisco se cree más grande que Cristo Jesús en la Iglesia. Por eso, el orgulloso tienta a la Iglesia para interferir, para anular, para tergiversar las leyes divinas en Ella. El orgulloso tiene la creencia de que el hombre posee el derecho de decidir sobre cualquier cosa de la vida.

Francisco ha decidido cambiar el gobierno de la Iglesia sólo por su orgullo. Se ha creído con derecho a decidir en la Iglesia el gobierno que él quiere en la Iglesia, yendo contra la Mente de Cristo, que ha puesto un gobierno vertical en Pedro. Francisco dice no a Cristo. No es el gobierno vertical, es lo que yo quiero: “soy el obispo de Roma y el Papa de la catolicidad. He decidido como primera cosa nombrar a un grupo de ocho cardenales que constituyan mi consejo. No cortesanos sino personas sabias y animadas por mis mismos sentimientos. Este es el inicio de esa Iglesia con una organización no vertical sino horizontal”.

Así habla una persona orgullosa, que se ha puesto por encima de Cristo en la Iglesia. Estas no son palabras de un humilde, sino de uno que quiere destruir la Iglesia a base de su orgullo. Francisco ha dicho: yo tengo el derecho de anular la verticalidad en la Iglesia y poner la horizontalidad. Y, todos en la Iglesia, aplaudiendo al orgulloso.

Nadie ha analizado esto, este gobierno horizontal, cuando es lo más importante que ha hecho Francisco en diez meses. Lo demás, sus pobres, es para tapar este pecado de orgullo, para que nadie atienda a este gravísimo pecado.

Francisco ha convencido a la Iglesia de que hay que tener un gobierno horizontal. Sólo Cristo dio a Pedro el Poder de Gobernar en la Iglesia. Francisco se lo ha dado a ocho hombres en la Iglesia. Sólo Cristo puede decidir cambiar su gobierno en la Iglesia. Francisco ha decidido él, porque él lo ha pensado en su maravillosa cabeza. En la Iglesia es lo que piensa Francisco, es la opinión de Francisco lo que se sigue. Ya no es a Cristo Jesús, ya no es la Verdad, que es Jesús.

Nadie tiene derecho a sentarse en la Silla de Pedro hasta que el Papa Benedicto XVI no muera. Así lo dice la Verdad, que es Jesús: “Tú eres Pedro” hasta la muerte, porque sobre un solo Pedro, sobre una sola cabeza, “edificaré Mi Iglesia”.

Pero Francisco dice: no, sobre ocho cabezas hay que edificar la Iglesia. Gran pecado de orgullo que todos aplauden y besan el trasero de Francisco. ¡Qué gran inteligencia tienes Francisco! ¡Qué maravilla de clarividencia para resolver tus negocios en la Iglesia! ¡Ocho hombres trabajando para ti para buscarte el dinero que necesitas para tu triste vida!¡Tus ocho cabezas revelan que no eres el Papa elegido por Dios, el Papa verdadero, sobre el cual Jesús levanta la Iglesia!¡Te sentaste en la silla de Pedro antes que muriera Benedicto XVI, por tu negocio sucio en la Iglesia!

Cristo Jesús despreció el dinero. Tú lo amas y tu obsesión es tu pecado: llevas diez meses que no duermes pensando en el dinero.

Francisco cree que él sabe regir la Iglesia, que él sabe el camino que la Iglesia tiene que recorrer ahora: “El mal más grave que afecta al mundo en estos años es el paro juvenil y la soledad de los ancianos. Los mayores necesitan atención y compañía, los jóvenes trabajo y esperanza, pero no tienen ni el uno ni la otra; lo peor: que ya no los buscan más (…) Este, en mi opinión, es el problema más urgente que la Iglesia tiene que enfrentar”.

La Iglesia, para Francisco, es una ONG. Punto final. Ése es el camino, lo más contrario al Evangelio de Cristo. ¿Y que todavía muchos digan que Francisco no se aparta de la doctrina de Cristo? ¿Cuándo van a ver que lo que Francisco propone es sólo su opinión como hombre orgulloso, como hombre pecador, pero no como Vicario de Cristo? Porque ningún Papa pone el problema más urgente en resolver las necesidades materiales de los hombres. La Iglesia está para salvar almas, no para alimentar cuerpos. Esto es lo que tiene que decir todo Papa elegido por el Espíritu Santo. Esto es lo nunca va a decir Francisco, porque es un orgulloso, que se ha creído dios en la Iglesia.

Francisco se ha creído que controla el destino de la Iglesia poniendo su gobierno horizontal en Ella para atar a todo el mundo a lo que piensen ocho idiotas, como él. Y la Iglesia es de Cristo. Y sólo manda en la Iglesia Cristo Jesús. Y aquel que no se someta a Cristo Jesús, entonces le viene la hecatombe.

“Aborrece el Señor al de altivo corazón, pronto o tarde no quedará sin castigo” (Prov 16, 5). Francisco recibirá del Señor su castigo merecido por su pecado de orgullo en la Iglesia. “El impío se cava la fosa” (Prov 16, 27), el ataúd de su muerte, porque “¿de qué sirve el oro en manos del necio? Pudiera comprar la sabiduría, pero no tiene juicio?” (Prov, 17, 16).

Diez meses predicando que necesita dinero para los pobres. Y no ha sabido dar un gramo de sabiduría divina a las almas en la Iglesia. ¿Para qué tanto insistir en la pobreza, en que los sacerdotes, tiene que abajarse al pueblo para darle sus necesidades materiales, si están en la Iglesia para llevarlos al cielo, para darles el alimento del Cielo?

¿Por qué tanta estupidez, Francisco, sale de tu boca? Por tu orgullo. Te has creído superior a Cristo en Su Iglesia y has puesto un camino de muerte para toda la Iglesia: “Hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero a su fin son caminos de muerte” (Prov. 16, 25). Y, ¿ahora qué Francisco? ¿Cómo continúas tu estupidez en la Iglesia si ya la gente está harta de tus pamplinas en la Iglesia?

Francisco: no has cuidado la Iglesia, no la has respetado, no has sabido llevarla hacia la Verdad. Y sólo te has alzado en tu engreimiento de la vida, buscando el aplauso, la publicidad, el premio de los pecadores, de los miserables, de los sin Dios. Te has hecho acreedor al premio de los hombres, perdiendo el premio de la Vida Eterna. Por tu maldito orgullo, muchas almas en la Iglesia se pierden de forma inexorable, sin retorno, porque cualquier sacerdote que no cuida su rebaño y le enseña el camino de la Verdad, lo conduce al infierno junto con él mismo.

Pocos hay en la Iglesia que disciernan lo que es Francisco en la realidad. Todos esperan algo de él. No esperen lo que es imposible para Dios: salvar un alma que no quiere salvarse.

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1 comentario

  1. Juan Pablo dice:

    Pero parece que no es todo dinero sino también demagogia mentirosa. En Navidad exigió una casa para cada familia. Alguien se imagina a un venerable como San Pio X, por poner un ejemplo, diciendo semejantes tonterías. Sería un imposible. Sin embargo hay idiotas que dicen: Francisco es distinto porque se ocupa de lo que nunca la Iglesia se ocupaba: la pobreza. Ha venido el cambio que la Iglesia necesitaba. Y los muy ignorantes están así atacando a santos Papas anteriores.

    “soy el obispo de Roma y el Papa de la catolicidad”. Creo que es la única vez que dijo que era Papa. Claro porque en este caso quería resaltarlo pero luego por “humildad” niega todo aquello que lo pueda asemejar a un papa. Sus hábitos, la tarjeta navideña sin el “PP”, obispo de Roma, padre Jorge, renoleta blanca, zapatos negros y nos los de cuero rojo que corresponde a la dignidad que representa, lenguaje chabacano, etc. Es una cosa extraña ya que como se dice aquí, se pone por encima de Cristo pero rebajando su dignidad.

    Aclaro una vez más, que si critico es porque estoy convencido que este sujeto no es Papa y estoy convencido desde el primer momento y por las circunstancias previas a la renuncia de Benedicto XVI. Jamás criticaría a un verdadero Papa.

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