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Jesús se ha quedado viejo para el modernista Francisco

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«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9,1). (…)somos un pueblo en camino (…)Caminar. Este verbo nos hace pensar en el curso de la historia(…)Ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino (…)No es solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que tendemos y del que nos sabemos por fuerza distantes, es el sentido de la vida y de la historia que ha puesto su tienda entre nosotros(…)Los pastores fueron los primeros porque eran de los últimos, de los marginados. Y fueron los primeros porque estaban en vela aquella noche, guardando su rebaño (…)Dios nos ama, nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo como nuestro hermano” (Francisco, 24 de diciembre).

Jesús es el camino del hombre y, por tanto, Jesús no comparte el camino de los hombres, sino que da un camino divino, distinto, al hombre.

Jesús no ha venido a nuestra historia. No hace falta. A Jesús le trae sin cuidado la historia de los hombres. A Jesús sólo le interesa los corazones de los hombres. Jesús nace en los corazones humildes. En los demás, no puede nacer.

El pueblo que caminaba en tinieblas no es el pueblo de la historia, sino el pueblo lleno de fe que esperaba al Mesías. Los demás hombres no eran el pueblo de Dios. A esos hombres no se refería el profeta Isaías.

Si no se parte de aquí, las babas de Francisco llenan la Iglesia de errores continuos y todos haciendo coro a esas babas de mentira.

Sólo el alma de fe espera una luz divina y la ve. La luz grande es la luz de Dios que se muestra sólo a los humildes de corazón. Por eso, los pastores, los magos, vieron esa luz, esa estrella, les indicaba dónde estaba el Mesías, dónde el camino para ir a Dios.

El nacimiento de Jesús es el nuevo camino para el hombre, pero no para todo hombre, no para el hombre de la cultura o del mundo o de la historia, sino para el hombre que ve su tiniebla, que ve su pecado, y que llama al pecado con el nombre de pecado. Para los demás hombres, les queda su tiniebla que comparten y ofrecen a todos. Una tiniebla que persigue, que combate la luz de Dios.

Jesús, cuando nace, llama a los humildes, no a los últimos, no a los marginados, como babea Francisco. Los pastores fueron los primeros en adorar al Niño Dios porque estaban velando en oración la venida del Mesías, no porque estaban guardando el rebaño, no por su trabajo en la vida humana, no por su dedicación en la vida humana, sino porque eran hombres de Dios, entregados a la oración y a la penitencia diaria, para conseguir la promesas de Dios. ¡Cómo mientes Francisco para ganarte tu sueldo en la Iglesia!

El babeo intelectual de Francisco es muy claro: vive en la mentalidad modernista. Y en esa mentalidad, Jesús es un viejo, su doctrina es antigua, lo que él hizo, lo que él vivió hay que explicarlo según las coordenadas de la historia, de la cultura, del pensamiento antiguo y moderno. Todo está en la cabeza de los hombres para entender a Jesús: así piensa ese hereje que se llama sabio e instruido en las cosas de Dios y sólo revela su estupidez como sacerdote y como hombre.

Francisco: el modernista, el que ha descubierto américa en la Iglesia, el que da una nueva religión al mundo: su mente diabólica, llena de fábulas y de mentiras que agradan sólo a los bobos, que babean lo mismo que él.

Jesús, para este bobo de Francisco, no es sólo un maestro de sabiduría, no es sólo un ideal al que atendemos, sino que es el sentido de la vida y de la historia: mayor estupidez no se puede decir el día de la Navidad. Aquí está concentrado todo el modernismo de Francisco sobre Jesús y sobre la Iglesia.

Jesús es Dios, no es el maestro de la sabiduría humana, sino es el que enseña Su Mente, la Mente de Su Padre, la Palabra, que es Él Mismo, y la Obra que el Espíritu hace en los corazones que acogen Su Palabra.

Jesús no enseña palabras humanas al hombre, filosofías humanas, sentimientos humanos al hombre. Jesús es el que da la Sabiduría Divina. Y la da en Su Espíritu. No tiene que escribir un libro para enseñar al hombre lo que hay en Dios, lo que tiene que creer. Otros hombres escriben libros, inspirados por el Espíritu, para que quede la enseñanza divina, que es inmutable, que es para siempre, que nunca pasa. Pero Jesús no enseña nada con su cabeza humana, sino que da Su Espíritu para que el alma aprenda a recorrer el camino, que es Él mismo, hacia Su Padre, hacia al Reino de Su Padre.

Y, por tanto, Jesús no es un Ideal, no es una idea humana, un proyecto humano, una moda humana, una cultura humana, una visión humana, una historia humana. Jesús es la Palabra, el Verbo, una Persona Divina, que no se hace idea humana, ideal humano, historia humana. El Verbo no se encarna para ser hombre con los hombres, para darles un gusto a los hombres en sus vidas humanas, para acoger los sentimientos de los hombres, sus ideales, sus afectos, sus conquistas en la vida.

El Verbo se encarna para transformar la vida humana de los hombres en la Vida Divina, para que el hombre deje su estúpida vida humana y se ponga a vivir la Vida Divina que Jesús le ofrece.

El Verbo se encarna para que el hombre deje su historia, su cultura, su filosofía, su ciencia de la vida, su mentalidad de hombre, y se ponga a obrar las Maravillas de Dios que sólo son posibles en los corazones humildes.

Jesús no es un ideal al que el hombre tiende, sino que es la Obra del Espíritu que el hombre tiene que seguir en su vida humana. Jesús da al hombre obras espirituales, no ideales de vida humana, no conceptos humanos sobre la vida y la historia. Obras que sólo se pueden realizar con el Espíritu, no con la cabeza de los hombres, no con las culturas de los hombres, no con la evolución de la historia de los hombres, no con la evolución del pensamiento humano.

Francisco siempre cae en su herejía: Jesús es un viejo, porque el hombre ha evolucionado en su humanidad, en su historia, en la visión de la culturas, en las ideas de su mente. Y Jesús se ha quedado viejo, su doctrina no es moderna, no es para este tiempo. Servía antes. Ya no sirve. El hombre ve a Jesús de otra manera, se ha hecho moderno en su pensamiento humano. Y es lo que vale: lo que el hombre ha descubierto en la historia, en la vida de Jesús. Lo que el hombre piensa que debe ser Jesús. Y, por eso, las babas de Francisco son las babas de su herejía: su humanismo.

Francisco, el moderno humanista de Jesús, el que pone una cara nueva a Jesús. La cara de su pensamiento humano, lo que él piensa de lo que debe ser la vida de Jesús ahora, en estos momentos de la historia. Jesús se ha hecho viejo porque 2000 años pensando lo mismo, la misma doctrina, los mismos dogmas, las mismas verdades, ya no son compatibles con la evolución de la historia de los hombres. El progreso de los hombres es la nueva vida de la iglesia. Hay que renovar las verdades que dejó Jesús porque las dijo según una mentalidad antigua. Ahora, es necesario verlas con una mentalidad moderna, nueva.

Abraham era un iniciado en la historia, su mentalidad de hombre le impedía ver lo que el Señor le prometía en la Revelación. Su mente humana no evolucionó y, por tanto, se quedó en una fe vieja, que hay que transformarla en otra cosa. El Señor llamó a Abraham hacia una Tierra Prometida, pero Abraham no llegó, ni los que siguieron a Abraham consiguieron esa promesa, porque en la historia de los hombres hay luces y tinieblas, hay momentos históricos negros y otros más saludables. Y la razón: porque el pensamiento del hombre tarda en evolucionar, en ver la verdad. Y, por eso, somos peregrinos constantes en la vida, pero buscando el ideal histórico de la Tierra Prometida, nunca buscando la Promesa Divina.

Esta es la herejía que Francisco ha puesto el día de la Navidad. Así piensa él. Por supuesto que no dice esto. Esto hay que decirlo para que la gente comprenda por qué predica así Francisco.

Para Francisco todo está en la evolución de la historia de los hombres. Cuanto más comprendan los hombres, cuanto más sabiduría humana tengan los hombres, entonces han alcanzado la felicidad en la tierra, la promesa de Dios. Y este es el sentido de la vida.

El sentido de la vida no es, para Francisco, la santidad divina, sino el que Dios nos ha dado a Su Hijo como hermano, como un hijo de hombre, como un amigo, pero no como Dios.

Jesús se ha hecho hombre para ser hermano de los hombres: esta es la herejía de Francisco, que viene de su otra herejía, su humanismo.

Jesús se ha hecho hombre para ser el Hijo de Dios entre los hombres, para ser adorado por los hombres, para que los hombres se sometan a Él en todo. Eso es la Encarnación del Hijo de Dios.

Jesús no se ha hecho hombre para dar un beso y un abrazo al hombre. Jesús no se ha hecho hombre para compartir la vida de los hombres, para ser una persona social; como lo es Francisco, un personaje popular, que está en las redes sociales para compartir sus herejías con los demás hombre pecadores como él. Francisco es el típico hombre moderno que exalta su pecado ante los demás para que los demás vivan su mismo pecado, lo aplaudan porque obra su pecado, porque dice su pecado, porque piensa lo mismo que ellos.

Francisco es el renovador de la historia de los hombres: habéis vivido 20 siglos de dominación del dogma, de la opresión de la verdad. Y lo habéis hecho porque vuestros pensamientos no han alcanzado la evolución que se requería y, por tanto, voilà, aquí está mi pensamiento que os explica el misterio de lo que es Jesús.

Francisco está haciendo su nueva religión, su nuevo Cristo, su nueva iglesia, su nuevo evangelio: todo muy popular, todo muy social, todo muy mundano, todo para el hombre, para darle un gusto al hombre moderno.

Las babas de Francisco: cómo le gustan al mundo y al hombre de hoy. En la Iglesia se limpian las babas de Francisco para que siga aparentando santidad, justicia, que sea un hombre de paz, un hombre que ama, un hombre sabio, un hombre que besa a los niños, que ofrece dinero a los pobres, que es tan humano que el corazón sólo puede decir: ¡qué santo eres Francisco, si pareces un serafin!

Nadie pone en ridículo a Francisco dentro de la Iglesia. Nadie. Todos felices de tener al que ha destruido el Papado en la Iglesia. El que se siente en el Trono de Pedro moderniza la Iglesia con su loco pensamiento humano. Porque, de cordura, poco tiene Francisco. Se le ve las ansias de ser popular, de agradar a los hombres, de indicarles el camino del mundo. Y es locura para un sacerdote. El sacerdote que no predique a Cristo y a éste Crucificado, es un loco de atar. Y si, además, se sienta en la Silla de Pedro, su locura, no es sólo para encerrarlo en un manicomio, sino para ajusticiarlo con la Justicia de Dios, es decir, para ponerlo en ridículo ante toda la Iglesia porque eso es lo que se merece: como Francisco pone en ridículo a cristo y a Su Madre en la Iglesia, entonces hay darle lo que se merece. Y esto es lo que muchos no saben hacer en la Iglesia. Quieren una paz sin Justicia Divina. Y no es posible. En la Iglesia, quien no combate a los herejes como herejes, no es de la Iglesia, sino del demonio. Y se vuelve hereje como ellos.

Por eso, muchos van a quedar engañados. No queréis salir del engaño que os está dando Francisco diariamente, entonces cuando sea demasiado tarde, intentaréis salir y no podréis.

Porque nadie se ríe ni de la Virgen María ni de Jesús en la Iglesia de Cristo. Quien no da la Verdad en la Iglesia un demonio le hará ver esa Verdad para llevarlo a la condenación sin remedio.

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4 comentarios

  1. Verónica dice:

    Excelente artículo, es indignarte ver como Francisco ridiculiza a Nuestro Señor Jesús hablando de El como si fuera uno más de nosotros, que camina con nosotros, “reza” con nosotros, aberrantes formas de anular su divinidad. Este humanista y comunista de Francisco, cree que el centro de la Iglesia es el hombre y no Dios, en sus herejías se advierte la soberbia del modernista, que llama a cambiar “estructuras añejas”, y que todos sabemos que con eso se refiere a la sagrada tradición, que él tanto detesta. Este destructor ha coronado de espinas a Nuestro Señor continuamente, ya que su aparente amor y adoración a Dios no es más que burla y payasada.

  2. Juan Pablo dice:

    En Argentina hay obispos de su “club” que dan asco. Todo empieza y termina en los “pobres”. Los sacas del tema, y se les acaba el repertorio. Es todo lo que saben. Da miedo pensar cuando tengan que rendir cuentas. Lucharon por sacar a la gente de la pobreza material toda su vida, pero y sus almas?… la de los pobres o no pobres, me refiero……….
    Para velar por las almas son pastores, solamente. Lo demás suena lindo, caritativo pero es secundario.

  3. José M dice:

    ad José Manuel Guerrero,

    efectivamente. Y por lo que he leído de Ana Catalina Emmerich, los pastores fueron los primeros por razones que nada tienen que ver con que fueran pobres. Coincido con Usted. Da asco ver que todo lo lee en clave ideológica.

  4. José Manuel Guerrero dice:

    “Los pastores fueron los primeros porque eran de los últimos, de los marginados”

    Para este rufián todo es lucha de clase, todo es ideologìa, todo está permitido. Todo, menos contravenirlo. Que le pregunten a los frailes de la Inmaculada o al cardenal Burke sobre los metodos expeditivos que aplica el muchacho cuando ve en peligro su mentira. Le auguro un final terrorìfico.

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