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Sólo el que es de la Verdad habla en contra de la mentira

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Hoy la Jerarquía de la Iglesia pone el respeto hacia el hombre en escuchar la herejía y guardar silencio. Hay que mostrar educación con los hombres que son libres para decir sus pensamientos. Hay que dejar que hablen, porque así se muestra el amor hacia los hombres.

Y aquella Jerarquía que no defiende a Cristo, tampoco es una Jerarquía que defienda la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. En consecuencia, esa Jerarquía, que calla el pecado de muchos, que tiene miedo de decir la Verdad, es culpable de que los mentirosos, los herejes, lo apóstatas, estén destruyendo la Iglesia.

Y si esa Jerarquía no sale de su silencio, también colabora en la obra de destrucción de la Iglesia por el Enemigo.

Quien calla ante las herejías de Francisco es culpable, no puede dar testimonio nunca de la Verdad en su vida, nunca será valiente para enfrentarse a los hombres y a sus pensamientos, sino que se acomodará al sentir de la mayoría y caminará en ese amaneramiento de su vida espiritual.

Hoy se crucifica a la Iglesia por muchos de sus miembros que no saben decir al hombre su pecado en la Iglesia. Tienen miedo de señalar, con el dedo, al pecador y a su pecado. Tienen respeto humano, “el qué dirán”, “el qué van a obrar si digo esto”. Respeto del pensamiento del hombre, como si la idea del hombre fuera el fundamento de la vida, fuera la base de la existencia, fuera el alimento de su alma y de su cuerpo.

Hoy muere la Iglesia porque se oculta la verdad en muchos de sus miembros. Son ellos mismos culpables de tapar la Verdad, de poner un paño tibio a sus vidas con la mentira, el error y el engaño. No son valientes para declarar que Cristo es la Verdad.

Nadie puede confesar a Cristo con su pensamiento humano si antes no vive a Cristo en su corazón.

La Verdad es un don de Dios al corazón del hombre humilde, es una enseñanza del Espíritu en el alma del que cree en la Palabra, es la Obra del Padre en la vida de ese hombre que repliega su mente para abrir su corazón al Amor.

Hasta que el hombre no se humille en su pensamiento en la Presencia de Dios, no es capaz de dar testimonio de la Verdad con su mente humana, sino que siempre tendrá una mentira, un error, al cual seguirá como verdad en su vida. Y hará que ese error sea compartido por muchos que lo siguen sólo por ser hombre, no porque dé la Verdad. Sólo porque es hombre.

A Francisco lo siguen porque es un hombre, pero saben que miente como todos los hombres. Saben que está haciendo su juego, el de toda la vida: ser un camaleón, cambia de color según las circunstancias de su vida en la Iglesia.

Ahora Francisco se encuentra apretado, porque ve oposición, ve guerras internas en su gobierno y necesita más tiempo para seguir su juego en la Iglesia. Y no se le da más tiempo. Ni los que siguen a Francisco quieren más tiempo para estar haciendo nada en la Iglesia. Y los que no lo siguen, ya están hartos de tanta majadería cotidiana. El sentimentalismo llega un momento en que hay que vomitarlo para que no haga daño. Diez meses soportando a un sentimental perdido, que no sabe decir otra cosa que sus sentimientos inútiles y vacíos sobre la vida y sobre la Iglesia.

Y esto produce un cansancio de estar todos los días con lo mismo: con el mismo idiota que dice las mismas idioteces, sin cansarse. Y ya no sabe decir otra cosa que esas estúpidas ideas de su loca cabeza.

El que ama tiene la luz para caminar en la verdad y, cada día, esa verdad trae una novedad a la vida, una firmeza de que se camina sin error, sin mentira, porque el Amor hace apoyarse al alma en lo que nunca pasa, en lo que nunca es viejo, en lo que nunca es perecedero: la Verdad.

Y Francisco está convencido de que todo cambia, de que nada permanece en un ser, de que cada día hay algo distinto porque se ha evolucionado hacia un futuro que ni él mismo sabe explicar.

Para Francisco Jesús es una moda: hoy es así, mañana de otra forma. Hoy a Jesús hay que entenderlo como el que da dinero a los pobres. Mañana lo entenderemos como el hermano de los pobres. Pasado mañana como el trabajador entre los hombres. Y así, cada día, Jesús tiene una cara diferente, según el gusto de cada cual. Y así Jesús lo es todo porque los hombres lo piensan de muchas maneras, de todas las maneras. Y cuando todos los hombres tengan su idea de Jesús, entonces todos seremos uno. Uno con muchas ideas sobre la verdad. Y así se llega a la negación de la Verdad.

Como todo es Verdad, entonces la Verdad no es, no existe, no puede darse, porque antes tiene que darse todo, que cada uno descubra una parte de su verdad y la una con el otro, que ya tiene otra parte. Y así, yendo de uno a otro se consigue toda la Verdad.

Este es el pensamiento de un modernista. Es lo que piensa Francisco. Por eso, él se abre al mundo, porque en el mundo cada hombre tiene su idea, su vida, sus verdades y hay que respetarlas.

Hay que respetar el pensamiento de cada hombre, porque cada hombre tiene en su mente una parte de la Verdad. Por eso, hay que callar ante quien dice una mentira, una herejía, porque ya no es una mentira, es sólo una parte de la Verdad. Y hay que reunir todas las partes para tener toda la Verdad.

Así se destroza la Iglesia, con este obscuro pensamiento que sigue Francisco, el modernista, el innovador, que sólo sigue una antigua herejía, la más añeja: la del demonio.

El demonio, antes de pecar, tenía la Verdad ante su ser y, en vez de abrazarla, empezó a partir la Verdad en todas las partes que su intelecto angélico le permitía. Y, cuando llegó a todas, se dio cuenta que no podía partir una Verdad, que no podía meter en intelecto una Verdad y, entonces, cometió su pecado de orgullo: se puso por encima de Dios con su entendimiento angélico partido en infinitas verdades, menos una.

Y lo mismo hace Francisco. Su pecado es el mismo del demonio. Lo único que él no llega a dividir la verdad en muchas verdades, porque no tiene cabeza para eso, pero lo que sí hace es coger diariamente una verdad del Evangelio y la comienza trocear hasta quedar anulada, desvirtuada, descolorida. Y eso es lo que predica cada día. Y así gana adeptos para su nueva iglesia: gente con un entendimiento dividido en muchas verdades, en muchas mentiras, que sólo sirven para crear un ambiente de confusión en la Iglesia, de oscurecimiento de la Verdad, que es Jesús.

La Verdad que el demonio no pudo dividir fue la Verdad misma. Cuando lo troceó todo en su entendimiento vio que la Verdad seguía inmutable, no partida, no dividida en la realidad de las cosas. Sólo estaba dividida en su cabeza, pero no fuera de su cabeza. Y, entonces, se puso por encima de la Verdad misma. Por eso, el demonio es mentiroso, nunca conoció la Verdad, sino que sólo conoció y conoce sus verdades, sus infinitas divisiones de la Verdad. Y de eso vive. Por eso, es padre de la mentira y de los mentirosos como Francisco. Da su inteligencia a Francisco para que se dedique a trocear en su mente lo que no puede hacerlo fuera de su mente.

Fuera de su mente encuentra la Verdad como es, pero la tiene que rechazar porque su razón siempre la tritura, siempre la combate, nunca la acepta como es.

Por eso, Francisco tiene que predicar un Jesús histórico, es decir, un Jesús dividido por la mente del hombre, no puede predicar a Jesús como Verdad, porque lo rechaza siempre.

Francisco sólo ve la Iglesia como un suceso histórico, no como una Revelación de la Verdad. No comprende al Dios que se Revela, sino al Dios histórico que hace muchas cosas en la vida de los hombres, pero que no da Su Palabra, Su Verdad al hombre; es el hombre el que tiene que buscar esa verdad a lo largo de toda su vida, en sus culturas, en sus ciencias, en sus adelantos técnicos, porque en eso está Dios. Y, por eso, Francisco tiene que caer, de forma necesaria, en el panteísmo. No puede entender a Dios como uno solo, porque la verdad está dividida en muchas partes, en muchas culturas, en muchos hombres. Cuando Dios se divide en muchas cosas, entonces todas las cosas son dios.

Para Francisco la religión revelada está vacía de los milagros, de lo sobrenatural, de lo que no se puede explicar con la razón, porque, necesariamente, él encuentra una razón para negar todo milagro. Y, por eso, su nueva religión es sólo la obra de los hombres; no consiste en hacer cosas maravillosas, sino sólo en dar de comer a los pobres.

Por eso, él no es el Anticristo, ni se lo parece, pero él es el primer anticristo, porque niega en todo a Cristo: coge una verdad y la destroza con su mente humana. Al negar los milagros, tampoco puede hacer obras maravillosas; por eso, la gente sólo lo sigue por su sentimiento de hombre, no porque vea que es algo excepcional. Es sólo un hombre cariñoso, moderno, que se preocupa de los asuntos de los hombres, que es lo que le gusta a todo el mundo: que un hombre de Iglesia sea mundano, popular, social, de ellos. En el mundo, tampoco le importan los milagros, sólo están sedientos de razones, de sentimientos, de deseos humanos. Y eso es lo que ofrece diariamente Francisco.

Por eso, su reinado en la Iglesia es muy corto. Porque es como los otros Papas, pero más humano, más profano, más mentiroso. A él se le coge enseguida su mentira. A los otros, era más difícil. Pero él es mentiroso y gusta de decir mentiras sin morderse los labios. Francisco barbotea mentiras, tiene una boca para mentir. Por eso, es un error llamarlo Papa. Hay que llamarlo, más propiamente, el que se sienta en la Silla de Pedro, ese hombre que dice barbaridades todos los días, ese inútil que no sabe cómo gobernar la Iglesia, ese baboso que enseña sus vergüenzas en la Iglesia.

Pero los hombres tienen tanto respeto por un hereje que siguen callados para no perder el puesto que tienen al lado de ese idiota.

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3 comentarios

  1. Andress dice:

    Me surge una duda inmensa con sus palabras, usted dice que a francisco se le coge mas fácil en la metiras que a los otros. ¿ A que otros se refiere? ¿Otros Papas? Pues usted ha dicho que hasta Benedicto fueron papas legitimos y verdaderos. Por favor aclárame ese punto. Gracias

    • josephmaryam dice:

      La legitimidad o santidad de un Papa no quita que sea un hombre que miente, porque todos los hombres somos mentirosos desde que nacemos hasta que morimos. Francisco miente de forma descarada como hombre. Y si se sienta en la Silla de Pedro sus mentiras son claras y son indicio de que no es el verdadero Papa. Un verdadero Papa, cuando está ejerciendo su misión, esconde sus pecados, no los dice, porque sólo da la Verdad. Un verdadero Papa sigue siendo hombre y, por tanto, sujeto a poder pecar, pero es más difícil darse cuenta del pecado de un santo que del pecado de uno que no tiene reparo en mostrar sus pecados, como lo hace Francisco. El pecado es siempre señal de que al alma le falta todavía recorrer el camino hacia el amor de Dios. Pero obrar el pecado sin hacer nada para quitarlo, como lo obra Francisco, eso es señal de maldad en un hombre, de malicia, de que está sentado en la Silla de Pedro de una forma ilegítima, para un fin que no es el de Dios, sino el de los hombres.

  2. José Manuel Guerrero dice:

    Articulo para guardar, memorizar y recitarle a Francisco al oido las 24 horas del dìa.

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